El intelectual Agustín Squella es uno de los principales ateos chilenos. Su llegada al ateísmo la describió en el libro ¿Cree usted en Dios? Yo no, pero… (Lolita Editores, 2011). En este artículo, se refiere a la mejor literatura atea contemporánea.

En primer lugar de la mejor literatura atea de nuestros días, pongo El espejismo de Dios (Booket), de Richard Dawkins, y Dios no es bueno (Debolsillo), de Christopher Hitchens. Dos cañonazos que provienen de un ateísmo científico, sin duda, pero también muy agresivo, que yo no comparto del todo. Prefiero un ateísmo tan franco como él de esos autores, pero más sereno. Un ateísmo abierto que no se refugie en el más cómodo y políticamente correcto agnosticismo y que, a la vez, se resigne a que lo más probable es que la idea de Dios jamás salga del cerebro humano.

 

No hay que temer a la palabra “ateo”, al revés de lo que hizo la madre de una célebre cantante norteamericana que acababa de declararse atea en una entrevista. “No cree en Dios -comentó la madre-, pero ¿atea?”. Y seguro que expresó esta última palabra entre signos de interjección.

Prefiero un ateísmo abierto, que no se refugie en el más cómodo y políticamente correcto agnosticismo

No es literatura atea, pero viene al tema: me refiero a ¿En qué creen los que no creen? (Booket), el fino intercambio epistolar entre Umberto Eco y el Cardenal Carlo Maria Martini. Eco defiende allí la posibilidad de una moral laica, una moral sin Dios, una moral que no tribute a ninguna iglesia ni religión, y Martini pone en duda esa posibilidad. Lo raro es que en esa discrepancia un liberal como Mario Vargas Llosa estaría con Martini, no con Eco, porque en su libro La sociedad del espectáculo (Alfaguara) las emprende contra la literatura atea de autores como Hitchens y Dawkins. Sin la idea de Dios la gente se portaría muy mal -cree el escritor peruano- , aunque claro, no se refiere a él ni a sus cultos amigos de Madrid y el barrio de Miraflores de Lima, sino a quienes viven en las barriadas de la capital peruana. Puro paternalismo no más, aunque impropio de un liberal.

 

Y como la caridad si no empieza debe terminar siempre por casa, menciono mi librito ¿Cree usted en Dios? Yo no, pero…, en el que el “pero” no está para dar una luz de esperanza a los creyentes, sino para sugerir que hay varias respuestas posibles a la pregunta de si Dios existe o no y que estas no se reducen a las tres más habituales, que son la de la fe, la de la ausencia de fe y la del agnosticismo.

Del archivo de Ojo en Tinta