Entrevistas
Los Soprano, la serie que cambió la forma de hacer televisión
Por Pablo Espinosa Z. | Oct 20, 2011
La editorial española Errata Naturae publicó "Los Soprano For Ever", un libro de varios autores dedicado a analizar la serie de HBO Los Soprano. Entrevistamos al filósofo español Iván De los ríos y al crítico de arte Fernando Castro Flórez, quienes participan en el volumen.

Antes de series como Lost, Mad Men o Dr. House, estuvo Los Soprano, creada por David Chase y transmitida por HBO entre 1999 y 2007, que es considerada la responsable de cambiar la forma hacer series de televisión «al apostar por un producto complejo y de calidad», en palabras de uno de los entrevistados de este artículo. La editorial Errata Naturae ha dedicado todo un libro a analizar esta serie, llamado Los Soprano Forever: antimanual de una serie de culto, en la que participan escritores, pensadores y críticos, principalmente de España y Estados Unidos.
Entre los que participan en el libro está el filósofo y crítico de arte español Fernando Castro Flórez, quien comenta: «En mi opinión Los Soprano se trata, con Canción triste de Hill Street y Twin Peaks, de la mejor serie de la historia de la televisión. Toca uno de los grandes temas de la época del siglo XX, tras el western: la mafia. Y además lo hace desde la perspectiva de la decepción. Podríamos decir que Los Soprano es la deconstrucción del glamour del crimen, algo que comenzó con Scorsese. Me parece extremadamente lúcido convertir la vida familiar más patética, la existencia de unos gordos en chándal (ropa de deporte), en algo que atrapa hipnóticamente. Los Soprano es, en realidad, una de las 10 mejores películas de la historia del cine. Lo curioso es que se emitió por televisión y tiene una duración tremenda”.
Los Soprano es, en realidad, una de las 10 mejores películas de la historia del cine. Lo curioso es que se emitió por televisión y tiene una duración tremenda.
Sobre el final de la serie, que divide a fanáticos entre quienes lo aman y quienes lo odian, Castro agrega: “El final es insuperable. Solo se pueden sentir estafados los que esperen de la vida o del arte moralejas. El final de Los Soprano es equivalente a la definición de la experiencia estética que da Borges: ‘La inminencia de una revelación que no se produce’. En esos segundos sin nada, solo con la negrura y el silencio, está contenida una definición del siglo XXI. Insisto, algo fuera de serie”.
Participa también en Los Soprano Forever el filósofo español Iván De los Ríos, quien se refiere a qué es lo rupturista de Los Soprano y cómo se diferencia su protagonista, Tony Soprano, de los mafiosos retratados con anterioridad en películas como El Padrino, Scarface o Casino.

—¿Qué ha convertido a Los Soprano en una serie de culto?
—Los Soprano rompen con un modelo mediático específico, generan un nuevo tipo de espectador y apuestan por un producto complejo y de calidad. El modelo mediático al que me refiero es el paradigma del consumo fácil, rápido y sin secuelas: series de televisión que permiten al espectador suspender temporalmente todo juicio crítico sobre sí mismo y sobre el contexto en el que habita. Y que lo permiten, además, por el modelo formal en que se inspiran: acción sin pliegues, tempo trepidante, narración clásica. El tipo de espectador es, precisamente, el espectador-esponja, el espectador antinietzscheano que no rumia lo que ve, sino que literalmente se lo traga. La calidad en la ejecución depende de una renuncia explícita a la simplificación de los personajes y de una estrategia estética que es, a la vez, una estrategia ética y política, como todo gesto artístico: narrar mediante imágenes una buena historia en la que el espectador encuentre un impacto crítico a la vez que una fuente de satisfacción estética.
Los Soprano son un modo de pensar televisivo porque proponen esa reflexión crítica sobre el modo en que el capitalismo salvaje en las sociedades post-industriales homogeneiza ámbitos sociales y simbólicos que permanecían bien separados en modelos narrativos anteriores. En concreto: el crimen organizado. El modo en que el crimen organizado y el criminal Tony Soprano son el resultado perfecto de la omnímoda lógica del mercado. En este sentido, pienso que Los Soprano, junto con otras series espectaculares como The Wire, inauguran un nuevo modo de pensar televisivo.
Tony Soprano es, con mucha diferencia, el criminal más próximo que se haya diseñado jamás en la historia de la literatura y de la televisión.
—En tu artículo del libro sobre Los Soprano, escribes que la mitificación del criminal se destruye en Tony Soprano. ¿Cuál es la diferencia de Los Soprano con series o películas anteriores del mismo género gangsteril?
—Tony Soprano no es Vito Corleone ni el Scarface de Howard Hawks. Tony se acerca más a Al Capone, pero al de verdad, al hombre de negocios. Cuando hablo de la desmitificación me refiero a la pérdida del aura que solía acompañar a la representación cinematográfica del criminal. Los modelos narrativos clásicos idealizan al criminal convirtiéndolo en el habitante de un mundo alejado de los ritmos sociales cotidianos, apegado a un código moral arcaico y perdido para siempre. El criminal cumple la función simbólica del afuera, todo aquello que está más allá de los límites de la legalidad, de la normalidad y de la cotidianidad, pero que irrumpe por la fuerza en la legalidad, la normalidad y la cotidianidad para imponer su propia voluntad.
Tony Soprano es, con mucha diferencia, el criminal más próximo que se haya diseñado jamás en la historia de la literatura y de la televisión; y lo es porque procede, opera y se mueve exactamente en el mismo ámbito que tú y que yo. Se mueve como nosotros, come, folla, ve la tele, trabaja, lleva albornoz como todos nosotros. Y además sólo le importa ganar dinero a cualquier precio… No digo más.
—¿Por qué Tony, pese a ser un criminal violento, es tan atractivo para los televidentes?
—Adoramos y odiamos a Tony Soprano como nos amamos y odiamos a nosotros mismos. Me parece un personaje irresistible porque, a diferencia de tantos otros personajes literarios y cinematográficos, representa la contradicción extrema en la que consistimos. Está más allá del esquema simplón del bien contra el mal. Tony Soprano es un asesino y un cabrón, de eso no hay duda, pero también es un hombre frágil, como cualquier otro. Tal vez en eso resida su inquietante atractivo: ¿cómo es posible que un tipo tan parecido a cualquiera de nosotros, inserto en un contexto social que conocemos a la perfección y que nos constituye, sea capaz de pegarle un tiro en la cabeza al fulano de turno?