Entrevistas
Andrea Bajani: “El alma del patriarcado debe mantenerse bajo control”
Por Luca Mastrantonio | Jun 03, 2026
En su novela “El aniversario” el escritor italiano Andrea Bajani, quien estuvo de paso por Chile, aborda el tema de las relaciones tóxicas dentro de las familias. Con este libro Bajani ganó el Premio Strega 2025, el más importante de la literatura italiana.

Con El aniversario, Andrea Bajani ha escrito una breve novela europea con un tema muy norteamericano: “desaparecer”. El libro gira en torno al peso y el alivio de la distancia en las relaciones familiares disfuncionales, ya presentes en sus otros libros como Se consideri le colpe y El libro de las casas, pero la escritura tiene aquí un nivel de combustión mayor.
Incluso mayor que la película Siempre habrá un mañana, de Paola Cortellesi, que puede venir a la mente por su tema y la crudeza de la historia, aunque allí hay más violencia, pero también un final feliz, en manos de la mujer. En la novela de Bajani, el final intenso y delicado nos permite respirar de nuevo tras una apnea de violencias sutiles, que abarca ciento cincuenta páginas densas y precisas, porque la precisión es la venganza del relato; confiada a una voz narradora masculina que abandona a su familia de origen sin remordimientos.
El aniversario se refiere a la nueva vida de este joven que comparte varios rasgos autobiográficos con el autor (la geografía, desde Turín a París, el rehacer una vida lejos de casa), el mayor de los cuales, sin embargo, es ser escritor y, por lo tanto, la ficción, la invención que se funde con los datos reales.
En El aniversario el protagonista es la violencia. No la violencia en la familia, sino la familia como violencia.
Los demás personajes son los padres, así como una hermana que está fuera de escena, una amiga de la madre que pronto desaparece y una terapeuta. El padre es un hombre violento que destaca no tanto por el legado fascista y la estampa patriarcal, ya mencionadas, sino por el victimismo pasivo-agresivo y las técnicas de manipulación, como conceder el perdón como práctica autoabsolutoria, por el simple hecho de que emite esta moneda falsa, porque no está respaldada por verdaderas reservas de oro.
La esposa, de hecho, la madre del yo narrador, es en parte inmune a la violencia de su marido, lo que genera el secreto inconfesable de una pareja que, a su modo, si solamente se ponen a plena luz los buenos momentos, puede parecer casi feliz. Como todas las familias donde no se excava a fondo. La pala de la novela, usada para cavar y enterrar, es una figura asombrosa que podría definirse como terapeuta, pero que se sitúa entre una amante de los gatos y una hechicera, contactada por la voz narradora a través de una pastelería de Turín.
Digo voz narradora y no el protagonista, porque en El aniversario el protagonista es la violencia. No la violencia en la familia, sino la familia como violencia. Por esta razón, quizá sea inútil preguntarle al autor —a quien contactamos en Texas, donde reside— qué tiene de autobiográfica: todas las familias son violentas, cada una a su manera, parafraseando la famosa frase de Tolstói.

-¿Cómo nace la idea de este libro?
-Nació en este estudio desde donde hablo, en la universidad donde imparto el curso Writting the family, escribir sobre la familia, lo que te obliga a enfrentarte a un tabú, porque no puedes hablar mal de la familia; es un vínculo que no se puede romper. Recuerdo haber salido de la clase, venir aquí y escribir la primera escena, la de la separación, la despedida de la voz narradora de su familia.
-El yo narrador rompe los puentes con su padre y madre, cambia su número de teléfono y responde a los correos electrónicos de forma evasiva. Hoy en día, algunos lo llaman “ghosting”, desaparecer, convertirse en fantasma para los demás. Se usa sobre todo en las relaciones sentimentales; aquí, parece un “ghosting” familiar.
-No conocía este término, pero me llamó mucho la atención un artículo de The New Yorker que hablaba de una nueva tendencia: la separación de los hijos de sus padres. Para mí, esto guarda relación con la colección de ensayos de Rachel Cusk, Coventry, que se refiere al lugar donde los padres envían a sus hijos para alejarlos un poco; Cusk relata entonces la decisión de los hijos de quedarse en este lugar, de cortar lazos. En Italia hay poca literatura sobre este tema; pienso en Suaves caen las palabras, de Lalla Romano, donde se observa una profunda ruptura entre una madre y su hijo.
-Irse a Coventry, hacer “ghosting” o desaparecer sin dejar rastro: la novela muestra esta elección como una forma de venganza ética, de derecho a distanciarse de ciertas personas.
-Creo que es un derecho de todos, a cualquier nivel, distanciarse de las relaciones tóxicas, de cualquier forma, ya sea ignorando mensajes o bloqueando a alguien en las redes sociales. Sin embargo, dentro de la familia, los lazos tóxicos son más difíciles de romper. Esta dificultad me interesó para el libro.
Creo que es un derecho de todos distanciarse de las relaciones tóxicas, de cualquier forma. Sin embargo, dentro de la familia, los lazos tóxicos son más difíciles de romper.
-Antes de su publicación en Italia, el libro se vendió en varios países del mundo en la última Feria del Libro de Frankfurt. Evidentemente toca un tema sensible a nivel global.
-Conozco reacciones muy diferentes en los países del sur y en los del norte. En los primeros, donde existe un vínculo más católico con las familias, se considera casi una afrenta, mientras que en los países del norte la reacción es más natural, quizá porque no existe el tabú. Pienso en Estados Unidos, donde padres e hijos pueden decidir no verse sin necesidad de atrincherarse. El territorio ilimitado importa, pero también la cultura.
-El padre es un “padre patrón” con derivas victimistas de “pasivo-agresivo». ¿Has conocido a alguno así?
-Es el personaje menos autobiográfico del libro, que encarna el patriarcado, un sistema de control total sobre los demás.

-Más que un hombre parece un régimen totalitario de bolsillo, se menciona una tara fascista, además de elementos psicóticos, pero pensé en los modelos más recientes de control de la vida ajena en los países comunistas del Este.
-Es cierto, pienso en Paranoia de Luigi Zoja que reúne a Stalin y Hitler no para equipararlos, sino para decir que la dominación se basa en el miedo como Estado de derecho y hoy afecta a la vida de muchos que aún no se han rebelado; no hablo sólo de las mujeres, los hombres también tenemos que hacerlo. Por eso quería que el narrador fuera un hombre, para romper el verdadero tabú, que es que un hombre puede cuestionar este sistema, incluso puede ser diferente. Rechazar la herencia.
-Vayamos a la madre, ella es víctima, pero nunca actúa como víctima, no teatraliza, a ratos es complaciente con su marido.
-Para muchas familias puedes decidir si contar los buenos momentos y ocultar los malos o juntar los feos y alucinantes en una constelación. Esto es lo que hace la novela. Antes hablábamos de ghosting, es decir, de fantasmas, esta es una novela de fantasmas y el fantasma principal es ella, que es aniquilada por su marido, que le hace perder a sus amigos, que le controla sus llamadas telefónicas… que reduce todas sus actividades a la nada.
Todavía existe una sociedad que legitima y considera normal que los hombres puedan ceder al impulso interno de agresión animal, que todos llevamos dentro y que el modelo patriarcal permite que actúe.
-¿Cuál es el principal problema, en términos reales, del fenómeno que ahora llamamos patriarcado?
-Todavía existe una sociedad que legitima y considera normal que los hombres puedan ceder al impulso interno de agresión animal, que todos llevamos dentro y que el modelo patriarcal permite que actúe. Lo refuerza, de hecho, legitimándolo como si fuera una ley. Antonio Tabucchi hablaba de la confederación de almas, donde a veces una de las almas que uno tiene toma la ventaja. El alma del patriarcado debe mantenerse bajo control.
-Al final de la lectura tuve la impresión de que la violencia que percibía en el libro era superior a los episodios realmente contados.
-He aquí la diferencia entre una historia verdadera y la verdadera literatura, que, a diferencia de las memorias o la no ficción, no necesita acumular hechos, datos, acontecimientos para tener la fuerza suficiente para estar frente al lector. Por supuesto que hay historias más violentas que las que he contado, desgraciadamente las hay cada día, pero la literatura puede tomar unas pocas y transformarlas en una pesadilla para explotar en el interior de quien lee.
-¿Cuál es la primera lección de tus cursos?
-Hablo de Attention Seeking de Adam Phillips, que habla de la importancia de prestar atención a cosas a las que no le hemos dado peso, que tal vez resurjan en los sueños, en un libro leído, una película, en una interpretación, en un diálogo con alguien; luego, al escribir, te das cuenta de que estos son los detalles que quizá sean más importantes para el tipo de historia que quieres escribir. Por eso la escritura siempre sorprende, porque puede sorprendernos iluminando algo que habíamos pasado por alto y que tal vez teníamos ante nuestros ojos.

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