Un signo de nuevos-viejos tiempos. La Nueva Narrativa Chilena se nos presenta de una forma inquietante, algo perversa, alejada de los grandes relatos, pero que, en cierto modo, expresa, ratifica y valida los clichés de la alta burguesía criolla. Sergio Gómez es un buen ejemplo de ésto.

Gómez, finalista del Premio Rómulo Gallegos 1996, es autor de cuentos como Adiós, Carlos Marx, nos vemos en el cielo (1992),   Partes del cuerpo que no se tocan (1997), El libro del señor Galindo (1998), y de antologías como Cuentos con Walkman (1993) y MacOndo (1996) junto con otro insigne de esa generación: Alberto Fuguet. De esta producción narrativa, Vidas Ejemplares (Planeta, 1994) es su primera novela.

El libro, de aproximadamente 223 páginas, cuenta la historia de dos amigos de colegio, Pedro Pablo Salgado y de Karen Bascuñan. El primero, un joven de 29 años, de familia acomodada, que trabaja por las noches en su taxi, ve películas VHS en su casa y mata su tiempo y aburrimiento, quemando las casas de sus amigos de adolescencia; la segunda, hija de padres separados, cercana también a los 30 años, y vendedora de Avon por catálogos.

Con un lenguaje directo, que suprime el uso de  frases extensas, Gómez presenta a sus personajes desde su más intima impaciencia. Karen enfrenta su presente, pensando en su pasado. Siente una profunda soledad, una sensación “de ir poco a poco cayendo o bajando a ninguna parte, tal vez un pozo negro”.  Mientras que Pedro Pablo se deprime fácilmente. Duerme la mañana entera y por la noche vuelve al taxi, a recorrer la ciudad llena “de gente extraña, difícil de calificar. Gente fea y amenazadora”.

Tanto Karen como Pedro Pablo hablan en primera persona. Con grandes saltos temporales hacia el pasado, que sirven para explicitar un tiempo añorado por ambos, cada capítulo de la novela sucede desde la perspectiva de uno y otro. Convulsos, flemáticos, indiferentes a su realidad social, los personajes, de extracción ABC1, sobreviven desencantados en un mundo que les es ajeno.  Han perdido toda condición de heroicidad. Vagan y divagan entre grandes claros oscuros, miedos e indefiniciones. Éste es el pulso de la novela en sí.

No obstante, la novela presenta una falla inexcusable. Pese a que ambos son los protagonistas de Vidas Ejemplares, hay una clara intensidad psicológica en Pedro Pablo que opaca a Karen. Mientras la mujer se muestra débil y dubitativa,  Pedro Pablo asume las características de un psicópata pirómano, carente de humanidad, expresado en los pasajes mentales que vive en sus recorridos nocturnos.

El autor trata de salvar esta situación con las inserciones de las cartas enviadas por la madre de Karen a la protagonista. Sin embargo, cae en cierta pretensión estilística, que abusa del lector y solo enreda una narración, claramente inclinada hacia Pedro Pablo.

Por otro lado, pareciera que la ausencia de una referencia cierta al lugar físico donde suceden los hechos (sólo se habla vagamente de un parque deportivo, ubicado al sur de Chile) es un movimiento intencionado, pero algo forzado, del autor para enfatizar el contexto generacional de la novela y sus personajes.

Entre canciones de Nana Mouskouri, Eric Clapton, Cat Stevens, Miguel Mateos, entre los compac y las caseteras; la novela de Gómez refulge en una época de nostalgias, de sueños abortados, de futuros truncados por esta latente nostalgia.

“La nostalgia siempre tiene que ver con la pena por una misma”, dice Karen Bascuñán. Puesta ella, como el resto de los personajes, al filo de los 30 años, deben enfrentar el “hoyo negro, como los del espacio, comiéndose todo hacia dentro. Comiéndose los buenos recuerdos, la vida divertida y salvaje”. En este sentido, el personaje de Karen apunta claro a su condición y al argumento general del libro, justificando, incluso, los incendios en la ciudad como una necesidad casi biológica para poder “sentirnos mejor, con vida y con algo de qué hablar”.

En definitiva: Vidas Ejemplares es la bazofia, la ironía de la vulnerabilidad, de la pérdida aurética, del desencanto hipócrita de toda una generación. En el Chile de finales de la década del 80 y comienzos de los 90, Karen Bascuñán, es correspondiente femenino de Matías, el personaje principal de Mala Onda y Pedro Pablo es el  cliché burgués del desencanto, la cocaína, las cervezas frías y el arriendo de películas gringas en un video club. Algo repetido hasta la saciedad en nuestra literatura outsider.