Con “Weichafe”, Marcelo Leonart se erige como el gran escritor chileno del conflicto mapuche.

Weichafe
Marcelo Leonart
Tajamar Editores
2018


En un departamento, con vista al Costanera Center, hay una reunión de tres amigos, que entre botellas de vino y marihuana, escuchan el relato de Felipe, un desconocido —o quizás un fantasma— que narra, con miedo y angustia, una noche de violencia en la Araucanía. Lo que en un comienzo podría ser una velada cualquiera, completamente olvidable, se termina transformando en el relato  de un país que agoniza por un terrorismo de estado que crece impune bajo el alero de una burda manipulación mediática.

La narración se centra en un grupo de mapuches que durante la noche incendian la mansión de un latifundista chileno-alemán. Las llamas comienzan en el granero y se propagan por toda la casa; la hija adolescente de la familia, que en ese momento se encuentra con un mapuche joven, a escondidas de sus padres, percibe todo el ataque desde unos pastizales. Cuando la policía llega al lugar, los indígenas son repelidos a balazos; sin embargo, uno de ellos no alcanza a huir y es torturado por un grupo de hombres encargado de defender los intereses de una clase a la que no pertenecen.

Felipe narra esta historia, a solo pasos de un shopping icónico del Chile posmoderno, cuestión para nada casual y sumamente interesante, pues aparece el contraste de una civilización que sigue luchando para recuperar sus tierras. Y, del otro lado, hallamos un país arribista, eurocentrista, consumido por el libremercado. Esta distancia también se hace evidente en la fiesta que atraviesa el primer capítulo de la novela, pues el relato de Felipe es interrumpido cuando las mujeres que integran el grupo, revisan —embobadas— las aplicaciones de sus celulares. Nuevamente un choque cultural que les explota en la cara.

Con una escritura particular (y ya característica), en la que abundan las frases largas, las redundancias y los paréntesis, Leonart habla sobre Chile, y lo hace sin caretas, erigiéndose como un escritor comprometido, que no huye de los debates políticos, y que desde su militancia trasciende, escribe y dirige. Ello se valora y se agradece, en tiempos donde los escritores (y los artistas) prefieren esconder su postura política y, cual tortugas, no dar la cara ni hacer frente. Hay que rescatar —y levantar— al que describe a Chile desde una postura directa —sin eufemismo—, pues la realidad del Chile apocalíptico merece franqueza y verdad.

Con “Weichafe”, Marcelo Leonart se erige como el gran escritor chileno del conflicto mapuche, y pese a que es muy temprano para vislumbrar este fenómeno en toda su magnitud, con el paso del tiempo podremos dimensionar los importantes registros que Leonart deja con su obra, pues retrata un tema poco explorado por la narrativa chilena contemporánea. Y en ello hay novedad, hay riesgo, hay valentía.