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Aproximaciones a la vida de Hannah Arendt

Pocas personas dedicadas a la filosofía, hombre o mujer, han sido tan estudiados como la filósofa Hanna Arendt (aunque ella alguna vez negó ser filósofa). No son pocas las biografías, pero el amplio y detallado volumen de Thomas Meyer, el primero con base en trabajo de archivo, cubre toda su vida y obra. Su autor está de visita Chile y tendrá varias actividades, comenzando por la presentación del libro en la Universidad Diego Portales el día lunes 8 de septiembre.

Hannah Arendt en París

La legendaria conversación de Hannah Arendt con Günter Gaus, en la serie de entrevistas televisadas «Zur Person», en 1964, comienza con cierta dificultad. Después de que Gaus presenta a su interlocutora, la primera mujer de la serie, diciendo que es una “filósofa”, Arendt protesta: “Mi profesión es la teoría política. No me siento en absoluto una filósofa”. Cuando Gaus le pregunta entonces sobre la diferencia entre filosofía y teoría política, Arendt se lanza a una larga respuesta, para nada consistente, en la que finalmente diferencia a los humanos como seres filosofantes y como seres que actúan. Ella se sitúa a sí misma en esta última categoría.

Thomas Meyer sigue esta auto interpretación de Arendt y la presenta en su biografía, cuya Introducción va precedida de una cita programática de la entrevista con Gaus (“Todo pensamiento es reflexión, pensamiento a posteriori”), como una persona políticamente activa —algunos críticos (Paul Bentin) incluso la consideran una “activista política”—, por ejemplo, como miembro de un grupo de apoyo al asesino de Wilhelm Gustloff, David Frankfurter, y como integrante del equipo y después directora ejecutiva de la “Comisión para la reconstrucción cultural judía europea” (1944 a 1952-53).

Como supervisor de una “edición de estudio” de las obras de Arendt publicada desde 2020 (en una edición en doce volúmenes de los cuales ya se han publicado ocho), el filósofo Thomas Meyer, ha logrado, sobre todo, recopilar y evaluar numerosas fuentes nuevas sobre el compromiso de Arendt con el rescate de niños y jóvenes de Europa durante su exilio en Ginebra y París. Meyer dedica aproximadamente una cuarta parte de su relato de más de 500 páginas a la organización judía que salvó del nazismo a miles de niños y jóvenes, la Aliá Joven, y su contexto organizativo. Si bien ya se sabía que Arendt participó en el movimiento durante su estancia en la capital francesa, de 1934 a 1940 (y durante este período apenas si escribió y no publicó nada), Meyer aporta numerosos detalles valiosos e ilustra de forma convincente la importancia que esta etapa de su vida adquiriría para Arendt como pensadora.

Esto se aplica, por ejemplo, a sus declaraciones, todavía controvertidas, sobre los sucesos de Little Rock en 1957, la controversia en torno a la discriminación contra estudiantes negros en un instituto del estado estadounidense de Arkansas, un caso que Meyer logra matizar, pero no dejando de ser crítico hacia su protagonista; o también a su relación ambivalente con el Estado de Israel, que la comprometida sionista Arendt, quien había acompañado a algunos de los niños rescatados a Palestina en 1935, rechazó debido a lo que consideraba el concepto históricamente desacreditado del Estado nación. Ella buscaba una idea de Estado diferente, una que, para los estándares actuales, se acerca a una “solución de un solo Estado” confederado, y que desarrolló en una entrevista con el New York Post de 1946, que refiere Meyer: “Debería crearse una Autoridad del Valle del Jordán para desarrollar la tierra. Palestina podría entonces acoger a tantos judíos y árabes como quisiera. Consejos locales de estos dos pueblos podrían servir de base para una nueva estructura política”.

Al igual que otras fuentes más extensas citadas en la biografía, incluyendo numerosas cartas de Arendt, opiniones de expertos y cartas de recomendación, así como un currículum vitae escrito por ella misma en mayo de 1941, que constituye el punto de partida de la presentación biográfica, el texto de la entrevista del New York Post se distingue del resto del libro con una tipografía distinta: una idea de diseño que llama la atención de inmediato e ilustra vívidamente el contexto temporal de los escritos.

Meyer rastrea en detalle el “espacio experiencial” de Arendt, completamente destruido en 1933: sus orígenes e infancia en una familia burguesa, sus estudios en Marburgo y Heidelberg, y su doctorado con Karl Jaspers.

Desde la perspectiva de la teoría biográfica, resulta interesante el uso que Meyer hace de los términos “espacio experiencial” y “horizonte de expectativa”, tomados de Karl Mannheim y posteriormente adoptados por Reinhart Koselleck. Meyer une esto con el “espacio de aparición”, desarrollado por primera vez por Arendt en Vita activa (1960). Meyer rastrea en detalle el “espacio experiencial” de Arendt, completamente destruido en 1933: sus orígenes e infancia en una familia burguesa de comerciantes asimilada en Königsberg, sus estudios en Marburgo y Heidelberg, y su doctorado con Karl Jaspers, con una tesis sobre San Agustín. Con el exilio parisino, así como con el conocimiento de Auschwitz y la Shoah, Arendt se vio privada de cualquier “horizonte de expectativa” y tuvo que trabajar en un nuevo “espacio de aparición”, cuyo resultado Meyer ve principalmente en su obra de 1951 Los orígenes del totalitarismo, a la que cuatro años después le siguió una edición alemana con un contenido diferente.

Meyer dedica a Los orígenes del totalitarismo uno de sus capítulos, que no se presenta, en el aspecto cronológico, de forma del todo coherente, mientras que analiza todos los demás libros de Arendt en conjunto en otro capítulo, que también contiene algunos errores. Por ejemplo, el original de La destrucción de los judíos europeos de Raul Hilberg se publicó en 1961 en un único y voluminoso tomo. Solamente más tarde —en 1985 en Estados Unidos y en 1990 en Alemania— se complementó y amplió a tres volúmenes. Meyer es injusto con el relato de Hilberg al afirmar que su obra, que se caracterizaba por una meticulosa atención a las cifras e incluía un cálculo especialmente preparado del número total de víctimas del Holocausto en el apéndice, no “pudo extraer cifras similares [a las de Arendt]”. O bien, que el estudio de Christopher Browning Aquellos hombres grises (1992), no examinaba a los “hombres comunes” de las SS, como afirma, sino a los miembros de un batallón de reserva policial.

Un libro de varios cientos de páginas inevitablemente contiene estos pequeños errores y también algunos pasajes demasiado extensos. La lectura de Meyer no siempre es un placer. Cuando le atribuye un “estilo sinuoso” a Arendt en su libro Vita activa (1960), aquel dicho de que las biografías revelan al menos tanto sobre el biógrafo como sobre el biografiado se confirma una vez más. El pretendido significado de algunas de las complejas estructuras oracionales de Meyer no se aclara ni siquiera en una segunda lectura. Otras frases tienen una cualidad casi literaria en su concisión: “Hannah Arendt era una judía de Königsberg”. Algunas caracterizaciones de Heinrich Blücher (“un mujeriego que vivía a salto de mata”) y Martin Heidegger (“portador de caprichosos trajes a la moda”), por otro lado, son algo desfasadas. Términos como “porno-antisemitas” o “expulsando con gracia el humo” parecen fuera de lugar. Y las referencias de Meyer a las fuentes no son del todo consistentes: usa notas a pie de página con mucha moderación y el libro carece de una lista de la bibliografía secundaria utilizada.

Hannah Arendt. Una biografía intelectual, de Thomas Meyer. Trad. J. R. Hernández Arias, Editorial Anagrama, Barcelona, 2025, 556 pp.

Presentar una nueva biografía de Hannah Arendt ha sido una iniciativa audaz y, en última instancia, exitosa, dada la riqueza de la literatura disponible y dada también la existencia de la obra de referencia sobre la vida y obra de Arendt, publicada por su alumna y única estudiante de doctorado, Elisabeth Young-Bruehl. Meyer merece respeto por eso. Por supuesto, la biografía de Arendt escrita por Meyer también presenta lagunas, por ejemplo, en la historia de su recepción. Otras lagunas se deben a la falta de fuentes, como el propio autor admite.

Pero Meyer ha optado por una presentación que se centra en nuevos descubrimientos de fuentes, documentos y aspectos de su vida previamente ignorados. Así, en esta biografía, que el autor denomina “una serie de aproximaciones”, se descubre un capítulo muy estimulante sobre la relación de Arendt con la literatura y otro igualmente perspicaz sobre Hannah Arendt, la “intelectual mediática”, quien también fue una “profesional de los medios” y debe su fama duradera, en gran medida, a su virtuoso manejo de los medios de comunicación de masas, la radio y la televisión, recién establecidos durante su vida. Meyer deja en claro que Arendt no rehuyó el “riesgo de la publicidad”, en sus propias palabras, incluso si esto provocó reacciones que hoy llamaríamos “cultura de la cancelación” o “tormenta de mierda”: se cancelaron compromisos de publicación y se rompieron amistades de muchos años. Sin embargo, el pensamiento de Arendt prosperó en contradicción con el espíritu de la época, como lo demuestra, por ejemplo, la entrevista a Gaus citada al principio, a la que todavía se accede en YouTube millones de veces.

Presentación del libro Hannah Arendt. Una biografía intelectual 

Fecha: Lunes 8 de septiembre, 12:00.

Lugar: Biblioteca Nicanor Parra, Universidad Diego Portales.

Inscripción: La actividad es gratuita, pero requiere inscripción previa.

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