Es parte de la delegación de escritores del Perú, pais invitado de honor a la FILSA 2018, inaugurada ayer jueves. Montalbetti, poeta y ensayista, presentará mañana sábado su último libro Notas para un seminario sobre Foucault (FCE), a las 19 horas, en la Sala Pedro Prado. Y hoy presentará la edición chilena (Komorebi) de su libro Fin desierto y otros poemas, a las 18:30 horas, en el Espacio Estravagario de la Fundación Neruda.

Mario Montalbetti. Crédito foto: Javier Narváez.

En su libro Cajas (2012; Libros de la resistencia, 2018), Mario Montalbetti señala que una caja es un objeto tridimensional que distingue un adentro de un afuera y explica, hasta con dibujos, que en ese sentido hay diversos tipos de cajas: un sobre, un maletín, una casa. Pero una caja cerrada siempre promete algo adentro: “Lo que una caja promete lo llamamos el objeto / de la promesa. // Las palabras prometen algo. // En ese sentido son cajas”. Citarlo así, como está diagramado, como si fuera un poema, se debe a que quizá es un poema, un poema extraño, lleno de reflexiones e ideas sobre el lenguaje. A Montalbetti le interesan las cajas, pero más le interesan las palabras, que tal vez son cajas.

Notas para un seminario sobre Foucault
Mario Montalbetti
Editorial FCE, Lima, 2018, 130 pp.

Formado en lingüística (se doctoró en el MIT de Massachusetts, estudió con Noam Chomsky y es profesor de la disciplina en la Pontificia Universidad Católica del Perú), la poesía y el ensayo son los géneros literarios a los que se ha dedicado y a veces los ha mezclado: su más reciente libro de poemas, se llama Notas para un seminario sobre Foucault, se presenta como eso, en ocho sesiones de conferencias, con preguntas de los asistentes incluidas.

El año 2014 publicó Cualquier hombre es una isla (FCE), una recopilación de ensayos de variados temas: desde la literatura peruana hasta un cuadro del Greco, desde Cioran a Brodsky. En un momento de Notas para un seminario sobre Foucault, comenta que siempre le extrañó la posibilidad de una metáfora negativa: ningún hombre es una isla (como en el poema de John Donne). Tal vez contra eso es que dice que “cualquier hombre es un isla” en el ensayo en que comenta “Un explorador polar”, de Brodsky (y que da título a su libro de ensayos)”.

En otra parte de Notas para un seminario sobre Foucault, escribe: “Un poema realmente bueno / siempre resulta ser más interesante / que cualquier comentario que esbocemos sobre él”. En El más crudo invierno (FCE, 2016) reúne una serie de notas al tercer poema de Concierto animal, de Blanca Varela, poema que tiene apenas 58 palabras. Montalbetti le dedica 100 páginas, justamente sin intentar explicarlo o interpretarlo.

En 1979 Montalbetti fundó junto con Mirko Lauer y Abelardo Oquendo (recientemente muerto), la revista cultural “Hueso Húmero” (ahora forma parte de su consejo editorial), en el primer número de la cual publicó un poema importante, “Quásar”. Desde 1978 a 2016 han aparecido varios libros de poesía, recogidos en Lejos de mí decirles. Uno de ellos, Simio meditando (ante una lata oxidada de aceite de oliva), tuvo una edición chilena (Cástor y Pólux, 2016) y ahora la editorial valdiviana Komorebi recupera el que fuera su segundo libro, Fin desierto, publicado casi dos décadas después del primero, Perro Negro.

Fin desierto y otros poemas
Mario Montalbetti
Editorial Komorebi, Valdivia, 2018, 82 pp.

Un poeta que se interesa por el lenguaje suena a una obviedad, pero al parecer no lo es tanto, ¿no?

—No lo es porque depende de qué haga el poeta con el lenguaje. Una cosa es sentirse cómodo con él, creer que si uno lo agarra del cuello uno puede usar el lenguaje para expresar lo que quiera y otra cosa es hacerle algo al lenguaje, no simplemente usarlo como si fuera un instrumento más sino preguntarse qué es lo que hace y para qué.

—Su formación y dedicación a la lingüística, ¿de qué manera se ha relacionado, si es que lo ha hecho, con la escritura de poemas? ¿Le ha quitado, tal vez la palabra no le guste, “misterio”?

—Al contrario, el “misterio” es aún mayor —y la desconfianza también. El otro día vi escrito en la luna posterior de un taxi en Lima lo siguiente: “Qué no dirás cuando no estoy”. Parte del misterio es qué significa el primer “no”. ¿Significa “sí”? Esas cosas me atraen mucho y en buena parte determinan el origen de muchos de mis propios poemas.

—Notas para un seminario sobre Foucault es un libro de poemas cargado de consideraciones teóricas. ¿Ve clara la distinción entre poema y ensayo?

—Cada vez menos. En un libro anterior mío (Cajas) ya había experimentado con indistinguir poema de ensayo. Creo que el poema piensa (como el ensayo), produce pensamiento, pero lo hace de una forma distinta del ensayo porque es pensamiento sin conocimiento. La tensión que se produce entre ambas prácticas puede producir efectos interesantes cuando tratan de ejecutarse simultáneamente.

—El libro se estructura como una serie de sesiones. ¿Hubo tal seminario?

—No, nunca lo hubo.

—Aparece mencionado Raúl Zurita como quien arrojaría palabras contra las cosas, en su caso, contra la geografía. ¿Es un elogio o una crítica?

—¡Por supuesto que es un elogio! Lo que Zurita hace con el lenguaje es admirable. Cuando dije que Zurita arrojaba palabras contra la geografía lo que quería decir (tal vez torpemente) es que lo hace para que suenen, para que estallen, para producir un ruido que sobrepase el ruido monótono y terrible de las dictaduras en los mismos espacios.

Cajas
Mario Montalbetti
Editorial Libros de la resistencia, Madrid, 2018, 224 pp.

—También cita un poema encontrado en los papeles de Antonio Cisneros, luego dice que quizá es apócrifo. ¿Existe ese poema o es un invento?

—No, no existe. O existe ahora, pero no es de Cisneros.

—Hay quienes hacen la distinción en artes temporales (como la poesía o la música) y espaciales (como la arquitectura o la escultura). En un verso del libro se lee: “El lenguaje hace espacio (no hace tiempo)”. ¿El lenguaje de la poesía sería más cercano a algo esculpido?

—Yo haría la división más bien entre artes del desfase (entre artes que desfasan decir y ver) y artes que juegan a combinar decir y ver. Me interesa el poema que es ciego (totalmente desfasado del ver), me interesa el cine que emplea el desfase radical entre decir y ver, me interesa la música (porque ni dice ni ve). Y, del otro lado, está la novela contemporánea, el cine comercial, … que me interesan bastante menos.

—¿No le gusta la novela? En varias partes de las notas para el seminario la cuestiona y en uno de los ensayos de Cualquier hombre es un isla habla de “la creciente irrelevancia de la novela como género literario o como expresión artística en general, tanto que ha sido elegida como el envase ideal para toda esa porquería confesional que ha inundado el mercado actual”…

—Me gusta como entretenimiento. Leo muchas novelas policiales. Pero no me interesan. En cierto sentido supongo que la novela ha muerto porque se ha convertido en un arte visual. Y como arte visual es menos interesante porque se convierte en un objeto de consumo y no de uso.

Cualquier hombre es una isla
Mario Montalbetti
Editorial FCE, Lima, 2014, 300 pp.

—En Notas para un seminario sobre Foucault afirma que leer una novela es como subirse a un avión y leer un poema es como subirse a un submarino. ¿Podría aclarar un poco la distinción?

—Justamente, el poema es ciego, no ve. Se guía por sus propios instrumentos, por su propia prosodia. La novela quiere ver, quiere ver por las ventanillas, describe paisajes, etc. El mayor elogio a una novela actual es que se convierta en película.

—Hay un poema suyo, “Objeto y fin del poema” que dice: “Su ambición es el lenguaje del piloto/ hablándole a los pasajeros/ en medio de una situación desesperada: / parte engaño, parte esperanza, parte verdad”. ¿No suena más a un viaje aéreo?

—Hablo del lenguaje del piloto, no del viaje en avión.

—En un ensayo escribe: “Si alguien pudiera ver por un instante todas las palabras emitidas por todos los seres humanos en su historia, advertiría que dibujan un aro alrededor de un hueco. Los poetas son los que se acercan al borde y envían postales con vistas del abismo”. En su poema “Quásar”: “Abismo es la distancia que nos encuentra, pequeño tigre”. ¿La poesía tiene algo de abisal?

—El poema hace dos cosas: construye el abismo (y te permite asomarte a él) y al mismo tiempo te protege de no caer en él. Tiene esa propiedad que asociamos con los talismanes, son objetos apotropaicos. Y, bien visto, todo el lenguaje es así ¿no? Construye una realidad a la que nos podemos asomar y nos protege de ella. Esto tiene un costo, claro; pero la alternativa sería impensable.