Carrie Brownstein es la guitarrista de Sleater-Kinney, grupo feminista de rock and roll formado en 1994. Según la revista Rolling Stone, es una las 25 guitarristas más subvaloradas de la historia. A fines del año pasado, Brownstein publicó sus memorias, Hunger makes me a modern girl, un libro sin glamour, sexo ni drogas; sino que escrito con la honestidad de la filosofía punk.

Carrie Brownstein en su biblioteca [Foto de Rolling Stone]

Carrie Brownstein en su biblioteca [Foto de Rolling Stone]

«El futuro del rock & roll le pertenece a las mujeres», dijo Kurt Cobain en 1994. Ese mismo año se formó en Estados Unidos Sleater-Kinney. Una banda que conocí tarde, cuando pensaba que ya no había más viejas bandas que descubrir. Escuché su disco Dig me out (1997) y me gustaron desde la primera canción. En la banda son tres mujeres: Janet Weiss en batería, y Corin Tucker y Carrie Brownstein, en voces y guitarras. La voz de Tucker es dulce y feroz. Su guitarra dialoga con la de Carrie Brownstein; no hay un sonido uniforme en sus canciones. Después de descubrirlas, hice lo que cualquiera: conseguí todos sus discos, todos los discos de sus proyectos paralelos, todos los discos de las bandas que las influenciaron. Leyendo entrevistas descubrí que Carrie Brownstein tenía un programa de televisión, Portlandia—humor pelacable, lo recomiendo—, y que estaba escribiendo sus memorias, Hunger makes me a modern girl (título sacado de la canción Modern Girl de Sleater-Kinney). Que se publicó en octubre del 2015 y llegó hace poco a mis manos.

El libro es honesto y conmovedor. “Esta es la historia de las maneras en que creé un territorio, algo más que sólo un archipiélago de identidades, algo que pudiera sujetarme, un lugar al que pertenecer”, leemos en el primer capítulo, que de entrada nos dice que no estamos frente el típico libro de memorias de una estrella de rock. Brownstein escribe sobre la separación de sus padres, su baja autoestima, su timidez, sobre sentirse fuera de lugar. Ese territorio, ese lugar en el mundo —como para muchos— Brownstein lo fundó en la música, que en su caso comenzó como fan de los B 52 ´s, Madonna y Duran Duran. Hasta el encuentro decisivo con la banda punk de mujeres Bikini Kill.

Los 90 fueron más que grunge. En la misma década nació el movimiento riot grrrl: militancia feminista a través de zines, acción política y música, con base en el estado de Washington, lugar de nacimiento de Brownstein. Algunas bandas punk de la movida eran 7 year bitch y Bratmobile. “Era la primera vez que alguien ponía en palabras mi sentimiento de alienación —escribe Brownstein en sus memorias—.  Ya había estado escuchando punk y a contadores de historias como Joe Strummer (The Clash) y Paul Weller (The Jam), pero escuchar a Bikini Kill era como tener a alguien iluminando mi mundo por primera vez. Había en ellas una narrativa en la que me podía situar, que podía compartir con otras personas para ayudarme a explicar cómo me sentía”.

Brownstein —no se avergüenza de escribirlo con detalle— empezó en la música desde abajo, revisando avisos y audicionando para bandas punk locales. Hasta que formó su primer grupo, Excuse 17, y luego, en 1994, Sleater-Kinney, que tiene 8 discos grabados y que, con interrupciones, sigue hasta hoy activa.

Rock & roll heart

 

Estamos acostumbrados a encontrar —o esperar— en las memorias de rockeros, historias de sexo, drogas y rock & roll. Brownstein, por el contrario, se preocupa de desmitificar la vida de la estrella de rock. Casi no hay drogas en sus memorias y definitivamente no hay sexo. Es muy reservada sobre sus relaciones amorosas. No se declara abiertamente homosexual, aunque sí escribe sobre sus primeros besos con chicas y le dedica unas páginas intensas a la relación que tuvo con Corin Tucker. Su foco, aunque apasionado, es más intelectual. Analiza detenidamente su propia banda, Sleater-Kinney: las sesiones de grabación de los discos, la vida en las giras, las letras, los ingenieros con los que han decidido trabajar, la relación con los sellos y la selección de bandas que las han teloneado (The Black Keys y The White Stripes, entre ellas). Es la historia íntima de Sleater-Kinney, que para sobrevivir hizo lo que pocas bandas harían (o reconocerían): terapia psicológica.

Guitarist, actor and writer Carrie Brownstein performing with her band Sleater-Kinney at the 9:30 Club in Washington, D.C.

Carrie Brownstein tocando con Sleater-Kinney

 

No es fácil encontrar memorias honestas. Usualmente se toman poses. La honestidad en el caso de Browstein la podemos rastrear en la música: “En las escenas punk de las que veníamos, la honestidad era algo equivalente, o más valioso, que el aspecto artístico”. Por eso es capaz también de escribir sobre los momentos bajos de Sleater-Kinney: “Me golpeé en la cara. Una y otra vez (…) Vi al enemigo y el enemigo era yo. Quería destruirlo. ¡Pow! No lo podía evitar. Eres un puto fraude. Estaba en el ring conmigo misma. Aquí está tu miedo. Punch. Aquí está tu rabia. Aquí está cada malestar que has conocido. Slap”. Esto ocurrió poco antes de subirse al escenario, el año 2006, mientras sus compañeras intentaban calmarla. Poco después la banda se separó para reagruparse el año 2014.

No escribe Brownstein sobre Portlandia, la serie de humor protagonizada por ella y por Fred Armisen, que debutó el 2011 y que ya va en su sexta temporada, y que ha tenido participaciones de No Doubt, Eddie Vedder y Josh Homme, entre otros. Tampoco escribe sobre Wild Flag, la banda que mantuvo entre el 2010 y el 2014, con la que alcanzó a grabar un único gran disco. Tampoco detalla su carrera como sociolingüista. Hunger makes me a modern girl es sobre ella y Sleater Kinney —banda que, en sus palabras, le salvó la vida—: “Todo lo que quisimos fue tocar música y hacer shows que fueran importantes para la gente, importantes para nosotros. Hacer música que resumiera el caos de la vida, que mitigara el agobiante miedo a la desesperanza, la soledad y la muerte”.

carrie-brownstein-quotes-hunger-makes-me-a-modern-girl

[Por ahora el libro sólo está disponible en inglés. Se puede comprar en Book Depository]