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Los animales como fines y no como medios

En su libro “Justicia para los animales” (Paidós, 2023), la filósofa Martha Nussbaum da una mirada de sobre lo mal que tratamos a otras especies. Analizando argumentos morales, propone respuestas legales para que reconozcamos los derechos animales.

Caza de ballenas en las Islas Feroe observada en 1854. Imagen extraída del libro «Una narrativa del crucero del yate María entre las Islas Feroe en el verano de 1854» [Créditos: Wikimedia Commons/Dominio público].

Utilizando un enfoque de las capacidades, la filósofa Martha C. Nussbaum presenta un caso convincente al defender la justicia para los animales. Sus puntos fuertes están en la filosofía y el derecho, dos pilares de esta reivindicación para que los animales vivan su vida y puedan florecer (palabra de Nussbaum, tomada de Aristóteles). Debido a los daños causados por humanos de manera directa o indirecta, a menudo a los animales no se les permite vivir una vida floreciente. La autora dice que nuestra deuda es prestar atención a las voces que piden un mejor trato a los animales a través de reformas o derechos para su bienestar. Todos estamos implicados en diversas injusticias hacia los animales, ya sea a través de la eliminación de su hábitat con la expansión urbana, el consumo de carne de granjas industriales, la contaminación que ensucia el medio ambiente, los plásticos que dañan la vida marina, etc. En lugar de formular acusaciones, Nussbaum pide que los individuos, las instituciones y las naciones se unan y se apliquen a un cambio colectivo, una idea que merece ser reiterada. La preocupación particular de Nussbaum, enfocándose en la sintiencia, es en relación al sufrimiento animal individual.

Justicia para los animales. Martha Nussbaum. Trad. A. Santos, Paidós, Barcelona, 2023, 432 pp.

Las capacidades incluirían la salud e integridad corporal, las emociones, el juego y el control sobre el medioambiente. Las libertades y oportunidades de elección son fundamentales en el enfoque de Nussbaum para entregar poder a las personas de manera que prosperen en sus entornos sociales y físicos. La mayoría de los animales son subjetivamente conscientes y, evocando a Aristóteles como ella lo hace a menudo, no es ético que los humanos repriman el deseo de todo animal de llevar una vida plena. Nussbaum culpa principalmente a los legisladores y teóricos políticos por no abordar los problemas de la crueldad hacia los animales, ya sea en cautiverio o en libertad. Ella cree que la teoría política es antropocéntrica. Para Nussbaum, la clave está en cómo la justicia animal se centra en la capacidad de la criatura de vivir en abundancia y prosperar como individuo o en un grupo social sin daño ni interferencia de los humanos. Ella se muestra escéptica de que los animales hayan prosperado bajo instituciones humanas. Sin embargo, los cambios de actitudes y de las leyes pueden hacer que los animales vivan de manera mucho más agradable, como lo merecen.

Más allá del dolor y el sufrimiento, la injusticia incluiría la sofocación de la actividad social de los animales. Existen, sugiere Nussbaum, tanto daños directos (granjas industriales) como daños indirectos (contaminación industrial) que limitan el florecimiento de las actividades animales que normalmente realizarían. Nussbaum lamenta que, habiendo leyes internacionales, en su mayoría no se aplican. En otros casos, debería haber cooperación internacional para establecer nuevas leyes, por ejemplo, no arrojar basura a los mares. En otras palabras, las leyes y regulaciones de los humanos parecen diseñadas para proteger su propia salud y beneficiar a sus propias sociedades y economías, a menudo con poca o ninguna consideración por la vida silvestre. Nussbaum imagina, más bien, una “comunidad multiespecie”. Hay límites endebles de la justicia para los animales, señala, ya que la ocupación humana del planeta es tan omnipresente, y en ocasiones perversa, que domina a la vida silvestre. Los animales, dice, deberían poder elegir libremente sus “actividades vitales esenciales” y así prosperar en sus entornos. Fundamentalmente, a través de las instituciones humanas, más seres humanos necesitan reconocer las malas acciones que impiden las libertades animales y hacer las correcciones.

Un punto de partida, sugiere Nussbaum, proviene del cuidado amoroso que la mayoría de los humanos muestran hacia sus animales de compañía. Ella espera que a partir de ahí pueda surgir un sentido de la ética para la vida silvestre con un movimiento que se aleje de los daños y se acerque a las soluciones. Un eje de su argumento tiene que ver con las emociones dirigidas hacia otros que los humanos comparten con la mayoría de los mamíferos. Para marcar la diferencia, Nussbaum dice que la sola compasión ante el sufrimiento de otra persona, no es suficiente; uno debe estar motivado por la indignación moral para actuar con una perspectiva centrada hacia lo que viene, de manera de corregir errores y prevenir daños futuros. Nussbaum critica lo que ella considera una visión utilitarista unidimensional, es decir, la filosofía que se centra únicamente en el sufrimiento general. De todos modos, se siente atraída por el utilitarismo, ya que aboga contra la crueldad animal. Ofrece una buena discusión sobre Bentham, pero él parece agrupar placer/dolor sin ningún grado ni calificación e incluso sin distribución entre especies, y no parece tener en cuenta el sufrimiento mental. En el utilitarismo hay poco espacio para la conciencia individual, ya que lo que importa es el placer del total, lo que significa que los individuos y sus acciones libres son prescindibles. En un giro respecto de Bentham, J.S. Mill reconoce diferencias en los placeres que surgen de la agencia en los animales. Mill parece aceptar el valor de la individualidad animal donde Bentham, en teoría, no lo hizo.

Nussbaum dedica un capítulo a Christine Korsgaard quien, en su libro Fellow Creatures, aplica a los animales la noción kantiana de tratar la vida como un fin y no como un medio. Kant, sin embargo, insistió en que los animales son sólo máquinas de instintos, no individuos autónomos con ética, sin embargo, no defendió la crueldad hacia los animales. Si bien Nussbaum admira a Korsgaard por ver a los animales como fines en sí mismos (a través de Kant) y dignos de mantener la calidad de sus propias vidas (a través de Aristóteles), discrepa en un punto importante. Korsgaard considera que solamente los humanos son capaces de interesarse por algo externo y de asignar valor. Nussbaum ve esto como una perspectiva limitada que restringe las experiencias y la naturaleza moral de los animales: no son necesariamente, ni necesitan accidentalmente ser, tal como nosotros. No estamos por encima de los animales de manera de darles valor, afirmaría Nussbaum, y tal pensamiento ignora nuestro propio ser animal. Más bien, los animales pueden hacer evaluaciones morales (por ejemplo, el altruismo) más allá del instinto, especialmente a través del aprendizaje y la socialización.

Hay muchos aspectos excelentes en el libro de Nussbaum y ha de recomendarse a cualquier persona interesada en la ética animal. Hay también aspectos deficientes, algunos de los cuales se señalan aquí. Nussbaum dice que el enfoque de capacidades debería aplicarse a criaturas con intencionalidad y experiencia subjetiva. Desafortunadamente, esto excluiría a muchos microorganismos biodiversos que trabajan en los bosques para sostener los ecosistemas del suelo. Habla a menudo de cómo los animales se matan entre sí, pero no ve eso como un comportamiento alimentario evolucionado. Un león no puede elegir entre un antílope y una macedonia de frutas. Impone una perspectiva humana al afirmar que la naturaleza está llena de “violencia y escasez”. Eso depende de dónde y de la época del año, por lo que es una visión antropocéntrica limitada. También es algo exagerado y miope decir que la naturaleza es peor para los animales que los zoológicos o las granjas industriales. Aunque Nussbaum reclama justicia para los animales, habla principalmente de mamíferos, prestando cierta atención a la vida marina, aunque admite que debe comer pescado para obtener proteínas. Al hablar de la defensa de los animales, no está de acuerdo con el juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Douglas, quien apoyó la legitimación activa de “todas… las formas de vida”. Ella no se opone a esquilar ovejas para obtener lana, ya que no ve ningún daño al animal, pero estas criaturas han sido seleccionadas artificialmente para producir vellón, son animales de granja y se convertirán en alimento para humanos. Ella cree que la matanza de peces adultos no es un problema moral, ya que parecen vivir en un estado de presente continuo. Afirma que no hay evidencia de equilibrio en la naturaleza, lo que contradice una teoría científica creíble que considera la naturaleza como un superorganismo autorregulado. Ella dice que es una suposición falsa que hay espacios silvestres donde los animales pueden permanecer a su suerte sin ser tocados por los humanos, pero eso plantea la cuestión de la justicia para los animales en forma de reforestación con renaturalización. Sin embargo, está claramente en contra de dejar a la naturaleza librada a sus propias energías, aunque ha sobrevivido bien por sí sola durante milenios. Ella cree que los zoológicos “educan” a la gente con sus investigaciones, pero eso es discutible a menos que haya una exposición rutinaria.

Los derechos de los animales debería reconocerse como un problema tan grave como el que existe con los derechos humanos.

Volviendo a la idea de que los animales son fines con sus propias vidas y no medios para ser utilizados por las personas, Nussbaum dice que los humanos deben respetar la vida de los animales, ya sea como animales de compañía o como vida silvestre. Pide a los humanos que intenten empatizar con el modo de vida de un animal, aunque esto no es fácil. Nosotros también hemos evolucionado, pero hemos perdido el contacto con la naturaleza. Alguna forma de atención concentrada en la naturaleza ayudará a los humanos a comprender y favorecer las capacidades de los animales. Plantea la cuestión de la amistad entre humanos y animales salvajes. El obstáculo, en comparación con los animales de compañía, es el espacio compartido. La amistad entonces podría depender de la especie, ya que es más difícil compartir espacio con un animal marino salvaje que con un mamífero terrestre o un pájaro. Esta discusión la lleva a la difícil cuestión de la amistad entre un humano y un animal cautivo en zoológicos. El problema es que el respeto por un animal se ve comprometido si se le coloca en la indigna posición del encierro, como concuerda Nussbaum.

Para los derechos de los animales debería reconocerse como un problema tan grave como el que existe con los derechos humanos. Debería haber consenso internacional para corregir una serie de cuestiones: los animales como propiedad, la ciudadanía, las fronteras, especialmente con las aves y los animales marinos, el bienestar y los derechos, las reglas de protección y la integridad para hacer cumplir las leyes existentes. Nussbaum dice que lo que debería importar a todas las personas, instituciones, corporaciones, políticos y tribunales es resolver y prevenir los daños a los animales, verdaderamente a nuestros compañeros en la creación.

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