La Pascua en la Alameda

La revista Zig Zag muestra las celebraciones de Pascua de los chilenos en la principal avenida capitalina (30 de diciembre de 1906). Colección de la Biblioteca Nacional.

Hace poco más de cien años los presentes más comunes eran comestibles y figuritas de greda, y los chilenos celebraban saliendo a la calle en familia. Ojo en Tinta y Memoria Chilena te invitan a recordar las fiestas de antaño.

 

«La Pascua se fue, llevándose en las recogidas faldas de su vestido primaveral; explosiones de risas, puñados de flores, manojos de besos y algunas pobres lágrimas huérfanas que iban buscando tal vez un corazón donde pernoctar. Tras ella solo ha quedado el incitante olor de los polvos de arroz, de los claveles y las albahacas». Así describía la revista Instantáneas de Luz i Sombra (1900-1901) los días posteriores a la Nochebuena de 1901, con un tono nostálgico que coincidió con el cierre de la revista.

La alusión a la albahaca y a los claveles no es casual, ya que esos eran algunos de los presentes más comunes que se les hacía a las damas para Nochebuena, junto a canastos de fruta veraniega. También se regalaban dulces chilenos y figuritas de greda, los que en Santiago se vendían por montones en puestos instalados en la Alameda. Frente a la iglesia San Francisco, las vendedoras de rosas ofrecían también a viva voz «flores de pascua». Así se lee en el cuento del mismo nombre que se incluye en el número 96 de la revista Zig Zag (27 de diciembre de 1906).

En la capital también destacaba la instalación de fondas y ramadas en plena avenida principal -las que permanecían hasta pasado Año Nuevo-; costumbre que también se extendió hacia otras localidades del país. A ellas acudía a celebrar gran parte de la población luego de la tradicional Misa del Gallo; festejo que incluía zamacueca, chicha y comidas. Esta y otras tradiciones de los chilenos de hace un siglo son analizados en profundidad en la investigación «Tensiones navideñas: Cambios y permanencias en la celebración de la Navidad en Santiago durante el siglo XIX», de la académica del Instituto de Historia de la Universidad Católica, Olaya Sanfuentes.

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Ilustración para la portada navideña de Zig Zag del 27 de diciembre de 1908. Colección de la Biblioteca Nacional.

 

La llegada de Santa Claus y los regalos

 

Como también narra el artículo de Sanfuentes, este espíritu de festividad masiva se iría diluyendo a medida que avanzaba el siglo XX. Ya en la primera década del siglo se comenzó a privilegiar la celebración privada de las fiestas, y se buscó imitar las costumbres de celebración europeas. Con esta moda llegaron también los pinos y la decoración y, por supuesto, la fiebre por Santa Claus y los juguetes, como se describe en la prensa de la época: «Trenes y buques, monos de cuerda, loros que gritan, perros que ladran, jugueterías… todo aún existe pero su esencia voló del alma» (revista Zig Zag, 27 de diciembre de 1908, nº 201).

 

Y hace exactos cien años, así retrataba el día de Pascua chileno la revista Pacífico Magazine: «El antiguo muñeco de ojos pintados ha cedido su puesto de preferencia en los afectos del niño, al sugestivo aeroplano, a la complicada máquina de vapor con su pequeño hornillo de alcohol, al carrusel mecánico. (…) Es el día de los niños y también el día de los juguetes. Unos y otros completan una misma cosa de adorable fragilidad ante la cual la sabiduría del hombre es bien poca cosa».

 

* Artículo publicado originalmente en Memoria Chilena.