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Creciendo en la Albania comunista

Actualmente profesora en Londres, Lea Ypi vivió en Albania y acaba de publicar sus memorias de adolescencia cuando ocurrió la caída del comunismo en su país, quizá el más represivo de todos con un extremo “culto a la personalidad” de su líder, Enver Hoxha.

Estatua de Enver Hoxha

A principios de la década de 1990, Albania fue el último de los países de Europa del Este en transformarse de un régimen socialista autoritario a un capitalismo de libre mercado. Fue quizá el más represivo de todos: con un extremo “culto a la personalidad” centrado en Enver Hoxha, su líder estalinista desde 1944 hasta su muerte en 1985.

Durante ese período, el país rompió con la vecina Yugoslavia en la década de 1940, con la Unión Soviética en la de 1960 y luego con China en la de 1970, acusándolos de “revisionismo” y de entregarse al Occidente imperialista.

Libre. Lea Ypi. Traducción de C. Ceriani. Editorial Anagrama, Barcelona, 2023, 322 pp.

En los libros de texto escolares albaneses, el país era descrito como “el faro de la lucha antiimperialista en el mundo”.

Lea Ypi, quien ahora enseña teoría política en la London School of Economics, ha escrito unas memorias fascinantes. Pinta un cuadro vívido de los primeros 11 años de su infancia en la Albania comunista y de su adolescencia mientras el país descendía al caos del capitalismo de casino y la guerra civil en 1997.

Aunque trata algunos temas importantes y tiene muchos momentos conmovedores, el libro también es increíblemente divertido.

En muchos sentidos, la educación de Ypi resalta la naturaleza contradictoria del régimen comunista. Por ejemplo, en el contexto de un país relativamente pobre y en gran medida preindustrial, en el que la gran mayoría de los ciudadanos eran analfabetos tan recientemente como el final de la Segunda Guerra Mundial, los servicios médicos parecen decentes.

Lea Ypi ha escrito unas memorias fascinantes. Pinta un cuadro vívido de los primeros 11 años de su infancia en la Albania comunista y de su adolescencia mientras el país descendía al caos del capitalismo de casino y la guerra civil en 1997.

Ypi nació de manera prematura, pero la atención hospitalaria financiada por el Estado, cinco meses en una incubadora y visitas periódicas a domicilio de un médico ayudaron a garantizar que sobreviviera y tuviera una infancia saludable.

En algunos aspectos importantes, su educación primaria fue aparentemente superior a la de Occidente.

“En el colegio nos enseñaban a pensar en el desarrollo y en la decadencia en términos evolutivos”, escribe. “Estudiábamos la naturaleza a través de la mirada de Darwin y la historia a través de la de Marx. Diferenciábamos entre el mito y la ciencia, el juicio y el prejuicio, la duda razonable y la superstición dogmática. Nos enseñaban a creer que las ideas y aspiraciones legítimas perviven como resultado de nuestros esfuerzos colectivos, pero que la vida de los individuos siempre llega a su fin, como la vida de los insectos, los pájaros y los demás animales. Creer que las personas merecen un destino diferente en comparación con el resto de la naturaleza era ser esclavo del mito y del dogma en detrimento de la ciencia y la razón”.

Adicionalmente, escribe, había muchas oportunidades para actividades extracurriculares organizadas. Había clubes dedicados a la poesía, el canto, el teatro, las ciencias naturales, la música y el ajedrez, y también oportunidades para vacaciones financiadas por el Estado.

Por otro lado, la misma profesora que ensalzaba las virtudes de la ciencia y la razón animaba a sus alumnos a participar en el culto irracional de idolatrar a Josef Stalin y a Hoxha.

De hecho, Hoxha tenía el estatus de una deidad en la sociedad albanesa. En las elecciones solamente había una lista de candidatos por los cuales votar, no había margen para un genuino debate político y, aunque nadie parecía pasar hambre, había poca variedad en los bienes de consumo. Comprar incluso alimentos básicos era impredecible e implicaba hacer colas durante horas.

La mayor influencia en la infancia fundamentalmente feliz de Ypi provino de su padre, su madre y su abuela paterna, un trío intelectual cálido y atractivo que en conjunto le proporcionó un hogar amoroso y la protegió del lado oscuro del régimen.

Sin que la joven Lea lo supiera, ellos tenían buenos motivos para temer. El abuelo de su padre fue el décimo primer ministro de Albania y las autoridades lo consideraban un colaboracionista y un traidor de clase. El abuelo de su madre era un leñador convertido en millonario (y, por lo tanto, sospechoso), mientras que su abuelo paterno (un izquierdista no comunista) pasó 15 años en prisión debido a su “biografía”. Hay indicios de que la abuela paterna de Ypi sufrió violencia física a manos de la policía y que ellos fueron deportados de su casa.

A medida que Ypi se acercaba a la adolescencia, Albania se desmoronó de manera caótica desde el socialismo de Estado burocrático hacia una sociedad en desintegración plagada de drogas, prostitución, crimen organizado, esquemas piramidales catastróficas, altos niveles de emigración desesperada y, finalmente, la guerra civil.

Ella sufrió una crisis psicológica.

Como dice, creía en el régimen, había leído todos los libros para niños de Hoxha y había trabajado duro para conseguir su bufanda roja de pionera. Cuando escuchó a los manifestantes corear “¡Libertad! ¡Democracia!» en 1990 pensó que era porque ya tenían la libertad y no querían perderla.

La escritora Lea Ypi [Fotografía: Stuart Simpson.]

Esto suena como una receta para una desilusión aplastante, pero Ypi, quien cuando era adolescente logró leer por completo Guerra y paz en cinco días, evitó ese destino.

Mirando hacia atrás desde la posición ventajosa de Europa Occidental en 2021, escribe: “En cierto modo he vuelto al punto de partida. Una vez que has visto cómo cambia un sistema no resulta muy difícil creer que puede volver a hacerlo”. Este cambio es necesario porque: “Mi mundo está tan lejos de la libertad como aquel del que mis padres intentaron escapar (…) No solo se nos priva de libertad cuando otros nos dicen qué tenemos que decir, dónde tenemos que ir o cómo debemos comportarnos. Una sociedad que presume de permitir a sus ciudadanos desarrollar su potencial humano, pero que no cambia las estructuras que impiden que todos progresen, es igual de opresora”.

Como consumada académica que escribe sobre ideas de izquierda, lo primero que ella les dice a sus alumnos en sus cursos de marxismo en la London School of Economics es que el socialismo es, ante todo, una teoría de la libertad.

Al alentarnos a pensar detenidamente sobre lo que entendemos por libertad, Ypi ha proporcionado un libro conmovedor y que invita a la reflexión, que cualquier persona interesada en las ideas y los ideales políticos progresistas puede leer de manera provechosa.

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