El Laboratorio Transdisciplinar en Prácticas Sociales y Subjetividad (LaPSoS), de la Universidad de Chile, ha iniciado una investigación sobre los sueños en la actual pandemia en nuestro país. Los residentes de Chile que quieran participar en la investigación pueden hacerlo escribiendo sus sueños hasta fines de agosto en un formulario digital. En este entrevista dos miembros del laboratorio, Isis Castañeda y Esteban Radiszcz, comentan los libros que los han influenciados en la investigación y los interesantes cruces que es posible hacer gracias a los sueños entre las subjetividades y la vida social.

Fotografía del pensamiento de Ted Serios.

La periodista judío-alemana Charlotte Beradt hizo una singular investigación a mediados del siglo XX. Entre 1933, fecha del ascenso al poder de Hitler, y 1939, poco antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, recolectó sueños de alemanes y alemanas para averiguar el efecto que estaba produciendo el totalitarismo nazi en la población. Discretamente, Beradt recolectó más de 300 sueños que reunió en su libro The Third Reich of Dreams. Lo que reflejan en su conjunto estos sueños es que el clima social de la Alemania del Tercer Reich dejó una enorme herida emocional en los soñantes. En algunos casos, incluso, los sueños se adelantaron con bastante precisión a los sucesos posteriores.

Los sueños en la actual crisis sanitaria provocada por el COVID-19 podrían proveernos también de información valiosa. Es lo que creen en el Laboratorio Transdisciplinar en Prácticas Sociales y Subjetividad (LaPSoS), perteneciente a la Universidad de Chile, que ha habilitado un formulario digital, disponible hasta fines de agosto, para reunir los sueños en pandemia y luego analizarlos. Todas las personas residentes en Chile pueden participar de forma anónima en este estudio, llamado «Sueños en cuarentena».

Hasta ahora, dicen por correo dos miembros de LaPSoS que participan en la investigación, Esteban Radiszcz, principal investigador, e Isis Castañeda, han recibido más de 100 sueños: “Agradecemos los sueños que nos han compartido pues nos parece que permiten de a poco ir figurando las interrogantes y ansiedades que nos han producido el encierro, el repetido desvelamiento de la ausencia de garantías sociales y la incertidumbre de un acontecimiento que nos enfrenta a la muerte, probablemente de un modo que no conocíamos”. Sobre el archivo que se generará, que consideran valioso, permanecerá cerrado: «No podemos compartir los sueños debido a que en la encuesta lanzada se ha señalado que la información que nos han confiado las personas será utilizada sólo con fines investigativos».

El sueño ha sido objeto de interés y estudio en diversas culturas y épocas, y aún se sigue presentando como inacabado en sus modos de comprenderlo, conceptualizarlo y experimentarlo.

Investigar los sueños, señalan, tiene ya bastantes antecedentes: “El sueño ha sido objeto de interés y estudio en diversas culturas y épocas, y aún se sigue presentando como inacabado en sus modos de comprenderlo, conceptualizarlo y experimentarlo. Por ejemplo, los sueños han sido objeto y método de investigación para la sociología, donde se ha enfatizado en su valor para mostrar aspectos conflictivos de la vida social, en la vida onírica de los sujetos; desde la antropología se ha investigado sobre el lugar particular que los sueños han tenido en diversas culturas, donde a partir del estudio de éstos es posible acercarse a diferentes modos de articular la relación de los sujetos a sí mismos, al entorno social y las maneras de concebir la vida y la muerte, en distintas comunidades; en aproximaciones filosóficas se ha destacado la capacidad del sueño para desplazarnos de nuestros marcos normativos y representacionales respecto del mundo y de nosotros mismos, y a partir de dicho movimiento, articular nuevos marcos sensibles de la experiencia; en estudios del área de la psicología experimental se ha destacado cómo a partir del análisis del contenido de los sueños se constataría cierta continuidad entre la vida diurna y nocturna de los seres humanos; para el psicoanálisis el sueño ha sido un objeto fundamental, pues a través de su estudio se desarrollará el sistema teórico freudiano sobre el inconsciente y desde ahí la producción de subjetividad. Podríamos continuar exponiendo distintas formas de comprender los sueños, en las artes, la estética, la historia, la literatura, las neurociencias, etc; sin embargo, más que enumerar diferentes modos, que de antemano nos disculpamos por lo reduccionistas que hemos sido al señalar amplios estudios en torno a los sueños en un par de líneas, nos interesa transmitir, aunque sea de paso, la apertura del fenómeno que nos convoca: el sueño”.

No es la primera vez que ambos investigadores se enfocan en el mundo onírico. Entre los años 2013 y 2015, Castañeda y Radiszcz, junto a un grupo interdisciplinario de LaPSoS, realizaron la investigación “Sueños del malestar adolescente”, que tuvo como objetivo caracterizar las formas del malestar en jóvenes chilenos. “El sueño ofrece un punto de vista interesante y original, al menos en Chile, para realizar investigaciones sobre el malestar, abriéndose como un territorio de indagación para diversas problemáticas que admitan cruces entre la vida social y las subjetividades”, comentan.

Soñar en periodos de crisis

¿Por qué consideran valiosos los sueños en el contexto de la actual crisis sanitaria?

Nos parece que los sueños en tanto territorio de tránsito disciplinares y de experimentación vital, nos podrían otorgar información sobre los modos en los cuales incide en la vida subjetiva y social la presente crisis sanitaria, social y política, así como explorar modos de hacer subjetivos ante ella. Lo anterior, en la medida que las diversas investigaciones muestran como los sueños se adelantan al “yo”, es decir, se adelantan a nuestras maneras de comprender los fenómenos, sorprendiéndonos.

El sueño nos parece un instrumento interesante y útil para intentar captar, en sus juegos de lenguaje y trazos, la incidencia de esta pandemia en nuestras vidas cotidianas.

La pandemia en tanto fenómeno casi mundial, que desde lo sanitario avanza hacia una problemática social y política, aparece como un acontecimiento que nos ha golpeado fuertemente como sociedad y que aún no conocemos su curso, ni como virus y mucho menos comprendemos sus efectos sociales y subjetivos. Desde ahí, el sueño, en tanto objeto que permite expresar problemáticas entre lo social y lo subjetivo, que muchas veces no encuentran cabida aún en un campo discursivo y que no han sido del todo organizadas en un horizonte de sentido, nos parece un instrumento interesante y útil para intentar captar, en sus juegos de lenguaje y trazos, la incidencia de esta pandemia en nuestras vidas cotidianas. Al mismo tiempo, en la medida que no entendemos el sueño como un puro repositorio de experiencias, sino que más bien como un fértil territorio de producción subjetiva, nos interesa también como una entrada a las distintas formas singulares de hacer y de enfrentarnos a la aparentemente inédita situación que vivimos, como un modo de acercarnos a un proceso, antes de intentar predecir un resultado.

Respecto de los modos de comprender los sueños, reconociendo los aportes de las ciencias sociales donde el sueño se articularía a la vida social y política, nos resulta interesante una aproximación a éste en la lógica de los juegos de lenguaje, como diría Wittgenstein. Esto pensando en que todo sueño depende en última instancia de un «juego de lenguaje» en el que el sentido -pero también el sinsentido- de sus elementos, lejos de residir sólo en los elementos mismos, deriva de reglas tácitas que establecen usos sociales de los sueños y, con ellos, las probabilidades de la aparición de tal o cual elemento en las narraciones de las y los soñantes. Así como estas reglas para la narración de los sueños difieren de una era y cultura a otra, como la bibliografía documenta ampliamente, también estas reglas colectivas se aplican o se apropian por separado según las características sociales del soñador, como la edad, la clase social o el género.

A ello le agregamos una nueva dimensión cuando dichos sentidos se articulan en la lógica del inconsciente, dicho de otro modo, cuando el sueño obedece a aquello que Freud ha denominado “trabajo del sueño”, caracterizado por la subversión de los valores asignados a los elementos de la vida diurna y la transfiguración de las representaciones cotidianas. Es decir, el sueño, se entramaría en los elementos y sentidos de la vida social, pero establecería un nuevo “juego de lenguaje” y es justamente aquel trabajo y los usos oníricos lo que nos inquieta e interesa investigar, pues no sólo soñamos en función de lo que vivimos, sino que también, y, sobre todo, soñamos en función de lo que deseamos.

Es en este sentido, que este productivo objeto híbrido; social, singular y político, nos parece interesante para este acontecimiento, también híbrido, el covid.

A nivel más general, tenemos el interés de abrir un diálogo en torno a la valoración y el trabajo con sueños como producciones singulares, sociales y políticas en periodos de crisis.

¿Hay antecedentes al respecto, sobre investigaciones en periodos de crisis?

Es interesante la investigación de la antropóloga Adriana Cecconi, quien recolecta sueños con posterioridad a conflictos armados en Perú y España, y muestra como éstos hacen posible un trabajo de duelo ante la desaparición forzada de seres queridos; también hay algunos registros entre la investigación y la militancia sobre la experiencia con sueños de prisioneras políticas en Palmi, mujeres a las cuales compartir sus sueños les permitió aproximarse a la experiencia de militancia de una manera más sensible, con baches, distanciándose de los ideales propios de la militancia política y elaborando colectivamente nuevos modos, mucho más fluidos en términos identitarios, de pensarse como mujeres y militantes; o el clásico trabajo de Charlotte Beradt, que no sólo muestra el modo en que los sueños se adelantaron al holocausto nazi, sino que también, cómo abren espacios de expresión de lo prohibido en el campo social.

¿Qué libros los han inspirado para esta investigación?

El libro de Charlotte Beradt, The Third Reich of Dreams, ya mencionado, es uno de ellos. Entre 1933 y 1938 la autora recolectó alrededor 300 sueños que pudo publicar más 30 años después. Se trataba principalmente de pesadillas, donde no sólo aparecían figuras que pasarán al imaginario del terror mundial, como Hitler, sino que relataban el impacto de la persecución que coaptaba hasta lo más íntimo de las vidas cotidianas, los sueños. En el modo de presentar su investigación la periodista deja ver una particular capacidad de los sueños de adelantarse a eventos que aún no han acontecido. A esa propiedad Beradt la nombra como “sismógrafo político”, refiriéndose a una especial sensibilidad y productividad onírica. Es decir, el sueño no sería un simple reflejo de lo ya acontecido, sino que permitiría figurar situaciones que aún no tenían lugar, al menos en un registro consciente. Además, este trabajo es un archivo de gran valor sobre un periodo de la historia que aún nos sigue impactando.

El libro Los marcos sociales de la memoria de Maurice Halbwachs es otro imperdible de nuestra investigación, allí el sociólogo a través de un estudio que interroga la relación entre los marcos sociales y sus articulaciones subjetivas, en vías de construir una concepción de “memoria colectiva”, señala que existiría una penetración parcial de los marcos sociales en los sueños, por lo tanto, que incluso mientras dormimos, fuera de nuestro dominio voluntario, el impacto de la sociedad se haría sentir. De este modo, rompe con la tradición simbolista del sueño, abriendo la posibilidad de pensar sus usos sociales y articulaciones particulares respectos de sus posibles sentidos.

Más recientemente, los trabajos de Jacques Le Goff sobre los sueños en la Edad Media nos presentan distintas dimensiones de los estudios con sueños que nos parecen relevantes para la presente investigación. Por un lado, muestran cómo el imaginario medieval se hace presente en la vida onírica, y como otro lado de la misma moneda, la función del sueño en la composición de aquel imaginario colectivo. Asimismo, indaga en las formas de vinculación en la sociedad medieval, entre las transformaciones políticas y la significación y valoración de los sueños. En esta misma línea, el trabajo Jeane Claude Schmitt en Le corps, les rites, les rêves, le temps. Essais d’anthropologie médievale, destaca la eficacia social de los sueños de acuerdo al lugar cultural de ellos y sus portavoces. Estos trabajos, de territorios y temporalidades distantes, se encuentran curiosamente enlazados con las investigaciones en torno al uso de los sueños del pueblo Mapuche, donde el Pewma, será un sueño, o más bien un lugar de encuentro con los ancestros, a través del cual se tomarán decisiones que en ocasiones conciernen a toda la comunidad, es decir, decisiones políticas, pero no será cualquiera quien podrá interpretar este Pewma, sino que será por excelencia la machi. En el mismo sentido y también en territorios llamados actualmente americanos, el sueño para los Zapara será central en la organización social y en los marcos de comprensión de sí mismos, al punto que Anne-Gaël Bilhaut se refiere a una construcción onírica de la historia.

Otro libro central es el de Franz Fanon, Les damnés de la terre, un ensayo analítico donde muestra la violencia de la colonización y la alienación subjetiva de los colonizados. Aquí utiliza las figuraciones oníricas de malgaches para comprender las incidencias subjetivas de la colonización y las relaciones de poder que se establecen. Asimismo, e incluso antes de Fanon, el sociólogo Roger Bastide en Le rêve, la transe et la folie, igualmente exploró la incidencia de la segregación racial a nivel, incluso, del contenido latente de la vida onírica de afrobrasileños. En este libro sitúa el sueño como un lugar de tránsito entre nuestra historia personal, el “más allá” y las exigencias sociales. De este modo, en su estudio con sueños de afrobrasileños en la ciudad de Sao Paulo, mostrará que habría una cierta continuidad entre las preocupaciones de la víspera y las del soñante. No obstante, el autor enfatizará en que el sueño sería mucho más que un mero reflejo de la vida diurna, otorgándole el lugar de un verdadero operador de la vida social.

El trabajo de Jean Duvignaud, Françoise Duvignaud y Jean-Pierre Corbeau, La Banque des Rêves, es también fuente de inspiración para nuestra investigación, en un estudio sobre el soñante francés contemporáneo, recolectaron más de 2000 sueños. Su interés vinculado a su propia experiencia onírica se interrogaba por la intersección entre lo singular y lo colectivo, y en el sueño, como un objeto de la vida cotidiana rebelde ante el disciplinamiento positivista, como una vía a la exploración de procesos sociales y políticos, de una manera íntima y atravesada por los diversos flujos de una sociedad. Asimismo, mostraron como a través del imaginario onírico se hacía frente lúdicamente a problemáticas propias de la sociedad francesa, ello con una mirada que enfatizaba en la participación de la organización social y sus jerarquías en las producciones oníricas.

Otro texto muy interesante es Traume, una cuidada compilación sobre los diferentes pasajes donde el filósofo Walter Benjamin se refirió a los sueños. La relación a los sueños de Benjamin, es también importante para nuestra investigación, ya que los vincula a una materialidad y al mismo tiempo a un tránsito, como un objeto real, textural y concreto, como un libro que nos puede transportar a distintas épocas y formas de escribir la historia, y como un mapa que nos puede situar en diversos territorios.

Rêves en colère de Barbara Glowsczewski será también fundamental para nuestro modo de aproximarnos a los sueños. Este trabajo es el resultado de más de veinte años de encuentros, intercambios e investigaciones con los aborígenes australianos. Como los propios aborígenes, que juegan con el carácter ambivalente de las historias y los recuerdos, los sueños se configurarán como espacios de la realidad y temporalidades, que dan lugar a seres y formas; sus sueños serían un modo de expresar su cosmología relacional. Así el sueño será un tiempo, un espacio, relaciones sociales que se entrelazan y forman un conjunto discontinuo de itinerarios de diferente naturaleza. Se interesará en este contexto por los usos del sueño, en tanto darán cuenta de formas de vida que van a ser, justamente, producidas en los sueños.

Finalmente, el gran desarrollo de Sigmund Freud, su publicación de dos tomos entre 1900 y 1901 consagrada a la interpretación de los sueños, y titulada del mismo modo, es fundamental, no sólo por su trabajo acucioso en torno a las diferentes maneras de tratar los sueños desde distintas perspectivas y épocas, sino que también, por la articulación del sueño como un movimiento y un camino, como él dirá “una vía regia al inconsciente”. Aquí el sueño será nuevamente un tránsito histórico, esta vez a nuestra subjetividad y la producción de ésta. De este modo, será a través de su teorización del sueño que sentará las bases de sus desarrollos metapsicológicos, es decir, de su manera de comprender la vida anímica.

Cabe decir que para nosotros el conjunto de estas contribuciones señalan diversas formas de implicación social y política de los sueños, las cuales no sólo son marcadamente heterogéneas, sino que parecen difícilmente integrables. Dicha dificultad de integración, no nos resulta problemática, sino que más bien nos parece un modo de situar distintos niveles o dimensiones de un fenómeno del todo complejo, más no por ello, incomprensible.

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