En el panorama literario actual es un riesgo para un escritor aventurarse en la publicación de un libro de cuentos como ópera prima. Y ese valor es uno de los principales atributos del libro Traducciones de anagramas (Forja, 2012) del periodista y gestor cultural Felipe Valdivia (27).

Michael Rivera Marín

En esta entrega, el autor publica diecisiete relatos breves de corte fantástico, tal como estableció Tzvetan Todorov en su clásica Introducción a la literatura fantástica, pues los lectores se ven atrapados en la vacilación de considerar si lo planteado en el relato es cierto o si es una antojadiza manipulación de lo que realmente sucedió.

La cuidada prosa y las peripecias o anagnórisis que viven los personajes llevan a reconocer la influencia de Julio Cortázar o Jorge Luis Borges, por lo cual, los cuentos obligan una participación activa del lector, quien en algunos casos puede terminar la lectura sin lograr comprender el sentido principal del texto y debe releerlo o estar atento para no caer en el juego del narrador, lo que aporta un mérito mayor al texto de Valdivia.

Los cuentos se preocupan de mostrarnos un mundo cercano, sin gastar palabras en información que sitúe los hechos en una ciudad o país específico, pues el foco está en la sicología de los personajes. Son ellos quienes están trabajados con la profundidad necesaria para generar que el lector se identifique, llegando inclusive a convertir los textos en un espejo de la sociedad actual.

Vale la pena destacar que existen dos grandes temas en los que se pueden agrupar los relatos. El primero tiene relación directa con los laberintos de la mente y cómo los personajes enfrentan situaciones inesperadas. Un buen ejemplo es «La última y primera flor», donde nos enfrentamos al funeral de un joven asesinado por una bala en medio de una confusa pelea nocturna. El giro interesante es que simultáneamente se describe con clínica objetividad el parto donde nace la futura víctima, lo cual aleja la historia de la crónica roja y la carga de exquisitos matices para su interpretación, pues se siente la tristeza de la madre que despide a su hijo.

La segunda línea de creación es cercana a la fantasía tradicional, que nos recuerda a Ray Bradbury, como se puede evidenciar en «Las últimas letras en la profundidades del campo», donde una cámara fotográfica es capaz de retratar el pasado del lugar dependiendo de la obturación o velocidad del disparo, develando tristes realidades.

El autor entrega una obra rica en significaciones y con una prosa que expresa oficio, un buen ejemplo de ello es la cita del relato El déjà vu en la inconciencia: “La cárcel del inconsciente parece ser más justa que la de la propia conciencia”.

Quizás el mayor desacierto del libro sea el alto número de relatos que lo conforman, pues configuran una tarea ardua para el lector: retener claramente lo sucedido a los personajes dentro de su propia historia.

Felipe Valdivia no busca mostrar la realidad, sino que su objetivo es deleitarnos jugando con las posibilidades de transformación que viven los personajes y proyectarlas a nosotros mismos, porque la lectura de Traducciones de anagramas abre la mente a lo velado y reprimido.

 

Traducciones de Anagramas
Felipe Valdivia
Editorial Forja, 2012
135 páginas