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El joven Benjamin sobre el flujo natural del tiempo
Por Colby Dickinson | Dic 02, 2024
“La reducción mesiánica” (Ediciones UDP), de Peter Fenves, es un estudio novedoso del pensamiento de Walter Benjamin, situando los primeros escritos de este en el contexto de la filosofía contemporánea, con especial atención a la obra de Husserl y Heidegger, así como la importancia de su amistad con Gershom Scholem para su interés en el problema del tiempo histórico.

Un logro importante entre el número cada vez mayor de estudios dedicados al legado de Walter Benjamin, el trabajo de Peter Fenves sobre el fragmentario maestro que también fue un maestro del fragmento es una erudita investigación histórica de la obra temprana de Benjamin. La “reducción mesiánica”, como la ha denominado Fenves, es una revisión conceptual presentada por Benjamin en marcado contraste con la reducción fenomenológica de Husserl, que fue el esfuerzo de este último por poner al filósofo en un estado de “pura receptividad” con respecto a los fenómenos y ante ellos. La objeción de Benjamin a tal metodología es que el filósofo no es capaz de adoptar tal postura; el fenomenólogo no puede simplemente “apagar” su actitud hacia la “cosa misma”. Solamente algo que actúa desde fuera de nosotros (más grande que nosotros) puede proporcionarnos ese punto de vista, y esa fuente externa solamente puede encontrarse en presencia del tiempo mismo. El tiempo, como tal y en su plena naturalidad, se convierte en la fuerza mesiánica que funciona dentro de la historia para deshacer sus representaciones más “injustas”. Esta es la provocativa tesis que Fenves desarrollará a lo largo del estudio.
Los orígenes de la reformulación del término “mesiánico” por parte de Benjamin se pueden encontrar en sus diversos intentos de comprender el papel del arte dentro de la cultura moderna. Fenves es capaz de hacer tal afirmación semejante a través de su estudio de algunos de los tempranos (y a menudo desatendidos) ensayos de Benjamin, como los que tratan sobre el color o los arcoiris. Según Benjamin, el arte satisface efectivamente nuestro anhelo del paraíso, de ahí su naturaleza mesiánica; simplemente lo hace en el momento equivocado de nuestras vidas y de ahí su hermoso fracaso. La obra de arte genuina (o auténtica) surge fuera de cualquier canon de representaciones artísticas, más allá de las limitaciones histórico-contextuales que constriñen incluso a los artistas más brillantes. Por lo tanto, el verdadero arte siempre parecerá provenir de otra época, más allá de nuestra capacidad de comprenderlo fácilmente.
Según Benjamin, el arte satisface efectivamente nuestro anhelo del paraíso, de ahí su naturaleza mesiánica; simplemente lo hace en el momento equivocado de nuestras vidas y de ahí su hermoso fracaso.
Visto así, la obra temprana de Benjamin sobre el color en realidad iniciaron un proceso de iluminación mutua con sus intereses religiosos (judíos). Su posición, contraria a la matematización de los impulsos mesiánicos de Scholem, se convierte en una en la que el mesianismo se mezcla con sus teorías en desarrollo sobre el lenguaje, proporcionándole una nueva mirada a los tradicionales callejones sin salida de la representación. Como Benjamin describió el lenguaje en su conjunto, hay un cierto “intervalo” entre la “esencia espiritual” de una cosa y su “esencia lingüística”; mientras más grande es la brecha, peor se vuelve nuestro discurso sobre ella. Esta comprensión, demuestra Fenves, es lo central en la tarea de Benjamin de “desenredar” el lenguaje de ser simplemente aquello que designa algo. Más bien hay una fuente infinita de significado presente dentro de cada palabra, generada por el número aparentemente infinito de cosas que existen a nuestro alrededor. A medida que cada cosa busca “hablar” por sí misma, nuestra capacidad para describirla es empujada continuamente hacia nuevas fronteras de expresión, fronteras que, sin embargo, también estuvieron siempre presentes dentro de la naturaleza de la cosa misma.
Visto a esta luz, podemos percibir cómo la permanente oposición de Benjamin al mito buscaba erradicar la noción de que los objetos están de algún modo subordinados a los sujetos: este no es el estado “natural” de las cosas, sino un funcionamiento mitológico de los asuntos. Leer a Benjamin de esta manera permite a Fenves establecer la conexión posterior entre el papel de los objetos en nuestro mundo y el de la violencia. La justicia, según la famosa “crítica de la violencia” de Benjamin, solamente es posible mediante la renuncia al acto de posesión, asumiendo entonces los sujetos que podrían poseer objetos. Tales pensamientos lo llevaron, como lo demuestra ampliamente Fenves, a redefinir nuestra comprensión de las tareas políticas, así como de aquellas relacionadas con la creación de la historia. En un muy vigoroso compendio, Fenves articula tal revisión a través de nuestra capacidad de ver una forma (no mitológica) de la historia, más allá de nuestra necesidad de atribuirle continuidad (resultado, además, de nuestros sentimientos de culpa, algo que las tradiciones a menudo fomentan para mantener su posesión sobre nosotros). Percibir una continua interrupción de la historia por los infinitos “objetos” dentro del tiempo crea un espacio para que respiremos de nuevo, para refrescarnos con el “carácter paradisíaco del espacio”, aquello que habíamos estado anhelando todo el tiempo y que la obra de arte pareció sostener ante nosotros por un instante fugaz. Visto así, el tiempo mesiánico tal vez no esté tan alejado de nuestro mundo como habíamos sospechado: es puro tiempo “plástico” en sí mismo: el flujo natural del tiempo que la humanidad a menudo ha tratado de contener (de nuevo, de poseer) mediante la imposición de la propia categoría de la historia. Como podría sospecharse, esta lectura de las operaciones historiográficas contiene las semillas para un amplio reexamen de cómo nos relacionamos con la historia, las tradiciones y la ideología en general. Es decir, contiene un potencial liberador radical que muchos pensamientos orientados al objeto han estado enfatizando últimamente y que aquí encuentran una profunda afinidad.
Para aquellos interesados en la obra de Benjamin, y para muchos que pensaban que no lo estaban, este libro es una lectura necesaria que no puedo recomendar de manera lo suficientemente encarecida.
Aunque mi reseña contiene un resumen general del libro, admito que he hecho poca justicia a la riqueza del análisis histórico y textual que Fenves ha presentado en el volumen, especialmente en relación con Kant, Heidegger y Scholem. En muchos sentidos, la visión general de un contexto tan detallado respecto de las primeras formulaciones de Benjamin es lo que da a este libro su fuerza. Para aquellos interesados en la obra de Benjamin, y para muchos que pensaban que no lo estaban, este libro es una lectura necesaria que no puedo recomendar de manera lo suficientemente encarecida.

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