El libro de Pablo Lacroix toma la idea la idea del fractal para preguntarse por la escritura. Es un libro sin números de página y casi sin puntos, que se presenta como una continuidad. Esto tensiona el hábito lector, cuestiona la forma en la que intentamos anclarnos a un lugar dentro del libro. No hay lugar, no hay página, no hay muchas veces estrofas o párrafos que comiencen o terminen.

FRACTAL_portada

Fractal
Pablo Lacroix
Ajiaco Ediciones
2015

Fractal de Pablo Lacroix (Ajiaco Ediciones 2015) hace explícito el vínculo de la poesía con la imagen, pero decir eso no es suficiente, ya que la propuesta es utilizar la imagen y el concepto fractal para problematizar la literatura. El fractal es “COMO UN PEQUEÑO CUERPO/ QUE GOBIERNA SOBRE OTRO/ Y SOBRE OTROS”, convirtiéndose de esa forma en una práctica de escritura y de lectura.

Benoit Mandelbrot desarrolló la teoría fractal para explicar la realidad matemática de las cosas con fórmulas que, a propósito de este libro, he estado consultando, pero difícilmente logro entender. Esta teoría se ejemplifica con imágenes cuyos patrones se repiten a distintas escalas, como ocurre en la naturaleza. El libro de Pablo Lacroix —afortunadamente— no busca explicar matemáticamente los fractales de las hojas de los arbustos de ningún parque o cerro, lo que hace, en cambio, es hacerse del concepto y aplicarlo a la literatura: “La Imagen Fractal suele invocar a Benoit Mandelbrot/ pero hay que tener cuidado/ porque la Imagen Fractal tiende al engaño/ Ella dice que Benoit Mandelbrot  la originó/ Dice, que Benoit Mandelbrot es dueño del concepto”.

Este libro, además, reflexiona a partir de la idea del fractal para preguntarse por la escritura. Es un libro sin números de página y casi sin puntos, que se presenta como una continuidad. Esto tensiona el hábito lector, cuestiona la forma en la que intentamos anclarnos a un lugar dentro del libro. No hay lugar, no hay página, no hay muchas veces estrofas o párrafos que comiencen o terminen. Como el caso de las imágenes de los fractales, parece que si nos alejamos o nos acercamos la imagen puede ser la misma, pero nuestro lugar en ella sí ha cambiado.

“Así como el amor de las moléculas que suma y suma/ La Imagen Fractal sigue sumando/ como un triángulo que inicia en alguna punta y termina/ donde nunca va a terminar”. ¿Qué hay más allá en la lectura? Es difícil identificar, en esta propuesta, el lugar desde el cual se está leyendo, el fractal lo agrupa todo: “Se levanta una piedra y aparece un Fractal”.

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El libro es a la vez un desafío: “La Imagen Fractal es el esfuerzo acumulado La Imagen Fractal es la aniquilación de tu pupila”. Logra provocar la reflexión en medio de sus páginas, no sé qué página, no sé en qué lugar estaba del libro cuando me desorienté, vi una imagen que creía haber visto hace algunas páginas, retrocedí, no encontré el lugar, no pude volver, leí nuevamente. Incluso las citas que anoté mientras leía luego de un momento ya no tenían lugar, no sabía a qué parte del libro pertenecían; al libro entero, supongo.

Pablo Lacroix experimenta, el libro mismo es un Fractal, la escritura toma formas, las deja, se alinea a un lado y otro de la página, sube y baja. Es la mano del escritor y el ojo del lector: “El ojo es el padre/ el hijo,/ y el espíritu santo”. En ese sentido, el ojo lector es algo divino, algo mayor que todo. El fractal, como ya he hemos dicho, es una pregunta sobre el lector: “La Imagen Fractal es un sitio/ una coordenada/ un punto cardinal”. Es un lugar de lectura, un método de lectura o una estrategia de lectura, para ser más claro.

Hay que destacar, por cierto, el trabajo visual de Constanza Cox. En el libro las imágenes de fractales, de partes de la ciudad, de arquitectura, mapas y planos son también palabras e ideas, son lugares de entrada a la lectura o de salida, si se le prefiere. Son los fractales y parte de ellos, porque el libro en sí es eso, una imagen indivisible a la que el lector puede acceder como experiencia, pero difícilmente encontrando un lugar de seguridad dentro de ella.