Acaba de morir George Steiner, uno de los grandes críticos del siglo XX. En Cambridge, entre libros y recuerdos, había conversado unos meses antes con su amigo italiano Nuccio Ordine, el autor de La utilidad de lo inútil sobre Italia, el paso del tiempo y el viento xenófobo en el continente.

George Steiner en su biblioteca.

“Tengo un pensamiento particularmente cariñoso para mis lectores italianos: mi edad ya no me permite viajar ni salir de casa. Pero el recuerdo de mis estancias en Roma, Turín, Bolonia, Venecia, Florencia, Palermo, Cosenza, Nápoles sigue vivo. ¿Cómo podemos olvidar el aroma de jazmín en Calabria y Sicilia, los sabores de la comida italiana, los vinos piamonteses de las Langhe? Y luego las iglesias, palacios y monumentos, museos preciosos, obras de arte invaluables. Aquí viví en una de mis muchas tierras…»: George Steiner, uno de los críticos literarios más influyentes del siglo XX, cumplió noventa años el 23 de abril de 2019 y decide romper su largo silencio.

George Steiner en The New Yorker , Edición de Robert Boyers (FCE, 2009).

Hace tiempo que se retiró a su casa en Cambridge, en el Reino Unido. Incluso ha dejado de caminar unos metros para llegar a su estudio octogonal en el jardín, donde durante muchas décadas ha pensado y elaborado sus preciosos libros. “Siento el cansancio de los años, confiesa Steiner, y muchos de mis amigos se han ido. Pero los recuerdos me mantienen vivo. Y en el álbum de mis momentos felices, Italia ocupa un lugar destacado. Nunca olvidaré la ceremonia del título honoris causa en la Universidad de Bolonia y las tardes que pasé con Umberto Eco. Así como la emoción de la inauguración de la Feria del Libro de Turín o de las lecciones impartidas en muchas escuelas secundarias del sur, entre tantos estudiantes apasionados».

El salón-biblioteca, con grandes ventanales que dan al prado, se ha transformado en su cuartel general en los últimos años: “Ahora paso mis días en un sillón —agrega Steiner—  leyendo sobre todo libros de historia, filosofía y política. No puedo hacerlo durante muchas horas, porque me canso fácilmente. Pero es una cita a la que no renuncio. Y también me deleito con la música clásica. Justo ayer, mientras escuchaba los madrigales de Gesualdo, pensé en el emocionante viaje a Venosa, en la senda del extraordinario músico y también de su sublime coterráneo, Horacio… «.

Siento el cansancio de los años, confiesa Steiner, y muchos de mis amigos se han ido. Pero los recuerdos me mantienen vivo.

A la inevitable pregunta sobre el escribir Steiner responde con un silencio elocuente. «La edad y las dolencias —dice después de una larga pausa—, no me permiten concentrarme y crear con facilidad». Pero ya en febrero de 2008, después de la traducción al francés en Gallimard de Los libros que nunca he escrito, había revelado la constatación de «una imposibilidad»: «Sentí la necesidad de decir adiós: un niño de casi ochenta años ya no tiene tiempo para escribir lo que le gustaría escribir”. Una despedida luego negada por los hechos y los nuevos ensayos publicados.

Los libros que nunca he escrito, de George Steiner (FCE, 2008).

Desde entonces, sin embargo, han pasado diez años. Y Steiner sabe bien que el éxito y los premios, las cátedras prestigiosas y los reconocimientos más importantes no le impiden conocer la tristeza de la «imposibilidad». La autobiografía y la reflexión crítica en un intelectual de raza como él están tan entrelazadas que un ensayo no escrito «es como una sombra activa que acompaña, con ironía y tristeza, las obras realizadas. Se trata de una vida que podríamos haber vivido y no hemos vivido, de un viaje que podríamos haber logrado y no hemos completado”.

Lo imposible a veces puede volverse posible. Y al conversar con Steiner sobre este delicado tema, no pude evitar pensar en el intercambio de bromas entre Don Quijote y el escritor galeote Ginés de Pasamonte: “¿Y cómo se intitula el libro? —preguntó don Quijote. La vida de Ginés de Pasamonte —respondió el mismo [Ginés]. —¿Y está acabado? —preguntó don Quijote. —¿Cómo puede estar acabado —respondió él—, si aún no está acabada mi vida?”.

Para un crítico como Steiner, el ejercicio de la escritura, de hecho, coincide con la vida misma y, por supuesto, no puede terminar si la vida no termina. E incluso si parece excluirlo categóricamente, quién sabe si sus numerosos y leales lectores todavía no recibirán como regalo un breve ensayo o una nueva intervención sorprendente.

Se respira un aire peligroso en nuestro continente. Me preocupa mucho el viento xenófobo y antisemita que sopla en muchos países europeos.

Ahora bien, esto no parece ser, en verdad, su preocupación más importante. Antes de despedirse, Steiner expresó su preocupación por la deriva de Europa: «Ahora se respira un aire peligroso en nuestro continente. Me preocupa mucho el viento xenófobo y antisemita que sopla en muchos países europeos. El odio al extranjero, la caza del judío, la apología de la autodefensa y de las armas son los signos peligrosos de una terrible regresión, un preludio de la violencia». Y con un hilo de voz concluye: «Continuando en este camino de barbarie, ¿qué quedará de la Europa del café, la Europa del pensamiento y de la cultura?».

[Artículo aparecido en Corriere della Sera, 26 de abril de 2019, con el título «Europa bajo asedio». Traducción de Patricio Tapia. ]