Prehistorias: hay un comienzo para todo

Las primeras veces fundacionales de la humanidad (la primera herramienta o la primera palabra, el primer fuego o el primer entierro) son parte de las historias o prehistorias que cuenta Nicolas Teyssandier en 30 relatos que se basan en los conocimientos más actuales sobre la prehistoria y la evolución humana, en su libro “Nuestras primeras veces” (Roneo, 2022).

El bifaz, o hacha de mano, es consideado uno de los primeros instrumentos de piedra elaborados por los seres humanos.

El libro de las “primeras veces” que nos ofrece el prehistoriador francés Nicolas Teyssandier puede llegar a darnos vértigo. Eso es por la inmensidad del tiempo que nos separa de ciertos inicios de los comportamientos que parecen más aptos para definirnos como los humanos que somos.

Nuestras primeras veces. Nicolas Teyssandier. Trad. V. Braithwaite, Editorial Roneo, Santiago, 2022, 185 pp.

Tomemos el de la “primera lección”. Y saludemos de inmediato el entusiasmo y la determinación de un científico que se atreve a responder tan formidable pregunta: ¿se puede datar la “primera lección” dada por un ser humano o prehumano a un semejante? Sin embargo, Nicolas Teyssandier es un especialista en las “culturas líticas” o, dicho de otra manera, en la talla de piedras hecha por el hombre —y la mujer, se precisa— a lo largo de una muy extensa prehistoria. Y así es como el lector de este libro se encuentra proyectado a… 132.000 generaciones hacia atrás —por lo tanto, la palabra “tatara” tendría que ser pronunciada 132.000 veces antes de “abuelo” para expresarlo— con el objeto de encontrarse con las primeras herramientas conocidas, en Lomekwi, Kenia. Luego, los guijarros tallados en Olduvai, encontrados en África oriental, tallados hace 2,6 millones de años.

Sin embargo, como explica Nicolas Teyssandier, quienquiera que haya intentado transformar estos guijarros en herramientas de corte, para carne y verduras, utilizando una serie de golpes destinados a quitar fragmentos, requiere… a alguien que le enseñe. La técnica necesita demasiada precisión manual, sobre todo demasiada anticipación de la sucesión de gestos y estados del guijarro como para que se haga al azar o a la suerte. Se necesita aprendizaje, repetición y un maestro que muestre cómo planificar las acciones que conducirán a la herramienta deseada. Un saber hacer que los grandes simios de hoy, incluso los bonobos estimulados por los etólogos para fabricar herramientas, están muy lejos de alcanzar. La enseñanza de talladores se remonta, por lo tanto, al menos a este período. En cuanto a los objetos de piedra tallados por ambas caras, los “bifaces”, conocidos desde hace 1,7 millones de años, requieren no solamente una demostración por parte de un maestro, sino también explicaciones verbales complejas, en particular para la preparación de los planes de percusión. Este es el resultado de un experimento realizado con estudiantes, cuyo grupo, privado de estas explicaciones, y únicamente ayudado por una demostración muda de un prehistoriador tallando piedras, no fue capaz de encontrar por sí solo la necesidad de preparar los planes de percusión antes de llevarlos a cabo y dar los últimos golpes para finalizar la herramienta.

Nicolas Teyssandier recogió una lista a lo Jacques Prévert de treinta entradas entre las posibles primeras veces: la primera lección, la primera migración, la primera cacería, el primer fuego, el primer entierro, la primera joya, la primera palabra, el primer dios, el primer líder, el primer crimen, la primera droga.

La primera lección, por lo tanto, pero también aparecen la primera migración, la primera cacería, el primer fuego, el primer entierro, la primera joya, la primera palabra, el primer dios, el primer líder, el primer crimen, la primera droga. Nicolas Teyssandier recogió una lista a lo Jacques Prévert de treinta entradas entre las posibles primeras veces. Ciertamente, cada una de estas primeras veces da lugar a dataciones, a menudo imprecisas. Y a referencias específicas a artículos publicados en revistas científicas. Pero el autor, en realidad, no pretende dar a su lector la capacidad de responder a un cuestionario prehistórico. Más bien busca suscitar la reflexión y la meditación sobre estos actos humanos. He aquí dos ejemplos que ilustran el enfoque del libro.

Es difícil datar a los “primeros líderes” y, por tanto, a las primeras sociedades jerarquizadas. Pero los prehistoriadores pueden confiar en la evidencia de la vida sedentaria y en el almacenamiento de alimentos, en las piezas líticas que requieren una experiencia poco común al servicio de un objeto en última instancia poco útil. La especialización técnica, los artistas de la cueva de Chauvet… ¿En qué medida estos elementos permiten imaginar un origen lejano de las diferenciaciones y desigualdades sociales? El entierro de Sungir, cerca de Moscú, dotado hace 34.000 años con mobiliario funerario, más de 13.000 cuentas cosidas sobre ropas de piel, demuestra que esta cuestión viene desde lejos. Lo mismo ocurre con el intercambio, el origen lejano del comercio. Los análisis precisos del origen de las piedras talladas, en territorio europeo, han demostrado así que muchas de las herramientas encontradas por los prehistoriadores en los sitios de hábitat o caza podrían provenir de 200 o incluso 500 kilómetros de distancia. Las herramientas de sílex encontradas cerca de Béziers provienen de depósitos ubicados en Charentes. Es posible imaginar largos viajes para abastecerse de rocas de buena calidad. Pero también que, por lo tanto, podrían haber sido objeto de intercambios —¿de trueques?— cada vez más estrechos entre los grupos humanos.

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