Recientemente fue lanzada la novela gráfica «Los años de Allende» (Hueders), escrita por Carlos Reyes e ilustrada por Rodrigo Elgueta. Desde 1970 hasta 1973, el cómic transita por la historia de Chile enfocándose en personajes que vivieron esos años con distintas suertes; entre ellos, por supuesto, Salvador Allende. El guión y los dibujos, de autores con oficio, nos permiten trasladarnos a la época de la Unidad Popular desde una mirada crítica.

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“Se acabó. Nunca más van a dejar que un presidente ayude a los pobres. No lo van a dejar.”

 

Los años de Allende, escrita por Carlos Reyes e ilustrada por Rodrigo Elgueta, apunta a la recuperación de la memoria de un pasado que se traslada desde la incandescencia hasta el deseo de desaparición dentro del imaginario del país.

Presentada a modo de racconto, la novela gráfica se inicia con el fin de la época de Allende a través de una impresionante imagen de La Moneda bombardeada, que se complementa con ilustraciones que advierten lo que será la dictadura: Pinochet, muerte, represión. Durante la narración, nuestra lectura se verá suspendida a través de distintas citas que encontramos con letras blancas en medio de páginas negras encabezadas por un año (1970, 1971, 1972, 1973). Las citas entregan mayor fuerza y expresividad a la narración, a la vez que nos posicionan en capítulos que relatarán los hechos que culminan en el Golpe de Estado del año 1973.

1970. «Quiero señalar ante la historia, el hecho trascendental que ustedes han realizado derrotando la soberbia del dinero, la presión y la amenaza, la información deformada, la campaña del terror, de la insidia y la maldad”.
Salvador Allende.

La novela está narrada, en un intento permanente de subjetividad, por el periodista estadounidense John Nitsch, quien llega a Chile durante agosto del año 1970, previo a las elecciones presidenciales que llevarán a Allende a ser mandatario, y cuando recién comienza a incubarse la conjura derechista. La historia se establecerá sin embargo entre dos puntos: el discurso oficial, marcado por citas a diversas investigaciones, estudios y entrevistas que entregan el dato duro de la época, y un espacio alternativo que recoge los sueños de un pueblo que en Chile ya no existen.

Esta perspectiva subjetiva que relata la historia de la vía chilena al socialismo, capta a luchadores que serán torturados o muertos, tales como Claudia y José, y también a personajes secundarios, como el siempre presente taxista Marcelo González, dueño de un discurso que se acerca más a la perspectiva actual sobre los años gobernados por Allende.

Sin embargo, y a pesar de la presencia de estos personajes que entregan una tónica más cercana al relato, el grueso de la novela gráfica será atravesada por un exceso de datos e información que impactan al lector con acciones, fechas y discursos que, por momentos, la hacen parecer más bien un texto con fines pedagógicos que una obra literaria y gráfica. Se quita así el protagonismo a las perspectivas personales, que podrían haber dado mayor valor emocional a la obra en relación con una época cargada de sueños e ideales de la población.

 

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Estas expresiones de tipo más personal, que se ven opacadas en ocasiones por el guión que se enfoca en la Historia, se compensan con la fuerza expresiva de las imágenes realizada por Rodrigo Elgueta, que logran trasladarnos a la época no sólo por la técnica utilizada, sino que además por el realismo con el que da cuenta de los personajes y sus acciones cotidianas, tal como al retratar las brigadas muralistas o el enfrentamiento entre miembros de Patria y Libertad y partidarios de la Unidad Popular. Está además la fuerza de los trazos en grafito que definirán la tensión dramática del bombardeo de la Moneda, así como también sirven para mostrarnos una metáfora sobre el desvanecimiento de un contexto lleno de idealismo y sueños para un país.

En definitiva, estos dos modos de expresión dentro de la novela gráfica (la micro y la macro historia) estarán definidos por la labor del periodista John Nitsch, quien sin querer implicarse con los hechos e intentar a toda costa relatar sólo los sucesos, inevitablemente desarrollará una visión política a través de sus encuentros en las marchas, de su amor por la pasión política de Claudia, de sus reuniones con personajes como Luis Hernández (comentarista de “Tribuna Radial”), Alberto Vivanco (director de la revista “La Firme”) y el Mono González, quienes definirán poco a poco la posición social del gringo.

En último lugar, pero fundamental a la hora de leer la novela gráfica Los años de Allende, se encuentra la imagen de Salvador Allende. Acorralado por los hechos, nos percatamos de la figura del líder socialista como un personaje enigmático y solitario, posicionándose en un lugar fundamental de la historia de Chile principalmente por su convicción. En este sentido, la obra de Reyes y Elgueta es sobre todo evidenciar qué y quiénes son aquellos que no permitieron a Allende gobernar, y quiénes lo lograron encerrar, cada vez con mayor fuerza, en un torbellino de inacción y de 1.000 días de antesala al Golpe de Estado: el quiebre del Chile de ayer y de hoy.

 

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[Ver las primeras 9 páginas del libro]