Vinciane Despret: las alianzas entre los vivos y los muertos

En “Muertos a la obra” (Cactus, 2024), de Vinciane Despret, se cuentan los resultados de un colectivo en que personas en homenaje a sus muertos, pueden pensar una obra de arte, contactando mediadores y artistas. Se exploran cinco obras diversas (musicales, arquitectónicas o incluso escultóricas) unidas porque fueron encargadas en nombre de un difunto por su familiares o amigos.

Vinciane Despret (1959)​, filósofa de la ciencia belga. [Fotografía de Valentin Bianchi, 2019].

Ampliando las cuestiones planteadas en A la salud de los muertos. Relatos de quienes quedan (2015; Cactus, 2021), Vinciane Despret dedica su nuevo ensayo a contar cinco historias que testimonian la forma en que los muertos hacen actuar a los vivos. El “¿cómo contar?” vidas interrumpidas, existencias precipitadas a la muerte, forma una parte integral de un dispositivo de pensamiento que revoluciona y desafía las antífonas de la noción cardinal de trabajo de duelo en el Occidente contemporáneo. El pensamiento terapéutico y económico de un duelo que hay que trabajar, elaborar para volver a alcanzar la orilla de la vida, para desprenderse del abismo dejado por los ausentes, da paso a un pensamiento de las relaciones entre los que quedan y los que siguen aquí, aunque ya no estén a nuestro lado. La singularidad de las reflexiones en este caso proviene del protocolo de experimentación artística que vincula las cinco historias: los interlocutores, los ciudadanos de cada una de estas cinco historias de muerte, convocaron al colectivo de Nuevos Patrocinadores creado por François Hers en 1990, colectivo que atribuye la creación de una obra plástica, musical, literaria, teatral, arquitectónica… a un artista contemporáneo responsable de crear un “monumento de sensaciones” (Deleuze) que permite hacer presentes a quienes fueron arrasados por la Parca.

Transversal a los ritos funerarios oficiales, inventando un espacio común en el que la obra de arte desempeña el papel de mediadora, de intercesora, la forma artística opera una doble representación de los muertos, una representación estética, por un lado, una representación política, cosmopolítica, por otro lado. Abierto a la representación de otros tipos de existentes —los difuntos, los animales, las entidades naturales— la práctica de la democracia, la implementación de un Parlamento de las cosas (Bruno Latour) permite hacer presentes a los muertos en el curso actual de los acontecimientos y hacer oír sus luchas. Si la obra es encargada por los vivos para sus muertos, está igualmente inspirada en aquellos que, recientemente o no, han abandonado la escena del mundo:

“Por gracia del protocolo, auténtico intercesor, unos muertos están dotados con la potencia de continuar actuando en este mundo, no solamente ayudando a los vivos a ‘lidiar con este mundo’, sino también transformándolo a través del vector de una obra. A estos muertos los he llamado ‘los que insisten’”.

Obra de Oscar Tuazon, un memorial de Arsot, que rinde homenaje a los soldados que procedentes de África y de Provenza enfrentaron en 1944 a las tropas de la Alemania nazi.

Si nos quedamos en el gesto simbólico y práctico de la memoria, de preservar a los muertos de la segunda muerte sellada por el olvido de su memoria, la persistencia de una vida del difunto en un espacio construido por la obra va mucho más allá del trabajo memorial o del imperativo de la conmemoración. La creación de una memoria viva, en el presente, activada en el ahora, nos permite poder honrar las promesas que los muertos no pudieron cumplir, construir vínculos, alianzas entre vivos y muertos, escuchar el camino en que los desaparecidos interpelan a sus seres queridos, se manifiestan a los supervivientes, a quienes son responsables de hacer escuchar la voz de los ausentes.

“Yo había constatado que en muchas de estas investigaciones iniciadas por quienes atravesaban el luto, a menudo iba a surgir, como una cuestión crucial, la cuestión del lugar que había que darle a quien había partido”. Construcción de un bien común que, por delegación, dé la palabra a los seres que ya no la tienen, cuestiones culturales y filosóficas del asunto de la fabulación, de la herencia, del legado espiritual, político, existencial dejado por las tribus de los difuntos. Muertos a la obra redefine intercambios fecundos con los muertos que viven una existencia póstuma y que, interfiriendo en un mundo que sigue siendo el suyo, dan a entender sus subjetividades actuantes, sus poderes actanciales.

Surge una configuración de lugares completamente diferente, sin ya ninguna distinción irrefutable entre los seres queridos que han abandonado la tierra y los seres que los sobreviven. Los muertos dejan de estar desocupados, abandonados en lo invisible y suben al escenario de un mundo común que continúan creando.

Muertos a la obra, de Vinciane Despret. Trad. S. Puente. Cactus, Buenos Aires, 2024, 126 páginas.

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