Kim Gordon acaba de publicar «La chica del grupo», su autobiografía, editada en español por Contra. Gordon fue miembro de Sonic Youth, banda que formó junto a su esposo, Thurston Moore, en 1981 y que se disolvió el 2011 junto con su matrimonio. En el libro, Gordon hace un recorrido minucioso por su vida, desde su infancia hasta la actualidad. Incluye un capítulo sobre su primera banda, integrada por dos chilenos ex miembros de Los Blops (ver nota abajo). Aunque no todo el libro es sobre Sonic Youth —Gordon también habla de arte, feminismo y se refiere a su ruptura con Moore—, aquí reproducimos íntegramente el capítulo en el que se refiere a la grabación del primer EP de la banda.

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La formación de Sonic Youth atravesó tantas fases que resulta difícil señalar una con precisión. En sus inicios, el grupo estaba integrado únicamente por Thurston, Lee Ranaldo y yo, con diferentes baterías que entraban y salían como peatones que se detuvieran a mirar brevemente un escaparate. Tuvimos varios nombres antes de decidirnos por Sonic Youth: Male Bonding, Red Milk y The Arcadians. Eran palabras tomadas de nuestras pasiones de aquel momento, nombres que desaparecían tan rápido como puedan hacerlo los estados de ánimo. Sin embargo, en cuanto a Thurston se le ocurrió el nombre de Sonic Youth, supimos al mismo tiempo cómo queríamos que sonara nuestra música.

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«La chica del grupo» está disponible en Chile en la librería Nueva Altamira (Drugstore)

Lee había tocado con David Linton en el Noise Fest. Lo habíamos visto antes tocando por la ciudad y le pedimos que se uniera a nosotros. Programamos un par de actuaciones como Sonic Youth. En los primeros ensayos, formábamos un círculo poco definido y tocábamos sin batería. A decir verdad, no era exactamente lo que uno llamaría «tocar». Rasgueábamos las guitarras y hacíamos drones con ellas. Fue entonces cuando Thurston tuvo la idea de golpear su guitarra con una baqueta. No teníamos batería, así que no había ningún otro modo de marcar el ritmo.

Éramos un grupo recién nacido y, como tal, no teníamos ni idea de qué estábamos haciendo. Thurston, como ya he dicho, era un viejo alumno del CBGB. El CBGB era su capilla, su templo y, en consecuencia, siguiendo una lógica precisa, Thurston dijo que le pediría un bolo a Hilly Kristal, el dueño. Thurston creía que, de ir tanto al CBGB, había establecido una relación con Hilly o, como mínimo, que Hilly lo reconocería por ser el chico alto y desgarbado que lo saludaba casi todas las noches. Thurston tuvo suerte y consiguió que hicieran un hueco a Sonic Youth en un programa de cuatro actuaciones en el que seríamos los primeros en tocar. Esto es lo peor que le pueda pasar a un grupo, pero nos lo tomamos como el primero de una serie de pasos que teníamos que dar, entre los que había que incluir la grabación de nuestro primer disco.

Fue un EP, y lo grabamos en 1981. Un total de cinco canciones. Se podía escuchar entero en menos de media hora. Sonic Youth, el EP; a decir verdad, no sabría decir qué fue aquello. Lo grabamos para el sello de Glenn Branca. Josh Baer, el director del White Columns, le había pedido a Glenn que creara un sello discográfico. Glenn accedió, el sello fue bautizado con el nombre de Neutral Records, y Sonic Youth fue el primer grupo que ficharon.

Sonic Youth

Sonic Youth

Decir que no teníamos demasiado dinero para la grabación es quedarse corto. Al final, nos hicieron un buen precio en un lugar llamado Plaza Sound: una sala antigua, enorme y espectacular en el Rockefeller Center donde habían grabado Blondie, los Ramones y orquestas sinfónicas enteras, ya que, según se rumoreaba, el sitio pertenecía a Columbia Records. Nos asignaron dos sesiones de ocho horas. Nuestro batería de entonces, Richard Edson, nos ayudó mucho a estructurar la música antes de empezar a grabar. Richard también tocaba en un grupo llamado Konk, que se consideraba «cool» en la escena del downtown, pero que, estilísticamente, era muy diferente del nuestro. Los Konk eran rítmicos y minimalistas, mientras que Sonic Youth éramos disonantes y salvajes, pero, de vez en cuando, los discos de debut funcionan bien porque, aunque uno no sepa demasiado bien qué está haciendo, se lanza y lo hace de todos modos.

Primero grabamos todas las bases y posteriormente grabamos las partes vocales e hicimos las mezclas. No teníamos afinaciones específicas —o bien usábamos las normales o desafinábamos—. De principio a fin, el proceso entero nos llevó un par de días. Era la primera vez que veía cómo nuestro sonido atronador y ruidoso al final quedaba transformado en algo relativamente contenido. Es algo que muchos nos echarían en cara a lo largo de los años, que la música de Sonic Youth no sonaba, ni de lejos, con tanta intensidad en disco como en directo.

Muchas de las primeras canciones que escribimos y grabamos entre todos eran drones, con partes intermedias difusas y finales aún más difusos. Originalmente, «I Dreamed, I Dream» fue compuesta como tema instrumental. La letra la escribimos al azar. Recuerdo que todos colaboramos escribiendo algunos versos en un trozo de papel y que, cuando llegó el momento de añadir las partes vocales, yo escogí los mejores de la lista de forma aleatoria. Es una forma de trabajar que sigo usando a veces. Le dijimos al ingeniero de sonido que queríamos que las líneas de bajo sonaran gruesas como las del grupo que montó Johnny Rotten tras la disolución de Sex Pistols, Public Image Ltd. Yo susurré mis voces, y Lee Ranaldo añadió su propio acompañamiento vocal.

«The days we spent go on and on» (Los días que pasamos siguen y siguen). De alguna manera, aquellas palabras se convirtieron en un presagio de todos los acontecimientos y de toda la música que estaban por llegar. Sonic Youth seguiríamos durante tres décadas, y nuestro primer disco sería reeditado veinticinco años después de su lanzamiento inicial. Los críticos destacarían cuán significativas eran las letras, sin darse cuenta de cuán aleatorias fueron al principio.

Cuando Thurston y yo por fin abandonamos el estudio del Rockefeller Center, eran las cuatro de la mañana. Estaba entrando una borrasca de nieve y viento, y la nieve se acumulaba en las aceras y las calzadas. Era Nueva York en su momento más silencioso y bello. Llevábamos nuestros voluminosos amplificadores con nosotros, pero no encontrábamos taxi. Entonces, Nueva York aún contaba con su flota de taxis Checker, unos grandes cacharros cuadrados diseñados para transportar material, y finalmente paramos uno, conseguimos  meter todo nuestro equipo barato entre el maletero y el asiento trasero y nos apretujamos en su interior. Allí estábamos, dos habitantes del downtown venidos de fuera, inmigrantes en medio de aquellos altos rascacielos sin iluminar, duros como huesos, mientras la nieve intensa se iba amontonando en las calles. Durante unos instantes, sentí que pertenecía al mundo adulto del entretenimiento del uptown. A continuación, el taxi se dirigió sigilosamente hacia casa, abriéndose paso entre la nieve hasta llegar a la calle Eldridge.

sonic youthepAquel estudio fue como un amuleto de la suerte para nosotros. Cuando llegó el máster, Glenn quedó gratamente sorprendido de que sonáramos tan bien. La portada del EP se basó en un autorretrato del artista Jeff Wall, quien, básicamente, había creado un doble de sí mismo usando una foto ampliada y una caja de luz. Copiamos la idea y usamos dos fotos de nosotros, de modo que daba la impresión de que el grupo estaba formado por ocho miembros en lugar de cuatro. Más tarde, cuando Sonic Youth tocó por primera vez en Ann Arbor, en Michigan, y conocí a Niagara, la cantante del grupo de Mike Kelley, Destroy All Monsters, me dijo: «No me puedo creer que te dejaras fotografiar sin pintalabios».

Sonic Youth y Los Blops

 

La primera banda de Kim Gordon, cuando era estudiante en la Universidad de York, en Canadá, a mediados de los 70, se llamó Below the belt. Dos de sus integrantes eran chilenos: Felipe y Juan Pablo Orrego; ambos primos, ambos ex miembros de Los Blops, banda sicodélica que se formó en Chile en 1964. Sobre su primera banda, escribe Kim Gordon en La chica del grupo:

«Unos amigos y yo decidimos formar un grupo para un proyecto de clase. Lo llamamos Below the belt y lo integrábamos yo, una chica canadiense llamada Rae, Willie a la batería y los dos chicos chilenos, Felipe a la guitarra y Juan Pablo al bajo. Rae, una belleza de pelo negro, y yo cantábamos y tocábamos la pandereta. Con sus pantalones ceñidos de raso verde, los dos chilenos tenían un aspecto y una actitud mucho más rollingstoneros que el resto de nosotros, que nos tomábamos la cosa de una manera mucho más relajada.

Dimos nuestro segundo concierto en el Festival de Cine de Ann Arbor (…). Recuerdo que nuestra actuación fue un caos explosivo, puro barullo y aullidos. Bailamos, tiramos las panderetas al suelo y dejamos que todo se fuera al traste y se convirtiera en una especie de improvisación de noise garajero. Los organizadores no tardaron mucho en desenchufarnos y suspender la actuación. Tocamos dos o tres veces, sobre todo para divertirnos, pero yo sabía que aquel grupo no llegaría a ninguna parte».

 

De Kim Gordon, la amistad con Felipe Orrego se extendió a Thurston Moore, quienes se conocieron la primera vez que Sonic Youth vino a Chile, el 2009. Thurston, anteriormente, había escuchado a Los Blops y en una entrevista a El Mercurio afirmó: «Sonic Youth es una extensión de Los Blops». Su admiración por esta banda chilena la ha repetido en sus presentaciones en solitario en el país.

Thurston Moore Fri/End dedicated to Felipe Orrego in Chile from Sergio Coddou Mc Manus on Vimeo.