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Nueva biografía: Edgar Allan Poe, el científico excéntrico

Los grandes descubrimientos de la época cautivaron la imaginación del escritor estadounidense. A pesar de su obsesión por la ciencia y su formación que le permitía comprenderla, su enfoque no encajaba del todo con el del entorno científico de su época, es lo que relata John Tresch en "La razón de la oscuridad de la noche" (Anagrama), una nueva biografía de Poe.

Retrato en daguerrotipo de Edgar Allan Poe, probablemente tomado en junio de 1849 en Lowell, Massachusetts por un fotógrafo desconocido [Fuente:Wikimedia Commons]

Nunca ha habido una creación más curiosa en la obra de Edgar Allan Poe que su epopeya de 1848, Eureka: Un poema en prosa. Un atrevido intento de describir los orígenes del cosmos, lleno de abstracciones elevadas y una prosa a menudo inflada, tuvo una tibia acogida en su momento y, desde entonces, ha sido ampliamente rechazado tanto por lectores como por críticos. Demasiado descuidado para ser investigación científica legítima y demasiado grave para ser buena literatura, parece, en el mejor de los casos, un paso en falso exagerado y que mejor dejar olvidado. De hecho, dada la propensión de Poe a las mistificaciones y a presentar la ficción como realidad (incluida Narración de Arthur Gordon Pym), los estudiosos no han estado seguros, como señaló Susan Manning en 1989, tanto “de con qué grado como también de con qué seriedad” debían abordar Eureka. Tratar Eureka sin ironía, continuaba Manning, era “una perspectiva desalentadora”. Significaría que los estudiosos “tendrían que seguir sus argumentos, comprobar sus analogías, sopesar sus conclusiones, todo ello con una solemnidad igualmente ponderada”.

Poe, sin embargo, consideraba el poema algo más que serio; lo veía nada menos que como su obra maestra. Les dijo a sus amigos que creía que Eureka “estaba destinado a revolucionar el mundo de la Ciencia Física y la Metafísica. Lo digo serenamente… pero lo digo”. Aunque no tenía ni 40 años cuando lo escribió, Poe lo consideró su mayor logro; como le dijo a su suegra tras su publicación: “No deseo vivir. No he logrado nada desde que escribí Eureka”.

Más conocido por obras siempre leídas y tan conocidas como “El cuervo” y “El corazón delator”, Poe vio su verdadera y única contribución a las letras estadounidenses en un tratado cosmológico y filosófico que ahora rara vez se lee o se comenta. El hecho de que lo considerara como la culminación de toda la obra de su vida sugiere que quizá nos hayamos perdido algo en la obra de Poe durante todo este tiempo. La nueva biografía de John Tresch, La razón de la oscuridad de la noche, es uno de los pocos estudios que no considera a Eureka como una aberración. Tresch sugiere, en cambio, que el poema puede ofrecer una clave para comprender gran parte de los escritos más famosos de Poe, carente tal vez del esbelto escalofrío de sus grandes relatos de terror, pero que, no obstante, ofrece una perspectiva de las obsesiones que los originaron.

En lugar de sentirse como una inmersión en minucias o en el nicho de un especialista, el enfoque de Tresch logra abrir el mundo de la escritura de Poe de una manera inesperadamente fascinante.

Como explica Tresch en la introducción, La razón de la oscuridad de la noche “cuenta toda la historia de la vida de Edgar Allan Poe, pero desde una nueva perspectiva. Devuelve la cosmología de Poe a su lugar, en la cima de su vida y pensamiento, y muestra su obra como una singular expresión de las tumultuosas ideas y pasiones de su época, completamente ligadas a la aparición de la ciencia moderna”. En lugar de sentirse como una inmersión en minucias o en el nicho de un especialista, el enfoque de Tresch logra abrir el mundo de la escritura de Poe de una manera inesperadamente fascinante. Lo que emerge es cómo el interés de Poe por la ciencia, y a veces su incomprensión, impulsó algunas de sus mayores obras de terror.

Cualquiera que ya esté familiarizado con la vida de Poe verá aquí los mismos ritmos: sus mudanzas itinerantes de Richmond, Virginia, a Baltimore, Filadelfia y Nueva York; sus interminables luchas con el dinero y con el alcoholismo; su matrimonio con su joven prima Virginia y su trágica muerte prematura. Sin embargo, a diferencia de recuentos anteriores, La razón de la oscuridad de la noche destaca varios episodios poco explorados de la vida de Poe, incluyendo sus años en el Ejército y en la academia West Point. Al alistarse a los 18 años, Poe ascendió rápidamente al rango de artificiero, a cargo del suministro de municiones de su batallón, un trabajo altamente técnico y exigente que requería cálculos precisos y una gran capacidad para los números. Su primer año en West Point terminó con el puesto número 17 (de 87 estudiantes) en matemáticas y el número 3 en francés. Si su padre adoptivo no le hubiera cortado el apoyo financiero, es posible que Poe hubiera tenido una distinguida carrera en el ejército como oficial o ingeniero.

La obra de Poe sería muy influyente en el siglo XX. En la imagen, Borges en una placa conmemorativa a Poe en Baltimore, en el año 1983 [Fotografía de Bill Smith].

Aunque los biógrafos han tendido a considerar sus cuatro años en el ejército como una interrupción en la trayectoria más amplia de su carrera, Tresch argumenta, en cambio, que West Point “modeló de manera decisiva” la escritura de Poe. Durante su carrera, “haría un uso constante de sus conocimientos de matemáticas, geometría y astronomía, así como de las técnicas de análisis y reconstrucción meticulosa que había aprendido en la escuela, siempre con el impulso de sobresalir, planificar y mandar”.

Ya era evidente, a esta temprana edad, su interés por la idea de que las leyes del mundo podrían obedecer a cierta precisión matemática. Incluso después de que Poe decidiera ser escritor, su interés por la ciencia nunca lo abandonó; de hecho, se convirtió en una obsesión que impulsó su escritura. Desde nuestra perspectiva actual, a veces es fácil olvidar que Poe estaba escribiendo mientras ocurría una enorme revolución científica. Muchas de sus obras, que ahora se leen como arcaicas y góticas, estaban impregnadas de descubrimientos científicos de vanguardia. De hecho, gran parte del horror de sus mejores obras deriva de las ramificaciones más oscuras de estos nuevos descubrimientos.

Después de que Poe decidiera ser escritor, su interés por la ciencia nunca lo abandonó; de hecho, se convirtió en una obsesión que impulsó su escritura.

El cuento “Berenice”, por ejemplo, su temprano relato grotesco de odontología fallida, gira en torno al recién acuñado diagnóstico psiquiátrico de monomanía. Otro concepto psicológico nuevo, aunque poco comprendido, el mesmerismo, inspira otra de sus obras más inquietantes. “La verdad sobre el caso del señor Valdemar” se presentó no como ficción, sino como un caso real; detalla la vida post mortem de un hombre sometido a hipnosis en el momento exacto de su muerte, procedimiento que lo mantuvo “vivo” en una inquietante estasis durante meses. «Los crímenes de la calle Morgue» explora la línea entre lo humano y lo animal, una cuestión que se volvería cada vez más compleja a medida que las nacientes teorías de la evolución de Darwin cobraban fuerza. “El sistema del doctor Tarr y el profesor Fether” sugería sutilmente que había poca diferencia entre la psiquiatría de vanguardia y la propia locura. Una y otra vez, Tresch muestra en Poe un programa casi metódico para tomar los avances científicos y psicológicos y exprimirles el horror llevándolos hasta sus límites.

A pesar de su obsesión por la ciencia y su aptitud para comprenderla, el peculiar enfoque de Poe no encajaba del todo con el del entorno científico de su época. La propia palabra científico era nueva, habiendo sido acuñada sólo en 1833, resultado de una disciplina que se profesionalizaba y se distanciaba de un modelo más antiguo de filosofía natural. Pero Poe se aferró a este modelo antiguo, uno en el que, en palabras de Tresch, estamos ligados por “la naturaleza como algo sublimemente vivificado por fuerzas polarizadas: atracciones y repulsiones, energías negativas y positivas, luz y oscuridad, en constante movimiento entre el orden y el caos. La poesía y la intuición, tanto como la observación, el cálculo y la razón, podían ser métodos para descifrar su diseño”. Poe tomó prestado tanto del milenarismo evangélico como de los escritos de Swedenborg y Mesmer, e incluso, sugiere Tresch, de las primeras traducciones de las cosmologías hindúes.

Mientras Emerson se sumergía en la naturaleza para convertirse en un ojo transparente, forjando la nueva y de cosecha propia filosofía estadounidense del trascendentalismo, Poe improvisaba juntando una miríada de fuentes en un mosaico indómito. Se puede ver por qué Eureka fracasó como proyecto, entonces y ahora, y por qué, cuando el biógrafo de Poe, Arthur Hobson Quinn, le preguntó a Albert Einstein sobre él en 1940, Einstein respondió que guardaba “un parecido sorprendente con las cartas de chiflados que recibo todos los días”.

En consecuencia, Eureka se dirigía a embestir a la ciencia contemporánea, con lo que Tresch llama “un ataque de tierra quemada contra la estrechez de miras de los ‘hombres de ciencia’ profesionales”. Al mismo tiempo que esos hombres de ciencia profesionales formaban la Asociación Americana para el Fomento de la Ciencia (AAFC), Poe arremetía contra los profesionales en favor del espléndido amateurismo y el razonamiento personal. Naturalmente, Eureka de Poe era “precisamente el tipo de especulación orientada al público, libre, generalizadora, singular y sin licencia que la AAFC tenía por objetivo excluir”.

Siempre insatisfecho con las concepciones estándar de la realidad, Poe siguió buscando. Estaba, escribe Tresch, “convencido de que el universo escapa a cualquier intento de formularlo. Sin embargo, siguió construyendo modelos”. El resultado, una visión cambiante y semisensible del cosmos, orientó la cosmovisión de Poe, a la vez que impulsó su ficción: incluyendo la casa de “La caída de la Casa Usher”, un edificio que responde a la muerte de sus habitantes desmoronándose espontáneamente en el pantano. A través de la biografía de Tresch se hace evidente cómo la confusa pero inquietante mezcolanza de Poe podía dejar inconclusas sus reflexiones filosóficas, al mismo tiempo que su ficción deja a los lectores queriendo más.

Poe abordó el horror con la precisión de un matemático, y esta sigue siendo la verdadera maravilla de su obra. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, en Poe las costuras son casi siempre visibles

El interés de Poe por la ciencia influyó no solo en los temas de su escritura, sino también en sus ideas sobre la escritura misma. Una vida de precaria labor independiente y el trabajo incesante de la redacción de revistas lo desengañó de cualquier mitología del arte. Escribir también era, en última instancia, una ciencia. Como lo expuso en “La filosofía de la composición”, la escritura no se producía por arte de magia, sino según fórmulas. El ensayo descompone su emblemático poema “El cuervo” en una anatomía casi brutalmente desprovista de emociones sobre cómo crear un éxito de ventas. El poema no debe exceder los 100 versos, debe centrarse en la “belleza” (y, según Poe, “la muerte… de una mujer hermosa es, “incuestionablemente, el tema más poético del mundo”) y contener un estribillo sonoro y adaptable. Despoja despiadadamente su propia obra maestra de cualquier posible inspiración, insistiendo en cambio en que la improvisó como la única solución posible a un conjunto de reglas predeterminadas. “Al insistir en los aspectos reglados y mecánicos de su creación”, señala Tresch, “Poe estaba negando la definición romántica de poesía, propuesta por Wordsworth y Coleridge y defendida por [James Russell] Lowell y [Margaret] Fuller, como ‘el desbordamiento espontáneo de sentimientos poderosos’”. Poe veía la escritura menos como la obra de un genio repentino y más como la obra de un científico meticuloso y tenaz. Las nuevas ideas no surgían mágicamente de la inspiración, sino que surgían de ideas preexistentes, en nuevas combinaciones y en la lenta acumulación de material existente que ocasionalmente brotaba como algo nuevo e impactante.

Poe abordó el horror con la precisión de un matemático, y esta sigue siendo la verdadera maravilla de su obra. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, en Poe las costuras son casi siempre visibles. Se puede apreciar la inspiración extraída de los titulares que lo impulsó, la forma metódica en que tomó prestado de otros escritores y construyó sus historias mediante la imitación y el pastiche. Se puede ver cómo se adentró en las controversias científicas inventando una serie de mecanismos ficticios para probar ideas o explorar consecuencias imprevistas. A menudo, en una historia de Poe, el mecanismo mediante el cual ideó y formó la obra es tan descarnado que resulta asombroso que su escritura funcione.

Y, sin embargo, funciona. De alguna manera, a pesar de todo esto, la obra de Poe sigue vibrando con una misteriosa desesperación y un horror tenue: una incógnita temblorosa que nos hace volver a ella cada vez más.

La razón de la oscuridad de la noche, de John Tresch. Trad. D. Alou, Editorial Anagrama, Barcelona, 2024, 524 pp.

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