Bolonia 2024: La literatura infantil hace frente a los tiempos inciertos 

La recientemente finalizada Feria del Libro Infantil de Bolonia, en Italia, hizo énfasis en libros capaces de dialogar con tiempos de conflicto, junto a autores como la peruana Issa Watanabe y el irlandés Oliver Jeffers. Revisamos en esta nota algunos de los temas de la feria, entre ellos la inteligencia artificial, y de las exposiciones, que tuvo a la chilena Paloma Valdivia con un histórico espacio protagónico.

La ilustradora chilena Paloma Valdivia expuso en Bolonia parte de su trayectoria como ilustradora de libros infantiles.

La Feria del Libro Infantil de Bolonia reúne anualmente a más de 1.500 expositores dedicados a los contenidos para el público infantil, en un enorme y a veces laberíntico espacio ferial. Niñas y niños, sin embargo, no son admitidos, ya que el objetivo de la feria es hacer negocios, discutir temas de interés del sector y ofrecer charlas y talleres a agentes, traductores, editores y sobre todo a ilustradores e ilustradoras. 

Eslovenia fue el país invitado de la Feria de Bolonia 2024. And then what happens, fue el nombre de la exposición de ilustradores eslovenos contemporáneos.

Este año —en el que la feria se realizó entre el 8 y 11 de abril y con Eslovenia como país invitado de honor— las exposiciones principales fueron dadas a tres ilustradores: Andrea Antinori, italiano que lanzó recientemente el libro silencioso Solo una noche (SM); Mauro Evangelista, también italiano, fallecido en enero; y a la chilena Paloma Valdivia, ganadora de la Bienal de Ilustración de Bratislava por su versión de El libro de las preguntas, de Pablo Neruda. Valdivia fue también la encargada de hacer la portada del Catálogo Anual de Ilustradores y fue finalista del Premio Hans Christian Andersen, un hito para la literatura infantil chilena, que finalmente se entregó a Heinz Janisch (escritor austriaco) y Sydney Smith (ilustrador canadiense).  El 10 de abril, además, Valdivia fue entrevistada en el escenario principal de la feria.

«Unfair (injusto): Jamil Nijm, de 4 años, muerto en Gaza, nunca volverá a leer libros», decía uno de los varios afiches pegados informalmente en la Feria de Bolonia para protestar contra la guerra en Gaza.

Con Europa en pie de guerra, era inevitable que los conflictos se vieran reflejados en la feria de Bolonia. El primer día aparecieron stickers y posters, puestos por algunos asistentes, que llamaban a parar las guerras y a no olvidar a niñas y niños de Gaza. También el conflicto se vio en libros, claro, como en el pertinente A guerra (2018), del sello portugués Pato Lógico, un poema antibélico, de André y José Jorge Letria.

«La guerra nunca fue capaz de contar historias», dice el libro A guerra (Pató Lógico), de André y José Jorge Letria.

La programación de la feria, de manera menos frontal, también quiso hacerse cargo de los conflictos actuales con su programación, que incluyó una lectura de la declaración de los Derechos Humanos. Pensando en la crisis medioambiental, la feria montó la exposición Leyendo para un mundo saludable, que consistió en 70 libros sobre medio ambiente de distintos países del mundo, para «presentar temas globales a niñas y niños e inspirarlos a ser activos en la creación de un futuro sostenible».

El italiano Andrea Antinori expuso sus ilustraciones hechas para el libro silencioso Solo una noche (SM).

Es claro, la literatura es también un reflejo del presente y hay altas esperanzas depositadas en la literatura infantil en tiempos de crisis.

El norteamercano Leonard S. Marcus —reconocido historiador y crítico de literatura infantil— dijo en una charla en Bolonia: “Como historiador, leer la literatura infantil del pasado es como usar una máquina de rayos X para conocer la sociedad que los produjo. Haciendo ese ejercicio con los libros actuales, y considerando incluso las ambiciones de esta feria, ciertamente puedes ver que el entendimiento de que los libros son la llave para una vida mejor para niñas y niños, se está expandiendo por el mundo”. Sobre la forma en que los libros infantiles han cambiado, se detuvo en un autor clave: el norteamericano Maurice Sendak, autor de Donde viven los monstruos (1963). “Inicialmente, los libros infantiles eran sobre mostrar a los niños como debían ser. Sendak fue uno de los que combatió eso y mostró cómo los niños realmente eran. Lo que fue bastante liberador para los niños, al poder ver en un libro que no estaban solos”, dijo Marcus, quien publicó recientemente Pictured Worlds, una selección de 101 libros esenciales de la literatura infantil mundial. 

Ilustración de Kintsugi (Zorro Rojo), libro de la ilustradora peruana Issa Watanabe, que fue premiado en Bolonia.

El premio más competitivo de la feria, el BolognaRagazzi Award en la categoría ficción, fue dado este año al libro Kintsugi, de la ilustradora peruana Issa Watanabe, autora también de Migrantes, ambos publicados por Zorro Rojo. Kintsugi es un libro sobre la pérdida y cuenta Watanabe a Ojo en Tinta que tuvo como origen la muerte de su padre, el poeta José Watanabe: “Hice el libro para tratar de entender algo, cuando todo se desmoronó y nada parecía tener sentido. Sabía que no sería un libro fácil ni comercial, porque trata sobre la pérdida, un tema complejo, de forma abstracta. Pero en la presentación del libro entendí que había hecho una narración con la que muchas más personas se sentían identificadas y acompañadas. Todos hemos tenido una experiencia similar”. 

Sobre la pertinencia de un libro así, complejo, para el público infantil, comenta Issa Watanabe: “Ha habido un cuidado excesivo de no hablar de ciertos temas con los niños, y creo que cada vez se está viendo más claramente que es fundamental hacerlo. Muchos niños vivieron de manera muy dura la pandemia, por ejemplo, perdieron a familiares o, para no ser tan dramáticos, han perdido a una mascota adorada. Lo que está sucediendo en Ucrania y en Palestina, son noticias que los niños ven y muchas veces de una forma no filtrada. Entonces, no hay un momento para procesar y entender mejor lo que está pasando y creo que los libros ayudan muchísimo a eso. Son espacios seguros donde los niños pueden preguntar, explorar y procesar.  En los casos de Migrantes y Kintsugi, en los que hay esperanza, son libros sin palabras, por lo que cada uno le da su vivencia y lectura”. 

Libros sin edad

Fueron invitados a dar charlas este año en la Feria de Bolonia más autores que, como Watanabe, se han preocupado de abordar en libros infantiles temas sociales y políticos, como el francés Olivier Tallec, el italiano Lorenzo Mattotti y el irlandés Oliver Jefferes, que acaba de lanzar Cómo esconder una estrella, en el que vuelve a los personajes de Cómo atrapar una estrella, libro con el que comenzó su carrera hace 20 años y se convirtió en un best seller.

El ilustrador irlandés Oliver Jeffers, entrevistado en la Feria de Bolonia, habló de sus libros infantiles y sobre las consecuencias de la inteligencia artificial para la ilustración.

Ante una sala llena, Jefferes comentó sus actuales preocupaciones: “Últimamente he estado haciendo libros que no son necesariamente historias, sino que consisten en observaciones. Nueve años atrás supe que sería padre y Aquí estamos (2017) se convirtió en el libro con el que quise explicar el mundo como yo lo veía. Y hacer eso me cambió. Pensar en enseñar cómo el mundo opera me hizo ver que hay mucha rabia, desesperación y gente sintiéndose perdida. Y pensar en un niño que no sabe nada es una oportunidad. Ellos heredarán las historias que les contamos, así que parte de mi intención es llegar a ellos, a los niños, antes de que el mundo lo haga, para recordar lo que realmente importa; que no es acumular cosas”. 

Sobre su estilo, Jeffers añadió: “Sendak decía que no hacía libros para niños, sino que simplemente hacía libros y alguien decidía que eran para niños. Estoy en la misma posición. Mi libro Mientras tanto en la Tierra (2022), por ejemplo, no es necesariamente un libro para niños. Es un libro para humanos, que explica lo ridículo de muchos de los conflictos y la enorme cantidad de desperdicio de energía que significan. Y mi estilo no es introducir valores, moral o lecciones disimuladamente en mis libros, porque los niños se dan cuenta inmediatamente cuando les quieren enseñar algo. Las historias que hago tienen que ser satisfactorias y si tengo un punto que dar, no lo escondo en la historia, sino que lo digo directamente”.

Además de ilustraciones, en Bolonia se hicieron exposiciones de libros infantiles. En pequeños salones abiertos se expusieron colgando libros sobre medioambiente, libros silenciosos y los libros ganadores de los prestigiosos BolognaRagazzi Awards.

Jeffers, finalmente, se refirió a la amenaza de la inteligencia artificial: “Creo que inteligencia artificial es solo un nombre. No es ni inteligente ni artificial; es un potente algoritmo de reconocimiento de patrones. Creo que dará muchas dificultades para ilustradores comerciales, como para los que trabajan en revistas o haciendo portadas de libros. Y dará trabajo a escritores capaces de darle instrucciones, hacer un buen prompt. Pero lo que la IA no es capaz de hacer, es tener una voz propia, ya que solo puede imitar lo que existe. Así que el rol de artistas e ilustradores no cambiará y nunca morirá”. Issa Watanabe, por su parte, coincide con Jeffers y añade que algo de lo que es incapaz la IA es de permitir un trabajo introspectivo: “Ilustrar es un trabajo de exploración de uno mismo. Mi manera de trabajo técnico permite mucho el juego más intuitivo, dejar que entre el inconsciente. Y eso permite que surjan cosas que uno no tenía previsto. Hay espacio para la sorpresa”. 

Chile en Bolonia

La prestigiosa Exhibición de Ilustradores de la Feria de Bolonia, cuyo catálogo contó con la portada de Valdivia, recibió 3.520 postulaciones y seleccionó a 78 ilustradores e ilustradoras de 81 países distintos. Una de las seleccionadas fue la chilena Andrea Mahnke, por la serie La Memoria Perdida. La serie, cuenta Mahnke a Ojo en Tinta, estuvo inspirada en los recuerdos de su familia y en los años dorados de Penco a mediados del siglo XX, ciudad natal de la ilustradora, donde estuvieron las fábricas de Lozapenco y Fanaloza.

Una ilustración de la serie de Andrea Mahnke La memoria perdida, seleccionada en la Exhibición de Ilustradores de la feria de Bolonia 2024. Al centro se puede ver un plato de Lozapenco.

La selección de Mahnke y el papel protagónico que tuvo Valdivia en esta versión de la feria, dan cuenta de un muy buen momento para la literatura infantil chilena en el contexto internacional, a lo que es posible sumar otros nombres, como el de la premiada escritora María José Ferrada, y el de la editorial Amanuta, que el año pasado ganó en Bolonia el premio anual a la mejor editorial del año (BOP) de Sudámerica. El 10 de abril, entrevistada en el principal escenario de la la feria de Bolonia, Valdivia hizo un comentario que permite comprender cómo ha avanzado la ilustración y la literatura infantil en el país: «Comencé viniendo muy niña a Bolonia. En esa época, alrededor del año 2000, en Chile no se hablaba de ilustración; se hablaba de libros con dibujos».

El 10 de abril Paloma Valdivia fue entrevistada en la Feria de Bolonia.

La ilustradora chilena Leonor Pérez —con 15 años de trayectoria y cuyo último libro ilustrado es Niño de agua (Azulillo), escrito por Ana María Delgado— fue una de las ilustradores que asistió a Bolonia, junto a la comitiva de Chile. «Es cierto que ha crecido el mercado de la literatura infantil —afirma Pérez a Ojo en Tinta—, pero también la cantidad de ilustradores e ilustradoras. Ahora es posible estudiar en la universidad ilustración y hay mucha gente ilustrando. Es, por tanto, una área bellísima, pero muy competitiva».

A la derecha se puede ver la exhibición de las 5 ilustraciones de Andrea Mahnke en Bolonia. Más atrás estaba la exposición de Paloma Valdivia y Andrea Antonori.

Sobre lo observado en la feria, Pérez comenta: «Con la globalización se ha visto una gran homogeneización. En las librerías empiezas a ver todo parecido, pero en Bolonia te das cuenta de que hay voces muy diversas. Y eso lo he palpado. Se mantiene la riqueza cultural de los países y continentes, sus idiomas y colores. Es muy interesante ver eso en esta feria. Ver La diversidad es un inmenso aporte. Se amplía, nutre y enriquece el imaginario de niñas y niños».

Como es tradición, los muros de de la feria fueron llenados de tarjetas de ilustradores e ilustradoras emergentes que buscan darse a conocer.

Sobre la diversidad, finalmente, resulta interesante agregar la opinión del académico belga Jan Van Coillie, autor del artículo sobre traducción La diversidad puede cambiar al mundo, incluido en la reciente publicación, Campo en formación: Textos clave para la crítica de literatura infantil y juvenil (Metales Pesados). Van Coillie afirma que domina la cultura anglófona en la literatura infantil. Los mercados están inundados por libros que vienen de Estados Unidos y el Reino Unido. Y al traducir, por otro lado, los conglomerados editoriales optan por la neutralización, lo que significa evitar elementos de una cultura específica. Lo que se pierde con la homogeneización de los títulos disponibles y la neutralización en la traducción, dice el académico, es el interés de niñas y niños lectores, que según sus estudios disfrutan la diversidad, y además una oportunidad. Van Coilli mantiene que la literatura infantil, celebrando las diferencias y apreciando las similitudes, puede tender puentes entre culturas y contribuir al entendimiento mundial.

Chile está presente en Bolonia con un stand propio desde el año 2018. Este año el stand contó con ilustraciones de Paloma Valdivia y una exhibición de libros de editoriales chilenas.

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