Cuna de fuego: Luis Oyarzún

En el año 1973, de forma póstuma, se publicó el ensayo de Luis Oyarzún Defensa de la tierra, reeditado el año 2020 por Ediciones Universidad Austral. Se trata de uno de los últimos trabajos en los que Oyarzún, el poeta, pensador y ensayista chileno, trabajó antes de morir a los 52 años. La actualidad y el prístino sentido de urgencia de este ensayo, sorprenden menos a estas alturas que la sensibilidad con la que está escrito; es por así decir la sensibilidad de un nervio expuesto y, a la vez, una sensibilidad ancha, receptiva. En este capítulo de Ojo en Tinta escucharás de la propia voz de Oyarzún, gracias al Archivo de la Palabra de la Biblioteca Nacional, el poema «Muerte de la tierra», que es parte de un poemario suyo llamado Alrededor (1963).

Fragmentos

«He pensado varias veces escribir un triste, desolado poema sobre la sequía. Para humanos de mirada vegetal, virgiliana o agrícola, no hay catástrofe peor. !Nuestros valles calcinados, nuestras quebradas secas, silenciosas, sin gota de agua surtidora! Y justamente por este dolor se me impone también la frase, ya tan repetida, de Gabriela Mistral: Chile o la voluntad de ser. Contra los meteoros o accidentes del tiempo, contra los temblores, contra los malos gobiernos y aun contra los pésimos, !voluntad de ser! Esperanza y fe. Y no solo de ser nosotros mismos, sino nuestra tierra, con sus huertos, jardines y bosques, fuente de exaltación del alma. Estos humildes y prodigiosos tesoros están amenazados por todo el mundo, ricos y pobres, chilenos y extranjeros, derechas e izquierdas. Son pocos los defensores de la tierra, como si pudiéramos ser algo sin ella.» La Sequía. En Defensa de la tierra (Ediciones Universidad Austral), de Luis Oyarzún.

«Todo lo que para el resto sería una visión uniforme sin más identidad que un nombre vago – árboles, maleza, insectos, pájaros -, para el niño cobraba un sentido individual, un orden en la variedad, como quien reserva un nombre propio para cada uva del racimo y es capaz de percibir en cada gajo un sabor particular, y disfrutarlo en la placidez del atardecer bajo la sombra de un quillay. La naturaleza como pasión apareció en su vida antes que la lectura. La literatura sólo le prestaría utilidad: la de una herramienta para comprender el orden de la naturaleza.» Extracto sobre la infancia de Oyarzún. En Luis Oyarzún. Un paseo con los dioses (Ediciones Universidad Diego Portales), de Óscar Contardo.

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