¿Cuál hubiese sido el rumbo del Frente si no mataban al comandante Rodrigo? ¿Qué pasó en Los Queñes? ¿Cómo se escapó de una cárcel de alta seguridad arriba de un helicóptero? ¿Cómo se fraguó el secuestro de Cristian Edwards? Estas son algunas interrogantes que Ramiro despeja con franqueza.

Un paso al frente
Mauricio Hernández Norambuena
Ceibo Ediciones
2017


Editorial Ceibo publicó este 2017 “Un paso al frente”, libro en donde Mauricio Hernández Norambuena —alias “Comandante Ramiro”— da cuenta de sus vivencias en el FPMR. “Un paso al frente” comienza con una excelente introducción de Laurence Maxwell y Jorge Pavez. Si bien es un texto que para muchos puede sonar repetitivo y anacrónico, en ningún caso lo es, pues las demandas y reflexiones allí expuestas no han sido abordadas ni solucionadas por el estado chileno. No entendiéndose que los presos políticos están encarcelados injustamente, pues la violencia que ejercieron fue en respuesta a un terrorismo de Estado que no conocía de límites, es decir, hay que entender las detenciones en un contexto histórico determinado, teniendo que considerar, jueces y tribunales, hechos histórico-políticos para dictar sentencias.

En este libro se narran las condiciones de cautiverio a las que es sometido el comandante Ramiro en una cárcel de alta seguridad en Brasil; no tiene contacto con otros presos, las visitas son sumamente restringidas y tiene derecho a ponerse al sol —tan solo— una hora al día. Aunque parezca extraño, también tiene prohibido escribir. Por lo mismo, “Un paso al frente” no es exactamente un libro de Hernández Norambuena, más bien es una escritura —por parte de periodistas— de sus declaraciones y entrevistas que tomaron la forma de un testimonio.

La historia del FPMR está ampliamente documentada; hay libros de Ricardo Palma Salamanca y Cristóbal Peña; CHV realizó una serie de documentales y las ficciones abundan —”Tengo miedo torero” es una de ellas—. Sin embargo, estamos por primera vez ante el testimonio de uno de los principales bastiones de la lucha armada contra la dictadura.


Ramiro narra sus vivencias pero también reflexiona; no todo es anécdota, también hay autocrítica. Sostiene que el armamento que debieron usar en el atentado a Pinochet debió ser soviético, fue un error grave operar con los lanzacohetes LOW que fueron usados en la guerra de Vietnam porque uno de cada tres fallaba; sin embargo, las cúpulas directivas de la guerrilla se inclinaron por armamento vietnamita pues querían evitar que se viera involucrada la órbita socialista en el atentado. También reflexiona sobre Carrizal Bajo y culpa al PC del fracaso de esa operación, pues pusieron a cargo del proceso a militantes que no tenían entrenamiento guerrillero; error garrafal que significó pérdidas de todo tipo en la organización.

¿Cuál hubiese sido el rumbo del Frente si no mataban al comandante Rodrigo? ¿Qué pasó en Los Queñes? ¿Cómo se escapó de una cárcel de alta seguridad arriba de un helicóptero? ¿Cómo se fraguó el secuestro de Cristian Edwards? Interrogantes que Ramiro despeja con franqueza, contando todo —o más bien casi todo— pues de lo único que no habla Ramiro es del Bigote, un comandante del Frente —del que se desconoce su paradero— que fue acusado de traicionar a muchos militantes.

Resultan interesantes todos los detalles que Ramiro revela sobre la muerte de Jaime Guzmán y el secuestro del Coronel Carreño. Todo parece un thriller sobre la dictadura chilena, en donde células guerrilleras —con más ideas que armas— pusieron en jaque la dictadura militar. Pinochet dice “en este país no se mueve ninguna hoja sin que yo lo sepa”. Semanas después se le realiza un atentado en el Cajón del Maipo que —si bien no lo mata— deja al descubierto las falencias de su policía secreta.

“Un paso al frente” es un libro intenso y necesario que viene a derribar mitos y construir historia. Hay que seguir desacreditando las narraciones oficiales: basta de Sergio Villalobos. Acá está contada una historia desde abajo; desde la periferia de los discursos; desde el Chile olvidado que desmiente la mentira nefasta que dijo hace algunos días Ricardo Lagos, porque la dictadura de ninguna manera se derribó con un lápiz y un papel.