Lo que une todos los relatos son las tragedias: precisamente los accidentes. En cada uno de ellos pasa algo que desencaja la realidad, la normalidad y la tranquilidad.

Foto: Catalina García

Los accidentes
Camila Fabbri
Editorial Elefante
2019


Cuando terminé de leer el libro de cuentos “Los accidentes” de Camila Fabbri, recién editado en Chile por editorial Elefante, dejé el libro en el velador, apoyé la cabeza en la almohada y me quedé dormida. Tuve un montón de sueños raros y desperté con la sensación de que el libro había sido en parte responsable. Porque el libro es raro. Y lindo. Y raro.

Al día siguiente hice una breve investigación en internet a ver si encontraba algo que me ayudara a darle mejor forma a mis impresiones, pero encontré poco. Un pensamiento que tuve mientras leía esos pocos comentarios de “Los accidentes” fue: “pareciera que todos hubiésemos leído un libro distinto”. Por un instante pensé que me había equivocado, que había escrito mal el título y estaba puro dando la cacha en internet, pero después de confirmar que no había sido así, me quedé pensando que igual era posible. Porque “Los accidentes” son como poemas.

La poesía me cuesta y “Los accidentes” me costaron también. Una vez, en un taller con la Arelis Uribe, nos dijo algo así como que aplicáramos el contenido del poema en nosotros. Estábamos leyendo “Río herido” de Daniela Catrileo y nos dijo “¿cuál es nuestro río herido?”. Creo que los cuentos de “Los accidentes” podrían utilizarse de la misma forma, proyectarse al lector y que al final cada cual lea un libro distinto. ¿Cuáles son nuestros accidentes, nuestros perros muertos, nuestros primeros Hiroshimas?

En las notas que fui haciendo a medida que leía el libro escribí: “nada es lo que parece”. Y es que me dejó con la sensación de que el cuento “Carretera plana” era, a su vez, una buena analogía del resto del libro. En ese relato pasan muchas cosas pero, entre ellas, una pareja encuentra una criatura en las ruedas del auto. Esta criatura primero parece un perro, después un hámster, después un pichón, después ninguno de los anteriores. Así son “Los accidentes”: los cuentos van mutando y cambiando de forma bajo la mirada del lector.

Notas de Catalina mientras leía «Los accidentes». Por «mucho hombre» se refiere a que hay varios protagonistas. 🙂

Lo que une todos los relatos son las tragedias: precisamente los accidentes. En cada uno de ellos pasa algo que desencaja la realidad, la normalidad y la tranquilidad. Muchos de sus personajes cargan con tormentos que llevan de forma silenciosa. Silenciosa porque el libro rara vez hace catarsis. En las metáforas y analogías que abundan vemos lo que cada uno arrastra. Estas metáforas y analogías a veces son evidentes, otras no tanto y creo que ahí es donde se genera ese espacio de libertad para el lector que normalmente permite la poesía. En una entrevista que dio Camila Fabbri a El Ciudadano dijo: “Necesito alejar los relatos lo más posible del hecho real o de una vivencia propia. Ahí es cuando entra la imaginación y hace estragos”. Y vaya qué hace estragos, porque las palabras y el lenguaje figurativo a veces se derraman y el relato se transforma en un caos onírico.

Necesito decir que, a ratos, el caos onírico fue demasiado para mí. A veces me cuesta el lenguaje tan figurativo y desentrañar el significado de algo, ya sea dentro o fuera de mí, me agota y me distrae. Es por eso mismo que me cuesta la poesía. Pero incluso si el libro a ratos se me hizo un poco tedioso, no puedo dejar de destacar que está lleno de imágenes y sentimientos hermosos y entrañables, como en “Condición de buenos nadadores”, mi texto favorito, en el que un papá muy macho recio se ve circunstancialmente enredado con un chiquillo. “Y ahí las bocas hacen solas, no importa en qué parte del mundo estés o en qué idioma, ahí las bocas hacen solas”. En la contraportada del libro sale un comentario de Alejandro Zambra que en una parte dice “Camila Fabbri es una observadora minuciosa […] Hay que leer en voz alta estos relatos, porque en ellos abundan descripciones bellamente caprichosas y un fraseo personalísimo”.

Puedo confirmar que es verdad.