Entre el 1 y el 4 de abril se desarrolló la Feria del Libro Infantil de Bolonia, en Italia, la feria más importante del mundo en esta materia. Chile estuvo presente por quinto año consecutivo, con una delegación de ilustradores, editores y agentes literarios. Ojo en Tinta contó con un enviado especial.

Exhibición de ilustradores en la Feria del Libro Infantil de Bolonia 2019

La Feria del Libro Infantil de Bolonia, reúne anualmente a casi 1.500 expositores, dedicados a los contenidos para niñas y niños. La mayor parte son editoriales, pero hay también distribuidoras y desarrolladores de aplicaciones digitales, entre otros. Su objetivo: negociar. La feria de Bolonia no está destinada a los niños ni al público masivo, sino que a la compra y venta de derechos. La entrada es cara (casi $30.000 pesos chilenos) y la mayor parte de los stands exhiben sus productos, pero no los venden directamente. La excepción son las editoriales pequeñas, que venden sus libros a los visitantes y se preocupan incluso de organizar firmas con algunos autores de su catálogo. El último día de la feria, por ejemplo, la artista checa Kveta Pacovská —ganadora del Premio Hans Christian Andersen— firmó libros en el stand de su sello, Minedition.

La ilustración tiene un lugar protagónico en la feria de Bolonia. En el hall de recepción—donde hay disponibles mapas para ubicarse— está la tradicional exhibición de ilustradores, establecida en 1967. La exhibición 2019, expuesta este año en mesas en lugar de muros, incluyó 76 artistas, de 27 países. Todos de estilos diversos. En el mismo hall estuvo también la exhibición del país invitado, Suiza, y se dispusieron muros en blanco, para que los ilustradores emergentes pudieran promocionar su trabajo con tarjetas y afiches (y sus cuentas de Instagram). El resultado es una recepción colorida y siempre con movimiento.

Muro de ilustradores emergentes

La feria tiene 56 años y Chile ha estado presente de manera oficial desde hace 5. Primero compartiendo stand con otros países sudamericanos y desde el 2018 con un stand propio y una amplia comitiva, posible gracias al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, junto a la Dirección de Promoción de las Exportaciones (ProChile) y la Dirección de Asuntos Culturales (Dirac) del Ministerio de Relaciones Exteriores. El stand consiste en mesas para reuniones y una exhibición de libros infantiles de los editores nacionales asistentes:  Amanuta, Cocorocoq, Erdosain, Escrito con Tiza, Gata Gorda, La Bonita, Liebre, Nauta Colecciones, Niño Editor, ReCrea, Saposcat, Una Casa de Cartón y Zigzag, junto a la revista Había Una Vez.

La ubicación del stand, en una transitada esquina de la feria, fue por todos los chilenos celebrada. Decorado con ilustraciones de Paloma Valdivia y Daniel Blanco, logró no pasar desapercibido. Muy cerca estaban prestigiosas editoriales, como la argentina-española Libros del Zorro Rojo, y las portuguesas Pato Lógico y Orfeu Negro.

El stand de Chile en la Feria del Libro Infantil de Bolonia

Claudia Olavarría, editora de Gata Gorda Ediciones, ha participado por tres años en la feria. Parte de lo que ha conseguido en materia de negocios han sido coediciones con la editorial norteamericana Simon & Schuster, como El niño y el aeroplano, de Mark Pett; y la venta de su libro Tot, de Dominique Schwarzhaupt, al mercado chino.  “El crecimiento de la delegación chilena, en conjunto con el stand, habla de un programa de internacionalización del libro potente y coherente con la producción nacional. Chile tiene material para mostrar en Bolonia”, asegura.

“El crecimiento de la delegación chilena, en conjunto con el stand, habla de un programa de internacionalización del libro potente y coherente con la producción nacional. Chile tiene material para mostrar en Bolonia”.

Sobre el material de Chile, respaldan a Olavarría las cifras (la Cámara Chilena del Libro indica que la publicación de obras literarias para niñas y niños ha tenido un crecimiento sostenido en los últimos años en nuestro país) y los reconocimientos recibidos recientemente por autoras y editoras nacionales, en la misma feria de Bolonia. El 2018, Sol Undurraga recibió uno de los prestigiosos Bologna Ragazzi Award, en la categoría Opera Prima, por su libro La plage (L´Agrume), que publicará en Chile Saposcat. Un año antes, el 2017, el libro La mujer de la guarda (Milenio), de la escritora Sara Bertrand y la ilustradora Alejandra Acosta, recibió el premio New Horizons; y dos obras con chilenas involucradas obtuvieron menciones de honor: Un jardín (A buen Paso), escrito por la chilena María José Ferrada e ilustrado por el español Isidro Ferrer; y El camino de Marwan, de Patricia de Arias y Laura Borrás, del sello nacional Amanuta. Este año, Amanuta fue candidata por tercera vez al premio a la mejor editorial del año de la zona de América central y del sur; premio que ganó finalmente el sello argentino Limonero.

Se suma a esto, que el 1 de abril la novela gráfica Al Sur de la Alameda: diario de una toma —escrita por Lola Larra, ilustrada por Vicente Reinamontes y publicada en Italia por Edicola—, quedó finalista en los premios de la revista italiana “Andersen“, en la categoría mejor libro para mayores de 15 años.

El libro, que se inspira en la Revolución de los Pingüinos del año 2006, fue lanzado en Italia junto a un fanzine de distribución gratuita sobre las movilizaciones estudiantiles en el mundo, que incluye un capítulo especial sobre Italia. Paolo Primavera, editor de Edicola, comenta: “Al Sur de la Alameda es mucho más que una historia local. Es sobre un grupo de personas que desarrolla con profundo sentido cívico una toma. La sociedad italiana, y muchas más, necesitan ese sentido cívico. Publicarla era para nosotros un acto político, como lo es publicar todo libro”. Los ganadores de la versión número 38 de los premios Andersen, se darán a conocer el 25 de mayo.

Chilenos pioneros

Bolonia parece ser el lugar apropiado para una feria del libro. Es una ciudad con una larga tradición libresca, que en gran parte de debe a la Universidad de Bolonia, la más antigua de Europa, que hoy sigue activa. En un lugar que fue sede de esta universidad, actual Biblioteca dell’Archiginnasio, hoy está la muestra “A fior di pelle“, con libros hechos en Bolonia desde el siglo XV al XX, que se caracterizan por su cuidadosa manufactura.

Una chilena pionera en Bolonia es la ilustradora Paloma Valdivia. Visitó la feria por primera vez el año 2001, recién egresada, con sus propios ahorros. “Bolonia era un lugar soñado”, recuerda.  Fue en este lugar donde supo que había un mercado para la ilustración y la literatura infantil, algo que en Chile entonces todavía no parecía posible.

Paloma Valdivia, en el podio, expone sobre libros para bebés

En esta versión de la feria, Valdivia estuvo invitada a participar en un conversatorio sobre libros para bebés. Presentó los libros que ha hecho con FCE y Amanuta, y los que está realizando con su nuevo proyecto, Liebre, dedicado a la primera infancia. “Un libro para bebés bien hecho, se convierte para ellos en un tuto; un objeto amado y deseado”, dice Valdivia. Junto a ella expuso, entre otras, la editora del sello infantil francés Les Éditions des Grandes Personnes.

Claudio Romo es otro chileno veterano en la Feria del Libro de Bolonia. Al igual que en años anteriores, fue invitado por Logos Edizioni, sello italiano que ha publicado tres de sus obras: El libro de la Flora imprudente, Viaggio nel fantasmagorico giardino di Apparitio Albinus y el último, Bestiario Mexicano. En la feria, el stand de Logos jamás estuvo sin lectores a su alrededor. “Logos no ve el libro ilustrado como algo infantil —comenta Romo sobre la editorial—, sino que lo ve desde una perspectiva más amplia. Con temas de adulto también. Gran parte de su staff consiste en eminentes artistas europeos, como Ana Juan, Lorenzo Mattotti y Roger Olmos. Se preocupan de hacer un catálogo rico visualmente y en cuanto a temas”. Por un par de días, Romo estuvo en el stand de Logos firmando sus títulos.

Claudio Romo firmando libros en el stand de Logos Edizioni

La ilustradora Gabriela Lyon, por otro lado —ilustradora de Las aventuras del Hombre Pájaro, Pequeña historia de un desacuerdo y de Un día soleado, de Ekaré—,  visitó Bolonia por primera vez. “Llegar es algo abrumador. Notas inmediatamente que la dinámica es súper intensa y no hay tiempo para pestañear. Es sin duda uno de los eventos más importantes a los que he participado”, cuenta.

“Llegar a la feria de Bolonia es algo abrumador. Notas inmediatamente que la dinámica es súper intensa y no hay tiempo para pestañear. Es sin duda uno de los eventos más importantes a los que he participado como ilustradora”.

“Un mes antes de llegar a la feria preparé un portafolio, tanto digital como impreso, y unos pocos originales —dice sobre su preparación—. Tenía la ventaja respecto a otros ilustradores que visitaban la feria, de contar con el apoyo de la delegación y previas publicaciones. Llevé también, como carta de presentación, unos mini libros acordeones que contaban un breve relato. Así, los editores además de llevarse mi contacto, se llevaron una historia en sus bolsillos”. Lyon concretó reuniones pactadas previamente y también buscó ir un poco más allá: “No es malo aprovechar de hablar con el director de arte de tu editorial favorita, esa que está muy lejos de tu país y que siempre quisiste visitar”. Aunque muchas veces, advierte Lyon, los directores de arte miran seriamente, diciendo tener la agenda llena. Valentía y determinación son fundamentales para los ilustradores jóvenes, asegura.

Los ilustradores que completaron la comitiva chilena en Bolonia fueron Daniel Blanco, Catalina Bu, Caro Celis, Karina Letelier, Pato Mena, Matías Prado, Vicente Reinamontes y Francisca Yáñez.

Una feria que se toma la ciudad

Junto a la feria, la ciudad de Bolonia organiza una activa agenda cultural relacionada con la lectura, bajo el nombre Boom!, en museos, librerías, palacios y bibliotecas. En la Biblioteca Salaborsa, por ejemplo, se montó una exposición sobre libros para bebés con énfasis en el autor italiano Attilio Cassinelli. Esta enorme biblioteca pública, fundada el año 2001, está en el centro de Bolonia, justo frente a la Fuente de Neptuno, y es parte del Palazzo d’Accursio. Por una propina es posible bajar al subterráneo y ver de cerca los cimientos de un antiguo edificio romano que ocupó este espacio.

Biblioteca Salaborsa. Abajo, a la derecha, una exposición sobre libros para bebés.

Chile fue parte de la programación de Boom! a través de exposiciones de ilustración nacional, en librerías y galerías de la ciudad. Dos fueron sobre ilustración contemporánea y una tercera estuvo dedicada a la ilustradora Elena Poirier (1921-1998), curada por Claudio Aguilera, jefe del Archivo de Láminas y Estampas de la Biblioteca Nacional, en la librería Modo Infoshop. Poirier llegó de Chile a vivir a Italia el año 1957, donde colaboró con distintas editoriales europeas infantiles.

Vitrina de exposición “Elena Poirier di ritorno in Italia” en Modo Infoshop

Otras actividades fueron charlas de Claudio Aguilera y Claudio Romo a estudiantes en la universidad de Bolonia, y lanzamientos de libros, como los publicados en italiano por el ilustrador chileno Pato Mena, Il pisolino perfetto y La grande festa degli olori; ambos por Nubeocho Edizioni. También se hicieron talleres con niñas y niños en pueblos cercanos a Bolonia, por parte de la ilustradora Francisca Yáñez, y de Lola Larra y Vicente Reinamontes, quienes hicieron un taller de consignas a partir de Al sur de la Alameda.

En el taller, explica Lola Larra, invitaron a los jóvenes a contar sus preocupaciones y luego expresarlas en pancartas, que se pegaron para exhibirlas o se ocuparon para salir a marchar con ellas. Las preocupaciones que se repitió entre los jóvenes italianos: el racismo, el maltrato animal, el cambio climático y la violencia contra las mujeres.

Taller “La imaginación en el poder” de Lola Larra y Vicente Reinamontes, autores de “Al sur de la Alameda”, en la librería Momo, de Rávena. [Crédito foto: Edicola]

Compra y venta

Mientras que los agentes literarios asistentes estuvieron preocupados de vender derechos (Constanza Martínez, de Puentes Agency, y Vivian Lavín, de Vuelan las Plumas Agency), los editores chilenos estuvieron dispuestos a vender, pero también a comprar.

Pssst!, cómic danés publicado en Chile por Saposcat

Para Marcela Fuentealba, editora de Saposcat, ha sido fundamental participar en Bolonia. Tres de los libros de su catálogo los ha obtenido en este lugar: La playa de las conchas, de los autores coreanos Shin Hye-Een y Chi Eun-Young; Versos salvajes, de la norteamericana JooHee Yoon; y el cómic Pssst!, de las autoras danesas Annette Herzog y Katrine Clante. Sobre ellos, Fuentealba destaca sus  propuestas desafiantes: “Son libros que tocan temas difíciles, que a los niños les importan y son necesarios. Creo que en general falta más arrojo en los contenidos en Chile; más arrojo en la ilustración, hacer libros más jugados”.

El arrojo, agrega Fuentealba, es necesario también por parte de los lectores chilenos: “Que padres, profesores y libreros muestren la nueva producción de autores y sellos de literatura infantil local, que ya es de nivel internacional”.

“Falta arrojo de parte de los lectores chilenos. Que padres, profesores y libreros muestren la nueva producción de autores y sellos de literatura infantil local, que ya es de nivel internacional”.

Aunque el último día de la feria varios agentes, editores e ilustradores chilenos comentaron con optimismo el resultado de sus reuniones, prefieren no adelantarse. “Lo que pasa en la feria no necesariamente se refleja en un negocio concreto inmediato —explica Olavarría—. Es un proceso que comienza a cara a cara y se trabaja durante el año siguiente o por más tiempo en la concreción de un libro o una venta de derecho. Esta feria es el inicio de muchos proyectos”.

Los anhelados premios

En nuestra lengua, fueron los sellos españoles los más reconocidos por los Bologna Ragazzi Awards 2019. El libro ganador en la categoría Toddlers, para bebés, fue ¡A dormir, gatitos!, de Bárbara Castro Urío, publicado por Zahorí. Menciones lograron dos libros singulares. Orbis sensualium pictus (El mundo en imágenes), de 1658, considerado el primer libro ilustrado para niños, fue recuperado el 2018 por Zorro Rojo y logró una mención en la categoría no ficción. El libro Museo Media Vaca, por otro lado, del sello de Valencia Media Vaca, en el que niñas y niños fueron invitados a opinar sobre ilustraciones inspiradas en obras de arte, logró una mención en la categoría New Horizons.


Bart Moeyaert (a la izquierda con un ramo de flores), escritor belga, ganador del
Astrid Lindgren Memorial Award

Otro de los premios que se dio a conocer en  Bolonia, finalmente, fue el prestigioso Astrid Lindgren Memorial Award (ALMA), que entrega Suecia desde el año 2002, y que este año recibió emocionado en el la feria el escritor belga Bart Moeyaert. Parte de su producción ha sido publicada en español por la editorial Bárbara Fiore (La creación, El Paraíso y El viaje de Olek).