Antipoems: How to Look Better & Feel Great, la antología de Nicanor Parra para la prestigiada editorial New Directions, fue realizada y traducida al inglés por la escritora Liz Werner, contando con la colaboración del propio Parra, quien le entregó algunos poemas y artefactos inéditos, no recogidos en ninguna otra publicación. En la introducción del libro ella cuenta parte de su experiencia.

Muchos han considerado a Nicanor Parra como uno de los mejores poetas de América Latina. Nació en 1914 cerca de la ciudad de Chillán en el sur de Chile. Su padre era un profesor de escuela primaria, músico, y, en palabras de Parra, un “bohemio”. Su madre fue abandonada para criar a la familia prácticamente sola. Entre los hermanos y hermanas de Nicanor, la más destacada fue Violeta, quien luego se convertiría en una de las principales cantantes populares latinoamericanas. Parra asistió a la escuela en Chillán hasta que ganó una beca en 1932 para un prestigiado liceo de Santiago. De allí pasó a estudiar ingeniería en la Universidad de Chile, física en la Universidad de Brown y cosmología en Oxford. Fue por muchos años profesor de matemáticas y catedrático de física. También fue brevemente profesor del baile nacional chileno, la cueca. En sus años tardíos se convirtió en escultor y artista visual: su exposición de artefectos escultóricos y bidimensionales, o antipoemas visuales, fue un gran éxito en Santiago y Madrid en 2001/2002.

Parra publicó su primer libro de poemas en 1937, pero fue en 1954 con Poemas y antipoemas que llegó a ser conocido como “antipoeta”. El poeta peruano Enrique Bustamente Ballivan ya había publicado un libro llamado Antipoemas en 1926 y el término había aparecido en Altazor, Canto IV (1931), del poeta chileno Vicente Huidobro, pero Parra fue el primero en llevar el concepto hasta sus límites. Gran parte de la literatura crítica sobre la antipoesía se centra en la intertextualidad del antipoema, esto es, en su oposición iconoclasta o incluso sacrílega a la poesía tradicional. José Miguel Ibáñez Langlois, un conocido crítico literario chileno, escribe que cuando la antipoesía ​​irrumpió en escena a principios de los años 50, Parra “nos devolvió la casi perdida consciencia de que —¡una vez más!— todo podía decirse en poesía”. Ibáñez describe la atmósfera literaria en el Chile de la época como “más bien cargada de oscuridad lírica, de mortal gravedad, de cansancio vanguardista” (1).

La antipoesía va mucho más allá de la destrucción de las normas literarias. Parra, frecuentemente incorpora la ciencia y las matemáticas en su obra literaria

Mientras que personalmente nunca he escuchado a Nicanor Parra hablar negativamente de ningún otro poeta, él usa el humor, el lenguaje cotidiano y los hablantes antiheroicos, así como burlas oscuras pero específicas, para romper las convenciones al uso de la poesía. Sin embargo, la antipoesía va mucho más allá de la destrucción de las normas literarias. Parra, como físico y matemático, frecuentemente incorpora la ciencia y las matemáticas —el ambientalismo, la relatividad, la ‘x’ del álgebra, entre otras cosas—, en su obra literaria. El concepto de la antimateria nos puede llevar a una lectura más profunda de la antipoesía. En 1928 a un físico llamado Paul Dirac se le ocurrió una ecuación matemática que predijo la existencia de un antimundo idéntico al nuestro pero que consiste en antimateria. Cada antipartícula de este antimundo coincidiría exactamente con cada partícula de nuestro mundo, pero llevaría una carga opuesta. Vista a través de los lentes de la antimateria, la antipoesía refleja la poesía, no como su adversaria, sino como su complemento perfecto. No es por naturaleza negativa, sino negativa donde la poesía es positiva y viceversa; es tan opuesta, completa e interdependiente como la forma que queda en la tela donde la prenda ha sido cortada.

Parra no escribe solo antipoemas, como el título de Poemas y antipoemas claramente nos lo dice. Él va y viene entre el margen y el centro de la sociedad, entre las inmediaciones de la ciudad y la biblioteca de la academia, burlándose de ambos, pero sin deshacerse de ninguno. Frecuentemente se refiere a sus poemas como “parlamentos dramáticos”. Las citas que usa en estos diálogos, monólogos y soliloquios son extraídas de diversas fuentes como Dante, en “Canto Primo”; el libro del Génesis, en “He trabajado de todo”; o el aspecto clínico de las ETS, en “X amor o x plata da lo mismo”. Muy conscientemente en el estilo de Shakespeare, Parra se desliza dentro y fuera del endecasílabo, el equivalente en español del pentámetro yámbico. Él me ha descrito su uso de la métrica a veces como poner “vino nuevo en odres viejos”, y otras veces como poner “mierda en una urna griega”.

Parra no escoje bandos y usa su carencia de ataduras para confrontar descaradamente a todos, como en “Tuvo razón el búho cuando dijo / Ni Mahoma ni Bush: / ¡Hamlet!”

Desde 1954, la obra de Parra ha experimentado una transformación significativa, aunque él todavía se refiere al cuerpo de su escritura como antipoesía, y en la conversación cotidiana en América Latina ha ganado el título “el antipoeta de Chile”. Muchos de los poemas publicados previamente y recogidos en esta colección fueron escritos durante la dictadura respaldada por Estados Unidos del general Augusto Pinochet en Chile, que duró entre 1973 y 1990. Como en “Cambios” (“Cambio zapato izquierdo x derecho”) hay un tono velado de comentario político en estos poemas que se nutre del contexto histórico de su creación. En los nuevos poemas, todos escritos o revisados ​​desde 1990, las críticas de Parra son más directas que nunca. Él no escoje bandos y usa su carencia de ataduras para confrontar descaradamente a todos, como en “Tuvo razón el búho cuando dijo / Ni Mahoma ni Bush: / ¡Hamlet!”. Su obra más reciente también revisita su vida personal. En “H according to N”, así como en varios otros poemas, Parra hace referencia a su madre, Clara Sandoval, una mujer con muy poca educación formal, como la fuente de todos sus conocimientos.

La encarnación más reciente del antipoema es el artefacto visual. En 1972 Parra publicó una caja de postales de edición limitada que consistía en fragmentos de poesía acompañados de dibujos. Este primer proyecto, titulado Artefactos, fue el precursor de gran parte del trabajo actual de Parra. Los artefactos visuales son como un haiku para la generación de MTV. Mezclan imágenes y palabras para crear eslóganes rápidos y frases ingeniosas, inspirados en el arte contagioso de la publicidad. Al mismo tiempo, ellos emplean el pentámetro yámbico incluso más intensamente que en los antipoemas más largos, y, a través tanto del humor como de la forma, entablan un diálogo crítico con las mismas fuerzas de las que toman su inspiración. La estrella de la mayoría de los artefactos visuales es un corazón sin mente y sin cuerpo, a quien Parra alternativamente llama Hamlet y Mr. Nobody.

El padre Salvatierra, un sacerdote español, escribió que el libro Poemas y antipoemas era “demasiado sucio para ser inmoral; un tarro de basura no es inmoral”

La reacción crítica inicial al proyecto antipoético fue tremenda. El propio Neruda escribió en la solapa de Poemas y antipoemas, “Este gran trovador puede de un solo vuelo cruzar los más sombríos misterios o redondear como una vasija el canto con las sutiles líneas de la gracia” (2). Otros sintieron que la obra iconoclasta de Parra estaba amenazando no sólo al orden establecido literario sino a los pilares de la propia moralidad en una sociedad todavía profundamente tradicional. El padre Salvatierra, un sacerdote español, escribió que el libro era “demasiado sucio para ser inmoral; un tarro de basura no es inmoral” (3). Los críticos actuales escriben con solo un poco menos de arrebato y pasión que los de la década de los cincuenta. Harold Bloom, autor de El canon occidental, recientemente dijo al periódico chileno La Tercera: “Obviamente creo que [Parra] merece el Premio Nobel de Literatura… Es, incuestionablemente, uno de los mejores poetas de Occidente” (4). El crítico argentino Ricardo Piglia declara: “Todos nosotros creemos que la literatura chilena, primero que nada, es la poesía chilena…: es Huidobro, es Parra, es Neruda….De toda esa gran tradición de poetas, el que para mí está por encima de todos es Nicanor Parra….” (5). René Jara, de la Universidad de Minnesota, por otra parte, escribe: “A veces hay una nostalgia por una unidad perdida que vincule a Parra con el romanticismo conceptual de sus  antecesores, pero su poesía no es la tensión del descubrimiento sino la senda de la de la destrucción” (6).

A pesar de las palabras frecuentemente vistosas de los críticos, nada era tan emocionante para mí como el encuentro con Nicanor Parra en persona. La sensación de innovación por sobre todas las convenciones en la obra de Parra me llevó a buscarlo en el otoño del año 2000, mientras yo vivía en Valparaíso. Cuando hablé por teléfono por primera vez con el antipoeta de Chile, me sorprendió su cálida y cordial voz. Él me invitó a hacerle una visita esa misma tarde. El taxista que me llevó arriba, hacia la cordillera al borde de los límites de la ciudad me contó la historia de la famosa familia Parra, centrándose en la muerte de la hermana de Nicanor, Violeta, una de las cantantes folklóricas más conocidas de América Latina. Me preguntó si me importaría si él salía del taxi para estrechar la mano de “Don Nica” cuando estuviéramos allá. Cuando llegamos a la puerta —un enorme artilugio de hierro forjado, con un buzón, varios candados, y sin timbre— Parra estaba esperándome junto a la puerta abierta de un desvencijado escarabajo Volswagen blanco. Tras un cortés apretón de manos con el taxista, Parra me llevó por el camino de entrada similar a un acantilado y entramos a la casa de su familia a través de una vidriera baja. Al principio él no quería hablar sobre la antipoesía o sobre mis traducciones. Hablamos sobre Shakespeare y sobre el trabajo de Parra en una traducción de Hamlet al castellano. Me invitó a cambiar mi boleto y quedarme todo el tiempo que quisiera. Después de esa primera visita en Santiago, hice dos viajes más a Chile para trabajar con Parra en las traducciones. Nos encontramos en su casa junto al mar, a mitad de camino entre la tumba de Pablo Neruda en Isla Negra y la tumba de Vicente Huidobro en Cartagena. Parra parecía ocupar esta posición de manera casi solemne, con sorprendentemente poco de su habitual ironía. La casa estaba llena de artefactos escultóricos, hechos de signos escritos a mano unidos a varios objetos hogareños que cambiaban las frases o les daban un segundo significado. Tan pronto como llegué a la costa por primera vez, él me mostró cada uno de ellos, y se me ocurrieron ideas para la traducción mientras íbamos de habitación en habitación. Algunos estaban ya en inglés: por ejemplo, la Biblia unida con un letrero que decía: “This book is not for fun” (Este libro no es para divertirse). Sugerí “This book is not for sale” (Este libro no está a la venta) y él fue a buscar un marcador para cambiar el letrero. Todo esto sucedió antes incluso de que hubiera bajado mis maletas.

Parra me animó a tomar riesgos para encontrar equivalentes culturales antes que traducciones literales (me hizo cambiar Dulcinea por Ofelia, por ejemplo).

Durante mis dos visitas a la costa, Don Nicanor examinó mi manuscrito y lo marcó diligentemente. Aunque él había decidido no hablar inglés salvo cuando citaba a Shakespeare, lo lee y lo entiende magnificamente. Me animó a tomar riesgos para encontrar equivalentes culturales antes que traducciones literales (me hizo cambiar Dulcinea por Ofelia, por ejemplo). Estaba más entusiasmado por repasar el nuevo trabajo de sus cuadernos, a veces revisándolo en el acto mientras me lo leía en voz alta para copiarlo, que por inspeccionar las traducciones de los poemas que ya se habían publicado en español. El último día de mi última visita, todavía estaba dibujando artefactos visuales para el libro mientras esperábamos con mis maletas en el pequeño paradero en la carretera del bus que me llevaría de regreso a la ciudad y luego al aeropuerto.

En el nivel más práctico, este libro es una colección de poemas que nunca antes se habían traducido al inglés. Los primeros veintitrés poemas que aparecen habían sido previamente publicados en español en Hojas de Parra. De los últimos treinta y cuatro, dos fueron publicados en español en Páginas en Blanco (2001) y treinta y dos son piezas nuevas o revisadas directamente de la pila de cuadernos de espiral de Don Nicanor y nunca han antes sido publicados en su forma actual en español o en inglés. Parra ha descrito esta colección como una “antitraducción”.

Él persiste en creer que la traducción es imposible, y yo estoy plenamente de acuerdo. Con frecuencia en el transcurso de nuestra relación de trabajo cuando describí lo que estaba haciendo como traducción, Parra negaba con la cabeza vigorosamente y me corrigía, “No: re-escritura“. La segunda mejor manera de absorber la antipoesía es aceptar la imposibilidad de la traducción y disfrutar de estos antipoemas tal como los hemos “re-escrito” en inglés aquí. Parra dijo que dijera que “lo mejor sería aprender el español”.

[Copyright © 2004, Liz Werner. Uso con permiso de la editorial New Directions. Traducción: Patricio Tapia]

Notas

 

(1)  José Miguel Ibáñez Langlois: Para leer a Parra, El Mercurio-Aguilar, Santiago, 2003, p. 9.

(2) Niall Binns: “Nicanor Parra y la guerrilla literaria: decifrando ‘Advertencia al lector’”, Cuadernos Hispanoaméricanos 537 (March 1995): 88.

(3) René de Costa: “Para una poética de la (anti)poesía”, Revista Chilena de Literatura 32 (noviembre de 1998).

(4) Rodrigo González: “Nicanor Parra merece el premio Nobel de Literatura,” La Tercera (17 de agosto de 2003), Reportajes, 28.

(5) Ricardo Piglia, Revista Atenea 473 (1996):107.

(6) René Jara, “CHILE”, Handbook of Latin American Literature, 2nd, edition, ed. David William Foster (New York: Garland Publishing, 1992): 152.

 

Antipoems: How to Look Better & Feel Great

Nicanor Parra

Traducción de Liz Werner, Editorial New Directions, Nueva York, 2004, 144 pp.