Smiljan Radić, Premio Pritzker 2026: la arquitectura como arte

Por segunda vez un arquitecto chileno gana el prestigioso Premio Pritzker, llamado el Oscar o el Nobel de la arquitectura. Smiljan Radić es autor de una obra con un aire de otro mundo, según comenta Josephine Minutillo, que la conoce bien.

Smiljan Radić [Cortesía Pritzker Architecture Prize]

Smiljan Radić Clarke es el ganador del Premio Pritzker de Arquitectura 2026. En un comunicado del jurado se lee: “A través de una obra que se sitúa en la intersección de la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural, Smiljan Radić da prioridad a la fragilidad por sobre cualquier pretensión injustificada de certeza. Sus edificios parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados —casi a punto de la desaparición—, aunque ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre, que abraza la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida”.

Radić, el 55.º ganador del Premio Pritzker, estableció su estudio en 1995 en Santiago de Chile, ciudad donde nació de padres de ascendencia croata e inglesa. La gran mayoría de su obra —que abarca instituciones culturales, espacios cívicos, edificios comerciales, residencias privadas e instalaciones— se encuentra en la costa de su tierra natal. En 2008, Radić fue seleccionado como Vanguardia del Diseño en Architectural Record. Es el segundo Vanguardia en ganar el Premio Pritzker (el primero fue su compatriota, Alejandro Aravena, galardonado en 2016, quien recibió el reconocimiento de Architectural Record en 2004 y actualmente preside el jurado del Pritzker). Al escribir sobre Radić para su perfil de Vanguardia, señalé: “Si bien parece que está en juego la mano de un forastero, las formas ajenas de Radić revelan la aguda mirada de un nativo que traduce magistralmente los fenómenos locales en experiencias nuevas e inesperadas”.

Teatro regional del Bio Bio, proyectado por Smiljan Radić [Cortesía Iwan Baan]

El uso repetido de grandes rocas en muchos de sus proyectos —enormes piezas de granito que, como cariátides, sostienen el techo de un pabellón, o altas rocas solitarias que dan la apariencia de ruinas— hace referencia a la antigüedad y confiere a su obra un aire de otro mundo.

La idea de las ruinas fue fundamental en su diseño para el Pabellón de la Serpentine Gallery de Londres en 2014, que él veía como una extravagancia arquitectónica y que, asimismo, incorporaba grandes rocas. “Las extravagancias parecen ruinas o bien desgastadas por el tiempo, exhibiendo una naturaleza extraña, sorprendente y a menudo primitiva. Estas características disuelven de manera artificial los límites temporales y físicos de las propias construcciones con su entorno natural”, me comentó entonces.

Pabellón Serpentine Gallery proyectado por Smiljan Radić [Gentileza de Iwan Baan]

En aquel momento, Radić —si bien ya era “un protagonista clave de una asombrosa explosión arquitectónica en Chile”, como señalaron los curadores— fue una elección inusual para el encargo de alto perfil de la Serpentine Gallery. Sin embargo, su selección bien pudo haber sido un presagio del reconocimiento que recibiría más tarde, ya que casi todos los pabellones de la Serpentine anteriores habían sido diseñados por ganadores del Premio Pritzker, entre ellos Rem Koolhaas, Frank Gehry, Peter Zumthor y Álvaro Siza. Cuando se le preguntó qué significaba para él, Radić respondió simplemente: “Significa que debo ser yo mismo”.

De hecho, a través del lenguaje iconoclasta de su obra, las estrategias in situ, site-specific o relacionadas con el lugar, se repiten de diversas formas, permitiendo que cada edificio surja de sus condiciones particulares. Los espacios que él crea suelen ser ambiguos, a veces incluso inquietantes. “Lo que más me entusiasma de ejercer la arquitectura es cuando finalmente puedes construir algo y comprobar cuán equivocado o en lo cierto estás”, declaró Radić a Architectural Record.

“Para recordarnos que la arquitectura es un arte”, es la primera de las muchas razones que el jurado citó para seleccionar a Smiljan Radić como ganador del Premio Pritzker de este año.

Radić emplea materiales —ya sean industriales o naturales, refinados o tradicionalmente considerados marginales— de maneras que no son ni nostálgicas ni meramente pragmáticas. “En cambio, trastocan las jerarquías de valor establecidas: lo alto y lo bajo, lo refinado y lo tosco, lo permanente y lo provisional coexisten sin una distinción clara”, según el jurado del Pritzker. El Teatro Regional del Bío-Bío, por ejemplo, es una composición disciplinada de volumen y piel. La envoltura está revestida con capas de policarbonato semitranslúcido cuidadosamente diseñado, montado sobre una estructura de acero, que modula la luz y favorece el rendimiento acústico.

Actualmente, el estudio de Radić trabaja en varios proyectos, incluyendo algunos internacionales. “Algunos son muy pequeños y otros, para nuestro magro estudio, son enormes”, comenta Radić. “Pero ambas escalas permiten probar y conectar el trabajo con la gente de una manera realmente diferente, y eso es grandioso”.

Radić estudió arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde suspendió el examen final en su primer intento antes de graduarse en 1989. Este revés resultó ser formativo, impulsándolo a estudiar historia en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia, en Italia, y a viajar extensamente, lo que considera la etapa más esencial de su formación. Ha colaborado frecuentemente con la escultora Marcela Correa, quien se convertiría en su clienta y, posteriormente, en su esposa. Juntos diseñaron su primera casa, Casa Chica (Vilches, Chile, 1997), una estructura de aproximadamente 24 metros cuadrados que ellos construyeron a mano en la Cordillera de los Andes.

Viña Vik Millahue proyectado proyectada por Smiljan Radić [Cortesía Cristóbal Palma]

En 2017, Radić fundó la Fundación de Arquitectura Frágil, ubicada en su estudio, para apoyar la arquitectura experimental que desafía los límites disciplinarios.

La obra de Radić ha sido reconocida con numerosos galardones internacionales, entre ellos el de Mejor Arquitecto Menor de 35 Años otorgado por el Colegio de Arquitectos de Chile (Chile, 2001), el Premio Oris (Croacia, 2015), el Premio Memorial Arnold W. Brunner de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras (Estados Unidos, 2018) y el Gran Premio de la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito (Ecuador, 2022). Es miembro honorario del Instituto Americano de Arquitectos y socio honorario de la Academia Croata de Ciencias y Artes desde 2009 y 2020, respectivamente.

El Premio Pritzker de Arquitectura, considerado el máximo galardón de la arquitectura, se otorga en reconocimiento al talento, la visión y el compromiso excepcionales que, con el tiempo, han dado lugar a contribuciones profundas y perdurables a la humanidad y al entorno construido. “Para recordarnos que la arquitectura es un arte” es, cabe destacar, la primera de las muchas razones que el jurado citó para seleccionar a Smiljan Radić como ganador del Premio Pritzker de este año.

Comentarios.

Suscríbete
Recibir notificaciones de
0 Comentarios
Antiguos
Nuevos
Ver todos los comentarios

Sigamos en contacto

Sitio diseñado con por Mariano Xerez