Un tributo a la tierra es el más reciente libro de periodismo gráfico de Joe Sacco, quien estuvo en Chile el año 2019. El libro revela cómo las industrias de extracción de recursos han impactado la vida en las comunidades indígenas de las personas de las Naciones Originarias en los Territorios del Noroeste de Canadá. Lo comenta Leonard Pierce, quien considera esta publicación «la más grande de las obras que Joe Sacco haya realizado».

Decir que Joe Sacco es el mayor practicante del periodismo gráfico trabajando hoy en día es quedarse corto. “Periodismo gráfico” es un concepto que existía antes de él, pero fue él quien le dio un nombre, una reputación y un conjunto de estándares que en gran medida también creó. Un tributo a la tierra bien puede representar la más grande de las obras que haya realizado, y gran parte de su grandeza proviene del hecho de que logra lo que sólo el mejor periodismo puede hacer: se las arregla para ser, al mismo tiempo, oportuno y atemporal, contando una historia que es penetrante en su inmediatez mientras que también retrata conflictos, luchas y situaciones que —como se aclara al llegar a su poderoso final— tienen la familiaridad de lo eterno.

Un tributo a la tierra.
Joe Sacco.
Reservoir Books, Barcelona, 2021, 272 pp.

Un tributo a la tierra comienza con la historia de cómo las industrias de extracción de recursos —específicamente, la tala de árboles, la extracción de diamantes y el nuevo método, no probado y potencialmente peligroso, de recuperar petróleo y gas natural conocido como “fracking” o fracturación hidráulica— han impactado la vida en las comunidades indígenas de las personas de las Naciones Originarias en los Territorios del Noroeste de Canadá. Como ocurre con casi cualquier trabajo documental responsable en torno a cuestiones ambientales tan cruciales, las contradicciones del capitalismo se destacan desde el mismo inicio; aprendemos sobre los denes, el nombre general para los pueblos indígenas del norte de Canadá, mayormente a través del proceso de tratados rotos, traiciones, robos y engaños empleados para despojarlos del control de las tierras que ellos ocuparon durante miles de años.

Pero muy rápidamente se convierte en una historia aún más amplia y más complicada, y es la fuerza de esta tragedia poco común y las habilidades de Sacco como observador y reportero lo que la hace trascendente tanto en su sentido de pérdida como en su testimonio de la dignidad y determinación humanas. Sacco no elude evidenciar la culpa donde debe ser evidenciada, pero también aclara que si bien hay villanos fáciles y errores obvios, no hay remedios simples ni una salida obvia. Muchas personas en estas comunidades defienden el uso del “fracking” porque es la única opción que les queda; saben que el gobierno, y la vasta riqueza privada que representa, tomará lo que quiera, y la mejor esperanza que pueden albergar es quedarse con una parte del dinero para sí en lugar de quedarse sin nada. Sacco también evita de manera deliberada la figura del noble salvaje, de la pureza e incorruptibilidad de los pueblos indígenas; en sus magistrales entrevistas con residentes de largo tiempo y con líderes tribales, nos permite compartir los primeros triunfos de su unificación y voluntad colectiva cuando todos, como los denes, se levantan y exigen tener voz sobre cómo se usa su tierra, pero también retrata la tragedia de esa unidad que se desmorona y se escinde en tribalismo cuando los retrasos y la frustración se instalan y algunos grupos deciden cuidar de sí mismos por encima de todo.

Un tributo a la tierra bien puede representar la más grande de las obras que Joe Sacco haya realizado.

Gran parte del trabajo anterior de Sacco lo encuentra estableciendo un equilibrio precario entre el así llamado periodismo “objetivo” y el reconocimiento de su propio papel al contar una historia, y eso no cambia aquí, aunque lo hace menos que en otros libros. Quizás la aparición más sorprendente de su presencia como autor es cuando deja de sacarle el bulto a la práctica de enviar niños indígenas a “escuelas residenciales” —esencialmente internados católicos en los que los niños desde pequeños eran separados por la fuerza de sus padres mediante sobornos, amenazas, chantaje, y violencia, y eran educados de tal manera que destruyeron sus identidades culturales. Es a través de este asombroso crimen que realmente nos damos cuenta, mucho antes de que llegaran las empresas petroleras, cuán arreglada estaba la baraja contra los pueblos nativos de Canadá, y cómo se usaron factores tan intrínsecamente humanos como el idioma, la identidad personal y los conceptos de identidad como armas contra ellos.

La destrucción del modo de vida de tal cantidad de personas de una manera tan traumática tuvo lugar durante un período histórico que, para los denes —quienes vivieron y trabajaron la tierra durante incontables siglos— fue un abrir y cerrar de ojos. Y, sin embargo, los transformó de una manera tan profunda e irreversible que probablemente nunca los abandonará. El alcoholismo paralizante (en una ciudad, el forense le informa a Sacco que el 97% de los cuerpos que pudo observar murieron por algo relacionado con el abuso del alcohol), la adicción a las drogas, el abuso físico y sexual y una tasa de suicidio aterradoramente alta son los legados de este trato. Y, sin embargo, incluso entre los ancianos —muchos de los cuales todavía recuerdan haber crecido en la selva y haber cazado para vivir— no hay consenso sobre cómo abordar tales legados. ¿Aceptar a las compañías petroleras por su dinero disponible o bien echarlas fuera? ¿Volver a las viejas costumbres, que a menudo eran duras y crueles, o abrazar el modernismo, cuya tecnología y facilidades son costosas y desalientan la cohesión del grupo? ¿Exigir una compensación del gobierno o rechazarlo por fomentar la dependencia? Los denes se dejan con poco más que encontrar soluciones a problemas en cuya creación no participaron.

Este es uno de los trabajos más ambiciosos del periodismo gráfico. Sacco aquí está tratando de capturar no sólo una instantánea de un momento de la historia, sino toda una forma de vida.

Este es uno de los trabajos más ambiciosos del periodismo gráfico; Sacco ha estado en peores condiciones y ha escrito sobre situaciones más peligrosas, pero aquí, está tratando de capturar no sólo una instantánea de un momento de la historia, o una historia limitada por fechas y circunstancias, sino toda una forma de vida que está, de una u otra forma, desapareciendo. Él pasa el tiempo en pueblos pequeños, dibuja caras arrugadas y manos nudosas, y representa la inmensidad y la persistencia de una naturaleza majestuosa que poco a poco va desapareciendo y convirtiéndose en números en algunas cuentas bancarias lejanas. Es, sin duda, el mejor arte que haya alguna vez realizado, y la forma en que se construye y se modela de capítulo en capítulo es como el mejor documental en el sentido de que comienza con una cosa y termina con algo completamente diferente, sin dar nunca un giro que no se sienta natural o merecido.

Para el momento en que el libro concluye, es fácil olvidar que alguna vez se trató del “fracking”, pero al mismo tiempo, se cierne sobre todo eso la sombra de la tierra, ahora en manos de hombres y mujeres que no la respetan lo suficiente para entregar un tributo. Es una obra de periodismo que te deja con mil preguntas y una sensación de injusticia tan inmensa como el cielo, pero lo hace sin nunca abandonar las palabras y las acciones de personas individuales, viviendo las consecuencias de esa injusticia en la escala más humana e identificable que sea posible. Un tributo a la tierra es una obra maestra del reporteo; es un brillante logro al poner nombres y rostros a quienes nuestro sistema de vida ha tratado de deshumanizar, y al recordar lo que tantos quisieran que olvidemos.

[Reseña aparecida en The Comics Journal (9-7-2020). Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia]

Leonard Pierce

Leonard Pierce es escritor y editor, estudia la intersección de la política obrera y la cultura estadounidense del siglo XX.  Ha escrito para fanzines, sitios web, diarios y revistas. Es autor de los libros If You Like The Sopranos (2011) y Moods from Marbletown (2012). Ha ejercido la crítica de música, películas, televisión, restaurantes y libros, en publicaciones como Chicago Tribune, Time Out, Jacobin y The Comics Journal, entre otras.