El escritor y traductor argentino inaugura la primera Cátedra Abierta en Homenaje a Roberto Bolaño en la UDP de 2018, con una conferencia sobre el fin del periodismo cultural (martes 20 de marzo, a las 11:30 en la Facultad de Comunicación y Letras).

Con la misma fascinación de un hombre lobo mirando la luna llena, Jorge Fondebrider se ha dedicado a contemplar las palabras, en castellano y en otros idiomas. A ellas se ha dedicado como poeta, traductor, ensayista y periodista cultural.

Es cierto que también se ha deslumbrado con la luna (en su poesía ella aparece con cierta recurrencia: uno de sus libro se titula Imperio de la luna) lo mismo que con esos adoradores del satélite, los licántropos. Su Historia de los hombres lobo (LOM, 2015) realiza un amplio recorrido por la historia del mito, desde la prehistoria hasta nuestros días, en base a variados testimonios y fuentes, desde las grecolatinas hasta relatos de grandes escritores (reproduce dos, uno de Maupassant y otro de Saki). Pero, entre otras cosas, allí nos informa que la importancia de la luna llena para estos engendros es una invención muy tardía…

Por otra parte, Fondebrider ha realizado una fértil labor como antólogo y como traductor: ha traducido, por mencionar algunos autores, a Georges Perec, Flaubert, Apollinaire, Patricia Highsmith, Jack London, Richard Gwyn o Claire Keegan… También es un convencido compilador de artículos temáticos: en la colección que dirige en editorial LOM ha estado a cargo de los libros: Cómo se ordena una biblioteca (2014), Cómo se empieza a narrar (2015), Poetas que traducen poesía (2015) y Trasandinos (2017).

A pesar del miedo al lobo por parte del hombre, éste ha resultado ser más peligroso para aquél. Actualmente los lobos están amenazados de desaparecer, tanto como, considera Fondebrider, lo está el periodismo cultural.

¿Por qué considera que el periodismo cultural es una especie en peligro de extinción?

Básicamente, porque los diarios y revistas, al menos en Hispanoamérica, se han puesto al servicio de las agendas de las multinacionales del libro, en lugar de permitir que los periodistas hagan su trabajo de periodistas, que consiste, básicamente, en investigar, sacar conclusiones, chequearlas e informar. Una cosa es el periodismo y otra la prensa, y la mayoría de los que se dicen periodistas se limitan a cumplir tareas de prensa para esos conglomerados, generalmente por orden de los jefes de sección, que responden a secretarios de redacción incultos, por no decir cosas peores. Luego, los diarios también son empresas privadas y, a pesar de que mantienen una fachada democrática, en realidad usan los suplementos culturales de manera meramente cosmética. Por supuesto que el tema es más largo.

No veo muchos suplementos culturales buenos en Latinoamérica. Los periodistas culturales serios han migrado a sitios de Internet y blogs

Como los lobos, que se creyeron exterminados en Francia y que cuenta ahora con algunas decenas llegadas de Italia, ¿cree que el periodismo cultural pueda recuperarse?

Los lobos que cruzaron los Abruzzi en Italia para llegar a Francia pudieron hacerlo porque hubo una decisión política, por parte de las autoridades francesas, que decidieron no exterminarlos. Tendría que pasar algo similar con el periodismo cultural tal como lo conocimos hasta hace algunos años. Aclaro, sí, que Latinoamérica es una cosa y Europa, otra. Uno todavía puede leer con gusto el Times Literary Supplement, o la London Review of Books, o Le Monde des Livres. Salvo el suplemento cultural del diario uruguayo El País (no confundir con esa porquería que hacen en España), no veo otros suplementos culturales buenos en Latinoamérica. Los periodistas culturales serios han migrado a los sitios de Internet y a los blogs. Hay que buscarlos allí.

Hablando de lobos, ¿cuánto tiempo le ha tomado la investigación para su libro sobre los licántropos? 

Toda una vida. Leí y leí durante años, coleccionando historias e informándome de muchas cosas, hasta que, ante mi propuesta, una editorial me pidió ese libro. Tardé casi tres años en escribirlo porque lo principal era resumir la información y darle una estructura.

¿A qué atribuye la persistencia de la idea de los hombres lobo a través de la historia?

Supongo que a la ignorancia, aunque, a partir del siglo XIX, a razones filosóficas y estéticas. Edmund Burke, el filósofo irlandés, escribió sobre lo sublime y dijo que, de todas las emociones, la más inmediata a los humanos es el miedo. En eso se basa uno de los principios del movimiento romántico. En la actualidad, los licántropos son funcionales a diversas formas de la banalidad.

Hollywood le dio al mito del hombre lobo unas reglas distintas de las que lo habían constituido

Su propio interés en ellos se vincula al cine, sin embargo, señala que con Hollywood su mito perdió fuerza…

No, mi propio interés no se vincula al cine. El cine, o mejor, una única película que vi en la infancia fueron un desencadenante. El cine de hombres lobos, a decir verdad, no me interesa en absoluto. Creo haber visto dos o tres películas buenas sobre el tema, o más que buenas diría entretenidas. Y no señalo que con Hollywood el mito perdió fuerza. Digo que Hollywood le dio al mito unas reglas distintas de las que lo habían constituido hasta que se hicieron las primeras películas sobre el tema. Todo fue una invención de Curt Siodmak, el guionista de la versión de 1940. De ahí en más, hubo una larga serie de repeticiones y, a fuerza de repetir, la gente empezó a creer. Algo así como el padrenuestro, pero más divertido.

La transformación involuntaria por la luna llena sería una aportación reciente.

Sí, Siodmak se interesó en esa idea marginal y la puso en primer plano. Los hombres lobos del folklore (con K, por favor, nunca con C, como escriben los españoles) y de la tradición no responden necesariamente a ese estímulo.

Se le ha llamado “antólogo entusiasta” y por sus compilaciones temáticas parece ser un no menos entusiasta compilador. ¿Qué es lo que le gusta de ambas labores? 

El entusiasmo, que es la manera más sencilla de la pasión, me parece necesario cuando uno se dedica a estas cosas a las que yo me dedico. Si no, ¿para qué molestarse? La tarea de antologar tiene que ver con un principio de orden. En primer lugar, no me gusta seguir agendas ajenas. Si alguien dice que tal o cual es buen poeta o buen cuentista, tengo que comprobarlo por mis propios medios, y si con eso no me alcanzara, necesito una demostración. De ese modo, he visto que las antologías no siempre incluyen todo lo que debieran, y muchas veces pecan de excesivamente generosas con quienes no lo merecen. Hice una antología de poesía francesa posterior al surrealismo, una antología de poesía irlandesa posterior a Yeats y cuatro antologías de poesía argentina; una de ellas, es una antología que abarca un siglo y que tiene 10 compiladores, uno por cada década. Ahí me limité a elegir a los compiladores, buscando que respondieran a las más diversas tendencias estéticas y que representaran a diversas generaciones de poetas argentinos. Nada más caprichoso que eso, para barrer con el mito de la objetividad. Nadie es objetivo. Uno hace lo que puede. En cuanto a las compilaciones de artículos, nunca pensé que hubiera una sola forma de pensar las cosas. Por lo tanto, busqué respuestas apelando a distintas personas con ocupaciones y procedencias diferentes.

 Traducir, en general, es desmontar un reloj para ver cómo funciona. El problema es cómo lo volvemos a montar

En Poetas que traducen poesía señala que el primer impulso para traducir es el deseo de entender. ¿Fue así en su caso?

Para mí, en todo, siempre el primer impulso es entender. Y en el caso de la poesía, mucho más. Traducir, en general, es desmontar un reloj para ver cómo funciona. El problema es cómo lo volvemos a montar. Y ahí vienen las sorpresas y las imposibilidades que, asumido el compromiso, uno tiene que salvar de todos modos. Empecé, como mucha gente de mi generación, queriendo saber qué decían los Beatles en sus canciones. De ahí pasé a Bob Dylan y de Bob Dylan a la poesía estadounidense, que me dio la inglesa, que me llevó a la de Irlanda, Gales y Escocia. En cuanto al francés, lengua que me gusta menos, traduje un gran cuerpo de poesía francesa para demostrar que Yves Bonnefoy no era el último poeta francés, como planteaba la pereza de muchos colegas que no se tomaron el trabajo de investigar. Con todo, la mejor lección de literatura que tuve en mi vida fue haberme metido con Gustave Flaubert. Traduje Madame Bovary, ahora los Tres cuentos (que próximamente va a publicar LOM en Chile) y quiero traducir Bouvard et Pécuchet. Eso me ha permitido poder decir con mayor autoridad que buena parte de la narrativa que hoy se escribe en la lengua castellana es muy mala, que buena parte de los premios de nuestra lengua carecen de sentido y que deberíamos ser más modestos por necesidad.

Libros

 

Historia de los hombres lobos

Jorge Fondebrider

LOM, Santiago, 2015, 278 pp.

 

Cómo se empieza a narrar

Jorge Fondebrider (comp.)

LOM, Santiago, 2015, 116 pp.

 

Poetas que traducen poesía

Jorge Fondebrider (comp.)

LOM, Santiago, 2015, 422 pp.

 

Trasandinos

Jorge Fondebrider (comp.)

LOM, Santiago, 2017, 118 pp.