La trayectoria biográfica y literaria de Chloe Aridjis se caracteriza por desplazamientos y herencias múltiples. Nació en Nueva York pero creció en Ciudad de México. Ha vivido en Berlín, Ámsterdam, Oxford y Londres. El año 2009 publicó su primera novela Book of Clouds por Grove Press —ganadora del Prix du Premier Roman Etranger en Francia— y el 2013 Asunder por la casa editorial Chatto and Windus de Londres. Su trabajo fue considerado por The Guardian como extraño, extravagante y oscuramente absorbente. Aridjis nos concedió esta entrevista en Londres, su residencia actual.  

—Tanto en El libro de las nubes (Book of Clouds) como en Desgarrado (Asunder) hay un hecho o acontecimiento “violento” que gatilla un giro-cambio narrativo en la historia. ¿Qué rol juega la violencia —o su manifestación tanto explícita como simbólica— en tu trabajo escritural? ¿Qué relación es posible establecer entre historia, violencia y narrativa en tu escritura?
En ambas novelas me interesó explorar el continuum entre la contención y la explosión. Berlín es una ciudad con una topografía traumatizada; en Asunder, la narradora se fija en otro tipo de topografía dañada, mucho más quieta —la craquelure, las fisuras en la pintura de un cuadro que aparecen a través del tiempo. En Book of Clouds la tensión es, claro, histórica. La violencia más monstruosa ya pasó en el siglo XX; ahora quedan sus ecos y sus  reverberaciones. En Asunder existe el deterioro lento que es la entropía, y la destrucción que se ve en los actos de las sufragistas que atacaban los cuadros en los años anteriores a la primera guerra mundial. La tensión jamás desaparece, nada más se vuelve a reconformar de forma nueva. Es en el momento de ruptura que nace una nueva visión de las cosas, o un nuevo entendimiento del pasado.

—En Book of Clouds los archivos, la Historia y los personajes pensantes (esos sujetos que han vivido y pensado el devenir de la Historia) del siglo XX se combinan con  experiencias mundanas y aparentemente simples. Sin embargo, es en esa unidad donde se logra un problema narrativo caracterizado por pensar el pasado, experimentar el presente y lidiar con el futuro. ¿Cómo el archivo, la memoria y las personalidades de la historia se piensan literariamente en tu trabajo? ¿Qué poéticas de la memoria y del presente se enfrentan en Book of Clouds
Los tres personajes principales en Book of Clouds —Tatiana, Jonás y el Doctor Weiss— están involucrados en la búsqueda de una narrativa, sea histórica, meteorológica o más onírica. Los tres buscan algún significado en sus alrededores, su manera de interpretar el mundo fenomenológicamente. En la meteorología, como la historia, se trata de predecir el futuro a través de una lectura del pasado; en los dos ámbitos existen cuestiones de legibilidad, inescrutabilidad y catástrofe. Respecto a Tatiana, ella pasa varias horas del día transcribiendo —e internalizando— los dictados del historiador, y su estado psicológico se vuelve más y más envuelto con la historia de Berlín hasta que llega a un estado de crisis y desciende una capa de neblina sobre la ciudad, ofuscando todo.

—Asunder es una novela que tematiza, entre otras cosas, la historia política del voto femenino así como también la acumulación de las imágenes. Así, la rebeldía histórica se conjuga con la pasividad museística así como también los residuos de la historia se entrecruzan con la inestabilidad del presente. ¿Cómo surge Asunder? ¿Cómo nace tu interés por Mary Richardson y el rol de los museos hoy?
Desde la adolescencia la National Gallery ha sido mi lugar favorito en Londres y decidí hace años situar una novela en sus espacios. Empecé por deambular por las salas con mi cuaderno, tomando apuntes de los cuadros y la gente que observaba, y poco a poco se armó la trama. Mi deseo de encontrar algún nervio vivo; es decir, un tema delicado, o sitio de tensión, en el edificio me llevó a leer la minuta del museo en sus archivos. Allí encontré mucha información detallada sobre los ataques de las sufragistas entre 1910 y 1914 y el pánico que inspiró en todos los museos del país. Cuando me di cuenta que los impulsos apasionados de estas mujeres que luchaban por el voto se contrastaban fuertemente con la pasividad de mi personaje Marie, decidí que la novela iba a trazar su lucha contra ese estado de pasividad por el cual había optado. Paralelo a mis lecturas sobre las sufragistas leí mucho sobre los cometas, la craquelure, las fotografías de las mujeres supuestamente histéricas de Charcot en la Salpetrière, entre otros temas: el reto era construir una infraestructura metafórica que pudiera acomodar a todos. Los museos son guardianes de la cultura, pero como cualquier institución también pueden caer en la entropía. Una de las inspiraciones tempranas para la novela fue un ensayo de Adorno en el que dice que el museo y el mausoleo están más que fonéticamente cercanos…

—En tus novelas las ciudades de Berlín y Londres se pueden comprender más como un personaje que como un paisaje. Ambas ciudades exigen, al interior de tus relatos, evitar ser un “extra” —o una escenografía pasiva— y se proponen como un personaje dinámico, intrigante. ¿Cómo administras el recurso literario “ciudad” en tu narrativa? ¿Es “el vivir en la ciudad” un requisito relevante para proponer un proyecto literario como el tuyo? ¿Cómo describirías tu actual ciudad, Londres?
En ambas novelas, pero sobre todo en Book of Clouds, me interesó explorar la frontera entre el ser y la ciudad, y las intrusiones del uno en el otro. Empecé por escribir un retrato psicológico de una joven, pero Berlín misma se imponía constantemente, luchando por espacio, y acepté que serían narrativas paralelas. Es verdad, en las novelas la ciudad cobra una vida propia y se vuelve más personaje que escenografía, pero sucede con mayor fuerza en Berlín que en Londres. Cuando me siento a escribir mi imaginación casi siempre vuelve como un tropismo hacia Berlín. Es un Berlín mitad imaginario y mitad del pasado, de un pasado que conocí a mediados de los años 80 y luego en los 90, cuando la ciudad estaba en flujo constante. Respecto a Londres, se sigue transformando, más no de manera particularmente interesante y ahora con el desastre inminente de Brexit me temo lo homogéneo que podrá ser en el futuro.

—En tus novelas se implementa un plan de escritura que combina historia, individualidad y crisis. Frente al actual estado de la literatura y su relación con la sociedad, ¿qué significa hoy lo político-crítico en el arte y la literatura?
Creo que cualquier escritor en cualquier sociedad debe de tener una conciencia política y social. No tiene que necesariamente manifestarse a través de su obra, pero los artistas deben de prestar su voz cuando pueden para combatir las tormentas innumerables que afligen al mundo. Estamos viviendo en sociedades más y más egoístas donde el culto del Yo ha llegado a niveles impresionantes, ayudada en gran parte por el internet.

—Finalmente, ¿cómo piensas/imaginas/describes Latinoamérica desde el lado de acá? ¿Cómo caracterizarías el circuito de escritores latinoamericanos que viven y trabajan en Londres?
No conozco a muchos escritores latinoamericanos que viven en Londres, aparte de mi amigo Carlos Fonseca. Casi todas mis amistades literarias son con escritores ingleses; no me siento extranjera, sino formo parte de la misma comunidad, el mismo diálogo. Para mí Latinoamérica es un lugar algo misterioso, pues nada más conozco México y Colombia; los otros países siguen confinados a mi imaginación y a través de ciertos autores que leo. Lo que sí noto aquí es una falta de interés y curiosidad por Latinoamérica. Y los pocos escritores que “suenan” tienden a ser los que son más activos en promover su obra y anunciarse continuamente en las redes sociales.