La académica y directora de la editorial Eterna Cadencia participará en la Cátedra Abierta en homenaje a Roberto Bolaño con una conferencia sobre ensayo y mesianismo. La actividad es el jueves 24 de agosto a las 11:30 horas en la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales.

Crédito fotografía: Gustavo Pascaner.

A la hora de reconstruir la historia intelectual de ciertos círculos alemanes y judíos del siglo XX, fundamentales en la configuración del pensamiento y la crítica de su tiempo y el que resta, se han transformado en herramientas decisivas los epistolarios de sus integrantes. Uno de los últimos en aparecer (en 2015 en su idioma original) y uno central por la importancia de los corresponsales es el de Theodor Adorno y Gershom Scholem. Las cartas documentan toda una época, pues sus discusiones iban del misticismo a la dialéctica, del mesianismo a la salvación, de la situación política del momento a las menciones, no siempre afectuosas, a personas que conocían: su amigo común Walter Benjamin (cuya muerte prácticamente abre su diálogo), pero además Hannah Arendt, Martin Heidegger, Ernst Bloch, Herbert Marcuse, Siegfried Kracauer, Helmuth Plessner, Martin Buber o Georg Lukács, entre otros.

La editorial argentina Eterna Cadencia ha tenido el acierto de traducir este epistolario (ha traducido otros del mismo universo cultural y podría decirse que Adorno es una de sus figuras tutelares). En el caso de su editora, Leonora Djament, es probable que todos los autores mencionados estén en el corazón de sus intereses e investigaciones. Por supuesto, la labor de un editor no tiene por qué guardar relación con sus intereses ni, para el caso, un editor tendría por qué hacer investigaciones.  Pero Djament, quien además de editora es profesora de teoría literaria en la universidad, impartirá una conferencia sobre algunos de los temas y debates que Adorno, Scholem, Benjamin y otros ayudaron a establecer en el debate contemporáneo. Pues ser editor y crítico son senderos que no sólo se bifurcan, sino que a veces se entrecruzan. El nombre de su conferencia es: “Nuestro principio de esperanza. Ensayo y mesianismo a principios de siglo”.

—Ya desde el título se intuyen arduos autores alemanes: Bloch, Benjamin, Scholem, Taubes…

—Efectivamente, parto de una constelación de pensadores que incluyen esos autores, pero lo que me interesa es utilizar el mesianismo judío que aparece en ellos (o cierta corriente dentro del mesianismo judío que denomino herética) como una herramienta de análisis para pensar concepciones sobre sujeto, temporalidades y sentido. Me interesa también rastrear ese lugar donde la teoría y la crítica se proponen a sí misma como un modo posible de redención, redención secularizada, pero redención al fin.

—¿Se refiere a un momento específico del mesianismo?

—Estoy pensando en el mesianismo judío y más especialmente en los movimientos heréticos del siglo XVII.

—¿Entiende la redención como un quiebre histórico?

—La concepción sobre el tiempo va a ser fundamental para entender a estos pensadores que se nutren del mesianismo judío. Pero se trata de una temporalidad diferente al tiempo lineal y evolutivo que dominó casi toda la historia de Occidente.

—¿Y cómo esas nociones se vinculan?

—Por supuesto, leídos desde la segunda década del siglo XXI, me importa interrogar si el concepto de redención todavía tiene alguna operatividad cuando las nociones de revolución, mesianismo y futuro parecieran haber perdido por completo su sentido político en estos días. ¿Qué quedó en el presente de la imaginación apocalíptica o libertaria? En un contexto que ya lleva muchas décadas, donde el mundo pareciera haber perdido las esperanzas con las que construyó los siglos XIX y XX, siguiendo a Didi-Huberman quiero “repensar nuestro principio de esperanza”. En plenos años de pesimismo (después de todas las derrotas revolucionarias acumuladas en el siglo XX), quiero rastrear la relación entre teorías del arte y un concepto tan poco formal como el de “esperanza”. Y para eso se vuelve fundamental observar cómo algunos ensayistas modularon una relación particular entre sus teorías y cierta idea de futuro y sobre la posibilidad de imaginar, y por lo tanto hacer, un mundo distinto. 

En plenos años de pesimismo, quiero rastrear la relación entre teorías del arte y un concepto tan poco formal como el de “esperanza”.

—¿Considera también a Adorno? Es un autor que no pareciera albergar muchas esperanzas…

—La segunda parte de la conferencia se va a centrar justamente en intentar mostrar cómo, a mi entender, un pensador como Adorno, que parece tan escéptico, pero también tan alejado de cualquier pensamiento teológico o mesiánico, en realidad su teoría está construida sobre una idea muy particular de redención. Espero poder mostrar eso. 

—¿Es importante Kafka al congregar un pensamiento teológico o místico en la crítica sobre él?

—Es a partir de la lectura de Kafka, que Adorno postula a mí entender una teoría y una crítica que redime los textos que lee. 

Eterna Cadencia

 

—¿Tiene algún sentido oculto el nombre “Eterna Cadencia”?

—No, ninguno más que el que cada uno quiera darle.

—¿Cuál es el balance después de estos años?

—El balance es absolutamente positivo. Pese a todas las enormes dificultad que implica desarrollar una editorial pequeña o mediana en un país latinoamericano como los nuestros, con Pablo Braun estamos muy contentos del catálogo que hemos construido, de la gran recepción que han tenido cada de unos de los libros que publicamos y cómo hemos construido puentes en toda la región de habla hispana.

No aplaudo la tremenda concentración editorial que estamos viviendo en todo el mundo, pero tampoco es cierto que los buenos libros se hacen en las editoriales chicas y los malos en las grandes.

—¿Es de quienes detesta a los grandes grupos editoriales?

—No, en absoluto. Primero porque empecé trabajando en Alfaguara y luego en Norma, durante muchos años, y agradezco la formación que recibí en esos años. No sería la editora que hoy soy sin la experiencia y formación que tuve ahí. Y en segundo lugar, no creo que sean productivas las opciones grupos grandes versus grupos independientes o pequeños porque el panorama editorial es muchísimo más complejo. Por supuesto que no aplaudo en lo más mínimo la tremenda concentración editorial que estamos viviendo en todo el mundo, pero tampoco es cierto que los buenos libros se hacen en las editoriales chicas y los malos en las grandes. En todo caso, los temas prioritarios a discutir en el sector son otros.

—¿Cree que un libro puede redimir a un editor?

—No lo había pensado. Me interesa más pensar que un editor y un catálogo pueden redimir ciertos libros y ciertos autores. Tanto los “rescates” editoriales como las rearticulaciones de ciertos títulos en nuevos catálogos, podríamos decir que de alguna manera redimen, en el sentido de que liberan potencialidades que estaban ya en esos libros pero que había quedado tapadas, silenciadas, por diferentes motivos.

Correspondencia 1939 – 1969

Theodor Adorno y Gershom Scholem

Traducción de Martina Fernández y María Tellechea, Editorial Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2016, 544 pp.