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La vida sónica de Thurston Moore

El guitarrista norteamericano Thurston Moore, uno de los fundadores del grupo experimental Sonic Youth, lanzó recientemente sus memorias bajo el título "Sonic Life" (Vida sónica). Se trata de un repaso de Moore por su vida y sus raíces musicales, que no profundiza en sus conflictos personales ni en la discografía de Sonic Youth.

Thurston Moore en Chile en el festival Rockout de 2014 [Fotografía: Pablo Espinosa / Ojo en Tinta]

Las memorias de músicos se han vuelto algo cada vez más común y afortunadamente, ya no están restringidas a las grandes estrellas, sino que también han alcanzado a las bandas alternativas. En Chile, por nombrar casos cercanos, las editoriales Santiago Ander y Club de Fans han publicado libros sobre bandas nacionales como Pánico, Los Peores de Chile y los BBS Paranoicos, además de textos traducidos sobre los irlandeses My Bloody Valentine y los norteamericanos Dead Kennedys. 

Sonic Life (publicada en Norteamérica por Doubleday, todavía no disponible en español) es el esperado libro de memorias del guitarrista Thurston Moore, uno de los fundadores de Sonic Youth en 1981, banda pionera en combinar el rock con la música experimental. El libro de Moore es un recorrido cronológico por su vida, desde su infancia en Connecticut, cuando se enamoró del rock and roll, hasta el presente, junto a su actual pareja, Eva Prinz.

Los años de formación musical de Moore y su arribo a Nueva York a finales de los años 70, cuando surgía el punk, ocupan la mayor parte del libro y también la mejor. Ciertamente, no es novedad un relato de este tipo (considerando Por favor mátame: la historia oral del punk, de Legs McNeil y Gillian McCain; y Éramos unos niños, de Patti Smith, que retratan también de primera fuente el periodo), pero resultan interesantes las vívidas y apasionadas narraciones que hace Moore de presentaciones de grupos como los New York Dolls, Dead Boys y Ramones, entre muchos otros que daban sus primeros pasos en el legendario club CBGB. El relato de aquellos años pioneros del punk en Estados Unidos, se mezcla con los precarios trabajos de Moore, sus dificultades para vencer la timidez, su insaciable interés por revistas musicales y la hostilidad de una ciudad entonces extremadamente peligrosa. 

La familia de Thurston Moore. Thurston es el de la derecha a los 13 años [Fotografía: Thurston Moore / Vogue]

Resulta interesante también la atención de Moore en músicos vanguardistas, amantes de la experimentación sonora, que fueron parte de la llamada escena no wave de Nueva York, protagonizada por Lydia Lunch y bandas como DNA, Mars y Suicide (documentada en sus inicios por Brian Eno en el disco No New York, de 1978, y posteriormente, con una perspectiva internacional, descrita por Simon Reynolds en su libro Postpunk). Esta escena, caracterizada por su intención de romper las nociones de musicalidad, experimentó con los ritmos, la entonación de los instrumentos y sus posibilidades sonoras. Moore, muy influenciado por el no wave, se haría conocido al comienzo de su carrera por no sólo rasguear su guitarra con furia, sino que también por tocar baquetas de batería sobre las cuerdas. Ese interés por romper con la tradición del rock, que Moore nunca abandonaría, lo resume bien el nombre de un EP de Sonic Youth del año 1983: Kill Yr Idols (Mata a tus ídolos). 

Moore, explica de esta forma la innovación musical de Sonic Youth, una banda que define como rock ruidoso avant-garde: “Mientras que el uso de implementos —taladros y baquetas de batería adjuntas o golpeando las cuerdas de la guitarra— podía ser visto como lo que hacía “experimental” a Sonic Youth, era la forma de estructurar las canciones lo que siempre me pareció que nos hacía únicos. Modificar las guitarras era fácil. El aspecto más genuinamente exploratorio de Sonic Youth, a mi parecer, era en cómo una canción de rock podía funcionar fuera de la estructura tradicional del rock, incluso tomando su lenguaje”. 

Como es usual en las memorias de músicos, es posible saber en el libro de Moore detalles sobre algunas composiciones en particular y la vida en las giras de Sonic Youth, así como encuentros con famosos: Neil Young, David Bowie, Lou Reed y Los Simpsons, entre ellos. También hay momentos memorables, como tocar junto a Iggy Pop, y autocrítica de parte de Moore por algunas malas presentaciones. Lamentablemente, en varios momentos el relato se pierde entre las anécdotas y Moore es superficial al hablar sobre el desarrollo de su propia banda. El libro tiene casi 500 páginas, pero a discos completos de Sonic youth, como Washing Machine, les dedica sólo unas pocas líneas. Y es elusivo al hablar sobre la relación con sus compañeros (buscaban la democracia musical, pero “no todo eran rosas”, comenta brevemente) y notoriamente sobre Kim Gordon. Algo particular de Sonic Youth es que fue fundada por una pareja: Moore en la guitarra y Kim Gordon en el bajo — hoy divorciados pero en los 90 un matrimonio icónico del rock—, a quienes se sumarían posteriormente el guitarrista Lee Renaldo y el baterista Steve Shelley, en la formación más duradera. 

El año 2015 Kim Gordon publicó sus memorias: La chica del grupo (Contra). El relato de Gordon fue la primera aproximación al mundo íntimo de Sonic Youth, pero es mucho más que un libro de música. Son también unas memorias bien escritas, crudas a veces, de una artista integral y muy sensible, con ojo para detenerse en detalles en los que otros músicos —entre ellos el mismo Moore— no reparan, como el arte de los discos, la escritura de las letras, la forma de posicionarse en el escenario y la dirección audiovisual de un videoclip. Las de Gordon son también las memorias de una feminista, capaz de detectar y visibilizar el machismo en el rock and roll; algo que radicalizaría el movimiento riot grrrl y bandas de mujeres como Bikini Kill y Sleater Kinney. Las memorias de Gordon comienzan de forma sincera con el fin de Sonic Youth el 2011 y la infidelidad de Moore, que llevó al divorcio. 

Moore en sus memorias describe más bien fríamente los pasos de su relación con Gordon, y hacia el final del libro, comenta con algo de sangre en el ojo: “Las circunstancias que me llevaron a considerar una decisión tan extrema y difícil —dejar mi matrimonio con Kim, mi compañera y compañera de banda durante casi treinta años, la madre de nuestra hija, la adorada tía de mis sobrinas y sobrinos—, son intensamente personales y nunca sacaría provecho de ellas públicamente, aquí ni en ningún otro lugar”.

Moore tiene tatuadas las palabras «Sonic Life» en su brazo. Foto de Sonic Youth en 1988 [Fotografía: Marty Perez]

Sí explicita Moore el aporte feminista de Gordon en su vida y en Sonic Youth, que les llevó a cambiar las dinámicas tradicionales de las bandas de rock. Una anécdota ocurrida en 1993, ilustra bien este cambio de paradigma. Ese año, cuenta Moore en Sonic Life, tocaron en un gran estadio en Estados Unidos, junto a populares bandas alternativas del momento. Entre los asistentes estaba Gene Simmons, de Kiss, quien fue al backstage después del show. Sonic Youth, por supuesto, se acercó a conversar con él:

 “’¿Dónde están las chicas?’, preguntó Simmons. Yo no sabía —escribe Moore— si Simmons hablaba en serio o en broma. Le expliqué que lo que veía en el backstage éramos todos y que las mujeres presentes eran artistas también. Le conté que nuestros orígenes estaban en el punk rock, y que debería escuchar las bandas del movimiento riot grrrl. Él asintió y luego preguntó de nuevo: ‘Sí, pero dónde están las chicas’”. 

Sonic Youth no logró el éxito comercial de bandas que se declararon sus admiradoras, siendo Nirvana la más famosa entre ellas, con quienes hicieron giras en sus comienzos (algo registrado en el documental musical The Year That Punk Broke). En 1991, cuando salió el disco Nevermind de Nirvana, que vendió millones de copias y alcanzó el número 1 de Billboard, Sonic Youth fue llamada por la prensa de la época “los abuelos del grunge”.

Miembros de Nirvana y Sonic Youth junto a Susie Tennant del sello DGC (al centro) en abril de 1991. Moore está sentado. [Fotografía: Charles Peterson / Seattle Times]

Al leer estas memorias, queda claro el aporte de Sonic Youth al rock de los 90 al abrir el repertorio de influencias del rock tradicional, dejar entrar el ruido experimental y, junto a otras bandas, romper las odiosas etiquetas musicales en la escena alternativa. “El nivel de creación de bandas como Dinosaur Jr, Saccharine Trust, Meat Puppets, Laughing Hyenas, Die Kreuzen y los Butthole Surfers durante mediados y fines de los 80 se convirtió en nuestra inspiración, desplazando todo lo que ocupaba nuestras mentes musicales hasta entonces. La energía creativa compartida en conciertos y grabaciones borraban nuestras pizarras con nuevas configuraciones alquímicas. No había hippie, punk, arte, hardcore o nada. Simplemente un ticket para crear en una zona de liberación y promesa”, escribe Moore en sus memorias. 

Sonic Life, en resumen, probablemente decepcione a los fanáticos de Sonic Youth, que busquen un relato revelador de la banda, antes que un anecdotario.

Sonic Life, en resumen, probablemente decepcione a los fanáticos de Sonic Youth, que busquen un relato revelador de la banda y detallado sobre su exploración musical, antes que un anecdotario. Los seguidores de Moore, por otro lado, seguramente también se defraudarán porque apenas habla sobre su carrera como solista y solo menciona su actual proyecto, la editorial Ecstatic Peace Library; aunque seguro les resultarán interesantes los años de formación del músico y conocer sus influencias, como Glenn Branca, guitarrista fundamental para el sonido de Sonic Youth, la poesía de Patti Smith y el jazzista Sun Ra. Como ha señalado una crítica del Washington Post, «Thurston Moore desaparece en el frío ruido de sus memorias». Lo que es innegable en la revisión de las memorias de Moore fue la capacidad de Sonic Youth por mantenerse fieles a su interés en la experimentación sonora, incluso al firmar con un gran sello discográfico, DGC, grabando un total 16 álbumes de estudio, hasta su disolución el año 2011. Y también es innegable el compromiso de Moore, quizás no con la literatura pero sí con la música, ya que muy joven se propuso un solo propósito y lo mantuvo sin distracciones y en las peores condiciones: dedicar su vida al rock and roll.

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