Antes de este caluroso debate el cuento de Nicolás era más inofensivo de lo que es ahora. Sus detractores bien podrían haberlo ignorado. El cuento gana pase lo que pase. No lo olviden, señores conservadores: no existe la mala publicidad.

Foto: Movilh

Foto: Movilh

Durante la última semana se ha discutido sobre el lanzamiento de Nicolás tiene 2 papás, cuento producido por el Movilh y financiado por la Unión Europea y por la Embajada del Reino de los Países Bajos, que retrata la vida de un niño que vive en una familia homoparental. El solo anuncio del lanzamiento ha generado un acalorado debate en las redes sociales, en la televisión y en la política. La UDI, por ejemplo, manifestó públicamente su rechazo. Una de las principales razones, es porque el SENAME comunicó que el cuento será entregado en los jardines de la Junji, además que ya ha sido solicitado para una treintena de bibliotecas.

Sobre el cuento se ha dicho de todo. Un argumento bastante curioso es que se ha señalado que la realidad retratada es inverosímil, ya que en nuestro país no existe la adopción para familias del mismo sexo. El cuento, por cierto, jamás señala que Nicolás ha sido adoptado; incluso, aparece la mamá. Bien podría pensarse que uno de sus padres es quien tiene la tuición del niño y vive con su pareja.

Por otra parte, la similitud con el contexto actual no es un criterio de elegibilidad de la literatura infantil. Basta con darle una mirada a los catálogos infantiles de editoriales ampliamente distribuidas en Chile como SM para ver que existen historias de vampiros y reyes. Nadie pensaría que su lectura pretende incitar a los niños a chuparse la sangre los unos a los otros, ni a que en un futuro cercano se instaure una monarquía. Incluso, cuentos clásicos como “La caperucita roja” han sido leídos desde el psicoanálisis como el desarrollo edípico de la niña, lo que podría encender las alarmas de quienes hoy se encuentran preocupados por lo que leen los niños. Bruno Bettelheim en Psicoanálisis de los cuentos de hadas dice que en la versión de los Hermanos Grimm, el lobo debe eliminar a la madre (la abuela) para conseguir a Caperucita. Así la historia es sobre el deseo inconsciente de Caperucita de ser seducida por el padre (el lobo) (207).

Otro ejemplo es lo que pasa con las historias de Disney, donde muchos personajes no tienen madre. Es cierto que en algunos casos se retrata de la muerte de ella, pero en otros ni se les menciona. Por ejemplo, en El rey león, que fue estrenada en 1994, cuando muere el padre de Simba, el pequeño león es criado por Timón y Pumba, dos animales machos que lo acompañan en su crecimiento. Esa historia no resulta escandalosa porque no se presume la homosexualidad de los personajes, que es precisamente la verdadera razón por la que Nicolás tiene 2 papás genera ruido.

Sin embargo, en el cuento chileno solo se narra una historia familiar, que es exactamente lo que un niño puede percibir en un hogar. Lo que sucede en la habitación de los padres de Nicolás no aparece en el cuento ni tiene por qué ser de la incumbencia del niño. Incluso, cuando el niño conversa con su compañera de colegio le explica su conformación familiar:

“Mi compañera Florencia me preguntó por qué yo tenía dos papás. Yo le dije que todos los niños nacemos de una mamá, pero vivimos con distintas familias. Hay niños que viven sólo con una mamá o un papá, otros con mamá y papá y hay otros que viven con dos mamás o con sus abuelos o tíos. Yo vivo con mis dos papás”.

Me es imposible no recordar una anécdota de hace un par de años cuando hacía clases de lenguaje en la enseñanza media de un colegio en Peñaflor. En esa época leíamos a María Luisa Bombal y discutíamos sobre la obra. Un día una apoderada me esperó fuera del colegio preocupada por lo que su hija leía. Me explicó que ella era madre soltera y que no hablaba de esos temas en su casa, entonces le inquietaba la descripción del deseo sexual en La última niebla. En esa ocasión la apoderada terminó agradecida de que adultos responsables del colegio pudieran guiar a su hija en estos temas que a ella le resultaba complicado tratar. Eso es algo que debe preocuparnos. Los niños tarde o temprano hablarán de las distintas formas de familia y nuestras opciones son hacernos cargo y educar en esta materia o ignorar el debate y dejar que los niños aprendan, entre bromas del recreo, conductas que probablemente reproducirán el miedo a la diferencia que hoy existe.

La historia de Nicolás tiene 2 papás es bastante cuidadosa. Uno de los comentarios que leí en internet fue que Nicolás no podría ser heterosexual cuando grande, porque imitaría a sus padres. Este argumento, bastante absurdo, supone que la homosexualidad es una conducta imitable que continuaría una cadena de padres homosexuales, hijos homosexuales y futuros nietos homosexuales. La identidad de género, aunque parezca de perogrullo señalarlo, no es una conducta imitable de los padres. Los homosexuales tienen padres heterosexuales y no por eso desarrollaron la misma identidad.

Antes de este caluroso debate el cuento de Nicolás era más inofensivo de lo que es ahora. Sus detractores bien podrían haberlo ignorado, pero el mediático rechazo ha puesto a los intereses del Movilh en la mejor posición posible. El cuento gana pase lo que pase. Si logra llegar a los miles de jardines infantiles aportará a la asimilación de las distintas formas que existen de hacer familias. Si logran impedir su distribución, lo convierten en un objeto de culto.

¿Acaso piensan que en este mismo momento niños de todas las edades no están participando de la discusión a nivel escolar? Un niño le dice a otro, alguien lo descarga, lo comentan, reproducen el debate. Nicolás tiene dos papás y ahora miles de lectores hablando de él. No lo olviden, señores conservadores: no existe la mala publicidad.