En la recién finalizada Feria del Libro de Santiago (FILSA), se exhibió por primera vez en Chile el documental “Las lecturas”, de la directora peruana Lorena Best. A través de conversaciones sobre libros, esta película logra aproximarse a la intimidad de 12 lectores y al lugar que habitan, junto con demostrar las infinitas posibilidades de la lectura.

Equipo realizador de “Las lecturas”. Best, la directora, está al a izquierda, arrodillada.

El documental “Las lecturas” consiste en conversaciones con 12 lectores y lectoras de Lima. Los libros, sin embargo, no son el tema de fondo. Lo principal son quienes dan su testimonio y hablar de libros es la llave para acceder a ellos. Lorena Best —directora del documental, producido por la Casa de la Literatura Peruana—, pregunta a las personas cómo empezaron a leer o qué sienten leyendo, y llega así a respuestas de una insospechada profundidad. Lectores que leyendo se conectan son su madre, con su pueblo, que se sienten más cerca de sí mismos o, por el contrario, otros. Cada respuesta es única.

Para conseguir los testimonios, Best hizo una convocatoria en el sitio web y en las redes sociales de La Casa de la Literatura Peruana, entre abril y mayo del 2015. La invitación iba dirigida a todas las personas interesadas en compartir sus experiencias con la lectura. 36 lectores y lectoras respondieron a la convocatoria y eligieron un libro significativo en sus vidas. Estos registros fueron parte de una instalación audiovisual en la misma Casa de la Literatura, y 12 de ellos —luego de un trabajo de selección y edición— se convirtieron en “Las lecturas”, estrenado en Lima el 3 de diciembre del 2015 y en Santiago, en octubre de este año.

 

—Lograste que las personas te contaran aspectos bastante íntimos ¿Cómo generaste esa apertura?

—Me abrí para conversar sobre cualquier tema a partir de los libros. Me propuse estar atenta, ser un soporte para la palabra de las lectoras y lectores y en esa atención, me permití indagar, hacer intervenciones respetuosas que me llevaran a lo que ellos deseaban contar. Lo que buscaba era la conexión de esos libros con sus vidas. En algunos casos pasaba por intimidades, en otros por pensamientos más abstractos, pero no menos íntimos. En ese espacio, creado por la palabra que nace del vínculo vital con los libros, es que radica el compromiso político de la película. Cuando Víctor Hugo se emociona al recordar su juventud como migrante y su encuentro con Arguedas, lo único que queda es sostenerlo, darle el espacio y agradecerle. Pues ha sembrado el encuentro en nosotros también. Cuando Angelita, habla de su padre ausente, intuía que debía seguir pues ella tenía conciencia absoluta de su relato (en ese sentido, es una exposición sensible y no sensacionalista). Cuando Aroma, lee a Blanca Varela y recuerda a su hijo fallecido, ella llora. Y es un llanto que se calma a sí mismo, que se canaliza y se transforma en las palabras de la poesía de Blanca. Para todo el equipo, estos relatos fueron conmovedores, y juntos, los tuvimos que sostener.

Me abrí para conversar sobre cualquier tema a partir de los libros. Me propuse estar atenta, ser un soporte para la palabra de las lectoras y lectores y en esa atención, me permití indagar

—¿Qué criterios seguiste para seleccionar los relatos que dejaste? 

—El criterio de selección de los  relatos que quedaron en la película fue cinematográfico; es decir, cómo estas conversaciones contribuían a la estructura narrativa de la película. Identificamos algunos “aspectos” que le daban una estructura a la película, la experiencia concreta con el texto, la evocación a la familia, la relación con el libro como objeto, la relación con la palabra, etc. Estos aspectos nacieron de los relatos de los lectores y lectoras.  A partir de la estructura, ya trabajamos internamente cada relato para construir un ritmo, porque el cine es ritmo. La fuerza del relato fue otro criterio, sin embargo, casi todos los relatos contenían su propia fuerza.

—¿Por qué era importante que los lectores y lectoras, además de comentar el libro seleccionado por ellos, leyeran un fragmento? 

—La lectura del fragmento la propuse como una especie de presentación de los lectores y lectoras conmigo, yo los quería conocer en su voz, en su modo, en su cadencia para leer y acercarse a su libro. Esto también tiene que ver con la manipulación, ¿cómo tocamos un libro querido? Y ya desde la relación que establecimos al conversar, leer también tenía que ver con la manera en que ellos regresan a ese texto, con las emociones que la lectura podría provocar. Además yo sentía que me estaban regalando hermosos fragmentos literarios, los recibí con placer.

—En la película, como mencionaste, está  también registrada la relación de los lectores con el libro como objeto material. ¿Por qué fue importante para ti conversar también sobre ese aspecto? 

—Me interesaba la relación con la literatura mediada por el libro, pues los objetos son animados por las personas. Los objetos conservan energías, son relatos en sí mismos. La manipulación, la forma, el diseño de cada libro, la elección del ejemplar ya es una historia en sí misma. Muchos lectores contaron relatos sobre cómo determinado libro llegó a sus vidas y su significado. El libro no era algo menor. Las canciones las podemos recordar fielmente. Sin embargo, en el caso de la literatura, siempre necesitamos volver a los libros. Y cuando digo libros, me refiero al libro en cualquiera de sus formas (transcrito, digital, fotocopiado, etc.). Esta relación con el objeto libro llegó a su cúspide en mi película, cuando Pedro, el bibliófilo, presenta todas las ediciones de “Prosas Apátridas” de Julio Ramón Ribeyro. Fue como si esa intuición de la importancia de la materialidad del libro se hubiera cumplido.

Fotografía de la grabación de “Las lecturas.

—Casi todos optaron por libros de autores peruanos, ¿fue algo espontáneo o les diste prioridad? 

—En relación a la elección de los autores, no hubo ningún tipo de filtro. Entre los 36 lectores y lectoras hubo de todo, desde libros escritos por influencers hasta lo que se llama de clásicos de la literatura universal. Lo que sí sentí fue la mínima presencia de escritoras mujeres, hubo 2 autoras entre más de 30 autores. Es cierto, como dices, que hay una predominancia de autores peruanos, pero este no fue un criterio en la selección de relatos. Nunca les volví a preguntar a los entrevistados por sus elecciones, asumí que eran esos los libros que querían compartir y sobre los que querían conversar.

—¿Leíste posteriormente alguna recomendación surgida de la película?  

—Uno de los autores se convirtió en una búsqueda posterior, es el escritor chino-peruano, Siu Kam Wen. La manera en la que Bruno relató  su encuentro con esa novela me emocionó  mucho y empecé a buscar “El verano largo” de Siu Kam Wen. Infelizmente es un libro que se ha agotado en las librerías y no se ha vuelto a editar, entonces leí crítica  y comentarios sobre la novela y entrevistas a su autor. Lo que sí encontré fue un libro de cuentos de Siu Kam Wen, “El tramo final”. Dos de sus cuentos son inolvidables. Otro autor que ahora estoy leyendo con calma es Javier Sologuren, justamente estoy leyendo “Vida Continua”, el poemario que Sandro menciona en su relato. Un encuentro que me sorprendió y reavivó mis memorias de infancia fue el libro “El Amaru y otros cuentos del Perú”, ilustrado por Rosario Núñez, pues fue uno de los libros con los que aprendí a leer en la escuela y uno de mis primeros acercamientos a la belleza de la literatura. Ver ese libro, que Mario haya permitido que lo hojee, volver a ver sus bellas ilustraciones, me dejó  conmocionada, me costó continuar con esa conversación.

La ciudad

 

“Las lecturas” no es sólo sobre la vida de los lectores. Es también una aproximación a la identidad del lugar que habitan, Lima y sus alrededores. No es casual, vemos, la admiración de los limeños por escritores como Mario Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro o el indigenista José Maria Arguedas. Esta lección —sobre la cultura como una forma de conocer la identidad de una comunidad—, Best la aprendió del cineasta y periodista brasileño Eduardo Coutinho, a quien está dedicada “Las lecturas”. Coutinho lanzó el año 2011 el documental “Las canciones” (“As canções”). En esta cinta, 18 personas eligieron las canciones que marcaron sus vidas y contaron las historias ligadas a ellas, logrando armar un complejo retrato de los habitantes de Rio de Janeiro.

—Comentaste en una entrevista que “Las lecturas” surgió a partir de “Las Canciones”, de Eduardo Coutinho ¿Qué te provocó esa cinta?

—La fuerza de la palabra, la belleza que se halla en la fuerza de la palabra. El poder de evocación y la capacidad de desdoblamiento de la palabra en el cine, fue algo inolvidable del cine de Eduardo Coutinho. La potencia, compromiso, complejidad y sencillez del cine de Coutinho se me quedaron grabados.

Casa de la Literatura Peruana, en Lima

—¿Por qué no seguiste con las canciones también? ¿Por qué quisiste intentarlo con las lecturas de las personas? 

—Antes de pensar en “Las lecturas” estaba leyendo algunos escritos de Coutinho, en ese contexto volví a ver “Las canciones” y sentí que quería aventurarme en una película que por un lado explorase la conversación en Lima y que también sea como un homenaje a Coutinho, quien recientemente había fallecido. En ese momento, yo quería volver a realizar una película. Sin embargo, tenía un hijo de meses de nacido y cualquier producción muy elaborada era imposible. Fue así como el cine de Coutinho con su propuesta radical de crear la imagen en el gesto y la palabra fueron tomando forma en mí.

Esta también era una película de espacios, de cómo las ciudades dan forma a sus habitantes. Viví años en Rio de Janeiro y “Las canciones” me parecía una película totalmente coherente con Rio, un lugar donde las personas cantan en cualquier circunstancia, viven su vida en las canciones. Y las cantan para ellas mismas y para todos, las cantan para la ciudad. Lima, que es la ciudad en la que nací, siempre se me ha figurado como una ciudad literaria. Tal vez por su cielo gris y su largo y tedioso invierno que invita a la introspección, a la lectura. Por otro lado, siento que los limeños somos poco extrovertidos y que lo que sentimos y pensamos lo volcamos en la relación silenciosa que propone la lectura. Más allá de cualquier índice sobre los niveles de lectura, en mi imaginario Lima es una ciudad literaria.

Desde mi experiencia personal como lectora, tenía certeza de que los lectores experimentamos la vida atravesados por la literatura y que, sobre libros tenemos mucho para conversar. En ese momento, acababa de tener una intensa experiencia lectora, pues pasé casi todo mi embarazo leyendo ávidamente, como si fuera un alimento inconsciente para el inicio de una nueva vida.

Así “Las lecturas”, emulando a “Las canciones”, nace como una película en la que se lee y, para leer se necesita un libro en cualquiera de sus formas.

Desde que inicié el proyecto tenía la secreta confianza que la convocatoria a los lectores tendría una buena respuesta.

Lima, que es la ciudad en la que nací, siempre se me ha figurado como una ciudad literaria. Tal vez por su cielo gris y su largo y tedioso invierno que invita a la introspección, a la lectura.

—¿Qué te sorprendió de la literatura al finalizar las grabaciones?

—Fueron 36 conversaciones que tuve en “Las lecturas”, fueron 36 lectores y lectoras que respondieron al llamado. Recuerdo con cariño y admiración a cada persona, cada una de las conversaciones. La intimidad, honestidad, fuerza y belleza de cada uno de sus testimonios son inolvidables. Como inolvidables son los libros que les acompañaron. En “Las lecturas” sucedió algo que jamás imaginé, que el cine me permitiera tejer una comunidad de lectores. Una comunidad que tal vez no se vuelva a reunir pero que, al hacerse cine, se expande hacia otras personas. En “Las lecturas”, sin habérmelo propuesto, intente acercarme a aquello que intuyo como experiencia literaria desde las búsquedas que tengo de lo cinematográfico.

 —Nos gustaría, para finalizar, que nos contextualizaras la Casa de la Literatura Peruana, escenario de todas las conversaciones del documental.

—La Casa de la Literatura Peruana es un centro cultural que pertenece al Estado peruano en el que se crean puentes entre la literatura y las personas, utilizando las posibilidades de lo público. Luego de 9 años  de labor, las personas reconocen este espacio como propio, lo consideran y defienden. La Casa de la Literatura Peruana es la realización de un espacio público en Lima, con un entendimiento amplio de lo público, en un país con una larga tradición autoritaria en el que hay una débil noción del espacio público y casi no se le conoce y se le disfruta.

La Casa de la Literatura queda en la que fue la antigua Estación de Tren de Desamparados (nos interesó mostrar en la película las dinámicas de las personas en este espacio y al tren, por su relación con el cine). La Casa queda en pleno centro histórico de Lima al lado de Palacio de Gobierno y muy cerca al Congreso, es decir en un lugar del poder, y allí se construye la ciudadanía desde lo público, la literatura, la cultura y el arte.