«Si te criaste en Santiago de Chile, puedes vivir en cualquier parte», dijo alguna vez Jorge González. La cita del líder de Los Prisioneros aparece en la contratapa de La Nueva Extremadura. Guía literaria de Santiago, un interesante volumen que contiene, en más de 240 páginas, diversas miradas sobre la ciudad fundada por Pedro de Valdivia en 1541. 

Conversamos con Guido Arroyo, director de Alquimia Ediciones, sobre este libro compuesto por textos de: Nona Fernández, Germán Marín, Simón Ergas, Patricio Alvarado, Erick Pohlhammer, Alejandra Costamagna, Carlos Araya, Germán Carrasco, Vicente Oyarzún, Gladys González, Emilio Gordillo, Elvira Hernández, Felipe Reyes, Pablo Toro, Guido Arroyo, Gastón Carrasco y Marcelo Guajardo Thomas.


Naciste en Valdivia en 1986, pero hiciste tu tesis de licenciatura sobre Santiago. ¿De dónde nace esta fascinación?
Surge de la extrañeza que a todo provinciano le genera Santiago. Yo arribé a los dieciocho, a estudiar literatura, y mi bienvenida al tejido social fue un shock de realidad. Nunca olvidaré lo que me sucedió la primera mañana del primer lunes que pasé acá. Vivía en una pieza de pensión (sin baño ni ventana), y en menos de dos horas me robaron el balón de gas y los yogurts para el desayuno que, iluso, había dejado en el refrigerador común de la casona. De golpe entendí que Santiago era un mapa repleto de capas urbanas y sociales inconexas, violentas y alienantes. Esa fricción, esa combinación de relatos y pequeñas ciudades dentro de una gran ciudad que carece de metarrelato, fue lo que me intrigó en términos estéticos e históricos. En mi tesis abordé la relación entre el cine, la literatura y las artes visuales chilenas con Santiago entre 1970 y 2000. La idea fue analizar el tránsito del gobierno de la Unidad Popular, a la dictadura cívico-militar y luego el fervoroso Chile transicional. Ese período, creo, fue el momento histórico donde más se ha revolucionado la política urbanística que diagrama nuestro actual Santiago. Este año cumplí quince años viviendo aquí, tiempo suficiente para entender que los lugares comunes sobre la hostilidad del santiaguino y/o la simpatía del sureño son pura ficción. Santiago es una provincia más con varias provincias.

«La fundación de Santiago», óleo de Pedro Lira (1888). Museo Histórico Nacional.


«Y para que se haga saber a los mercaderes y gentes que se quisiesen venir a avencidar que vengan; porque esta tierra es tal que para vivir en ella y perpetuarse, no la hay mejor en el mundo», escribió Pedro de Valdivia al Rey Carlos V en septiembre de 1545. ¿Cómo evoluciona esa imagen idílica al Santiago contemporáneo presentado en el texto?
Rumbo a peor, como diría Beckett. La utopía de Valdivia además de absurda, era una falacia para motivar el ejercicio de conquista –y, de paso, el exterminio indígena. La Serena era por mucho mejor opción para edificar una capital, pero él apostó por esta cuenca. Hoy Santiago es una ciudad repleta de paradojas, eso retrata este libro. Es poco eficiente en términos de movilidad vehicular pero la plaza automotriz aumenta. La mayoría de sus treinta siete comunas tienen un pésimo plan regulador pero la burbuja inmobiliaria crece. Sus índices de seguridad son muy altos, pero está siempre entre las primeras tres latinoamericanas con mayor percepción de inseguridad. Aquél raro sentido común predomina en Santiago, de ahí que los votantes de Las Condes digan sí en un plebiscito que prohíbe a los adolescentes transitar libres por las calles. Y, sobre todo, pareciera que Santiago se niega a mirar al inmigrante negro, intenta ocultarlo, por miedo o rabia o congénita xenofobia.



El libro contiene imágenes de tres fotógrafos y del colectivo Diarios de Guerra. ¿Cómo fue el proceso de selección de esas miradas en diálogo con los narradores?
Nuestra idea fue que las fotografías construyeran un organismo aparte, que no se restringieran a “ilustrar” los relatos, poemas y crónicas que contiene la antología. Un libro de fotos que diera cuenta de las fricciones estéticas que repletan Santiago. Por eso elegimos cuatro visualidades diversas: Alexis Díaz, Emiliano Valenzuela, Claudio el Pok y el colectivo Diarios de Guerra, compuesto por los cineastas y artistas visuales María y Gabo. Todos ellos nos brindaron su material sobre Santiago, y con el equipo de Alquimia hicimos una selección de fotos y un montaje donde primara la fricción estética. A la vez, decidimos disponer las fotografías en cuadernillos apartes ubicados al centro del libro, y utilizar un papel más grueso para su interior, con el fin de potenciar su autonomía. En el fondo, hay un SCL textual y otro visual.


La publicación parte con los recuerdos de Nona Fernández sobre su abuela, con la llegada de la electricidad a la Plaza de Armas de Santiago y culmina con los recuerdos de tus abuelos en Renca. ¿Cómo visualizas a la tercera edad en esta ciudad tan fragmentada?
Qué buena pregunta. Y no había caído en cuenta en la coincidencia temática y filial de la apertura/cierre (lapsus total). Siento que la tercera edad no tiene una cabida temporal en este Santiago. Porque si bien, existen políticas municipales que procuran brindar espacios y talleres y viajes para la tercera edad, estas apuntan a mantenerlos “entretenidos”, a que no interrumpan la inmediatez de esta ciudad que no calza con la temporalidad de los abuelos. Y en general las sociedades crecen cuando oyen el relato de los más viejos.

«Siento que la tercera edad no tiene una cabida temporal en este Santiago (…) Y en general las sociedades crecen cuando oyen el relato de los más viejos»

¿Hubo algún autor o autora que no pudieron incluir? ¿Cuál y por qué?
Sí. Hubo un par a los que les encargué textos originales y nunca quedaron satisfechos con el resultado de la comanda –siempre es difícil escribir por encargo– y otros a los que olvidé pedirle y hasta el día de hoy me lo sacan en cara. Otra decisión compleja fue restringir este mapa literario y visual a gente viva. En un inicio mi deseo era mezclar vivos y muertos, barrios del cuarenta o del noventa indistintamente, pero esa idea le restaba el carácter contingente-temporal. Y además siempre es bueno dejar deseos para otro libro.


El notable cuento «La roja de todos», de Germán Marín, narra el retorno de Kiko Sánchez  —exiliado y exitoso chileno residente en Francia— que es brutalmente recibido por sus amigos de juventud luego de comparar ambas realidades. ¿Cuán importante crees que es para los chilenos el cómo nos ven desde fuera? ¿Cuánto de mito y realidad ves en ese cuento?
Ese notable e hilarante cuento de Germán Marín merece todo un apartado. Se publicó originalmente el 2007 en el volumen Basuras de Shaghai, y la idea de agregarlo en este panorama literario, era precisamente retratar parte de la transformación chilena bajo dictadura. El retornado Kiko encarna al exiliado que se acomodó, el converso, el que volcó su deseo al éxito económico y el pragmatismo político como dogma. Es, en el fondo, un arquetipo que encarna muy bien un síntoma muy latente en la clase política, pero también muy arraigado en el “chileno medio”, ese que quiere decirle al vecino que su hija o hijo asiste a un colegio mejor que el establecimiento público; ese que abraza el crédito como una fórmula de adquirir bienes que le den estatus, que lo diferencien. Lo que le sucede al Kiko a su regreso al Barrio Brasil es tragicómico (no espoliaré). Una alegoría brillante de lo que generan estos personajes en la memoria histórica. Fue un lujo además contar con la presencia de un escritor y editor tan brillante como Germán Marín. Es una pena que aún no se premie su obra como amerita.


¿Cómo te imaginas el Santiago de 2041, cuando cumplamos los 600 años?
Me gustaría imaginarlo con mayor voluntad por utilizar el espacio público y asimilar al inmigrante sin ataduras. Con apuestas arquitectónicas más diversas que el ramplón edificio tipo-gueto-vertical que lo erosiona todo. Con una estructuración social de las comunas que no solo refleje a imagen y semejanza la brutal desigualdad económica que existe. Pero eso es puro deseo personal y seguramente nada suceda. Porque de no intervenirse la ciudad en materia de urbanización, ecosustentabilidad y densificación, creo que la población comenzará a migrar a otros polos urbanos más sustentables. Por otra parte, el aumento de temperatura es un factor central que solemos pensar como menor. Según un informe climático Santiago para el 2050 tendrá en promedio 2,7 grados más de calor (el clima de Ovalle). Ese hecho transformará todo el paisaje que conocemos. A lo mejor cuando la sequedad se instale en los parques y el derretimiento anual de la Cordillera inunde el sector alto, se aceptará que Pedro Valdivia estaba errado, que esta tierra no es la mejor del mundo.