La autora de Objetos del silencio, secretos de infancia (Cuarto Propio, 2007)  y Dices miedo (Ceibo, 2011) expone sus visiones sobre la sexualidad infantil, la crítica literaria chilena y los temas que, hasta ahora, han sido silenciados en la narrativa chilena.

Eugenia Prado es diseñadora gráfica de la Universidad Católica. Ha escrito El cofre (Ediciones Caja Negra, 1987), Cierta femenina oscuridad (Cuarto Propio, 1996) y Lóbulo (Cuarto Propio, 1998). Seis años después estrenó Hembros: Novela Instalación en el Galpón Víctor Jara. En enero de 2006 presentó su nueva creación: Desórdenes Mentales, obra de teatro dirigida por Alejandro Trejo.

LA OTRA SEXUALIDAD INFANTIL

—En 2004 publicaste Objetos del silencio con el apoyo de la Beca para la Creación Literaria del Consejo de la Cultura y las Artes. ¿Cuánto dista la idea que presentaste del libro publicado?
En 1998 obtuve Beca de Creación Literaria del CNCA para el desarrollo y escritura de la novela Objetos del silencio que fue entregada de acuerdo a los objetivos del proyecto y recibida conforme por parte del CNCA. Luego de tres años la novela se publicó en Editorial Cuarto Propio.

«Todas las historias que aparecen en el libro están basadas en experiencias reales. Hay niños que se iniciaron con sus padres o madres, relaciones entre primos, amigos, hermanos, familiares».

Además, en 1998 obtuve beca del CNCA para la creación de la novela Hembros y luego de más de cinco años en proceso de escritura, decidimos, junto al músico John Streeter y a la actriz Cecilia Godoy, presentarla como proyecto de artes integradas. Hembros: Asedios a lo posthumano proponía la lectura de una novela desde otros soportes, sacándola del formato convencional de libro. Hembros: novela instalación, como propuesta escénica plástica buscaba la integración de los oficios (literatura, teatro, música, movimiento, diseño, plástica, máquinas audiovisuales y técnicas digitales) para explorar en la relación cuerpos/tecnologías actuales buscando captar los símbolos y signos de las fuerzas que, en un ambiente tecnológico, codificado, actúan como modelos, imprimiéndose en las mentes y los cuerpos. Finalmente fue estrenada en el Galpón Víctor Jara con público completo en todas las funciones.

—»Los niños no son ángeles, ni seres asexuados, sino pequeños cuerpos habitados por una mente, una lengua. Nacen allí sobre la tierra marcados por el sexo, bajo las insidiosas miradas de sospechas de los adultos». Así parte la historia de Javier en Objetos del silencio. Es poco frecuente encontrarse con libros que traten sobre la sexualidad desde el placer infantil. ¿Por qué te decidiste a escribir sobre ese tema?
Casi todos hemos cargado con secretos; esa fue mi conclusión luego de entrevistar a algunas personas. Casi todos estos secretos emergen de la negada sexualidad infantil. Imaginarás lo que me costó conseguir estos materiales, pues nadie se atreve abiertamente a compartirlos, menos con extraños, pero me pareció que era un tema de escritura interesante y poco explorado en la literatura chilena. Todas las historias que aparecen en el libro están basadas en experiencias reales. Hay niños que se iniciaron con sus padres o madres, relaciones entre primos, amigos, hermanos, familiares. Me interesó indagar en estos temas que atraviesan nuestra cultura desde contextos culturales, sociales y económicos distintos. Yo misma, a los nueve años, decidí que no haría la primera comunión (que era lo habitual en mi contexto social) y, a pesar de que vivía con una abuela bastante beata, me negué a confesar mis secretos. Mi padre, venerable maestro y masón, me dijo complacido: “muy inteligente de tu parte hija mía”. Al igual que yo, mi padre encontraba terrorífico tener que contarle estas intimidades a un cura. Esta decisión, afortunadamente, me alejó para siempre de la Iglesia Católica.

—Las historias que componen el libro narran relaciones sexuales infantiles que cuestionan la noción de «niño» estandarizada, ¿qué comentarios recibiste por el libro?
La propuesta de este libro fue develar estas historias y secretos de niños y niñas como sujetos erotizados, que experimentan y viven su sexualidad en una relación inevitable con un cuerpo que crece y se expande, aun cuando algunos se empecinen en negarlo. Ese fue mi tema, abrir el espacio, extenderlo como un mapa, desde varios focos distintos. En general he recibido muy buenos comentarios de los lectores, además de cosas inesperadas. Por ejemplo, un día se me acercó un chico homosexual que asistió a una presentación del libro y me contó que había sido abusado por su padre. En Chile el incesto, la violencia sexual y el abuso de menores tienen estadísticas elevadas, pero de eso no se habla, ha sido un tema completamente silenciado. Mi trabajo consistió en develar esos lugares sin prejuicios ni juicios morales. No escribí un libro en defensa de los niños, menos de los agresores; no es un libro terapéutico, ni busca salvar a nadie; escribí una novela ficción basada en hechos reales. Pienso que si hubiera voluntad real de evitar abusos sexuales o agresiones contra niños y niñas, lo primero que debe hacerse es la documentación, el registro, saber que ellos, así como los adultos, tienen una sexualidad y que a veces son los mismos niños los que se acercan y se ofrecen a los adultos sometidos a pulsiones que desconocen y no logran entender. También he pensado que si la novela hubiera llegado a personas más conservadoras, varios se habrían sentido al menos irritados. Escribir este libro fue un gesto político –políticamente incorrecto–, una provocación.

«No escribí un libro en defensa de los niños, menos de los agresores; no es un libro terapéutico, ni busca salvar a nadie; escribí una novela ficción basada en hechos reales».

—Al finalizar las páginas hay un apéndice, una suerte de explicación con argumentación sobre los relatos. ¿Por qué tomaste esa opción?
El capítulo final del Objetos del silencio se llama “Apéndice, las palabras de los otros”. Me interesó trabajar diversos textos y miradas en relación a la sexualidad infantil. El objetivo era desarrollar una escritura dentro de la escritura, al igual que en el capítulo de inicio “Ejercicios de estilo”. En el último apartado trabajé con cruces de textos teóricos (Michel Foucault), del Código Penal y apuntes o papers de la piscología local. También incluí un fragmento de La filosofía del tocador del Marqués de Sade, por algo que cito de modo textual: “Los hombres en las costas de Chile se acostaban con sus hijas”. Entonces quedó como un referente curioso, si es que estuviera hablando de este Chile y no de otro lugar, claro… No pensé este apéndice como explicación del libro, sino en ampliar más los campos de la novela y su escritura.

—El libro fue publicado en 2007. A cuatro años de su edición, ¿cómo juzgas el resultado de Objetos del silencio?
Este libro no recibió atención de la crítica en Chile, solo apareció algo en un diario local: “La lengua en el cuerpo”, firmada con seudónimo. Pienso que mis libros buscan entrar en capas más oscuras y prohibidas de lo humano. Imagino que eso incomoda a algunos, pero también sé que mi escritura tiene sus lectores.

—¿Qué textos y autores recomiendas para explorar en literatura erótica?
Para escribir esta novela no leí otras, sino que me dediqué a investigar el tema, en textos de las más diversas fuentes y procedencias, además de entrevistar personas y acumular secretos a partir de historias reales. El proceso duró cerca de siete años.

—¿Crees que los narradores chilenos evitan escribir sobre temas como éste? ¿Por qué?
En este tiempo de rebeldías y movimientos sociales profundos y tan interesantes, no creo que se puedan silenciar más estos temas. Desde hace algún tiempo el abuso infantil acaparó el interés de la opinión pública por la gran cobertura respecto a la pedofilia y el abuso de menores víctimas de sacerdotes de la Iglesia Católica, pero –en lo personal– tengo muchos reparos acerca de cómo la prensa expone públicamente a niños y niñas que son víctimas de estos abusos.

Dices miedo

En octubre de 2011 Ceibo Ediciones publicó Dices miedo, una novela visual que, a partir del collage, y utilizando diversos formatos de escrituras, tipografías e imágenes visuales y fotográficas, reconstruye la rigidez de las instituciones como el matrimonio, en una historia narrada en torno a un crimen pasional. “Dices miedo es un ejercicio múltiple del terror como significante que se despliega de manera barroca y suntuosa en el escenario del texto, cuestionando la capacidad moderna de generar instituciones normalizadoras que ocultan las aristas duras, los tramos sobresaltados, los vértigos voraces, diseminando sus fuerzas hacia márgenes cuya factura múltiple y anómala descarga sus efectos sobre la devoradora y narcotizada ciudad posmoderna”, escribió la poeta y ensayista Eugenia Brito.