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Refugiados: breve introducción a una difícil situación

Una introducción breve y completa al mundo de los refugiados se encuentra en este libro escrito por uno de los grandes expertos en el tema, Gil Loescher (1945-2020), académico norteamericano, pionero en el análisis del estudio de los refugiados y las migraciones forzadas. La inmigración es un tema que, por razones políticas, económicas, bélicas e incluso climáticas, se ha convertido en una de las marcas de nuestra época.

Captura del documental Human Flow. Dirigida por Ai Weiwei y escrita por Boris Cheshirkov, Tim Finch, Chin-Chin Yap. Fue lanzada el 2017 y trata la crisis de los refugiados de todo el mundo.

Refugiados. Una breve introducción (Ediciones UC/Oxford) es uno de los títulos de una serie que ofrecen introducciones a una amplia gama de temas con el objetivo de llegar al mayor número de lectores posible. Gil Loescher, pionero en estudios sobre refugiados y relaciones internacionales, es un ejemplo perfecto de lo que esta serie pretende ser. El autor ofrece una visión general de los refugiados, proporcionando un muy necesario contexto para un tema que se ha convertido en una de las marcas distintivas de nuestra época. En siete capítulos breves, el autor responde a preguntas esenciales como: ¿quiénes son los refugiados?, ¿qué diferencia a los refugiados de los solicitantes de asilo y otros migrantes?, ¿de dónde vienen los refugiados?, ¿por qué abandonan sus países?, ¿por qué deberíamos ayudarlos?, ¿dejarán de llegar refugiados a nuestro país alguna vez? Este libro sirve como un buen texto de referencia para quienes deseen informarse sobre el tema. También ayuda a disipar muchos de los malentendidos comunes que rodean a los refugiados. Sobre todo, Gil Loescher logra explicar de forma concisa la difícil situación de quienes se ven obligados a abandonar sus países de origen y el fracaso de la comunidad internacional para protegerlos y ofrecer soluciones duraderas.

Loescher logra explicar de forma concisa la difícil situación de quienes se ven obligados a abandonar sus países de origen y el fracaso de la comunidad internacional para protegerlos y ofrecer soluciones.

Tal vez porque los refugiados son a menudo retratados como criminales dispuestos a aprovecharse de la “generosidad” de Occidente, el autor dedica las primeras páginas de su libro a contar la historia de varios refugiados. Estas historias son ficticias, pero resuenan como verdaderas para quienes hemos trabajado con refugiados. Conocemos historias como la de Mohammad y Fátima, que huyeron del acoso y el encarcelamiento en Siria; la de Ayesha, una musulmana Rohingya que termina apátrida y violada por soldados del gobierno birmano; o la de Tigish, que fue detenido al entrar ilegalmente en Malaui de camino a Sudáfrica, donde esperaba encontrar trabajo para mantener a su familia. Tigish fue finalmente repatriado tras pasar ocho meses en prisión. La historia de Arianna también es conocida; ella y su familia huyeron de la violencia y la extrema pobreza de Venezuela, un Estado fallido donde miles de personas han muerto por la escasez de medicinas y alimentos. La historia de Satina se está volviendo cada vez más común. Perdió su sustento cuando su tierra se volvió improductiva debido a la subida del nivel del mar.

Gil Loescher en China en 1971.  Loescher fue un reconocido cientista político y académico norteamericano, pionero en el análisis del estudio de los refugiados. Visitó numerosos países y centros de refugiados para conversar con ellos sobre los motivos que los llevaron a dejar sus países de origen. Fuente: The New York Times.

Después de presentar estas historias, Loescher explica la diferencia entre refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos. Según el autor, a finales de 2019 había 79,5 millones de personas desplazadas, la cifra más alta de la historia. Más de cuarenta y cinco millones de ellas son desplazados internos y cerca de cuatro millones son apátridas, una categoría que es particularmente vulnerable. Todas ellas huyen de la persecución, la violencia, los conflictos, el hambre, las violaciones de los derechos humanos y los desastres naturales o ambientales. Además, las Naciones Unidas estiman que hay doscientos cincuenta millones de migrantes internacionales. Muchos de los que denominamos, de forma despectiva, “migrantes económicos” tienen muy pocas opciones como los refugiados cuando abandonan sus hogares. Independientemente de estas categorías, muchos migrantes necesitan actualmente protección humanitaria. Algunos de estos migrantes forzados recibirán protección internacional; otros no.

La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), creada en 1950, es la primera agencia internacional establecida con el objetivo de abordar la crítica situación de los refugiados. Aunque inicialmente se limitaba a ayudar a los refugiados dentro de Europa, ahora opera en todo el mundo en situaciones más complejas y diversas. Hoy en día, el ACNUR coexiste con muchas otras organizaciones locales, regionales y globales que han surgido en las últimas décadas con objetivos distintos pero superpuestos. Los principios que guían al ACNUR son los contenidos en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. Desafortunadamente, su definición de refugiado refleja mejor la realidad de los refugiados en la década de 1950 que la actual. Los Estados, sin embargo, prefieren interpretarla dentro de los límites de la Convención de 1951 en un intento por restringir el número de refugiados que admiten en sus países. La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 garantiza el derecho a buscar y solicitar asilo en otros países cuando se huye de la persecución. Sin embargo, el principio de soberanía nacional, fundamental en el derecho internacional, significa que los Estados tienen autonomía para establecer sus propias reglas con respecto a los migrantes y refugiados.

Venezolanos cruzan la frontera entre su país y Colombia, separados por el puente Simón Bolívar sobre el río Táchira. Fuente: George Castellanos/Agence France-Presse.

En el capítulo 2, Loescher se centra en la historia de los refugiados para destacar que la migración ha sido una característica definitoria de la historia humana. Al mirar nuestra historia reciente, el autor apunta que el siglo XX produjo más refugiados que cualquier otro momento de la historia humana registrada. En Europa, según Loescher, la década de 1940 fue el período más dramático. Dos guerras mundiales y múltiples levantamientos y conflictos obligaron a sesenta millones de personas a desplazarse. Europa no fue la única región. Un número alarmante de refugiados se desplazó desde lugares como la Unión Soviética, China, Palestina y Corea. Los países individualmente considerados no pudieron responder de manera adecuada a estas cifras, y esta situación condujo a la creación del primer sistema internacional de refugiados para la protección y el reasentamiento de los refugiados. En 1921, el explorador noruego y figura humanitaria Fridtjof Nansen fue nombrado Alto Comisionado para los Refugiados por la Sociedad de Naciones. Finalmente, su oficina se fusionó con la del Alto Comisionado para los Refugiados de Alemania, culminando con la creación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en 1950. El mandato del ACNUR, al igual que el de sus predecesores, era muy limitado. No obstante, estas organizaciones contribuyeron a difundir la idea de que los refugiados eran víctimas de violaciones de los derechos humanos y eran responsabilidad de la comunidad internacional. En ese momento, también se aceptó que las personas tenían derecho a huir de la persecución política sin necesidad de pertenecer a un grupo, como había sido el caso hasta entonces. A pesar de estos esfuerzos, cientos de miles de refugiados quedaron en campos de refugiados y el número de ellos siguió aumentando durante la década de 1950. En otras partes del mundo, la situación no era mejor, con millones de personas desplazadas en Asia y Oriente Medio.

Hacia la década de 1980, la intensificación de la Guerra Fría y la mejora del acceso al transporte aéreo impulsaron a un gran número de solicitantes de asilo del Sur Global hacia Europa y Norteamérica. Los refugiados buscaron nuevas formas o formas no convencionales de entrar en los países, como pagar a traficantes. En la década de 1990, el número de refugiados aumentó con el fin de la Guerra Fría y, de nuevo, a principios del siglo XXI tras la “guerra contra el terror”. En 2005, el ACNUR asumió la responsabilidad de las personas desplazadas internamente a causa de conflictos y guerras, dado el rápido aumento de su número. Recientemente, las víctimas de desastres naturales han incrementado aún más la ya elevada cifra de refugiados. En consecuencia, las responsabilidades del ACNUR no han dejado de crecer desde su creación. Si bien en las últimas décadas han surgido muchas otras agencias y ONG con el objetivo de proteger y ayudar a los refugiados, todavía hay demasiadas personas que necesitan protección y se prevé que habrá muchas más en el futuro. Responder a este desafío será difícil y requerirá acciones más coherentes y mejor coordinadas por parte de la comunidad internacional.

Personas refugiadas que huyen de la violencia en la región etíope de Tigray cruzan el río Tekeze hacia Sudán en noviembre de 2020. Fuente: ACNUR/Hazim Elhag.

Loescher lleva al lector, en el capítulo 3, a través de las causas que impulsan la migración. En la actualidad, señala, los conflictos se han vuelto más complejos y peligrosos debido a la disponibilidad de armas y tecnologías bélicas que incluyen la hambruna forzada y las expulsiones masivas como armas de guerra. Los refugiados han sido utilizados como escudos humanos, la población civil ha sido asediada y los hospitales y escuelas se han convertido en objetivos. La guerra híbrida, que incluye el uso de desinformación, ha sido muy eficaz para fomentar el nacionalismo extremo y el odio. Se han utilizado poderosas plataformas digitales para difundir noticias falsas que provocan polarización e intolerancia, incitando al extremismo político, los prejuicios, la intolerancia y la persecución de las minorías.

Las complejidades de la migración forzada actual presentan un serio desafío para el sistema global de refugiados, y el ACNUR no está preparado para afrontar este desafío. Como señala Loescher, sin la autoridad y la capacidad para abordar las causas profundas que impulsan el desplazamiento de personas, la ayuda proporcionada por el ACNUR y otras organizaciones siempre será insuficiente. El ACNUR depende de la colaboración y el apoyo de los gobiernos para funcionar eficazmente. Sin embargo, las prioridades políticas y de seguridad comprometen la ayuda humanitaria. A pesar de las numerosas resoluciones de la ONU adoptadas desde 1948, la comunidad internacional ha permanecido inactiva ante los genocidios y politicidios en lugares como Camboya, Ruanda, Irak, la antigua Yugoslavia, Darfur o Myanmar. Constantemente se suman nuevos refugiados que necesitan ayuda humanitaria a la difícil situación de muchos otros que se encuentran atrapados en campamentos o centros de detención a la espera de una solución. Hoy en día, la duración promedio de una situación de refugiado es de veinte años.

Los Estados se muestran reacios a asumir responsabilidades, a pesar de haber ratificado instrumentos internacionales para cooperar y buscar respuestas colectivas a estas crisis de refugiados. De hecho, en los últimos años muchos países han pasado de limitar el número de refugiados que aceptan a adoptar políticas de “no llegada”.

Los Estados se muestran reacios a asumir responsabilidades, a pesar de haber ratificado instrumentos internacionales para cooperar y buscar respuestas colectivas a estas crisis de refugiados. Dado que el derecho internacional se basa en el consentimiento voluntario, los gobiernos no están legalmente obligados a cumplir con sus responsabilidades. De hecho, en los últimos años, la política y la práctica de muchos países han pasado de limitar el número de refugiados que aceptan a adoptar políticas de “no llegada”.

Este nuevo enfoque para el trato a los refugiados se implementa mediante diversas prácticas, como detener a los refugiados en el mar y sancionar a las aerolíneas que los transportan. Muchos refugiados son enviados a terceros países incluso si su seguridad no está garantizada, y otros son devueltos a los lugares peligrosos de los que huyeron, en contravención del principio de non-refoulement (o principio de no devolución) y, por lo tanto, en violación del derecho internacional. Para quienes logran llegar a sus destinos, la situación tampoco es fácil: son detenidos en centros durante largos períodos, separados de sus familias donde se les niega el acceso a la asistencia social. Estas son estrategias que los gobiernos emplean para disuadir a otros refugiados de viajar a sus países. Las agencias internacionales como el ACNUR carecen de la capacidad para actuar de forma independiente en contra de la voluntad de los Estados. El ACNUR depende de contribuciones voluntarias que provienen principalmente de los Estados ricos del Norte Global. Dado que son los Estados donantes quienes aportan los fondos, deciden cómo se gasta su dinero. Para complicar aún más las cosas, el ACNUR sólo puede brindar asistencia en los países receptores una vez que se le invita a hacerlo. Una vez que el ACNUR llega a un país, debe trabajar con otras agencias y organizaciones de la ONU, todas ellas operando bajo sus propios intereses y mandatos. Loescher y otros se refieren a este entorno como el «mercado» de la ayuda humanitaria, donde numerosas organizaciones compiten por los fondos. En resumen, la renuencia del Norte Global a cooperar con el Sur Global y la falta de consenso entre los gobiernos hacen imposible que el ACNUR cumpla su labor.


Tropas británicas pasan junto a una columna de refugiados belgas cerca de Lovaina el 12 de mayo de 1940. Fuente: Imperial War Museum, Wikimedia.

Según Loescher, la falta de respuestas coherentes por parte de los Estados y la consiguiente debilidad del régimen internacional de refugiados exacerban las percepciones negativas sobre los refugiados. En el capítulo 5, ofrece una visión general de las dificultades que sufren los refugiados durante sus peligrosos viajes, en los que muchos se enfrentan a abusos sexuales, secuestros, extorsión, trata de personas, tortura, inanición e incluso esclavitud y muerte. De manera nada sorprendente, muchos no llegan a su destino. Quienes finalmente logran llegar al final de su viaje se enfrentan con frecuencia a la discriminación, el resentimiento y la hostilidad en los países de acogida. A menudo representados en los medios de comunicación como amenazas a la seguridad, el empleo, la sociedad y la identidad cultural, los refugiados son objeto de desconfianza y se les considera delincuentes. Estas percepciones también afectan a sus solicitudes de asilo, que cada vez les resultan más difíciles de aprobar. Estos obstáculos no deberían existir. Los Estados occidentales han firmado normas y reglas internacionales por las que se comprometen a los principios universales de derechos humanos que definen los estándares para unas relaciones internacionales estables. Estas son las mismas normas que deberían garantizar a los refugiados el derecho a solicitar asilo.

Afortunadamente, existen numerosos grupos de la sociedad civil que apoyan, asisten y defienden los derechos de los refugiados. Iglesias, ONG, comunidades, instituciones académicas, vecindarios e individuos comprometidos tanto en el Sur Global como en el Norte Global desempeñan un papel fundamental en la protección y la prestación de ayuda a los refugiados en los campamentos y cuando llegan a sus destinos. Ayudan a los refugiados recién llegados con alojamiento, educación, servicios sociales y contactos. A veces, actúan como mediadores entre las agencias estatales y los refugiados. En algunos países, como Canadá, los grupos comunitarios pueden patrocinar el reasentamiento de refugiados en sus comunidades. Hoy en día, muchos de los grupos que asisten a los refugiados son otros refugiados ya establecidos. Para Loescher, las redes lideradas por refugiados son particularmente efectivas porque les permiten tomar el control de sus vidas y también ayudan a cambiar la percepción de los refugiados de ser una pérdida de recursos o unos agentes pasivos. Según el autor, es tiempo de que los refugiados sean incluidos en los debates internacionales sobre políticas de manera significativa.

Considerando el futuro, el autor advierte a los lectores sobre la necesidad de prepararse para los millones de personas, quizá hasta doscientos millones para el año 2050, que se verán desplazadas a causa del cambio climático. Loescher concluye su libro con recomendaciones para respuestas más integrales y duraderas, que abarcan desde el fortalecimiento de la sociedad civil hasta el fomento de una colaboración más estrecha entre los distintos organismos de la ONU. Para Loescher, las respuestas deben ir más allá de la ayuda humanitaria y estar vinculadas al desarrollo sostenible, la consolidación de la paz y el respeto de los derechos humanos. Uno de los mensajes centrales del libro es que las soluciones duraderas sólo pueden lograrse mediante la cooperación internacional y la voluntad de respetar los principios del derecho internacional.

Considerando el futuro, Loescher advierte sobre la necesidad de prepararse para los millones de personas, quizá hasta doscientos millones para el año 2050, que se verán desplazadas a causa del cambio climático. Loescher concluye su libro con recomendaciones para respuestas más integrales y duraderas,

Con este breve libro, Loescher logra entregar una visión de conjunto de amplio alcance del mundo de los refugiados. Para aquellos lectores que deseen más información, Loescher sugiere numerosos textos y sitios web sobre muchos de los temas que él aborda en esta obra. Es un libro pequeño pero que contiene mucha información. Hay algunas repeticiones y aunque algunas secciones no están estructuradas con mucha claridad, esto no afecta a la fluidez del libro. Loescher describe con precisión la realidad de los viajes que emprenden los refugiados y las razones por las que asumen tales riesgos. Sobre todo, nos recuerda que los refugiados son seres humanos con derechos derivados de compromisos internacionales que nuestros países han firmado y que, sin embargo, con frecuencia no cumplen.

Loescher, lamentablemente, no llegó a ver publicado este libro. Murió en abril de 2020 mientras preparaba las revisiones finales. Aunque durante sus cuarenta años de carrera publicó numerosos libros influyentes, en el prólogo el autor escribe que este pequeño libro era importante para él. Como explica James Milder, editor de este libro, Loescher quería que la gente lo leyera y comprendiera las complejidades de las situaciones que llevan a las personas a trasladarse, para que pudieran tomar decisiones informadas al respecto. Recomiendo leer este libro, ahora más que nunca. Como señala James Milder, “este es un libro especial”.

Refugiados. Una breve introducción, de Gil Loescher. Trad. L. Chávez, Ediciones UC / Oxford, Santiago, 2023, 132 pp.

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