Jorge Guerra: «Lo peor que puedes hacer con una figura como Manuel Rojas es fosilizarlo»

La obra de teatro "Tantas veces Manuel", recientemente estrenada y que estará en cartelera durante todo el mes de junio, repasa la vida del escritor chileno Manuel Rojas. En esta entrevista, habla el actor y dramaturgo de la obra, Rodrigo Rojas, y el investigador y presidente de la Fundación Manuel Rojas, Jorge Guerra, quien colaboró en el guión.

Tantas veces Manuel, de la Compañía Teatro la Quimera, que se presenta en Teatro las Tablas, repasa la vida de Manuel Rojas en tres etapas de su vida. En un atrapante ejercicio, esta compañía busca adentrarse en la creación de historias y personajes de Rojas a través de su devenir político y la relación con sus tres esposas. A raíz de esto, Joaquín Fermandois conversa con el dramaturgo y actor de la obra Rodrigo Rojas y el investigador y presidente de la Fundación Manuel Rojas, Jorge Guerra, autor de Manuel Rojas, narrativa de la imagen: su vínculo con el cine y la televisión y Un joven en La Batalla: Textos publicados por Manuel Rojas en el periódico anarquista La Batalla, quien colaboró con información para el guión, en un proceso que tardó dos años.

Crédito fotografía: Carlos Santos (@escenasdeteatro).

¿Por qué Manuel Rojas fue de su interés?

Rodrigo Rojas: Luciano Morales, el director, nos convoca en primera instancia para hacer una obra sobre los grandes anarquistas de principios del Siglo XX en Chile, teníamos en mente, por ejemplo, a Antonio Ramón Ramón, conocido por su intento de asesinato del militar Silva Renard (comandante de las tropas en la matanza de la Escuela Santa María de Iquique). Yo le propongo a Manuel Rojas, como personaje literario y del movimiento anarquista, fundamental en la historia de Chile. En lo personal soy fan de Hijo de Ladrón, y del cuento “Mares libres” (que por otro lado es completamente contingente dada la crisis migratoria que se vive actualmente) así que finalmente terminé convenciendo al grupo de hacer una obra sobre la vida y obra de Manuel Rojas. Este autor es destacable, por ejemplo, por introducir cosas que no existían en la literatura nacional, como el tratamiento del mundo interior de los personajes, o su uso de la corriente de consciencia. Manuel Rojas supera el mero trato descriptivo que existía del sujeto popular en ese entonces y lo hace vivir su propio mundo y reflexiones interiores, trastocando además la linealidad del relato con el fluir de la conciencia. Diría, además, que con sus obras, Manuel Rojas aportó notablemente a la generación de una conciencia de clases en su época, principalmente por sus escritos en el diario “La batalla”.

Jorge Guerra: Pongo de ejemplo la matanza de la Escuela de Santa María de Iquique que ya señalamos: nosotros no conoceríamos simplemente el hecho de este terrible acontecimiento si no fuera por el arte, no por los historiadores, sino que por la Cantata de Santa María de Iquique de Luis Advis. El arte nos habla de nuestro ser, de hechos de nuestra historia que muchas veces están ocultos, por diversas razones, el mismo ejemplo del cuento “Mares libres” donde se discute ¿quién tiene más propiedad sobre el territorio, el que vive o el que llega? Que nos pone en perspectiva con los problemas migratorios y de derechos humanos de la actualidad. Ese es, entre muchos otros el aporte de Manuel Rojas.

¿Tuvo éxito Manuel Rojas en vida, por esto?

JG: Sí, él empezó a tener cierta fama a fines de los 20, comienzos de los 30, la que comienza con su colección de cuentos Hombres del sur, que lo consolida como figura importante de la literatura chilena. El año 51 tiene un gran impacto con Hijo de ladrón, lo que culmina el año 57 con el premio nacional de literatura. Era leído en los colegios en las lecturas obligatorias, luego proscrito durante la dictadura, donde incluso se firmó un memorándum para que no se leyese Hijo de Ladrón en los colegios. Durante todo este periodo, que se relegó a Manuel Rojas a ser leído como literatura juvenil, se obvió el contenido social de sus obras ya que no convenía, para el poder en ese tiempo, mirar la literatura de Rojas desde ese aspecto. Incluso se retrasó la edición de su última novela La oscura vida radiante (Editorial Sudamericana, 1971), publicada antes en Argentina que en Chile. Esta novela, por lo demás, tiene un carácter muy premonitorio dada la lectura que hace de los diversos actores sociales de Chile (estudiantes, militares, etc.). Actualmente, son los jóvenes los que más lo leen, diría, y no solo en el ámbito académico, sino que ha permeado a otras esferas.

Crédito fotografía: Carlos Santos (@escenasdeteatro).

Tomando en cuenta que trataban con un personaje que, si bien puede no ser tan conocido en su ámbito personal, sí es el autor de obras muy conocidas, ¿cómo fue el proceso de investigación y creación de la obra al tratar con una figura como Manuel Rojas?

RR: En un comienzo, si bien yo era el dramaturgo que estaba escribiendo frente al papel en blanco, gran parte de la inspiración venía de ejercicios que hacíamos como compañía, donde escenificamos pasajes de la vida de Manuel Rojas en los mismos ensayos. Mucha ficción también se realizó en torno a los personajes que rodeaban al autor, la idea era ver al escritor en estos personajes. Fue muy difícil, por ejemplo, acceder a información sobre su segunda esposa, Valerie López Edwards, no pudimos rastrear muchos datos o textos de ella, a pesar de la ayuda de Jorge Guerra y la Fundación Manuel Rojas. Por necesidad, este personaje fue creado fundamentalmente en base a la ficción, concentrándose en ese personaje las ideas y concepciones que nosotros teníamos de Manuel Rojas a través de sus textos literarios. Por ejemplo, con ella se trabajo el tema de que, dada la cantidad de años que ellos compartieron, era capaz de vislumbrar el advenimiento de los personajes de su marido, y eso queda reflejado en la obra. En este caso nosotros jugamos un poco con la invención y nos imaginábamos a Valerie observando a Manuel trabajando en su estudio, tan enfrascado en la escritura que ella podía ver cómo iba dramatizando las acciones de los personajes que iba creando, por medio de las caras y gestos que realizaba en el proceso de escritura. Esa es una idea que a mí como escritor me fascina, qué pasa con el cuerpo de escritores y escritoras mientras están imaginándose nuevos mundos, pero están estancados con sus cuerpos frente al escritorio.

Para Manuel Rojas la anarquía y las innumerables lecturas que visitaba eran una forma de crecimiento y de obtener un espíritu libre.

En el proceso comenzamos a tener contacto con la Fundación y la familia de Manuel Rojas, todo muy lentamente, en un proceso que duró 2 años. Jorge nos ayudó mucho con comentarios sobre el texto, además como primer público, un público experto además. Su mirada fue muy rica para entender mejor la línea temporal de la vida de Manuel y aportar al drama puntualizando relaciones con personajes, incluir ciertos pasajes, obras, etcétera. Por ejemplo, está la inclusión de el soneto “El gusano”, que fue una sugerencia de Jorge.

JG: Yo como representante de la fundación y estudioso de Rojas hice un aporte en función de mis capacidades. Esta obra se estructura en mostrar a Rojas a través de la relación con sus tres mujeres y las diversas etapas de su vida y su pensamiento político. Es curioso hablar de una obra de un personaje conocido porque lo que importa es que la obra de teatro tenga una autonomía y que llegue y que realmente impacte o deje reflexionando a un público que tiene diferentes aproximaciones a Manuel Rojas: los que no lo conocen, los que lo han leído en el colegio o alguna vez en su vida, y los y las expertas. Teniendo en cuenta eso, yo quise aportar en la comprobación de los datos, que no se pusieran datos biográficos que no correspondían o que no se confundieran cosas para no defraudar a los conocedores de Rojas ni dar información falsa a quienes lo estaban conociendo. Luego también me preocupé con lo que tiene que ver con el carácter de Rojas, considerando estos tres Manueles Rojas que aparecen en la obra (el joven, el adulto de mediana edad y el mayor), respetando la personalidad de Manuel Rojas, como persona más bien retraída, esto es algo, por ejemplo, que su esposa Valerie López Edwards entendía muy bien. Ella también fue muy importante en el aspecto creativo de Rojas al darle acceso a todo un aspecto de la sociedad, la clase media ilustrada podríamos decir, que de otra forma el autor no habría conocido. Esto se ve, por ejemplo, en el mundo del aristócrata venido a menos de Lanchas en la bahía. Me interesaba que se mostrara ese aporte de Valerie en la obra. Esto se logró, y es una gran conquista de Rodrigo y de quienes hicieron la obra, poder retratar esto con la escasez de fuentes existentes sobre esta mujer. Esa especulación que realizaron es un gran aporte porque lo peor que puedes hacer con una figura de la talla de Manuel Rojas es fosilizarlo, crear un retrato oficial y congelarlo, se debe especular y es necesario, siempre y cuando lo conocido, lo que se sabe que es verdad no se distorsione.

Crédito fotografía: Carlos Santos (@escenasdeteatro).

Hablando ya de la persona de Manuel Rojas, él tuvo una juventud bien combativa, que luego fue moderándose conforme pasaban los años, aunque siempre con una visión social y con sujetos populares como protagonistas de sus obras. Aniceto Hevia, por ejemplo, acompañó a Manuel casi toda su vida, hasta su última novela, de la cual hablamos, La oscura vida radiante.

JG: Sí, la postura anarquista de Manuel Rojas empezó muy joven, prácticamente en su infancia él comenzó a frecuentar personajes que adherían posturas anarquistas. Yo diría que su madre fue a lo menos simpatizante de la postura anarquista, llegando a refugiar a anarquistas que llegaron a su casa en Mendoza escapando de Chile. Manuel llega a Chile a la pieza de conventillo de peluqueros anarquistas muy comprometidos, pocos días antes del primero de mayo de 1912 y le encargan que lleve un lienzo que dice “No al servicio militar obligatorio, el ejército es la escuela del crimen”, lo que demuestra su activismo. Sin embargo es necesario comentar que Rojas no participó de la acción directa -colocación de bombas, boicot, sabotaje-, él mismo dice que por diversas circunstancias no podía participar de esas cosas, pero se puede deducir también que su falta de papeles de residencia en Chile lo llevaba a tener una actitud más pasiva. De ser descubierto en acciones así habría sido relegado a Argentina, lo que significaba ser enviado a Ushuaia.

Hablando de un Rojas mayor, él mismo dice, en una entrevista cuando tenía 70 años, que con el tiempo se fue ablandando, pero sin abandonar su postura anarquista. Por ejemplo, en “Viaje al país de los profetas”, donde visita Israel -una Israel muy distinta a la de ahora- señala que él tuvo una formación anarquista, “formación que no he abandonado a pesar de mi solitario oficio de escritor”. Él siempre mantuvo esa postura, pero siendo muy crítico de lo que le tocó vivir incluso de sus mismos compañeros anarquistas. Para él la anarquía y las innumerables lecturas que visitaba eran una forma de crecimiento y de obtener un espíritu libre, ése era su objetivo. De tal forma es importante leer sus obras para ver cómo el anarquismo (entendido de esta manera) está presente en su obra, y no quedarse con la mera anécdota. Su tetralogía (Hijo de ladrón, Sombras contra el muro, La oscura vida radiante y Mejor que el vino) son obras protagonizadas por anarquistas, hay hechos protagonizados por ellos, preparación de atentados y cosas similares, pero lo fundamental es ver cómo transita de un ser humano que queda desvalido en el mundo (Aniceto Hevia), completamente solo, a tomar contacto con personas que pasan a ser su amigos, con lo que establece una pequeña comunidad de resistencia al sistema. Un paria, un hijo de ladrón -que en muchos aspectos es el mismo Rojas- establece comunidades de apoyo y solidaridad que entran en conflicto con el sistema. Ahí está la lectura anarquista de un aspecto de la obra de Manuel Rojas, cosa que está muy vigente hoy en día, la resistencia a ciertas formas del sistema, el estallido de 2019 es justamente eso.

Los personajes de Manuel Rojas están mayoritariamente en el abandono más profundo, pero ocurre que siempre hay alguien que tiende la mano.

RR: Me parece que una de las importancias de volver a Manuel Rojas actualmente en Chile es justamente esa idea de la comunidad. Es un concepto muy visitado y de lugar común, pero es importante relevar el aspecto que justamente Manuel Rojas hace: construir vínculos afectivos que generan un espacio de esperanza en mitad de la desolación. Los personajes de la literatura de Manuel Rojas están -la mayoría, al menos- en el abandono más profundo, pero ocurre que siempre hay alguien que te tiende la mano: algún amigo, alguna amiga, algún profesor; en esos vínculos no consanguíneos ni familiares también existe la posibilidad de salir de ese abandono, de encontrar un espacio de esperanza. Manuel Rojas, de hecho, tiene un textito muy lindo llamado “De qué se nutre la esperanza”, porque la esperanza -especialmente para los anarquistas- es un lugar muy denostado, como una especie de falsa conciencia, en la que uno espera cosas que no van a llegar nunca, porque uno en realidad tiene que activar y vincularse a la revolución. El valor de la literatura de Manuel Rojas no es solo mostrar la cruda realidad de la pobreza en el Chile de comienzos del siglo XX, sino que te muestra las puertas de la esperanza, que es a través de la comunidad, pero no cualquier comunidad, sino que la que se puede instalar entre pares, un vínculo afectivo, no solamente ideológico, y muy sensible, conectar con el otro o la otra de manera profunda. Es muy linda la imagen que describe Manuel Rojas, por ejemplo, de estos amigos que viven de recolectar pedazos de metal que bota el mar y lo revenden viviendo de eso, armando entre ellos una comunidad de cariño y solidaridad.

Lo que dicen me remite a situaciones de apoyo y solidaridad vividas durante el estallido social en Chile, en que amigos y amigas o vecinos y vecinas brindaron protección ante las situaciones apocalípticas que se vivieron o a los cabildos comunitarios que se armaron, donde personas unidas por la idea de una nueva esperanza se reunieron a planificar un mundo nuevo.

RR: Exacto, relaciones fuera de los lazos familiares, de los vínculos consanguíneos, eso es lo que yo más destacaría de la literatura de Manuel Rojas. El desamparo que todavía hay en la juventud chilena es algo que se puede leer desde este lugar, volver a estas formas de establecer comunidad y esperanza en estos vínculos extra familiares puede ser la clave estética-política.

JG: Manuel Rojas no juzga los hecho, los presenta, pero deja una esperanza. El final de Hijo de Ladrón, por ejemplo, propone una salida: hay dos amigos que se van, Aniceto y el Filósofo, dejando a Cristián -destruido, golpeado- atrás porque ven que no reacciona, sin embargo a punto de dar la vuelta a la esquina en un cerro de Valparaíso escuchan el grito “¡Espérenme, voy con ustedes!”, y se les une, demostrando que siempre hay una esperanza en el apoyo solidario.

La obra Tantas veces Manuel se estará presentando todos los sábados de junio en el Teatro Las Tablas a las 21:30 hrs. Es posible adquirir las entradas en atrápalo.cl y ecopass.cl.

[Jorge Guerra, después de la entrevista, comenta que quisiera hacer un homenaje a su profesor de castellano Germán Aburto, recientemente fallecido. Rodrigo Rojas quisiera extender el homenaje a su profesora de lenguaje y Comunicación Carmen Reyes y Joaquín Fermandois lo propio con Rodrigo Cordero].

Ficha Artística

Elenco
María José Escobar.
Constanza Mora.
Luciana Ibañez.
Benjamín Cifuentes.
Ariel Mateluna.
Hugo Vásquez.
Rodrigo Rojas H.

Dirección: Luciano Morales.
Dramaturgia: Rodrigo Rojas H.
Música: Sebastián Huneeus.
Dirección de Arte: Verónica Saez, Alex Cautivo, Matías Sepúlveda.
Iluminación: Alex Cautivo.
Fotografía: Leandro Obregón.
Producción: Compañía Teatro la Quimera.

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