¿Qué tipos de ciudadanos queremos formar? ¿Cuál es la diferencia entre educar y capacitar? responde el filósofo chileno Fernando Longás, defensor de la filosofía en la educación secundaria. 


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Fernando Longás —autor del libro La libertad en el laberinto del Minotauro (Cuarto Propio)— lideró una importante batalla por la filosofía en Chile. Como presidente del Consejo Nacional de Directores de Departamentos de Filosofía y director del Departamento de Filosofía de la UMCE, se enfrentó a la Reforma Educacional que el año 2002 planeaba reducir las horas de esta asignatura en el currículo mínimo escolar (asignatura que hoy está nuevamente en riesgo). Después de un largo debate se logró que no se redujeran las horas de filosofía en el currículo Científico Humanista de la Enseñanza Media, aunque sí se eliminó del área Técnico-Profesional y de Educación de Adultos. Bajo esta defensa de la filosofía, por parte de Longás, hay mucho más que un interés de gremio. Para él, sin filosofía el pensamiento crítico es imposible.

Actualmente, Longás es profesor en la Universidad de Valladolid, en España. Es desde allá que respondió estas preguntas sobre filosofía y educación. Sus respuestas tienen bastante sentido en este momento en el que pareciera haber un descontento generalizado en el país, debido a las marchas. En su análisis quedan claras sus razones de este malestar: «Nunca antes la vida nos había presentado un rostro tan duro, tan competitivo, tan difícil, tan exigente, con tan poco margen para decidir cambiar alguna regla del estrecho tablero en el que se juegan nuestras opciones».

Longás se toma el tiempo de  comentar su enfado por la última columna de Carlos Peña, llamada La nueva beatería: “Con su ya reconocida inteligencia, Peña ironizaba sobre cómo los políticos por estos días se han dedicado a escuchar sin la menor crítica, todo lo que dicen y piden los estudiantes. El artículo estaba ingeniosamente escrito y conseguía su propósito; a saber, desviar la atención de lo que cabe pensar hoy: aquello, en mi opinión, consiste en saber cuáles son las condiciones que han permitido que el movimiento estudiantil se convierta en un actor político al que ya no se le puede no escuchar, condiciones que encuentran su raíz en el binomio, agotado ya, entre privatización ilimitada de la educación y mediocrización de la educación. Sin sumarle a ello la brutal injusticia social que el proceso de privatización de las instituciones y los recursos educacionales ha producido en el país.».

¿Por qué la Reforma Educacional buscaba reducir las horas de filosofía? ¿Qué se busca con una medida como está?

Mi percepción es que los sistemas de dominación tienden, por la propia dinámica de su cometido, a perpetuarse, y en esa dinámica generan los órganos necesarios para abarcarlo todo y devenir en indestructibles.

La actual organización de los poderes a nivel mundial (que combina de forma eficaz la propiedad del capital con el desarrollo tecnológico y comunicacional y la producción y reproducción del saber, en lo que se ha dado por llamar y celebrar sin reserva crítica, “la sociedad del conocimiento”) posee entre sus estrategias la eliminación de aquellas actividades que pueden generar resistencia, disenso, marginalidad. La eliminación de la filosofía del currículo mínimo escolar forma parte de esas estrategias que buscan hacer de los ciudadanos entes dóciles, sin capacidad de rebelión, individuos absolutamente integrados, completamente acríticos.

¿Lo que está en juego, entonces, es la libertad?

Sobre la libertad hay hoy mucho que pensar. Pareciera que nada es más proclive a la expansión de la libertad que el actual sistema. Estamos en la cúspide del desarrollo del liberalismo, sus principios son el credo del individuo actual. Nada nos resulta más detestable que aquellas formas de vida que se articulan desde sistemas políticos de carácter totalitario, de economías centralizadas, de control de la producción y del intercambio… en fin, todo aquello que celebramos como superado al conmemorar la caída del muro de Berlín. Sin embargo, la libertad que celebramos tiene curiosas características: Nunca antes la vida nos había presentado un rostro tan duro, tan competitivo, tan difícil, tan exigente, con tan poco margen para decidir cambiar alguna regla del estrecho tablero en el que se juegan nuestras opciones. ¿Qué libertad es ésta que no nos ofrece otra posibilidad de sobrevivencia que la de la profesionalización de nuestras vidas? ¿Qué libertad es ésta que nos exige mercantilizar nuestras horas de vigilia y medir por índices de producción la supuesta eficacia de nuestras acciones? ¿Qué libertad es ésta que transforma el tiempo en dinero, las relaciones humanas en negocio y las opciones vocacionales en cálculo de conveniencia?

Sin duda que sobre la libertad, sobre qué sea en realidad un hombre libre, hoy cabe reflexionar quizás más que en ningún  otro momento de nuestra historia. Si le restamos a nuestro sistema educacional las condiciones que permiten desarrollar esa reflexión, es decir, si no tenemos la oportunidad de pensar filosóficamente sobre estos asuntos en la calle, en la universidad o en la escuela, es muy probable que esa reflexión tan necesaria sobre la libertad no se produzca nunca.

Usted ha planteado que, actualmente, la educación más que educar pareciera que busca capacitar.

Capacitar, palabra que ha puesto muy en boga el lenguaje actual de las reformas educacionales en marcha en casi todas partes del mundo occidental (y del occidentalizado) hace alusión a una forma de orientación de la acción humana y, por ende, la significa de un modo determinado. Ser capaz de algo, ser capaz de hacer algo, es decir, estar capacitado, implica suponer que la acción debe vencer algo que se le opone a su objetivo, vencer una fuerza contraria a la orientación de la acción. Así, cada vez que leemos la educación como un proceso de capacitación estamos implícitamente pensando que debemos educarnos para vencer algo, para ganar una contienda, para superar cierta adversidad que se presenta, bajo este discurso, como connatural a la vida. Eso que hay que vencer, no es otra cosa que las mismas circunstancias en las que se hace la vida. Esas circunstancias que se presentan como adversas, difíciles y que frente a las cuales hay que estar capacitado, no son en suma otra cosa que la vida misma, es decir, la vida contra la vida. En otras palabras, el sistema educacional se pone al servicio del sistema económico, empresarial y productivo y nos capacita. ¿Para qué? Para volvernos contra las mismas circunstancias de la vida, las que debemos transformar en recursos (el tiempo, la naturaleza, las relaciones sociales, el mismo ser humano, no olvidar la acertada expresión “recursos humanos”), en otras palabras, nos capacita para aquello que podemos denominar, sin temor a equivocarnos, sobrevivir… Para eso eliminar la filosofía, para hacer que los ciudadanos, despolitizados, escépticos, ambiciosos, auto interesados, devengan en sobrevivientes, el mejor aceite para la máquina de este sistema.

¿Qué es lo propio de la filosofía? ¿Qué la hace capaz de generar un pensamiento crítico?

Hay algo esencialmente inespecífico en la filosofía. El pensamiento filosófico se constituye desde su indocilidad, desde la resistencia a lo establecido y quizás por ella a la filosofía le sigue una larga historia de persecución que nos hace retornar a Sócrates y su inquietante desmantelamiento de los falsos saberes, su deconstrucción permanente de los falsos dominios, su desenmascaramiento de los frágiles sistemas de legitimación de lo dado. No hay ninguna actividad humana que nos lleve a nuestros propios límites y nos permita reconocer nuestra condición, como la reflexión filosófica. Una existencia hecha de espaldas a la filosofía, es una existencia ciega a toda belleza, la que sólo se percibe cuando nos asomamos a eso que la filosofía tan bien nos enseña: la experiencia de la finitud.

Finalmente ¿Cuál es el estado de salud de la filosofía actualmente en Chile y en otros lugares del mundo?

Creo que sí está en peligro la salud de la filosofía, pero creo que siempre lo ha estado. Lo que ocurre es que quizás la situación actual no tiene precedentes, nunca como ahora los órganos del sistema de dominación han generado estrategias tan eficaces y nunca como hoy se ha intervenido el sistema educacional bajo las supuestas banderas de la libertad.

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Fernando Longás [Crédito foto: www.casablancahoy.cl]

 FICHA DEL ENTREVISTADO

Fernando Longás es Doctor en Filosofía de la Universidad de Valladolid, España; licenciado y magister en Filosofía (UC). Fue director del Departamento de Filosofía de la Umce y, durante el año 2002,  fue presidente del Consejo Nacional de Directores de Departamentos de Filosofía.  Actualmente, Longás es docente en la Universidad de Valladolid. En la editorial Cuarto Propio está disponible su libro La libertad en el laberinto del Minotauro.