Orígenes de la Tipografía en Chile. Impresos de la Colonia y la Independencia (Ediciones Biblioteca Nacional, 2017) es la última publicación del investigador y académico Roberto Osses, material que incluye hallazgos sobre el rol de la tipografía en la historia, su llegada tardía a Chile, y su misión en la disputa de las ideas en los albores de lo que hoy conocemos como Chile.


Este texto no estará en formato justificado. No sólo porque el diseño de este portal no se apega a tal principio, sino que, como explica el experto en tipografía Roberto Osses, “la gente prefiere justificado, pero eso es un capricho. ¿Por qué sería mejor?: porque así está ordenado. La verdad es que no, es que tú al justificar, todos los espacios entre las letras se separan arbitrariamente”.

Sobre el confort de la experiencia lectora en relación al uso y posicionamiento de las letras, sobre el rol invisible que tienen y el diálogo de las fuentes y tipos con la historia –como soporte, pero también como fenómeno de producción de lo cultural–, puntualmente en el periodo colonial y de la independencia, hablamos con el autor del libro Orígenes de la Tipografía en Chile. Impresos de la Colonia y la Independencia“(Ediciones Biblioteca Nacional, 2017) y creador junto a Diego Aravena, César Araya y Patricio González de la tipografía “Biblioteca”. Dicha fuente se encuentra disponible de manera totalmente gratuita y ya ha sido descargada en toda América, convirtiéndose en una de las 15 tipografías más completas del mundo.

En Orígenes de la Tipografía, texto que tiene como correlato el libro Una fuente de luz, publicado por la misma biblioteca el 2016, el autor revisa a partir de “reconstrucciones” cuatro textos clave del periodo estudiado: el primer impreso del que se tiene conocimiento en Chile, Modo de ganar el jubileo santo (1776); el primer periódico nacional, la “Aurora de Chile” (1812);  el “Reglamento constitucional provisorio del pueblo de Chile” (1812); y el primer libro impreso en el país, llamado Carta de un americano al español (1812).

El también académico del Departamento de Diseño de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile y creador del sitio web especializado andez.cl –donde los usuarios pueden previsualizar en diferentes colores y tamaños las fuentes allí disponibles para su libre uso–, nos habla también de cómo posicionar y darle valor a la creación que ameritan las tipografías y de su doble régimen: el de un arte y el de un producto de mercado.

—Recientemente hubo una polémica por el uso de una tipografía por parte del Frente Amplio, la que no pagaron porque daban por hecho que estaba disponible para su libre uso. Resulta contradictorio, de que a pesar de la apariencia visual evidente que tienen las letras a partir de las tipografías, ha sido frecuentemente invisibilizada la labor de crearlas. ¿Por qué crees que la gente no pesca tanto esta dimensión de la palabra?

—La tipografía tiene el rol, al menos en los libros, de no ser percibida. Se supone que una mejor tipografía es la que es invisible para el ojo porque te permite concentrarte en la lectura. En los años ‘30, Beatrice Warde propuso una idea súper interesante, una charla que se transformó en un texto, que se llama La copa de cristal, en donde plantea que, al igual que en una copa, la tipografía tiene que ser invisible, transparente, mejor dicho. Lo que tiene que hacer es permitir que se aprecie muy bien el contenido, en este caso el vino, y en el caso del texto, la historia o el relato que se está dando. Entonces, como en los principios de la tipografía está la idea de la invisibilidad, eso hace que su rol quede solapado, quede oculto, que las personas no lo tomen en cuenta.

La tipografía tiene el rol, al menos en los libros, de no ser percibida. Una mejor tipografía es la que es invisible para el ojo.

A mí me parece que es similar a lo que ocurre con el rol del editor de libros. Porque las personas no entienden o no saben lo que es un editor. Las personas piensan que un autor escribe un texto, el cual luego se imprime y llega al lector. El rol del editor también surge con la idea de no ser visto, con la idea de permitir resguardar el trabajo del autor para que llegue de la mejor manera al público.

—Porque si hay un error tipográfico, ortográfico o de conexión, inmediatamente dejas de fluir con la lectura

—Exactamente. Lo curioso de todo esto es que si hay un error ortográfico y sintáctico, ahí se dice ‘esto debe haber sido la persona que lo editó’. Pero si el libro está bien concebido, el autor es un genio y el editor no tuvo nada que ver. Es curioso. Es súper ingrata, en el fondo, la labor. Pero en esa clandestinidad que tiene el rol de editor y la tipografía, también creo que hay algo hermoso, porque cuando aprecias al lector, en ambos casos, disfrutando un texto, te sientes pagado.

En esa clandestinidad yo creo que radica –por un lado– la cuestión fome y triste de que la gente no lo percibe, no sabe lo que está pasando; y –por otro lado– esa belleza de que en ese trabajo silente puedes apreciar después, sin que la persona que esté ejecutando la lectura se sienta que lo están analizando, si es que está cómodo o no. Yo sé cuándo una persona está leyendo con comodidad un texto. Ya sé identificar ciertos parámetros.

—¿Cuáles serían?

—Lo que pasa es que cuando la gente le parece bonito un libro como éste (toma Orígenes de la Tipografía en Chile), no entiende por qué le agrada. Bueno, tiene que ver con el diseño de la tipografía y su disposición en las páginas. La tipografía Biblioteca, al igual que muchas otras, respeta ciertas proporciones que hace que cuando se exprese en un texto aparezca algo que se llama ‘gris tipográfico’.

Un gris muy oscuro –voy a hacer una analogía– sería como mirar en la oscuridad, o mirar con baja luz, y eso genera que la pupila se tenga que dilatar un poquito para dejar entrar luz. Cuando tengo lo contrario, la pupila se contrae para no dejar entrar tanta luz. Cuando tengo un gris equilibrado, no necesito ningún esfuerzo de la pupila, por tanto me aseguro un cierto estándar en la calidad de lectura.

Y otra cosa que influye también son los márgenes, que pareciera ser una cosa súper poco importante, pero es fundamental. Las personas encuentran agradable este libro porque tiene amplios márgenes. Este libro permite que tú puedas tomarlo cómodamente y los dedos no interrumpan el texto cuando estás leyendo, además genera un límite más marcado entre la caja de texto y el resto del espacio, es como una casa con ventanas de murallas gruesas, te aisla, permitiendo mayor concentración.

—Este libro no está justificado,  ¿por qué?

—Los espacios que tiene la tipografía Biblioteca los probamos durante un año y medio, imprimiendo y haciendo numerosos testeos, entonces definimos que eran los mejores. Entonces si viniera un diseñador o un autor y pide estirarlo, sería sólo para sentir la tranquilidad que le entrega algo con corte recto, pero no entendiendo que el funcionamiento natural de la fuente es así. Esto ya lo estudiaron los suizos en los ´50, se llama párrafo suizo, entonces el mejor párrafo para leer es éste. Que no te guste, es otra cosa, porque no altera los espacios y el ritmo de lectura se mantiene siempre igual.

—Este también es un principio que se está aplicando en la lectura de documentos a nivel digital

—Sí, por cierto que sí, porque es más complejo todavía justificar cuando estás leyendo digital. Se empiezan a atrofiar tanto los espacios que se pueden producir saltos que son muy complejos para el ojo humano.

—En las primeras páginas de “Orígenes de la Tipografía en Chile” se habla de un énfasis en el estudio y en la aproximación a la tipografía en Latinoamérica en general.  ¿Cuáles son las particularidades con que esto se da en Chile?

—Con la llegada de la era digital, hacia el año 2000 comienzan a desarrollarse en Chile tipografías digitales. Aparece un sitio web que se llama tipografía.cl en donde varios diseñadores comienzan a distribuir de forma gratuita primero, y luego a comercializar fuentes. A partir de eso surgen algunas instancias académicas como diplomados y cursos de pregrado. La tipografía llega como área de estudio a las carreras de Diseño. Esto también tiene que ver con la influencia de lo que estaba pasando en Argentina, donde se publicaba la revista “Tipográfica”, una edición de gran formato con muchos textos interesantes, comandada por Rubén Fontana, un diseñador que es considerado el padre de la tipografía latinoamericana.

—Font, fuente, Fontana. “Dios es guionista”

—En Chile la tipografía tiene desde mi perspectiva dos grandes mundos. Yo hago una analogía para explicarlo. Están las personas que diseñan tipografía, –hoy día digital, antes tipos móviles–, y están las personas que utilizan estas tipografías. Podríamos decir que están los que fabrican los instrumentos musicales y quienes hacen sonar estos instrumentos musicales. Entonces, ambos están trabajando en el tema: uno fabricando instrumentos musicales y otros haciéndolos sonar.

Hay una confusión histórica, que no me interesa cambiar porque creo que ya se adaptó, y es que el tipógrafo es la persona que compone una página, no la persona que fabrica o diseña tipos. Hoy día se le llama tipógrafo a la persona que hace tipografías y se le llama diseñador a quien diseña o diagrama un libro. Antes se llamaba tipógrafo al que componía un libro. Entonces, están estos dos mundos en tipografía: el de diseñar tipografías y el de usarlas. En Chile no existen antecedentes de que se hayan diseñado tipos móviles.

—¿Sólo se trajeron?

—Sólo se trajeron matrices desde el extranjero y lo máximo que se llegó a hacer fue utilizarlas para fundir aquí porque el proceso de fundido es más bien sencillo: plomo, antimonio y estaño líquido que se deja caer a las matrices, se da un golpe de frío y se obtienen tipos que se venden las imprentas. Las fundiciones tipográficas tenían catálogos con las matrices que disponían para poder vender tipos. Y la imprenta les decía: ‘quiero una caja de Times de 16 puntos y otra caja de Times de 12 puntos, para poder tener el texto y tener el título’. Así se compraba a las fundiciones.

¿Creen que podríamos haber ganado la guerra de independencia sin la “Aurora de Chile”? Yo lo dudo

—Sabemos que este libro no se propone ser una “historia”, pero el concepto de “orígenes” igual nos lleva a pensar en una “trayectoria”. A modo de reflexión, ¿qué aporta esta disciplina a la historia, más allá de la materialidad misma de las letras?

—Es una pregunta interesante porque me han dicho, ‘esto no es historiografía, lo que estás haciendo no es historia’. Y por supuesto, no puedo. No soy historiador. A pesar de ello, me metí a esto de la historia hace un par de años atrás con la idea de, primero, conocer cómo había sido el desarrollo de la tipografía en Chile. Me di cuenta de que era gigantesco y que me tenía que centrar en una época específica, entonces lo primero que hice en mi tesis de magíster fue centrar mi análisis en la Independencia. Luego llegó la idea de hacer el libro. El año 2013 postulé al Fondart proponiendo agrandar la Colonia a la Independencia. Con eso podría decir dos cosas: cómo medir cuán importante es la tipografía para el desarrollo cultural de un país, y después cuál es el aporte de hacer historia sobre esa misma materia. Obviamente los académicos van a citar a Chartier y van a decir que la tipografía es un producto cultural –con lo cual concuerdo– y veamos de ahí todo el valor que involucra estudiar esto, pero en términos concretos, los hechos a mí me fueron clarificando el asunto. Por ejemplo, la primera instrucción de los patriotas cuando deciden independizarse es cortar los lazos con España, lo cual se traduce irremediablemente en guerra. El primer encargo de los líderes es traer una embarcación con esas armas, y efectivamente el barco, que llega en noviembre de 1811 desde Nueva York, traía cañones y municiones, pero no eran sólo de fuego: también venía una prensa y tipos, que podrían ser el cañón y las municiones culturales.

La pregunta es, ¿creen que podríamos haber ganado esta guerra de independencia sin la “Aurora de Chile”? Yo lo dudo, porque ésta se transforma en un soporte difusor de las ideas. Y las ideas son las que al final influyen en las personas para llevar a la acción la declaración. Entender cómo actuaron estas piezas de soporte y difusoras de las ideas es vital para entender el fenómeno cultural, sociológico, y político que fue la Independencia.

—Una historia de la tipografía es una historia de las ideas

—Eso es. Por ejemplo, a partir de la tipografía queda demostrada la influencia norteamericana. Estaba estudiando las tipografías de la cabecera de la “Aurora de Chile”, y sabía que la influencia de Camilo Henríquez eran Rousseau y Montesquieu. Investigué si había fuentes similares en los periódicos norteamericanos anteriores a la Aurora y me encontré con uno que me llamó mucho la atención, porque además de estar compuesto con tipos similares, tenía una base ideológica y un diseño similar: “La Aurora de Filadelfia”.

Ese diario fue fundado en 1795, o sea 15 años antes de la “Aurora de Chile”, entonces me pregunté si Camilo Henríquez lo había usado como referencia para el primer periódico chileno. Hice una comparación ideológica y calzó, luego la explicación del nombre Aurora, que representa el amanecer, el despertar del pensamiento humano, también sirvió para sustentar la vinculación. Sumé a esto el diseño, que es muy similar. Me pregunté entonces, cómo corroboro si hay similitud de contenidos, y traduje algunas noticias del periódico norteamericano. Encontré una edición extraordinaria de La Aurora de Chile Nº 3, donde había noticias traducidas del periódico de Filadelfia, por lo tanto, Henríquez conocía y usó como base ese diario para crear la “Aurora de Chile”, pienso yo. La pregunta es: ¿será este pequeño hallazgo una contribución al estudio de nuestra historia? Como yo entré por otra puerta, por una puerta que nadie había entrado, logré encontrar cosas que son exquisitamente interesantes.

—Son tremendos antecedentes

—Al entrar por otra puerta te das cuenta de cosas que otros investigadores no se dedicaron a mirar. A lo mejor si se estudia la música de la Independencia, se van a encontrar con que hay antecedentes de alguna circunstancia política que nunca se explicó y ahora se explica, o una cosa sencilla, un debate sobre la lectura que sería interesante darlo en algún momento.

¿Se han dado cuenta de que en textos antiguos se pone la i latina en vez de la i griega? O a veces que la “a” como preposición es con tilde (à). Yo he escuchado a periodistas, comunicadores, incluso a algún literato o lingüista decir que eso es porque no estaba normado el lenguaje escrito, pero he hablado con algunos tipógrafos con vasta experiencia en el trabajo con tipos de metal y me han dicho que no es así. Simplemente usaban esa “i latina” porque no tenían más “i griegas”. Como había tan pocas, había que poner las que sobraban. Eso cambia mucho todo.

—Otro dato llamativo. ¿Cómo crees que se pueda interpretar que uno de los primeros trabajos en imprenta haya sido dedicado a los naipes?

—Que las primeras imprentas hayan sido de naipes a mí me pareció muy interesante. Hay un libro de Eugenio Pereira Salas que habla sobre eso. Con esto se entiende que imprenta y tipografía no son lo mismo, porque se imprimía hace rato, pero sólo imágenes. Lo segundo es que la imprenta estuvo primero al servicio de la diversión, el distendimiento y el ocio. Es extraño que estas tres últimas ideas, que fueron algo tan importante en plena guerra, hoy estén tan postergadas, el ocio es hasta mal visto.

—Hablando justamente del control, ¿qué crees que generó el control de la imprenta y su llegada tardía? ¿Hay alguna repercusión con que nos haya atrasado un poco?

—Ciertamente se produjo un retraso. En general, planteo algo que puede ser una  apreciación errada, pero a mí me parece interesante que los primeros países en ser dominados en América fueron México y Perú. A los primeros que sometieron, curiosamente, es a aquellos en donde se la tipografía se instaló de forma temprana.

A la conclusión que llego es que es posible someter con armas, encarcelar a las personas y dominar por la fuerza, pero la clave está en reacondicionar sus pensamientos y articulaciones culturales: “Dejen de creer en lo que creen y crean en lo que nosotros queremos. Dejen de actuar como actúan y actúen como nosotros”. La evangelización en algún sentido es sometimiento cultural. Ahora, ¿cómo se llevó a cabo ese proceso en aquel tiempo? Usando la herramienta del lenguaje, pero el lenguaje debe ser aterrizado, perpetuado, protegido, y eso se hace con tipografía.

La tipografía fue una herramienta fundamental en el proceso de dominación.

La tipografía fue una herramienta fundamental en el proceso de dominación y transfiguración hegemónica, eso explica lo ocurrido con México y Perú. Pareciera ser que en algún sentido fue beneficioso que no se haya instalado antes la tipografía en nuestro país, porque de haber llegado antes, hubiésemos sido mucho más sometidos, y quizás el proceso de independencia se hubiera visto atrasado o truncado.

Para aclarar un poco el asunto, debo precisar que la imprenta llegó a Chile mucho antes que la tipografía. Esto es clave porque te permite entender que no es lo mismo plasmar una imagen que escribir, preservar y difundir el lenguaje. Nuestras ideas y nuestras historias son preservadas en estos cofres que llamamos libros, el guardián que las protege es el lenguaje, y su armadura la tipografía. Es fundamental.

—El valor del trabajo de generar tipografía es algo que recién vemos hoy, ¿qué pasa con eso?

—Me gustaría que más colegas míos entendieran eso porque me he topado con ideas que me parecen extrañas, como por ejemplo personas que dicen que no les gusta la fuente “Biblioteca” porque les parece fea o añejona. Les digo que su opinión es válida, pero a mí no me interesa si se ve así o no. Lo que me interesa es mostrarle a la gente que el trabajo que realizamos, lo hacemos de la forma más profesional y minuciosa posible.

Hay todo un trabajo detrás, todo un trasfondo que tiene el desarrollo de una fuente, que me interesa que la gente conozca. Si se valora ese proceso, es mucho más probable que se socialice y que se pueda por ejemplo, llegar a vender una tipografía en Chile; si tú ocultas ese proceso, la sociedad no comprenderá lo que hacemos.

Trabajé en la tipografía Biblioteca durante dos años, y probablemente la que viene me demore tres años más, y saque dos o tres más en mi vida, y nada más, y eso está bien porque no me interesa venderlas hasta ahora… quizás la necesidad me lleve a comercializar o a crear una tipografía para mis adversarios políticos, pero ese es otro asunto que espero nunca ocurra.

Hay mucho trabajo, pero es precioso. Me gustaría grabar la cara de mis alumnos cuando escriben por primera vez con su fuente. Personas que vi con su primer boceto y que paso a paso fueron avanzando, creando. Luego les digo que escriban una palabra con su propia tipografía y a la tercera letra están en éxtasis. Las sensaciones aparecen y la emoción se percibe. Creaste algo que funciona. Es impresionante.

—Creas una herramienta

—Sí, y una a la que se le puede sacar mucho provecho. Con las tecnologías actuales de la tipografía es posible hacer que al escribir “perro”, el computador reproduzca automáticamente la palabra “gato”, o escribir tu nombre y que aparezca un símbolo de tu rostro. ¿Qué pasa si instalamos en los centros médicos de urgencia una pantalla con una fuente que permita que las personas con problemas auditivos o fonéticos puedan escribir y que de forma instantánea se muestre una descripción de su estado de salud? La tipografía permitiría que eso se solucionara, pero como es una disciplina creciente que además hoy está más preocupada de vender, pocos lo hacen. Hay que instalar la necesidad. Pero ha tendido a irse para otro lado, el lettering por ejemplo, que es el arte de diseñar palabras, se ha utilizado como una herramienta para generar una especie de belleza homogenizada.

Yo siento que el lettering en estos momentos es un símbolo plástico representativo del libre mercado por varios motivos. Primero, en el nombre aparece algo. Tradicionalmente se le llamaba rotulación, pero frente a un anglicismo tan cool como “lettering” no hay mucho qué hacer. Se supone que es una buena herramienta para trabajar identidad visual, como logos por ejemplo. Sin embargo cómo es posible que una tienda de tatuajes, un gimnasio y una cafetería tengan el mismo tipo de imagen para representarlos, la misma letra. Ahí hay algo raro. Es porque el lettering en vez de diferenciar está homologando y homogeneizando todo. Está totalizando.

—Abajo el lettering

—El problema no es el lettering, sino de cómo la gente lo está abordando. Hay una fascinación por la forma y una postergación del sentido, del fondo y las significaciones. Eso está soslayado por la apariencia, porque la palabra se vea bonita. Lo que no se dan cuenta es que ese ejercicio, a la larga, agotará el recurso. Si nosotros lo abordáramos de otra manera, la ponderación que le da la sociedad sería distinta. Pido por favor que las personas que hacen este arte no solo escriban “buenos días”, pido que aprovechen esta audiencia para opinar y decir cosas que es necesario decir hoy, que no se diluya todo en una superficial “buena onda”.

El problema no es el lettering, sino de cómo la gente lo está abordando. Hay una fascinación por la forma y una postergación del sentido.

—Finalmente, considerando el trabajo que implica diseñar una tipografía,  ¿por qué disponerla gratuitamente?

—La tipografía tiene una manualidad que seguramente otros productos también tienen, como la música. Y es que por una parte son un producto de mercado, y por otra son una obra artística. La gente dice: “a ver, ¿por qué si yo voy a hacer una tipografía la tengo que regalar?”,  y tienen tiene todo el derecho del mundo a hacer eso. Hay otras personas que prefieren diseñar tipografías de acuerdo a lo que les nace, a una inspiración, tal como lo hace cualquier artista.

He sido cuestionado por eso por algunos colegas que me dicen “¿por qué regalas esta fuente?; hacerlo es un pésimo ejemplo y atenta contra el desarrollo de la disciplina”, y yo les digo, no, es todo lo contrario. Yo apuesto porque la gente conozca la tipografía y así generar una especie de transición hacia una sociedad que la entienda más, un poco más. Yo les digo a mis alumnos que la sociedad es como un gran espacio que está lleno de tuberías. Estos conductos serían la cultura, y dentro de ellas fluyen las ideas. Nosotros los diseñadores somos los gasfíter que –al igual que los periodistas, por ejemplo– estamos constantemente ajustando estas cañerías para que circulen las ideas. ¿Por qué no podríamos en esas mismas circunstancias introducir una de nuestras ideas a circular?