La editorial española Errata Naturae publicó Los Soprano For Ever, un libro dedicado exclusivamente a la serie de HBO, Los Soprano. Entrevistamos, por correo, al filósofo Iván De los ríos, uno de los autores que participó en este volumen.

Con la llegada de Cuevana y HBO GO, las series son cada vez más accesibles. Y si hablamos de Game of Thrones, Lost, Mad Men o Dr. House, debemos hablar antes de Los Soprano, una de las series pioneras  en cambiar la forma de hacer televisión. Para Rodrigo Fresán, la cosa es así: Twin Peaks es Bob Dylan, The Wire es The Beatles y Los Soprano es Elvis. La editorial Errata Naturae dedicó todo un libro, con autores invitados, a analizar esta última serie,  Los Soprano Forever: antimanual de una serie de culto. A su catálogo, además, Errata Naturae ha sumado libros sobre The Wire, Madmen, Breaking Bad, The Walking Dead y True Detective.

En esta entrevista , el filósofo Iván De los Ríos —autor de uno de los textos del libro Los Soprano Forever— nos cuenta qué es lo rupturista de Los Soprano y cómo se diferencia su protagonista, Tony Soprano, de los mafiosos retratados, por ejemplo, en películas como El Padrino, Scarface o Casino.

—¿Qué ha convertido a Los Soprano en una serie de culto?

Los Soprano rompen con un modelo mediático específico, generan un nuevo tipo de espectador y apuestan por un producto complejo y de calidad. El modelo mediático al que me refiero es el paradigma del consumo fácil, rápido y sin secuelas: series de televisión que permiten al espectador suspender temporalmente todo juicio crítico sobre sí mismo y sobre el contexto en el que habita. Y que lo permiten, además, por el modelo formal en que se inspiran: acción sin pliegues, tempo trepidante, narración clásica. El tipo de espectador es, precisamente, el espectador-esponja, el espectador antinietzscheano que no rumia lo que ve, sino que literalmente se lo traga. La calidad en la ejecución depende de una renuncia explícita a la simplificación de los personajes y de una estrategia estética que es, a la vez, una estrategia ética y política, como todo gesto artístico: narrar mediante imágenes una buena historia en la que el espectador encuentre un impacto crítico a la vez que una fuente de satisfacción estética.

Los Soprano son un modo de pensar televisivo porque proponen esa reflexión crítica sobre el modo en que el capitalismo salvaje en las sociedades post-industriales homogeneiza ámbitos sociales y simbólicos que permanecían bien separados en modelos narrativos anteriores. En concreto: el crimen organizado. El modo en que el crimen organizado y el criminal Tony Soprano son el resultado perfecto de la omnímoda lógica del mercado. En este sentido, pienso que Los Soprano, junto con otras series espectaculares como The Wire, inauguran un nuevo modo de pensar televisivo.

Adoramos y odiamos a Tony Soprano como nos amamos y odiamos a nosotros mismos. Me parece un personaje irresistible porque, a diferencia de tantos otros personajes literarios y cinematográficos, representa la contradicción extrema en la que consistimos.

—En tu artículo del libro sobre Los Soprano, escribes que la mitificación del criminal se destruye en Tony Soprano. ¿Cuál es la diferencia de Los Soprano con series o películas anteriores del mismo género gangsteril?

Tony Soprano no es Vito Corleone ni el Scarface de Howard Hawks. Tony se acerca más a Al Capone, pero al de verdad, al hombre de negocios. Cuando hablo de la desmitificación me refiero a la pérdida del aura que solía acompañar a la representación cinematográfica del criminal. Los modelos narrativos clásicos idealizan al criminal convirtiéndolo en el habitante de un mundo alejado de los ritmos sociales cotidianos, apegado a un código moral arcaico y perdido para siempre. El criminal cumple la función simbólica del afuera, todo aquello que está más allá de los límites de la legalidad, de la normalidad y de la cotidianidad, pero que irrumpe por la fuerza en la legalidad, la normalidad y la cotidianidad para imponer su propia voluntad.

Tony Soprano es, con mucha diferencia, el criminal más próximo que se haya diseñado jamás en la historia de la literatura y de la televisión;  y lo es porque procede, opera y se mueve exactamente en el mismo ámbito que tú y que yo. Se mueve como nosotros, come, folla, ve la tele, trabaja, lleva albornoz como todos nosotros. Y además sólo le importa ganar dinero a cualquier precio… No digo más.

Tony Soprano es, con mucha diferencia, el criminal más próximo que se haya diseñado jamás en la historia de la literatura y de la televisión.

—¿Por qué Tony, pese a ser un criminal violento, es tan atractivo para los televidentes?

Adoramos y odiamos a Tony Soprano como nos amamos y odiamos a nosotros mismos. Me parece un personaje irresistible porque, a diferencia de tantos otros personajes literarios y cinematográficos, representa la contradicción extrema en la que consistimos. Está más allá del esquema simplón del bien contra el mal. Tony Soprano es un asesino y un cabrón, de eso no hay duda, pero también es un hombre frágil, como cualquier otro. Tal vez en eso resida su inquietante atractivo: ¿cómo es posible que un tipo tan parecido a cualquiera de nosotros, inserto en un contexto social que conocemos a la perfección y que nos constituye, sea capaz de pegarle un tiro en la cabeza al fulano de turno?