Branko Milanovic es uno de los estudiosos más reconocidos de la desigualdad mundial. Su última publicación, Capitalismo, nada más (Taurus, 2021), que analiza el proceso global del capitalismo y su caracterización en dos tipos de capitalismo, es aquí comentada por Federico D’Onofrio.

El nuevo libro de Branko Milanovic, Capitalismo, nada más (Taurus, 2021), se basa en su trabajo sobre la desigualdad (Desigualdad mundial FCE, 2017) para ofrecer una perspectiva más amplia de nuestra sociedad globalizada. El argumento principal del libro es que “todos somos capitalistas ahora”. Desde el final de la Guerra Fría, una red de relaciones capitalistas abarca todo el globo, imponiendo un nuevo principio ético: “el criterio ideológico igualmente incontestado que considera que el lucro no solo es respetable, sino que es el objetivo más importante de la vida del individuo”. Esto no significa, sin embargo, que Francis Fukuyama tuviera razón y que la democracia liberal sea el futuro común de la humanidad. El “ascenso de Asia”, en cambio, demuestra la existencia de dos tipos de capitalismo: el “capitalismo meritocrático liberal” de Occidente y el “capitalismo político o autoritario dirigido por el Estado ejemplificado por China, pero que existe también en otros países de Asia (Singapur, Vietnam, Birmania) y algunos de Europa y África (Rusia y los países del Cáucaso, Asia Central, Etiopía, Argelia y Ruanda)”. La inclusión de sociedades de la versión “política”, especialmente China y el sudeste asiático, en el comercio mundial y los flujos financieros causó una redistribución masiva de la riqueza y los ingresos del mundo. El libro está dedicado al futuro del capitalismo tanto liberal como autoritario, ya que la creciente desigualdad interna determina una inestabilidad masiva en ambos tipos de sociedad. ¿Qué genera y refuerza tal desigualdad? ¿Qué podría ralentizar su crecimiento o atenuar sus efectos? Y, por consiguiente, ¿cómo evolucionarán ambos tipos de sociedad?

Capitalismo, nada más.
Branko Milanovic
Taurus, 2021, 366. pp.

El estudio del capitalismo meritocrático liberal occidental (es decir, Estados Unidos y Europa occidental) es, con mucho, la parte más completa e interesante del libro. En primer lugar, Milanovic contrasta el capitalismo meritocrático liberal que configura a Estados Unidos en el siglo XXI con otras formas históricas de capitalismo, a saber, el capitalismo clásico de Gran Bretaña del siglo XIX y el capitalismo socialdemócrata que precedió al ascenso de Reagan y Thatcher en Estados Unidos y Europa Occidental. Esta distinción se basa en seis características clave, principalmente relacionadas con la forma en que se distribuyen los ingresos y se transmite la riqueza. El capitalismo meritocrático liberal sigue siendo significativamente menos desigual que el capitalismo clásico, pero la desigualdad está creciendo.

A esta descripción de las tendencias actuales, Milanovic agrega un conjunto de recetas que se espera reduzcan la desigualdad. Argumenta, en contra de Piketty (El Capital en el Siglo XXI, FCE, 2017), que los impuestos y las transferencias no pueden obstaculizar de forma duradera su aumento. Afirma que deberíamos aspirar “a un capitalismo igualitario basado en dotaciones de capital y de cualificación casi equivalentes entre toda la población”. Esto se puede lograr invirtiendo el proceso de concentración de capital, es decir, incentivando a las familias de clase media a invertir en activos financieros en lugar de vivienda, promoviendo planes de propiedad de acciones para los empleados y reintroduciendo un alto impuesto a la herencia y al patrimonio. Además de esto, la calidad de la educación debe igualarse para que los retornos de la educación sean más similares a través de las sociedades. Milanovic es muy consciente de la intensidad de las fuerzas que se oponen a su plan. El modelo occidental de capitalismo parece encaminarse hacia su desaparición y su transformación en un nuevo tipo de sociedad, donde los más ricos controlan el poder político a través de su dinero y el establecimiento de una “clase alta que se autoperpetúa”.

Branko Milanovic

Milanovic no da una definición convincente de capitalismo político o autoritario y, por lo tanto, no persuade al lector de que los países que él enumera como pertenecientes a esta categoría realmente comparten algunos rasgos distintivos. La distinción entre la política de los dos tipos de capitalismo se basa en estereotipos. La capacidad de generar crecimiento que Milanovic atribuye a los regímenes del capitalismo político también es altamente cuestionable. Si el gobierno chino demostró su efectividad en la realización de proyectos de exhibición espectaculares, los sucesos en Wuhan hacen dudoso que el país haya puesto “al frente del sistema una burocracia muy eficiente y tecnocráticamente experta”. Toda la idea de que el capitalismo político tiene “la capacidad de acortar los procedimientos burocráticos y acelerar el crecimiento económico” bien puede aplicarse a China, pero la aplicabilidad de la categoría de capitalismo político a otros países sigue sin ser probada.

La evidencia de Milanovic de que China es ahora capitalista y de que la desigualdad ha estado aumentando drásticamente hasta los últimos años es absolutamente convincente, pero su insistencia en la autonomía del Estado con respecto a los intereses de la burguesía capitalista, basada en el libro de Giovanni Arrighi Adam Smith en Pekín (Akal, 2007) es difícil de probar empíricamente. Milanovic afirma respecto de China: “la cuestión fundamental es si sus capitalistas llegarán a controlar el Estado y si utilizarán la democracia representativa como instrumento para conseguirlo”. Es dudoso que el liderazgo chino sea efectivamente tan autónomo de las grandes empresas como asume Milanovic. En otros países del capitalismo político, la superposición entre las grandes empresas y las élites políticas es manifiesta (Rusia). Además, esta afirmación revela que Milanovic tiene una concepción superficial de la democracia que se superpone con la plutocracia, una según la cual a los ciudadanos no les importará cómo se entreguen los resultados siempre que se entreguen (una distinción que es muy clara para Amartya Sen).

Desigualdad mundial.
Branko Milanovic.
FCE, 2017, 304 pp.

La primacía de la política sobre la economía parece apuntar a los orígenes del capitalismo político, a saber, una continuidad con las dictaduras del siglo XX, que, de derecha e izquierda, proclamaron tal primacía en nombre de Maquiavelo, Confucio o el proletariado. Un elemento adicional confirma una conexión entre el «capitalismo político» y el socialismo real existente. Probablemente una de las partes más interesantes de este libro es el Apéndice A: “El lugar del comunismo en la historia global”. Aquí Milanovic afirma que Marx estaba equivocado: El socialismo, “lejos de suceder al capitalismo después de las crisis y las guerras, como se suponía que iba a hacer, allanó la senda para el desarrollo del capitalismo en el tercer mundo”. Milanovic critica la preocupación de Bill Warren en Imperialism: Pioneer of Capitalism (1980) de que la alianza entre socialistas y nacionalistas en países poscoloniales ralentizaría el advenimiento del capitalismo y afirma, en cambio, que “Lenin [con lo que realmente se refiere a los regímenes poscoloniales de Asia y África] fue casi con seguridad el ‘seguidor de la ruta del capitalismo’ más importante de la historia”.

El cuarto capítulo, “Interacción entre capitalismo y globalización”, intenta identificar los efectos de la movilidad global del capital y el trabajo en ambas formas del capitalismo. El capítulo comienza con una “modesta proposición” acerca de la inmigración. Milanovic define una “prima por ciudadanía”, una renta que reciben todos los ciudadanos de un país sólo por ser ciudadanos, en forma de prestaciones sociales, instituciones, etc. Asume que la prima por ciudadanía disminuye con el número de personas (ciudadanos y migrantes) que se benefician de ella y agrega la suposición de que los nativos son menos propensos a aceptar inmigrantes permanentes. Él crea, por tanto, una relación negativa entre la voluntad de aceptar a los migrantes y la extensión de los derechos de los migrantes. Afirma, de esta manera, que si queremos beneficiarnos de las ganancias de productividad derivadas de la movilidad de la mano de obra sin despertar el descontento popular, necesitamos tener migrantes temporales con sólo un acceso mínimo al sistema de bienestar del país de inmigración. Desafortunadamente, no proporciona la evidencia en la que basa sus dos supuestos principales. De hecho, los migrantes son probablemente contribuyentes netos a la prima por ciudadanía, especialmente en países que envejecen con costosos sistemas de salud y de pensiones.

El capítulo continúa discutiendo los efectos del progreso tecnológico y la “desagregación” de la producción, a través de las cadenas de suministro globales, el surgimiento de esquemas globales de corrupción y termina con una nota pesimista declarando que la corrupción generalizada es “inevitable”. Esto prepara el escenario para el capítulo final sobre “El futuro del capitalismo global”. El núcleo de este capítulo es la sección “Externalización de la moralidad”, que parece proponer una reedición de la vieja historia sobre el capitalismo que transforma la Gemeinschaft (comunidad) en Gesellschaft (sociedad) y saca las cadenas a los ricos, quienes ahora están libres de las limitaciones morales de la religión y pueden externalizar la moralidad a un mínimo básico de leyes (leyes que podrán inclinar a su favor porque controlan la política). Es suficiente decir que el libro concluye con unos pocos escenarios, dependiendo de si se implementan o no las propuestas de políticas públicas del autor. El capitalismo meritocrático liberal puede evolucionar hacia el capitalismo popular o el capitalismo igualitario, dos formas de capitalismo con menos desigualdad, o convergerá hacia el capitalismo político. Si bien la mayoría de las propuestas prácticas del libro siguen siendo un ejercicio de ilusiones, Capitalismo, nada más, sin embargo, es una lectura importante, ya que ya está dando forma a la discusión en torno al capitalismo, especialmente en las redes sociales.

[Reseña aparecida en The European Journal of the History of Economic Thought 4 (2020). Se traduce con autorización del autor. Traducción: Patricio Tapia].

Federico D’Onofrio

Federico D’Onofrio es profesor de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia. Es fellow de la London School of Economics. Sus investigaciones han girado en torno a la economía y la interacción entre estadísticas y elaboración de políticas públicas. Es autor del libro Observing Agriculture in Early Twentieth Century Italy. Agricultural economists and statistics (2016). Su trabajo más reciente se ha dedicado al Instituto Internacional de Agricultura y las estadísticas internacionales en la época de entreguerras, así como a la política económica napolitana en el siglo XVIII.