Edith Hall entrega un relato esclarecedor y legible sobre este fascinante pueblo en su libro Los griegos antiguos (Anagrama), durante un período de 2.000 años. Comenta la publicación el profesor de estudios clásicos, John Davie.

Safo y Alceo, 1881, de Lawrence Alma Tadema.

Es un desafío para cualquier experto ofrecer una apreciación de un tema tan complejo como los antiguos griegos. Entre los intentos anteriores, los libros de H.D.F. Kitto y Paul Cartledge son impresionantes, pero este magistral estudio de Edith Hall debe ahora ocupar la “pole position”.

Los griegos antiguos
Edith Hall
Editorial Anagrama, 2020, 396 pp.

Usando sus considerables conocimientos como si fuera ropa ligera, ella ofrece un recuento absolutamente legible e iluminador de este pueblo fascinante durante un período de 2.000 años, desde los poemas de Homero a finales del siglo VIII a.C., con sus raíces en la cultura micénica y fenicia, hasta el conflicto ideológico entre los griegos y los cristianos viviendo bajo el Imperio Romano, lo que terminó en la agonía de la antigua religión o «paganismo» a finales del siglo IV.

El método que adopta es seleccionar diez características de los antiguos griegos que, según ella, compartían la mayor parte del tiempo. Estas son su «afición a los viajes por mar, desconfianza hacia la autoridad, individualismo, curiosidad,… abiertos a nuevas ideas, agudos y competitivos, admiraban la excelencia de las personas de talento, sabían expresarse con detalle y eran adictos al placer”. Uno podría agregar que eran militaristas pero como la guerra era un estado natural para los griegos (y para la mayoría de las sociedades antiguas), su lista es admirablemente completa.

Cada característica recibe un capítulo propio que se desarrolla en un período particular de la historia griega, que va desde las habilidades marinas de los micénicos de 1600 a. C. a la época de la Guerra de Troya hasta llegar al triunfo del cristianismo bajo Constantino el Grande, contando, en el centro de este proceso, los brillantes logros intelectuales de Atenas en el siglo V a. C. Estas cualidades del espíritu están ilustradas por pasajes muy bien elegidos de la literatura y la escritura histórica, traducidos por la autora.

Reconociendo que los griegos eran principalmente marineros (la proporción excepcionalmente alta de costa con respecto a la superficie terrestre prácticamente los obligaba a la expansión en ultramar), Hall nos lleva desde España a la India, desde el Cáucaso al área baja del Nilo, destacando en todo momento la “elasticidad cultural” y encontrando en su lenguaje, a la vez flexible y hermoso, y en su familiaridad universal con ciertos poemas compuestos en él, la esencia de lo que dio a los griegos su singular “greicidad”. La autora también reconoce la influencia de la literatura griega en formas modernas de entretenimiento como el cine, citando el ejemplo de Medea (1969) de Pier Paolo Pasolini, que utiliza la cultura bárbara retratada en el poema épico de Apolonio, las Argonáuticas, para satirizar el imperialismo cultural occidental.

Medea (1969) de Pier Paolo Pasolini.

La autora no comete el error de pensar que los griegos eran naturalmente superiores a otras razas, ya sea intelectual o físicamente, sino que argumenta que no es un logro ordinario funcionar con éxito como un conducto para los logros de otros pueblos antiguos. Sin embargo, cuando se tiene en cuenta la herencia de ideas, el alcance y la profundidad de la invención griega resulta impresionante, desde la creación de la democracia y la tragedia hasta su arquitectura y su escultura, sin olvidar los logros filosóficos de Platón y Aristóteles.

Pero los griegos también eran adictos al placer, quizá porque eran muy conscientes de la brevedad de la vida. Se nos habla del Filogelos o el amante de la risa, una colección de chistes del siglo III d.C. Esta actitud iba en contra de la severa austeridad de los primeros cristianos e incluso había causado problemas con los más serios romanos para quienes soltarse el pelo en público era “jugar al griego”. Este excelente libro nos hace admirar y gustar, por igual, a los antiguos griegos.

[Artículo publicado en “The Independent” (2 de abril, 2015). Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia.]

John Davie

John Davie es profesor de estudios clásicos, fue Director de tales estudios en St. Paul’s School. Durante los últimos veinte años ha enseñado en varios colleges de Oxford, principalmente Balliol y Trinity. Es autor de diversos artículos sobre temas de su especialidad y ha traducido a Séneca, Cicerón y Horacio, entre otros. Es miembro fundador de la “Sociedad de las mascotas muertas”: él escribe, por encargo, versos en latín para los dueños de mascotas que están de duelo: https://deadpetssociety.co.uk