Los triunfos deportivos, que se concentraron mayoritariamente en la primera mitad del siglo XX, en medio de una grave crisis económica, fueron los que le dieron a Iquique el epíteto de «Tierra de campeones». Y el deporte rey fue el box. De Iquique son, por ejemplo, Santiago Mosca, Arturo Godoy y Estanislao Loayza, conocido como “Tani”. En esta crónica, Francisca Palma se introduce en los clubes de box y en la historia del boxeo iquiqueño, revelando sus triunfos y fracasos. La crónica, publicada aquí íntegramente, pertenece al libro «Iquique glorioso» (Ediciones Radio Universidad de Chile), que contiene una serie de crónicas sobre Iquique —algunas sobre masacres, como la de la Escuela Santa María, y de campos de concentración, como Pisagua—, que será lanzado el martes 24 de mayo.

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Estanislao Loayza, el “Tani”, boxeador iquiqueño

Hoy es noche de pelea y se ha venido anunciando hace algunos días en afiches y carteles ubicados en lugares estratégicos del centro de la ciudad. Es en Thompson 737, en el Heriberto Rojas, uno de los pocos clubes de box que quedan del viejo puerto boxeril. La pelea de fondo será entre el iquiqueño José García y el peruano Jack Flores, ambos de la categoría mediano

La noche anterior, ambos púgiles llegan al club para el pesaje y breves entrevistas con la prensa local. Es Javier Rivera, vicepresidente de la Asociación de Box, quien se encuentra fuera del portón esperando. Está esperanzado en la jornada del día siguiente, ya que no es como antes, “cuesta, pero la gente se ha vuelto a entusiasmar”. Y es que en la zona el boxeo fue desplazado, desde su apogeo y rol primordial en el quehacer local, hasta su escasa práctica y la ausencia de recursos para su realización. “El fútbol va ganando el espacio que tenía el boxeo. Los jóvenes, en vez de practicar boxeo, practican fútbol, sumado a la crisis de los barrios populares, los viejos y tradicionales clubes quedan vacíos”, señala Bernardo Guerrero, académico e investigador de la temática.

portada Iquique recEl peruano Flores viene a pelear con José García, el que tiene sobre sus hombros no solo el deseo de un triunfo, sino que toda una historia de box iquiqueño, capítulo crucial de la ciudad. Hace más de cien años atrás llega a Iquique Alejandro McDonald, púgil irlandés que instala un gimnasio para la práctica de este emergente deporte en el barrio El Colorado en 1880. La atracción que produce es inmediata dado los valores que conjuga, los que comulgan con trabajadores, inmigrantes y barrios populares. Desde esta, la primera semilla, es que llega a institucionalizarse el boxeo, hasta la creación de nuevos clubes de box y la profesionalización de la práctica, dejando en parte atrás los espectáculos de golpes sin técnica, que se daban en circos y en centros clandestinos.

Como explica Bernardo Guerrero, la zona del puerto de Iquique era tierra fértil para este y otros deportes. “Tienes un proletariado que trabaja en condiciones muy duras, y que por ende tiene que desarrollar un cuerpo muy duro, por eso que los nortinos hacemos boxeo y no ajedrez. O sea, el trabajo masculino, te crea las condiciones para los deportes de fricción: basquetbol, fútbol, boxeo”. Tiene que ver también con la relación puerto-pampa salitrera, espacio en el que entre 1907 al 1940 hubo entre 110 mil a 120 mil habitantes, permitiendo “la realización de muchas actividades, en las que el deporte acaparó la atención de sus mayorías”.

Tienes un proletariado que trabaja en condiciones muy duras, y que por ende tiene que desarrollar un cuerpo muy duro, por eso que los nortinos hacemos boxeo y no ajedrez

Es así como el boxeo y el fútbol principalmente se insertan en la realidad nortina, en paralelo a otros puertos de Chile, disciplinas en las que Iquique brillará también, y en el caso del fútbol será particularmente en 1980 cuando, con un año en el campeonato profesional de primera división, los Dragones Celestes salen campeones de la Copa Polla Gol, consagrando una vieja historia de fútbol barrial y amateur cargada de triunfos en todo Chile.

Pero volvamos al ring. Es en 1917 cuando se funda “El Tarapacá”, el primer club para practicar box profesionalmente, donde se forma uno de los principales boxeadores de Iquique, Santiago Mosca, quien enfrentó a diversos contendores que venían a retar al púgil. La dinámica se integra y estabiliza en la zona, atrayendo a esos cuerpos duros para este deporte de destreza e inteligencia. Siguiendo esta historia, en 1923 se constituye la Asociación de Centros y tres años más tarde la Asociación de Box de Iquique.

Según Bernardo Guerrero, cabe preguntarse “cómo Iquique pudo producir tantos campeones en una época especial como aquella que va entre principios de la crisis de los 30 y que termina con la década del 60. Época signada por la crisis económica”, generada por la paulatina muerte de la industria salitrera.

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Primera pelea del club Heriberto Rojas: Luis Aracena y Mauricio Gallardo

Esta noche del siglo XXI el Heriberto Rojas está listo. Los asistentes van pagando sus entradas y ubicándose en el galpón en las gradas azules y en las sillas plásticas que están alrededor del ring, escuchando cumbias para calentar el ambiente. Entre los espectadores se encuentran viejos iquiqueños, pero también muchos jóvenes que vienen a apoyar a sus compañeros que pelearán en los dos primeros combates, antes del de fondo.

Se trata de jóvenes que practican en los clubes que aún existen en la ciudad, algunos de ellos entrenados por una estrella, Eduardo “Maravilla” Prieto, llamado así por quienes lo vieron pelear, los que cuentan que ver “sus manos y su cuerpo en movimiento era una verdadera metáfora sobre el ring. (…) El respetable –el público– se extasiaba con tanta belleza”, según recuerda Guerrero en El Libro de los Campeones, publicación que reúne gran parte de las hazañas deportivas que dieron motivo a la frase que identifica a la ciudad.

Maravilla Prieto, un hombre delgado, de aspecto ágil y con cara de niño, sonríe amablemente a sus chicos, a los jóvenes iquiqueños que entrena. Comenzó triunfando en Iquique en el Campeonato de los Barrios de 1970, y luego, en 1976, se tituló campeón de Chile en la Casa del Deportista de Iquique, hasta que en 1977 fue campeón latinoamericano de los pesos pluma. Fue una lesión ocular la que le impidió disputar el campeonato mundial.

Eduardo “Maravilla” Prieto, en su juventud

Eduardo “Maravilla” Prieto, en su juventud

En la vida de Prieto coinciden varios aspectos de la historia del box en Iquique. Uno de ellos es el Campeonato de los Barrios, que junto al Campeonato Militar –que dejó de celebrarse luego del golpe de Estado– y el Campeonato Pesquero, celebrado hasta los noventa, eran instancias donde este deporte encontraba espacio fácilmente, vinculando a la sociedad con distintos sectores, como los militares, que eran apoyados por los vecinos de donde se ubicaban sus respectivos regimientos. De eso ya nada queda. Otro aspecto es la locación, la Casa del Deportista, ubicada antiguamente donde está hoy la casa comercial Ripley. Era en ese lugar donde se celebraban los grandes encuentros con la infaltable compañía de la banda del litro, integrada por viejos iquiqueños que musicalizaban los eventos.

Luego de pifias que apuran el inicio de la jornada, por fin se escucha “Buenas noches respetable público…”, en un mal sistema de amplificación. Para partir, suben al ring dos jóvenes boxeadores, Luis Aracena y Mauricio Gallardo, el primero del club Manuel Sánchez y el segundo del club Heriberto Rojas. El juez les lee la cartilla, chocan los guantes y se inicia la pelea. El público empieza a gritar y echar barra a los diferentes púgiles, uno de ellos entrenado por Prieto, quien lo espera luciendo una chaqueta que versa “NO DROGAS. NO ALCOHOL” en la espalda.

Para esto, según cuenta, se ha capacitado con mucha dedicación, para enseñarles a los chicos que “tienen que ser preparados para lo que sea, distintos a los boxeadores de antes, como yo, que no estudié. Quiero que sean niños pensadores, que aprendan el box con personalidad”. Es que el boxeo no es solo dar combos, “la técnica consiste en pegar y no recibir”.

La pelea continúa y desde uno de las esquinas un animado y saltarín Maravilla aconseja y acompaña a su pupilo que está en el ring, mientras que en las gradas, otros jóvenes en entrenamiento cuentan que “es un privilegio entrenar con él”, que es un muy buen profe.

Aunque como comenta Prieto, cuesta generar instancias de peleas entre los boxeadores iquiqueños ya que ahora son pocos; si estos siguen preparándose profesionalmente, podrían llegar a ser como los grandes y más destacados púgiles de Iquique. Uno de ellos fue Estanislao Loayza, conocido como “Tani”, quien luego de destacar en el club Ramón Montoya y en diversas peleas locales, es llevado directamente por Luis Bouey a Estados Unidos en 1924 a pelear contra diversos oponentes, hasta que el 13 de julio de 1925 se enfrenta por el título mundial contra Jimmy Goodrich. En la pelea, en la que fue presentado como “Stanley Loayza”, perdió por una lesión en el pie provocada por el mismo árbitro que lo pisó fuertemente, haciendo suponer la alevosía de la acción. Luego de eso el Tani continuó peleando hasta regresar a Chile en 1936, donde fue recibido por el presidente de turno.

Uno de los grandes púgiles de Iquique fue Estanislao Loayza, conocido como “Tani”, quien el 13 de julio de 1925 se enfrenta por el título mundial contra Jimmy Goodrich

Cuatro años más tarde de ese retorno sería otro iquiqueño el que llegaría al Madison Square Garden de Nueva York: Arturo Godoy. Niño pescador de Caleta Buena, al gozar de buen puño es llevado a Santiago por el mismo Bouey, teniendo una de sus primeras peleas en el edificio que estaba donde hoy se encuentra la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Luego de destacar en la capital, va a pelear a La Habana, Barcelona y Miami. Es en Buenos Aires, en el Luna Park, donde le gana por nocaut a Luis Ángel Firpo, el “Toro Salvaje”. De ahí muchas puertas se abrieron para Godoy, que no solo era conocido por destacarse en el ring, sino que también en la pista de baile.

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Arturo Godoy

Godoy, al igual que el “Tani”, parte en barco a Estados Unidos, al que llega, según relata Roberto Castillo en la novela Muriendo por la dulce patria mía, “a la entrada del invierno del hemisferio norte, meses antes de la primera pelea con Joe Louis”, campeón mundial de los medio pesados 1936-1949. Va en el vapor acompañado de Bouey, quien muere al llegar a puerto. Según concita la biografía novelada de Godoy, fue para este “una de las noches más tristes de mi vida”. Se instala en la ciudad y pelea unos rounds concertados preparando la gran pelea. Es el 9 de febrero de 1940 cuando acompañado por el manager All Weill se enfrenta a Louis, en un local que ni siquiera llega a la mitad de su capacidad.

Lo dio todo, asombrando a un campeón con su forma de pelear, en la que se agachaba sorprendentemente para esquivar los combos, guiado por un inmortal grito de las gradas: “¡Agáchate Godoy!”. Finalizado el encuentro, un eufórico Arturo Godoy salta en el ring y abraza y besa a Louis en medio del desconcierto provocado por esa actitud. La transmisión radial relata la decisión de los jueces, como señala Castillo. “George Lecron: 10 rounds a 4, con uno empatado… a favor de ¡Joe Louis!… (aplausos y abucheos)… Tommy Shortel: 10 rounds a 2 y 3 empatados, a favor de ¡Arturo Godoy!… (el rugido del público llega a su máximo y el locutor tiene que esperar para leer el veredicto que va a romper el empate)… el referee Arthur Donovan: 10 rounds contra 4, uno empatado a favor del… todavía… campeón del mundo… ¡Joe Louuuuuuissssss!”. Arturo Godoy, como puede verse en el video que está disponible en YouTube levanta el puño y salta feliz. Momentos más tarde, al ser entrevistado, dice: “Gracias, mis amigos. He estado 15 rounds con Joe Louis y espero que me dé otra segunda chance, muchas gracias”.

Y efectivamente le fue concedida esa segunda instancia. Pelea que se celebró el 20 de junio de 1940, la que, al igual que la de febrero, había congregado en diferentes puntos del país a los aficionados a escuchar la transmisión por radio, en parlantes dispuestos en algunas plazas. Pero pierde esa segunda pelea. Rodeado de experiencias, entre las que se encuentran haber actuado en el Teatro Paramount de Los Ángeles y otros enfrentamientos, Godoy continúa en Estados Unidos para luego retornar. El campeón muere en Chile en 1986, pero no así la gesta boxeril.

En el Heriberto Rojas, a diferencia del Madison Square Garden del 40, la primera pelea es cerrada con un empate. Los chicos se abrazan y Maravilla recibe a su pupilo con una toalla. Todos bajan para preparar el ring para la segunda pelea que será entre dos púgiles del club local, Ariel Santos y Gabriel Ampuero, que se enfrentarán y calentarán a la barra, que a esas alturas ya ha sacado una que otra lata de chela o abierto su cartón de vinito camuflado en una bolsa negra.

Terminado ese apasionado segundo combate, ya son casi las once de la noche. Suena un fragmento del himno de Iquique y el público grita uno que otro “Ceacheí”. Nuevamente habla la voz del micrófono, presentando “en esta esquina, al peruano Jack Flores… y en esta esquina, el iquiqueño… José García”. El preparador de Flores es un señor canoso de buzo en el que está inscrita verticalmente en la pierna izquierda la palabra “Tacna”.

El peruano Jack Flores contra el iquiqueño José García

El iquiqueño José García (celeste) contra el peruano Jack Flores (rojo)

El impecable árbitro reúne a ambos boxeadores en el centro. Chocan los guantes y se inicia la pelea. Flores se arranca y gira saltando con ambos puños reunidos en posición en torno al ring, como un reloj cuyo eje fuera el peleador local. En la barra los más pelusones recrean cantando la música de la banda del litro, imitando trompetas que acompañan al grito de “¡I-qui-que, I-qui-que!”.

Por la constante persuasiva del boxeador Flores, solo en el tercer round García logra darle dos combos certeros y el cuarto es aún más favorable para el iquiqueño. Mientras van a sus esquinas al terminar los episodios, el preparador físico peruano extiende una toalla y la eleva cerca de Flores para secarle la transpiración con una micro corriente de aire que genera sobre él. Como abanicándolo.

Vuelven al ring. Flores continúa con su estrategia de agotar al oponente, pero olvida que esta pelea es de solo siete rounds. Para provocarlo, García se pega en el pecho con los guantes, señalando que está esperando su ataque. En el  penúltimo y último round el oponente arriesga un poco más acercándose al chileno. Suena la campana. La pelea ha terminado. Vuelven a las esquinas pero al momento aparecen nuevamente en el centro del ring, con las manos agarradas por el hombre de la humita, quien alza el brazo de García. La barra grita, más que antes y emociona al Heriberto Rojas, el club de box más antiguo de Chile que sigue funcionando.

Si bien el boxeo viene reconquistando a los iquiqueños en los últimos años, Bernardo Guerrero relata que “hoy día hay un nuevo fenómeno: están apareciendo nuevos deportes, más individuales como el bodyboard y el surf

Si bien el boxeo viene reconquistando a los iquiqueños en los últimos años, Bernardo Guerrero relata que “hoy día hay un nuevo fenómeno: están apareciendo nuevos deportes, más individuales como el bodyboard y el surf”. Asimismo, el parapente es otra actividad atractiva para los locales y los turistas, que suben al mirador de Alto Hospicio para arrojarse al vacío, hasta llegar a playa Cavancha.

A pesar de eso, “los jóvenes cuando cantan el himno de Iquique minutos antes de que se termine un partido en el estadio, quizás no saben esta historia pero siguen apegados a la frase ‘Iquique, tierra de campeones’, que se reconfigura”.

Terminada la pelea, los más apurados se van, mientras que los dirigentes se acercan al despacho del Heriberto Rojas, salón que parece más el living de una casa que pertenecientes a un club de box. Los púgiles se retiran a camarines, se comienzan a arrumar las sillas plásticas y pasados varios minutos el galpón queda solo.

Se cierra el club pero no así el libro de la historia de los triunfos de este y otros deportes.

Hace pocos meses fue inaugurado en la calle Baquedano el Museo del Deporte, gestado por el Círculo Cultural y Deportivo “Tierra de Campeones”, el que acompañará al ya existente Museo del Box. Y esta apertura es relevante dado que, como analiza Guerrero, “el deporte para los iquiqueños, con todas sus glorias y frustraciones, es parte de su identidad como pueblo”.

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