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Panico: la historia de un grupo rabiosamente independiente

“Al estilo Panico” (Clubdefans, 2023) es el nombre del libro que cuenta la trayectoria de Panico, un grupo chileno-francés pionero en la escena alternativa santiaguina, que combinó géneros como el punk, el pop, la cumbia y la electrónica. La publicación escrita por Marisol García con la colaboración de Panico, permite acercarse a un fragmento poco conocido de la historia de la música chilena de los años 90 y a una banda que defendió ante todo su libertad creativa.

Formación de Panico el año 2011.

El 2023 fue el año de Panico en Chile. La banda formada en Santiago en 1994 y disuelta el 2012, se reunió para tocar en Lollapalooza y el festival REC, lanzar la reedición en vinilo de tres de sus discos (Bruce Lee, Rayo al ojo y Subliminal kill) y participar en la presentación del libro Al estilo Pánico, que relata su historia. Esta inusual actividad hizo que muchos se ilusionaran con el regreso a los estudios de Panico; algo que la banda ha descartado, aunque no son imposibles nuevas presentaciones en vivo. De cualquier forma, han dejado ya 7 discos de larga duración, 4 EP y una historia que contar. 

El libro Al estilo Panico: música y manifiesto, publicado por el sello chileno Clubdefans, cuenta la historia de Panico (así, sin tilde) de una forma que no dejará a ningún seguidor de la banda decepcionado. La autora, Marisol García —periodista especializada en música popular—, entrevista a todos quienes alguna vez formaron parte del grupo, a colaboradores cercanos e incluso a fans (chicas y chicos panico). Y es un acierto que el libro sea colorido y generoso en términos visuales. Hay afiches, fotografías, merchandising, cómics, una fotonovela, recortes de prensa, imágenes del arte de los discos y descripciones de algunas de las legendarias presentaciones de la banda. Todos elementos ineludibles para comprender completamente a Panico.

El trabajo de García es particularmente meritorio porque, además de investigar archivos y de conseguir honestos testimonios, logra explicar una banda nada de convencional, que comenzó en Francia como una idea de la pareja conformada por la francesa Caroline Chaspoul (bajo) y el chileno hijo de exiliados Eduardo Henríquez (voz y guitarra). “La dictadura había mantenido a Chile tan alejado del mundo, que nos atraía mucho llegar a un lugar donde todo estaba por hacerse”, explica la pareja sobre su traslado de París a Santiago en 1994.

Al estilo Panico se divide en cinco capítulos (El manifiesto, Los lugares, El sonido, El mercado y Las imágenes) y García sitúa al grupo en su contexto, lo que permite valorar el esfuerzo de Chaspoul y Henríquez, a quienes se sumaron en su primera formación Sebastián Arce (batería) y Cristóbal Pfennings (guitarra). A comienzos de los años 90, cuando Panico se formó, la escena musical chilena era más bien conservadora. Había bandas de estilos musicales bien definidos (punk, reggae, hiphop) y los grupos que más se destacaban eran Los Tres y La Ley. Fue este el ambiente en el que Panico irrumpió usando ropas coloridas, disfraces y pelos de colores, cantando sobre tomar drogas e irse de fiesta, y combinando en su música el punk con el pop y el surf. 

Marisol García y Panico en el lanzamiento del libro Al estilo Panico en el Centro GAM el 22 de marzo de 2023 [Fotografía: Pablo Espinosa / Ojo en Tinta].

Se trataba de un bicho raro en la escena, que quizás por eso logró convencer a la multinacional EMI-Chile para lanzar sus dos primeros discos de larga duración: El celebrado Pornostar (1995) y el rarísimo compilatorio Canciones para aprender a cantar (1997). Luego el contrato terminaría debido a bajas ventas, pero Panico no se echó a morir y continuaron su carrera con su propio sello, Combo Discos —creado en 1994 para grabar su primer EP, que los convirtió en pioneros de la autogestión musical en Chile— y para contar con audiencia, formaron una escena y se aliaron con bandas como las argentinas Suárez y El otro yo, y la francesa Holden, abriendo camino para la música alternativa en Chile. Es por esto que el prólogo de Al estilo Pánico lo escribe Walter Roblero, quien reconoce la influencia de Panico para formar su banda, Congelador, y crear el sello independiente Quemasucabeza. 

Grupo aparte

Si algo destacó a Panico, además de su persistencia, fue su innovación musical. Después de Pornostar, el disco Rayo al ojo (1997) contó con un nuevo guitarrista en reemplazo de Pfennings, Memo Dumay, más experimental que punk; y el disco siguiente, Telepathic sonora (2001), incorporó a dj Squat para lograr una novedosa mezcla de rock con cumbia, bolero y música electrónica. La grabación de Telepathic Sonora, en París con el apoyo nuevamente de una multinacional, Sony Music-Francia, significó una temeraria movida: el traslado de toda la banda a Francia, para intentar proyectar su carrera a nivel internacional. 

Panico, ya se ve, no fue fiel a un estilo, un sello discográfico ni a un país. Solo se mantuvo fiel a su exploración creativa (que mostró en parte el documental La banda que buscó el sonido debajo del 2011), desafiando incluso a sus propios seguidores. Una de las consecuencias negativas, fue no encajar en una escena musical definida, lo que hace que el relato de García se vuelva oscuro por momentos. La inquietud musical de Panico los llevó a estar siempre en la vanguardia, pero nunca en el lugar ni momento preciso para alcanzar el éxito comercial —salvo una contada excepción: el disco Subliminal kill (2005), esta vez con el sello francés Tigersushi, y su hit Transpiralo, que los llevó a girar el 2006 con Franz Ferdinand— ni, por lo tanto, la estabilidad económica. Los integrantes de Panico que permanecieron en Europa desde el año 2001 lograron continuar con el grupo con trabajos paralelos, acarreando frustración y desgaste, separándose poco después de lanzar el disco Resonancia (2012). Por 10 años, Eduardo y Caroline sostuvieron Panico con una empresa de catering para sesiones de fotografía de moda. “La cocina salvó a la banda”, aseguran. 

Panico no fue fiel a un estilo, un sello discográfico ni a un país. Solo se mantuvo fiel a su exploración creativa, desafiando incluso a sus propios seguidores.

Sobre el inclasificable estilo de la agrupación chileno-francesa, escribe García: “A la luz de las pistas de época, en diferentes momentos de su historia Panico apareció por fuera de casi todas las referencias de ubicación. En los años de transición democrática no eran sus integrantes herederos de la creación de resistencia en dictadura ni menos profesionales impecables buscando las asociaciones correctas cuando vinieron los cálculos del crecimiento macroeconómico. No fueron una banda dócil a los códigos de lo alternativo en los años en que estos se acogieron al cauce central de la cultura, ni tampoco adalides de lo latinoamericano en momentos en que incluso grupos rockeros comenzaron a sacar ideas de la tradición. Su idea de canción popular fue siempre la de un artefacto de inventiva y humor, atento a tendencias cosmopolitas; no la balada radioamistosa ni la impostura solemne de quien quiere ostentar una impronta autoral”. 

Pánico reunido el año 2023 [Foto: Aldo Benincasa]

Resulta interesante conocer la historia de Panico desde adentro, contada con sus altos y bajos, que es también parte de la historia de la música independiente y alternativa en Chile. Sobre los esquemas que rompieron en Santiago en los años 90, es decidor que a Henríquez le gritaran constantemente “maraco” en el escenario por su pelo teñido y que incluso fuera acuchillado en el Parque Forestal por alguien que parecía skinhead, poniendo en riesgo su vida. Y pese a lo empinada de su trayectoria, es alentador que el legado de Panico siga vivo y su música siga sonando fresca, y que Henríquez y Chaspoul sigan creando en Nova Materia, así como el resto de los integrantes del grupo en otros proyectos musicales.

El secreto de la vigencia lo dan ellos mismos en su decálogo de lecciones para autogestionar una banda, incluido en Al estilo Panico y está en la convicción: «Respeta al público. Pero no dejes que el público te mande. Tú tienes derecho a ir hacia donde quieras con tu trabajo, y el público tiene la libertad de seguirte o no. Lo que no puedes hacer si trabajas en música es entregar algo de mal nivel, como si el público fuese idiota». Respecto a la persistencia, sin embargo, siempre habrá algo de misterio. Como declara Henríquez: «Hay una fe en la música… que no puedo explicar».

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