El argentino Flavio Cianciarulo es músico, fundador y compositor de la popular banda Los Fabulosos Cadillacs (LFC), además de un prolífico escritor. En el sello Piloto de Tormenta ha publicado tres libros de ficción, un diario de gira con LFC y su más reciente publicación, Los textos silver tape, obra en la que combina reflexiones personales con memorias, que fue presentado en Chile en la librería Kalimera. Reproducimos íntegramente el capítulo Letra de Los textos silver tape, en el que se refiere a letristas que admira —punks, tangueros y salseros— y a su propia labor como letrista, que incluye temas de LFC como «Matador» y «Manuel Santillán, el León».

Flavio Cianciarulo, conocido también como Señor Flavio [Fotografía gentileza de Piloto de Tormenta].

La primera canción de rock que escribí en mi vida se llamaba “Chica de tamaño”. Estaba en la escuela secundaria, en Buenos Aires. Ya había sentido el destierro de Mar del Plata y la disolución familiar. Tomé la criolla, comencé a dar vueltas sobre unos acordes, un cuaderno, una birome y una tentativa de letra. Era un horror, pero por algo debía empezar. Me grabé tocando y cantando, así nomás, play y rec. “Sola en las noches chuecas…”, era la primera estrofa. No transcribiré más, por vergüenza.

Después vinieron los tiempos de la new wave. Comencé a escribir letras más despojadas, plásticas, efímeras, banales, para contradecir los cánones hippies de poesía remilgada y lírica barroca del rock de los setenta. Eran épocas tan pop como Andy Warhol presentando la lata de sopas Campbell como una obra de arte; nos gustaba llevar ese mismo concepto a las letras de canciones.

Los Textos Silvertape: Catarsis surfer calavera de un sonidero anti poeta (Editorial Piloto de Tormenta).

“Cleopatra”, de Los Twist, es un buen ejemplo de lo que digo. Porque la modernidad está siempre en los inicios: el rock y su viraje estético de fines de los setenta volvía a retomar en los ochenta, mediante una brusca maniobra, conceptos de la música de los cincuenta y los sesenta. Ese giro se reflejaba en las canciones, incluso en sus estructuras. Se volvió a la canción de tres minutos. Estrofa, segunda estrofa, estribillo, estrofa, estribillo. He llegado a comprarme discos dobles de los años setenta que contenían únicamente ¡tres! temas, o menos, con complejos andamiajes en interminables composiciones más cercanas a los actos y movimientos de una obra clásica.

El universo musical se mueve en línea parabólica, como la vida misma. Oscilaciones, articulaciones, retornos a lo que fue. Hoy la incipiente necesidad de retro-manía, al menos en determinados sectores más informados de la sociedad –con el eterno regreso de bandas de rock dinosaurio, indumentaria vintage y más productos de décadas pasadas–, nos indica la carencia de algo. Por eso tenemos que volver o mirar atrás.

Comencé a escribir letras más despojadas, plásticas, efímeras, banales, para contradecir los cánones hippies de poesía remilgada y lírica barroca del rock de los setenta.

En el mundo hispanohablante, Luis Alberto Spinetta tuvo una pluma elevada e inigualable. “El vino entibia sueños al jadear…”. También me he sentido muy tocado por letras de Rubén Blades. Recuerdo cuando les propuse a LFC hacer una versión de “Desapariciones”. Lloré ante el grabador mientras la cinta del cassette rodaba al tiempo que volcaba esos versos al cuaderno. “Pedro Navaja”, “Chica plástica”, “Tiburón”, “La Caína”, “Decisiones”, y podría seguir enumerando títulos grandiosos. Siento que Blades fue y es una de las voces más comprometidas de la salsa en cuanto a lírica. Hay algo en su intención, en su narrativa, en cómo lo dice y lo canta, que nos llegó muy cerca, a mí y a mis amigos.

Cianciarulo en la librería Kalimera, de Santiago, presentando el 25 de noviembre Los textos silver tape.

La letra de “Matador”, “Manuel Santillán, El León” las escribí muy inspirado en la estructura dinámica de Blades. Narrativa llana, más parecida a un cuento, en un contexto social determinado. La salsa es música bailable de una altísima complejidad. Y cuando la música bailable contiene aspectos de compromiso, la fusión se torna detonante.

Hay letras de tango que son cosa seria. «¡Cambalache!» ¡Máximo punk rock! “Gricel”, música de Mores, letra de Contursi, de mis favoritos. “Afiches”, lírica de Homero Expósito, con frases como: “Cruel en el cartel, fue culpa del amor, dan ganas de balearse en un rincón…” o “Luego la verdad, que es restregarse con arena el paladar…”. Increíble. Qué malditos poetas.

La letra de “Matador”, “Manuel Santillán, El León” las escribí muy inspirado en la estructura dinámica de Rubén Blades. Narrativa llana, más parecida a un cuento, en un contexto social determinado.

Del punk, me quedo con letras de Boom Boom Kid y Ricky Espinoza, de Flema; también Nihilismo, una banda más actual, muy en la línea de Ricky. Otra joya del rock hispanohablante, quizás uno de los puntos más altos para mí, son las letras de la banda gallega Siniestro Total. Verdadera expresión de caos, arte, cinismo, humor, genialidad. Y me gustan mucho las letras de Massacre, con esa cosmovisión psicoanalítica, más allá del elemento skate rock. Fernando, de Catupecu: me gusta su lírica cubista, geométrica, surrealista. Y no puedo dejar de mencionar las composiciones de Ricardo Iorio, tanto en la época de Hermética, como en el período de Almafuerte. Realismo bonaerense descarnado que trasciende al metal.

Pero, atención, he citado artistas que me gustan mucho. Imagino que algunos lectores pensarán que dejo afuera a tal o cual. Seguro que es así, no estoy redactando un ensayo acerca de los grandes letristas del rock. Lo mío es decididamente incompleto, lo admito, solo vierto mis pareceres subjetivamente, limitándome a exponer lo que me agrada.

No me interesan tanto aquellas letras escritas desde el lugar del dedo acusador permanente, donde la culpa de todo es siempre del afuera, del resto. Me atrae más la lírica donde el artista se involucra con el problema, con el caos; somos miserables, el mundo en que vivimos es una mierda, pero también somos amor, esencia, luz.

Cianciarulo habló también el 25 de noviembre en la librería de Santiago Esqueleto Libros de su género favorito, el terror.

No sé cuál sea mi mejor letra. Quizás “Vos sabés”, el amor de un padre expresado con simpleza naif. Menos es más. “Siempre me hablaste de ella” es otra que me gusta mucho, sobre todo porque me inspiré en una escritora norteamericana que leía en aquellos tiempos, poco antes de grabar el disco “Yo te avisé”, de 1987. Su nombre era Helen Keller, era ciega y sorda y sus libros son verdaderos ensayos existenciales de una sensibilidad inimaginable. La percepción de esta maravillosa mujer sobre todos los sentidos es algo conmovedor. Ella hablaba acerca de que muchos podrán mirar, pero finalmente no ven. Por eso, en mi canción, introduje la frase: “Vos sabés que sus ojos están tan llenos de vida, pero no te ven…”. Pero no creo ser un gran letrista, así como tampoco me considero un gran autor de libros. Pretendo, con palabras, llegar hasta un lugar alto y profundo a la vez. Y sé también que no hay métodos ni estructuras rígidas posibles.

El proceso creativo debe ser anárquico. Tal vez podamos comenzar tentando una combinación de acordes, motivados por una rítmica, algún pulso particular, o bien jugando con unos versos. Sin fórmulas. No las hay. Algunas veces he comenzado por la música para después plasmar la letra; otras, he ido por el camino inverso, de las palabras a la melodía. Dudo que algún creador de música se maneje con disciplinas de trabajo.

De lo que sí estoy seguro es que las letras, productos de la imaginación, deben provenir de lo más profundo de uno. Sí, entiendo que es fácil decirlo, pero difícil llegar a dicha pretensión. Estamos cargados de preconceptos, opiniones, condicionamientos que afectan nuestra capacidad autoral. Recordemos: se escribe acerca de lo que se ve, pero de lo que no se ve también se puede escribir.

[Los libros de Flavio Cianciarulo publicados por la editorial Argentina Piloto de Tormenta están disponibles en Chile a través de Kalimera y Esqueleto Libros, entre otras librerías]