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Premios y lecciones de la Feria del Libro Infantil de Bolonia

Entre el 13 y 16 de abril se realizó la versión número 63 de la Feria del Libro Infantil de Bolonia. Chile no tuvo suerte con los premios, aunque logró importantes nominaciones y una particular visibilidad para sus ilustradores. En esta nota conocemos a algunos de los premiados en Bolonia, como el inglés Michael Rosen y la editorial argentina Lecturita, y algunos consejos para triunfar en la exigente feria italiana.

Exposición de libros premiados por Bolonia y seleccionados en The BRAW Amazing Bookshelf.

Los primeros días de la Feria del Libro Infantil de Bolonia, mantenían atentos al mundo literario y en particular a los chilenos interesados en la literatura infantil. Dos autoras nacionales estaban nominadas a prestigiosos premios. La escritora María José Ferrada era finalista del Hans Christian Andersen y Paloma Valdivia, junto a Ferrada, estaban nominadas al Premio Astrid Lindgren. 

El Andersen, sin embargo, fue finalmente para la ilustradora china Cai Gao y para el escritor y poeta inglés Michael Rosen, quien es autor, entre otros, del popular libro Vamos a cazar un oso, ilustrado por Helen Oxenbury, publicado en español por Ekaré.  

El poeta mexicano Adolfo Córdova lee en The Poetry Corner de la Feria de Bolonia su libro de poesía Río Viento, ilustrado por Mariana Alcántara. En el panel sobre poesía también participó la chilena Ángeles Quinteros de Libros del Escuincle.

El periodista y poeta mexicano Adolfo Córdova, ganador de un BolognaRagazzi Award por su publicación Río Viento (El Naranjo), celebra el Andersen. Sobre la obra de Rosen, comenta Córdova a Ojo en Tinta: “Rosen tiene una propuesta musical sobre el poema. Juega mucho con el ritmo y la sonoridad, y no teme proponer ideas desafiantes. Es un poeta que se asume políticamente. Se le debía este premio”. 

La posición política de Rosen ha quedado clara en su activa preocupación por Gaza. El año 2025 firmó una carta junto a otros autores declarando a la guerra en Gaza «genocidio» y exigiendo un alto al fuego. Es autor además del poema «No mencionen a los niños», que escribió en 2014 tras enterarse que el gobierno israelí había prohibido un anuncio de radio que mencionaba a niños palestinos muertos en Gaza.

El poeta inglés Michael Rosen es anunciado como ganador del Premio Andersen. Rosen iba asistir a Bolonia, pero un problema en su pasaporte relacionado una normativa del Brexit le impidió abordar el vuelo.

El premio Astrid Lindgren, por otro lado, fue para el canadiense Jon Klassen, creador de la llamada “trilogía del sombrero”, publicada en Nubeocho. Paloma Valdivia, finalista de este premio y presente en Bolonia, comenta a Ojo en Tinta: “Quienes suelen ganar el Astrid Lindgren siguen la línea de la escritora sueca. Son personas muy inteligentes e irreverentes, que no subestiman al niño y tienen mucho humor”. 

Sobre Klassen, añade Valdivia: “Es un genio. Él inventó un estilo que parece como un teatro de títeres antiguos donde el lector sabe lo que está pasando, pero los personajes no, así que participas de una manera brillante y muy graciosa en la narración. Mi favorito de él es Yo quiero mi sombrero, porque el personaje del oso me fascina y porque tiene un final incierto, que hace que el libro quede abierto para siempre”.

En el catálogo y exhibición de ilustradores de la Feria de Bolonia 2026 quedaron seleccionados dos chilenos: Paloma Valdivia y Hofer Roberto.

Aunque no ganó el premio Astrid Lindgren, Valdivia fue una de las  75 artistas seleccionadas en la exhibición y catálogo de ilustradores de Bolonia, que este año recibió más de 4.000 postulaciones. Las ilustraciones de la chilena que se pudieron ver en el hall principal de la feria son parte del libro A la orilla del mundo, escrito por María Baranda, y publicado por Ediciones El Naranjo. “Es muy bonito ser parte de la feria de Bolonia de alguna forma, porque es el lugar donde siempre he querido estar”, dice Valdivia sobre su selección. Otro chileno presente en la exposición este año fue Hofer Roberto. 

Un premio para Argentina

Chile tampoco logró este año el premio BOP a la mejor editorial infantil del año en América del Sur, que tenía como nominados a los sellos nacionales Claraboya, Escrito con Tiza y Liebre. La ganadora fue la editorial argentina Lecturita, que cuenta en su catálogo un libro ilustrado por el chileno Sebastián Ilabaca, llamado Un cuento con zorros, escrito por Laura Wittner.  

Sebastián Ilabaca, junto a otros ilustradores de Chile, participó en una exposición de ilustración en el Espacio cultural ExDynamo. [Crédito: Ekaré Sur]

“Algo que me gusta bastante de Lecturita es que nunca dejan de lado el sentido del humor. Logran tener libros profundos y muy graciosos. Y creo que el humor es una de las claves, junto a la ternura, que se debe mantener frente a este mundo terrible. Los niños tienen la capacidad de entender lo que está pasando, pero necesitan también reír”, dice Ilabaca a Ojo en Tinta. 

Un cuento con zorros está basado en un viaje que hizo Wittner en su infancia con su familia a las sierras de Argentina. Sobre la publicación, comenta Ilabaca: “Es un libro que con poquitas palabras logra tocar muchos temas que son propios de la infancia. Está la aventura, la sorpresa, las emociones, la naturaleza. Tiene varios niveles de lectura y eso es fantástico para uno como ilustrador porque deja espacios para que la ilustración florezca”. 

Stand de la editorial italiana Corraini.

Ilabaca, finalmente, destaca de Lecturita su preocupación por internacionalizar los libros de su catálogo: “En Lecturita están muy preocupados de mover los libros, de trabajar por traducciones. Para mí eso es fundamental porque es parte de mi carrera como ilustrador”. Uno de los títulos de Ilabaca, además, fue seleccionado por la feria Bolonia para integrar The BRAW Amazing Bookshelf, que contiene 150 publicaciones. Se trata de La increíble historia de Arístides Moon, del escritor Nicolás Schuff, publicado por Claraboya Ediciones.

El poder de la unión

Estar en la feria puede ser un sueño, pero no es sencillo triunfar en ella para los autores. En el hall principal de la feria, lo primero con lo que se encuentra un visitante son muros en blanco que en las primeras horas de apertura se repleta con afiches y tarjetas que pegan jóvenes ilustradores para tener un lugar en Bolonia. Con los días, buena parte de este material impreso se despega y termina en la basura, convirtiéndose en una cruel metáfora de los sueños de convertirse en autor de libros infantiles ilustrados. 

En la entrada de la feria hay muros en blanco que ilustradores emergentes ocupan para tener un lugar en Bolonia.

“La primera vez que pisé Bolonia me sentí muy pequeña. Desbordada por una feria que me sobrepasó durante muchos años, hasta que logré entenderla y aprovecharla”, dice Valdivia sobre sus inicios visitando la feria, alrededor del año 2000. El aprendizaje fue que necesitaba preparación y apoyo. Chile cuenta desde hace varios años con su propio stand —gracias al Ministerio de las Culturas y la DIRAC—, diseñado esta vez por Elisa Monsalve, y también con una comitiva de profesionales. 

El stand de Chile con mesas para reuniones y exhibidores de libros para editoriales y la asociación ADIP. El diseño del stand fue realizado por Elisa Monsalve bajo el lema «El año de la mitología en Chile».

Algunos de los integrantes de la comitiva de este año fueron las agencias literarias de Vivian Lavín y Adrián Puentes, y editoriales, como Grafito, Ekaré, Escrito con Tiza y Cocorocoq. Participaron también la escritora Camila Valenzuela y sobre todo ilustradores y dibujantes. Entre ellos estuvo Gabriela Lyon, que lanzó en Bolonia una traducción al italiano de 9 Kilómetros (Ekaré), escrito por Claudio Aguilera; y Patricio Mena, que ha publicado en el sello español A Buen Paso el libro Atacama, ¿adónde van las vizcachas?, entre otros.  

Una novedad fue la participación en la feria de la recién formada asociación de ilustradores profesionales dedicados a la literatura infantil de Chile (ADIP), que tiene como presidenta a Loreto Salinas. “Hace mucho tiempo queríamos un espacio para compartir nuestras experiencias y resolver dudas sobre cómo uno se puede mover y desarrollar una carrera en el medio editorial. Para resolver cosas sobre contratos, tarifas, derechos de autor, y para tener una voz en políticas culturales”, explica Salinas. 

Loreto Salinas camina en Bolonia con afiches hechos por ilustradores chilenos de fondo, que participaron en el festival de arte callejero CHEAP. Sol Díaz, Gabriela Germain, Ángeles Vargas y María Jesús Guarda, fueron algunas de las 14 personas de Chile que mostraron trabajos en el festival [Crédito: ADIP]

Caro Celis, directora de ADIP, dice que es importante estar en Bolonia porque se puede construir confianza para hacer negocios —algo difícil a través de la virtualidad—, negociar con mayor facilidad y dar visibilidad a la producción nacional. ADIP hizo para distribución un catálogo de sus ilustradores asociados y contó con una estantería de libros en el stand de Chile. Varios ilustradores nacionales participaron también en el festival de afiches callejeros de Bolonia CHEAP.

Aunque los libros infantiles son los protagonistas de la feria de Bolonia, hay también lugar para otro tipo de productos para la infancia, como juguetes de Los Pitufos, tazones de los Moomins y muñecas de Pippi Calzaslargas.

Algunos de los aprendizajes de Salinas en Bolonia, que ha compartido con ADIP, es que es necesario agendar reuniones con editoriales con bastante anticipación y que es mejor no presentar el portafolio; sino que un proyecto. “Y aunque es más cómodo presentar en una tablet —añade—, en mi caso viajo con mis acuarelas originales para presentarlas. Trabajo con colores vivos, que muchas veces se pierden en la impresión o la digitalización”. Pero que una idea sea aceptada por una editorial no significa que el trabajo haya terminado. Las propuestas usualmente requieren cambios, por lo que pueden pasar meses o años antes de convertirse en un libro.

Las opciones para presentar proyectos son muchas. La feria de Bolonia tiene más de 1.500 expositores de todo el mundo. Algunas de las editoriales más admiradas son Walker Books, de Inglaterra; Pato Logico y Planeta Tangerina, de Portugal; Kalandraka y Zorro Rojo, de España, y las italianas Topipittori y Corraini, que está comprometida a publicar los libros experimentales del artista y diseñador italiano Bruno Munari (1907-1998). 

Gabriela Lyon presentó la edición italiana del libro 9 kilómetros junto al traductor en la librería de Bolonia La confraternita dell’uva. Esta traducción se suma a la coreana y la estadounidense [Crédito: Ekaré Sur]

Hablar de cifras, contratos y carreras literarias, finalmente, puede llevar a que el objetivo se pierda. Valdivia, quien es también editora de Liebre, en una charla en la Biblioteca Nacional de Chile en el Día del Libro Infantil, recordó porqué es importante este rubro, comparando a un libro con un refugio: “Mi compromiso con la infancia es seguir creando libros que muestren el mundo de una manera esperanzadora. Que el libro siga siendo ese espacio de contemplación necesario para que nuestro jardín interior crezca nutrido, profundo y a la vez en paz, que es lo que tanto necesitamos. De ahí nace nuestra mayor responsabilidad: entregarles siempre lo mejor de nosotros”.

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