Nuevamente, la filosofía está en riesgo. El Ministerio de Educación propone eliminar filosofía de los ramos obligatorios en tercero y cuarto medio, dejándola como una asignatura electiva. En este artículo, el filósofo chileno Martín Hopenhayn se une a las voces que defiende la filosofía.

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Remover filosofía del currículo de enseñanza secundaria en Chile es en parte crónica de una muerte anunciada. Es tan fuerte la tendencia a una educación que se pretende funcional a un modelo de productividad estrecho, a una cosmovisión que cree que la inteligencia es un don cuyo fin exclusivo es poner información y conocimiento al servicio de aumentos en la productividad dentro de un modelo de insumo-producto, a un sistema que premia la velocidad por sobre la profundidad, a una cultura en que lo medible en términos de rendimiento e impacto es lo que cuenta, o más aún, lo único que existe a ciencia cierta… Prometí no caer en fraseos quejumbrosos como estos, pero la verdad es que, pese a que esto era tan previsible dentro del canon del aprendizaje que se ha impuesto, no deja de producirme desazón.

“¿Quieren quedarse sin filosofía? Bien: pero luego no anden preguntando por qué es tanto el desasosiego, por qué crecemos en medio de una infelicidad que no se cura con benzodiacepinas”.

¿Se supone que remover filosofía responde a una racionalización de recursos o a una maximización del impacto del «servicio educativo» para ingresar como triunfadores en la sociedad de la información? Más bien muestra la hilacha de un complejo de inferioridad porque no somos tan desarrollados como otros, de una compulsión ciega por imitar solo la superficie, la cáscara del desarrollo genuino, del miedo a que nos miren desde fuera como atrasados, porros, o diletantes, de la obsesión por correr detrás de algo que ni siquiera se sabe lo que es, del miedo a perder un tren del cual ni conocemos a sus otros pasajeros. ¡Pretensiones siúticas de modernosos-eficientes-eficaces! ¿Quieren quedarse sin filosofía? Bien: pero luego no anden preguntando porqué todo resultó peor de lo esperado, porqué es tanto el desasosiego, porqué crecemos en medio de una infelicidad que no se cura con benzodiazepinas, porqué si pusimos todos los huevos en la canasta del aprendizaje «relevante» a la largo resultó menos relevante el aprendizaje. ¡Adelante, adelante con este futuro del cual creen deducir, hacia el presente, lo que no es más que ceguera ante el futuro! ¡Patéticos, tragicómicos! Todo mal.