“Un amigo mío, el dibujante Quino (se llama así, pero cuando firma los cheques pone Joaquín Lavado), me dijo que tenías mucho interés en contratarnos”, escribió Mafalda al director de Siete Días en una carta incluida en el libro “Toda Mafalda” (Ediciones de La Flor, 1993).

La presentación de la enfant terrible culmina con un breve inventario de cosas que le disgustan: “Primero, la sopa, después, que me pregunten si quiero más a mi papá o a mi mamá, el calor y la violencia. Por eso, cuando sea grande, voy a ser traductora en Naciones Unidas. Pero cuando los embajadores se peleen voy a traducir todo lo contrario, para que entiendan mejor y haya paz de una buena vez”. La paz, la televisión, el mundo, la burocracia, la democracia, el rol de la mujer en la sociedad y el dinero forman parte de las preocupaciones de la caricatura argentina más importante de la historia.


M de Mansfield

Quino, el Joaquín Salvador Lavado de los cheques, nació en Mendoza en 1932. Estudió tres años en la Escuela de Bellas Artes, hasta que se decidió a ser dibujante humorístico. Luego de fallidos intentos, y de un sufrido cumplimiento del servicio militar, el joven de 22 años comenzó a publicar sus dibujos en un semanario argentino. Casi una década más tarde nació Mafalda por encargo de Mansfield, una nueva línea de electrodomésticos que estrenaría la empresa Siam Di Tella. Las condiciones del pedido eran: una mezcla del estilo “Peanuts” con “Blondie”, publicidad encubierta de los productos en una tira cómica a insertar en un diario y personajes cuyos nombres partieran con M, de Mansfield.  La campaña nunca se realizó, pero Mafalda corrió mejor suerte, siendo publicada por primera vez el 29 de septiembre de 1964 en Primera plana. Al año siguiente Felipe, Manolito y Susanita se integraron a la historia.


Toda, pero toda, Mafalda

“Toda Mafalda” recoge, en sus 656 páginas, desde el primer hasta el último dibujo –o boceto– de los queridos personajes de Quino, que dejaron de aparecer regularmente en 1973. En el libro aparecen las viñetas más clásicas (“Paren el mundo que me quiero bajar”, “He decidido enfrentar la realidad, así que apenas se ponga linda me avisan” y “Lo malo de los medios masivos de comunicación es que no nos dejan tiempo para comunicarnos con nosotros”). Pero también el lector encontrará los bocetos jamás publicados de Mafalda, como la serie diseñada para el disco “El sur también existe” de Joan Manuel Serrat.

El prólogo “Mafalda, el foie gras y la oca”, escrito por el periodista colombiano Daniel Samper, entrega una interesante visión sobre Quino y la evolución de la niña que, con sus preguntas y sentencias, testimonió casi una década de la historia de Argentina, y por qué no decirlo, del planeta en plena Guerra Fría.

Una de las esporádicas apariciones de Mafalda luego del largo “descanso” que se tomó en 1973 se sitúa en la portada del libro para escolares El espacio argentino (1992), afirmando que “lo bueno de la geografía es que nos regala un paseo maravilloso sin salir del libro”. Lo bueno de “Toda Mafalda” es que nos regala otro paseo maravilloso, actual, mordaz y entretenido, sin salir del libro.

* Reseña publicada en Biblioteca Viva.

 

Toda Mafalda
Quino
Ediciones de La Flor
1993
656 páginas